A raíz de la pandemia coronaviral, la gente de teatro nos vimos en la necesidad de construir escenarios de arquitectura digital para vivir en la web y practicar el ejercicio político de la visibilidad social durante el confinamiento. Con el objetivo de conversar, intercambiar experiencias y compartir visiones acerca de ello, en junio la Asociación Nacional de Dirección Escénica (ANDE) coordinó —en colaboración con la Coordinación Nacional de Teatro del INBAL, la Universidad de Guadalajara, la Universidad del Claustro Sor Juana, la Universidad Autónoma de Nuevo León y Teatro UNAM— el Coloquio Después de la Emergencia: Teatro y Cultura Digital.
Como todo buen coloquio, su resultado más interesante fueron preguntas, más que respuestas: ¿dónde se inserta la tecnología en la dinámica de la construcción de experiencia? ¿Existe la tecnología en aras de hacer prevalecer el modelo económico o existe para construirnos mayores espacios de libertad y autonomía? Si nuestros cuerpos del siglo XXI reconocen un parentesco con la tecnología,1 ¿qué papel juega en la escena una arquitectura digital que supone un quiebre geográfico con la distancia para permitirnos estar juntos en un sitio virtual? La misma palabra “sitio”adquiere una connotación cibernética que corresponde al lugar en el que seguimos apelando al acto vivo de encontrarnos.
Los cuerpos precarizados de hacedoras y hacedores de la escena responden negando la invisibilidad y la lejanía, pero también motivados por una necesidad de subsistencia económica. Así, emerge de quienes son oficiantes de la escena y las teatralidades un movimiento que puede nombrarse Arte Vivo Digital,2 pues tal pareciera que el vocablo “teatro” genera tensiones que propician desacuerdos respecto de lo que se puede considerar o no como una práctica teatral.

Escena de la obra Tú eres Tú, producida por Marionetas de la Esquina. Foto: Arisbeth López
¿Cómo nos enfrentamos a la emergencia?
En la primera mesa del coloquio participaron Lourdes Pérez Gay, dirigente de la compañía Marionetas de la Esquina; Ítari Marta, dirigente del Foro Shakespeare, la Compañía de Teatro Penitenciario y la Red de Espacios Culturales Independientes y Organizados (RECIO) de Ciudad de México; Jesús Coronado, dirigente de la compañía potosina El Rinoceronte Enamorado; e Hilda Valencia, dirigente de Casa Andamios Teatro, grupo independiente de Sonora; la moderadora fue María Sánchez Portillo, coautora de esta columna.
El diálogo comenzó con un recuento de lo que nos pasó al principio de la pandemia, con el suspenso, la incertidumbre y la cancelación de los proyectos que ya teníamos previstos.
Lourdes Pérez Gay compartió cