Gilbert Keith Chesterton (1874-1936), inglés, fue narrador, poeta, ensayista, dramaturgo y cronista de viajes. Se sirvió de su personaje el padre Brown, detective cerebral, para crear complejos y brillantes relatos policiales. Aquí hay una muestra aforística del ingenio chestertoniano.

— Las falacias no dejan de serlo por estar de moda.
— Las costumbres en general no son egoístas. Los hábitos casi siempre lo son.
— Tener derecho a hacer algo no es lo mismo que estar en lo correcto al hacerlo.
— Concuerdo con el irlandés que dijo que prefiere las profecías post facto.
— Los cuentos detectivescos describen por regla general a seis hombres que discuten sobre cómo es que un hombre ha muerto. Las historias filosóficas modernas describen a seis hombres muertos que discuten sobre cómo es posible que un hombre viva.
— El pasado no es lo que era.
— Por expertos en pobreza no me refiero a los sociólogos, sino a los pobres.
— Hay deseos que son indeseables.
— Ningún ciudadano puede distinguir fácilmente entre un impuesto y una multa, excepto que la última le parece más pequeña.
— Los hombres que realmente creen en sí mismos están, todos, en el manicomio.
— En el momento en que algo nos interesa mucho, el mundo, es decir todos los demás intereses, se torna nuestro enemigo.
— El mal llega pausado, como la enfermedad; el bien presto, como el doctor.
— La imaginación sirve no para hacer común lo extraño, sino para hacer extraño lo común.
— Hay una senda del ojo al corazón que no pasa por el intelecto.
— La literatura es un lujo, la ficción una necesidad.
Fuente: G. K. Chesterton. Aforismos (traducción de Alfredo Herrera Patiño), Verdehalago, México, 2002.