La presencia de Alí Ahmad Said Esbe, conocido en todo el mundo como Adonis (Al Qassabin, Siria, 1930), en la FIL de Guadalajara ha sido crucial. El poeta sirio libanés es uno de los faros literarios e intelectuales más reconocidos del mundo árabe y de los países que abarca esa lengua, pese a sus enormes variaciones regionales. Presentamos algunos poemas de su libro más reciente publicado en español por Vaso Roto, con traducción y prólogo de Jaafar al Aluni y Trino Cruz. Adoniada es una suerte de repaso de toda una vida entre libros, marcada por la poesía y la exploración de la psique humana. “Mi experiencia poética siempre ha sido la de una apertura al horizonte de la vida y del pensamiento. La profunda identidad del ser humano es un camino abierto al horizonte, y la poesía es un camino abierto a todo”, ha dicho el poeta en la FIL de Guadalajara.
1
¿Cómo será el mañana
si no es más que
una máquina o un Dios?1
2
Los mitos están heridos,
y sólo soy
la sangre que derraman.
3
Es uno y múltiple,
y Adán, una herida
en sus venas.
* * *
I
Tú,
que desciendes los peldaños de la muerte
hacia los ochenta años, con tu extraño rostro,
qué te dicen los años, qué te dicen los pasos.
¿Dónde comienza el camino en ti?
¿Cuál es el misterio de esta guillotina?
Exploras tus campos, desarraigas
a la gente, los cultivos y las semillas espiga por espiga.
¿Acaso todo lo que has dicho es
un ejercicio de labranza y cultivo en un tiempo baldío?
¿O es la divinidad de nuestros antepasados?
La divinidad es conocer el misterio, mas
si conoces el misterio, la divinidad muere.
¿Nacer y morir para que la magia de la vida
siga en la tierra? La magia
humaniza la barbarie de esta comedia.
¿Será que estamos actuando?
Pero
no digas: “como”. El agua de la creación, el agua de la verdad,
no conoce ningún modelo.
¿Somos simulacros
en un pretendido amor?
Lo ideal sería
amar e implorarle al amor.
¿O acaso somos
un mundo ciego?
Un mundo sin camino hacia sí mismo
ni hacia el otro,
un mundo con un único sentido: retroceder.
Mi corazón siempre ha sido transformador como su nombre,
sólo pienso en estado de éxtasis.
El éxtasis es mi primera condición:
avanzo, amanso, exploro, sueño, rechazo o acepto.
Me alegra decirle a mi suerte: no eres mi felicidad
sino el signo y el acceso.
Digo: ¿por qué caminamos si el puente se quiebra en nosotros, en ti,
por qué se rompe el vínculo entre nuestras palabras y nuestros actos?
Vanidad de un principio —final, de un final— principio
tiempo de un futuro—pasado, de un pasado—porvenir.
Seres humanos—barro de extravío y muerte,
y se dice de ellos que tienen cabeza y corazón, se dice que tienen pies.
Me pregunto sobre la levedad de la existencia,
cuestiono al que no responde, ni escucha o indaga,
y sin embargo pregunto.
Desde Adán, oh, cielo, Abel sufre
por la tierra,
¿quién entonces es Adán? ¿De dónde vino Caín?
¿Tienes una respuesta? ¿O hay otro que responde y habla en tu nombre,
matriz espiral, oh, cielo?
Busco mi cabeza en un plato volador.
Cuantas veces escuché los campos recitar sus versos celebrando la partida,
Eva recitando las últimas palabras de Adán,
y mi padre salmodiando su desgarro:
“sólo entregaré mi cuerpo
a una vida rebelde”.
Y confié mi cuerpo a una vida insumisa
por una pasión cuyas profecías no sabían predicar sus estados.
¿Acaso soy como el que se destierra de sí mismo a sí mismo?
¿O habito un mundo en el que sólo me veo desde fuera?
¿Es el crimen el regazo de Adán?
Confuso y perplejo
mi cuerpo se rechaza a sí mismo.
Imitaré el ocaso, recorreré mis estaciones: sin promesas
ni festejos
más que amasar las palabras con sus festejos y promesas.
El sueño me hace creer que avanzo, que mi camino es un ascenso perpetuo.
Y yo creí en mi sueño ¿será la inocencia una forma de conocer?
Amigos míos—
el tiempo derrama sus jarras de pasión sobre ellos
y yo busco un rincón, una almohada donde reposar la cabeza y pregunto:
¿sigo siendo ingenuo?
¿Sigo siendo ingenuo? Pienso que los rostros son espejos, y aunque me digan:
eres un niño, me lo creo; o bien, un viejo, me lo creo.
Un niño que guiado a su muerte va sosegado y sereno. Creo
que la ingenuidad es otra sangre que corre dentro de mí.
En mí, la razón siente y el corazón piensa ¿cómo se mezclan en mí la llama y
el agua? ¿Cómo converge mi mirada en la clarividencia?
La gente se entrega a lo que percibe, por eso me pregunto:
¿eres tú?
El adivino, aquel damasceno, alto y hermoso, cuando me vio,
al leer las líneas de mi mano me dijo: “viajarás de este a oeste
y serás célebre”.
¿Por qué se multiplicaron las cárceles? Los revolucionarios las construyeron y por
amor al progreso dijeron: “no habrá libertad para los enemigos de la libertad”.
Entonces la gente reemplazó su fe por otra: “la misma atadura en un solo anillo”.
Así las casas, las mentes, los corazones, las almas, las calles, las escuelas,
las universidades y las palabras se convirtieron en cárceles.
“Ver brotar una flor basta para amar, baila ahora”, dijo ella.
Si bailaras verías cómo el pliegue de la cintura se convierte en océano.
Si bailaras te convertirías en tentación. Levántate ahora
y baila.
Siento hoy la necesidad de abrazar, día y noche,
la angustia del viento. Han pasado siglos perecieron pueblos, y las
ciudades afilan sus garras y colmillos, mendigan luz para iluminar sus pasos.
No me quedan lágrimas para llorar su ascenso hacia la desesperación o la muerte.
Oh, océano de los confines, dime, ¿qué escondes?
Y tú, cosmos, agítate.
Las ciudades se dispersan en nosotros como humo
que desciende los peldaños desde el cielo,
desde los pechos de las mujeres.
Ciudades de las que se escapa el humo
que desnuda lo infinito,
humo en el que me revuelvo y remuevo,
en el que presencio la seducción y escucho las campanas de la historia,
los alminares y los pasos que golpean esta tierra barrida hacia ninguna parte.
El humo en el que al-Maarri vivió sus laberintos,
el humo que eres, que has sido o serás y no ves.
Humo, existencia y leyenda, humo desierto de este espacio—tiempo, humo
hambriento y sediento, humo vagabundo y presagiador, humo solitario
y acogedor,
humo que ni auxilia ni es auxiliado, humo que no envejece.
Un occidente sin su oriente
y un norte huérfano de su sur.
Humo en cuyos pliegues nos vemos mientras huimos regresando a él,
humo, amigo fiel que devuelve las palabras y las cosas a
su origen acércate y dime: ¿dónde está mi casa ahora,
a la entrada o al fondo del zoco?
¿Acaso tengo una casa?
Aquí sin dejar ver,
las fuentes gimen como ovejas que van al matadero
y la gente arrastrada de una prisión a otra.
¿Se ha convertido la ciudad en máscara para sus verdugos?
Así se propaga el espíritu del tiempo en el vientre de las ciudades. El tiempo
cava galerías subterráneas en palacios celestiales la religión es hierba entre los dientes.
¡Qué miserable es la revolución ahora! No hay arte en la cabeza del toro
ni pensamiento en las patas de la gallina. Tinieblas, sin luz en nuestro sol.
¿A quién le preguntaremos? Mi imagen se aleja como
si sólo conviviera con mis dudas. Una partida con tan sólo el polvo y su interpretación.
Es la corona, y la gente ebria a su alrededor, velándola. Cada cabeza
es un camino para alcanzarla
En los callejones, en cada casa, velas de oración para su resplandor y sombra.
Sólo queda espacio para su nombre y sus enseñanzas.
La corona. No, no me sorprendería si se convirtiera en dátil
mi apariencia, venerada por un miserable
que al buscar pan me devora. Quia, no me sorprendería
si mi vecino se convirtiera en espada
para decapitar. Mas, ¿qué le diría
a la multitud que se abalanza sobre mí?
Los dedos de la vida no se fían de sus uñas.
Hombre sin huesos hombre dirham hombre armado de
prodigios que llegan a bordo de un tanque que rueda por la espalda de su
historia hombre sin cabeza hombre cerrojo de
una cárcel hombre asesino y profeta hombre
muerte de un niño hombre resurrección de un
monstruo hombre plata que pasea en el saco de un ladrón
hombre muñeca hombre de vergüenza e infamia hombre andrajo
hombre cieno hombre tiniebla hombre hombrecillo
homúnculo hombre cascabel hombre pedregal
hombre rostro y trasero a la vez hombre par de pies y
zapatos hombre pezuña hombre juez de sus pies y su
cadena hombre verdolaga homúnculo hombre
rebelde su cabeza pisada por un príncipe que se indignó o se indigna
hombre paraíso e infierno hombres
que gritan y suplican: todos los tronos nos pertenecen,
somos un solo pueblo y sólo tenemos un jefe que es el creador y en nuestra hoguera arderás, ¡tú incrédulo!
Mi fe en los vientos me ha lanzado por un camino maldito iluminado tan sólo por sus candiles. ¿Acaso
se esculpe la luz?
Sin respuesta, aparto mi cincel y me conformo con acercarme mientras
la luz se acumula en mis ojos persiguiendo a su escultor.
El aire sin forma un país, sus entrañas arrancadas por las uñas de sus hijos.
Las articulaciones envueltas en sus arrugas, alguien les dirá: no desveléis vuestros secretos ya no creemos en la magia del extravío
ni en el hechizo del encuentro. Aquí sale el sol leyendo
en mis pasos todo lo que escribieron los soles que nos precedieron,
aquí sopla el viento que no reconoce ninguna huella pasada,
aquí el agua aprueba:
todos los elementos del éxtasis, en un solo abrazo.
Canta entregado al ascenso como el que se aventura en el abismo de lo imposible y muda de una pasión a otra, abriendo la médula de las palabras a la herida de esta existencia. Como si desde niño la vida me hubiera llevado
a su enigma.
Enigma revelador que invade las orillas de mi amor
y desploma las velas
para navegar hacia el último oleaje, al fondo de las tinieblas,
hacia lo que llamo mi alma,
enfrentándome a mí mismo.
Aquí está Oriente a mis espaldas, y Occidente no está enfrente son dos orillas para un solo río. Simbad4 navega en el mar de Ulises, en el mar de Cadmo,
en un planeta que no se divide en este y oeste, sino
que es un sólo cuerpo cuyos estratos proliferan
en una misma unidad.
El poeta de la tierra acompaña el viento para abrazarla,
traspasa la línea de las fronteras. La verdad es un tejido —hebras de lenguajes
entrelazadas con la aguja del sol No,
sólo la voz de la poesía anuncia la verdad con su desnudez deslumbrante
y la lleva delante de una estrella, de una oscuridad
como si sólo viniéramos a la luz vestidos de noche. Un silencio
habla consigo mismo: “sólo hay verdad cuando viajas, sin llegada ni reposo”.
Hablo con un silencio que dice: el vacío es luminoso.
Intento vestirme de luz para leer la muerte en mis pasos,
¿qué sería del tiempo si no fuera deseo?
Me divido en un tiempo continuo, pero mi cabeza sigue su deriva
sin descanso. Sólo encuentro paz en la guerra entre mi cuerpo y mi cabeza.
El lenguaje, enemigo de mi cabeza, es aliado de mi cuerpo.
¿Hay otro cuerpo en mí? Se eleva y se hunde en mí más de lo que imaginaba, y pregunto: ¿quién es?, ¿qué quiere?
¿Será mi cuerpo nada más que palabras? ¿Un enlace entre dos negaciones?
¿Por qué creó Dios a sus hijos si no para amar, gozar o crear?
Dios creó a sus hijos para que Lo adorasen.
Te pregunto, ahora, Dios: ¿por qué necesita el cielo
un devoto llamado esclavo?
¿A quién voy a interrogar?
Entregué mi rostro
a las cumbres,
cedí mis pasos
a lo inestable.
¿Puede la poesía borrar la distancia
entre el recorrido confuso de la verdad y el horizonte que el mito explora?
Me sumerjo en mi herida susurrándome: estos campos,
caminos y casas son el mismo eco de un otoño en el que
me hundía. Me refugio en la sombra de un olivo,
despliego mi estera bajo sus ramas.
Amo las estrellas que vigilan la noche del lecho en el que me revuelvo y
se remueve la historia de mi tristeza
y envidio la luz que secretamente desciende sobre mí.
¿Es el lecho un territorio para los amantes de cada noche y de cada perfume?
Vosotros, oh, lejanos anhelos juveniles, oh, fuentes que culminan mi existencia,
pasión pura
que despierta el universo.
¿Qué hace la tierra en el insomnio del viento?, (¿acaso se desvela el viento?),
el agua de la transformación es un niño enfermo
(mi casa está al fondo del zoco). Cierra los ojos y viaja.
Los mitos están heridos
y sólo soy la sangre
que derraman.
Aquí está París que va y viene a la luz de Grecia.
Grecia sabe que Baco tiene una corona en cada cabeza.
Lo dije frente a las profecías que sólo aprueban el sexo y sus bodas.5
¿Me extravié en el amor? Aunque mi pasión por el amor se fusione con la
pasión por la poesía y el pensamiento. ¿Sabrá el amor que mi presencia y ausencia en él se hermanan?
¿Sabré corregirme?
Es doloroso y noble corregirse a sí mismo: es necesario escribir el poema más de una vez y cambiarlo desde el llanto de la palabra
para que supere otra inquietud.
No hay nada más hermoso que transmitir a los demás
lo que tus manos escribieron:
de nuevo volveré a esbozar tu rostro.
No hay fin en las cosas: el secreto de la vida es comienzo,
el secreto del verbo es comienzo.
Hablo con el barro, con la roca
y veo un teatro acompañando sus espectros:
guerras divinas
entre una manzana y Averroes.
• Adonis. Adoniada, traducción y prólogo de Jaafar al Aluni y Trino Cruz. México, Vaso Roto, 2022, 312 p.
Adonis
Poeta y ensayista, es autor de más de veinte libros de poesía, galardonado con el Premio Goethe y el Premio Max Jacob, entre muchos otros.
© Reproducido con autorización de Vaso Roto ediciones, 2022
1 [N. del T.] Con este extraordinario juego de palabras, Adonis decide empezar su viaje poético en Adoniada. Dios [‘Lah] y máquina [‘Alh], dos palabras que tienen las mismas letras y, sin embargo, se contradicen de manera radical y en distintos niveles, sobre todo teniendo en cuenta el avance tecnológico que transformó la máquina en el nuevo Dios de esta época que vivimos frente al Dios de los cielos. Consulte “La poesía y la máquina”, en Entre lo fijo y lo mudable, Adonis, trad. Jaafar al Aluni, Vaso Roto ediciones, 2022.
2 [N. del T.] Aparte de ser órgano que actúa como impulsor de la sangre y que en el ser humano está situado en la cavidad torácica, otra de las acepciones de la palabra “corazón”, [Qalb] en árabe, es dar la vuelta, cambiar y transformar.
3 [N. del T.] Para expresar la inanidad de la vida, el humo en el que se ha convertido, la ausencia, la muerte y la caída perpetua del ser humano en todos los aspectos y a todos los niveles, Adonis evoca la figura del gran poeta y filósofo clásico árabe Abul-Alá al-Maarri (973-1057), nacido en la ciudad siria de Maarat al-Numan. Ciego desde la infancia, rebelde, racionalista, místico, librepensador y hereje, Adonis lo elige en este poemario, junto a otros poetas, como confidente y amigo de este viaje poético, probablemente por ser el primer poeta metafísico en la tradición poética árabe que reveló la ausencia auténtica en la vida, la cual es esencialmente ausencia, no sólo el presente, sino el pasado y el futuro también. En la filosofía de al-Maari, tanto el mundo como la historia no son más que secuencias de una ausencia íntegramente presente. En este sentido, la muerte es la única solución para liberarse de una existencia limitada por la espera.
4 [N. del T.] Es el nombre de un cuento tradicional árabe originario del Medio Oriente y el de su protagonista, un marinero de Bagdad que vivió durante el califato abasí, en el que se narran los viajes de éste por el océano Índico. Es un relato conocido en todo el mundo debido a Las mil y una noches, obra a la que no pertenecía en origen, pero a la que se incorporó entre los siglos XVII y XVIII.
5 La madera de la flor asciende con su aroma en los peldaños del espacio:
la ciudad está adoquinada con enseñanzas,
y la tierra de la verdad, un baldío.
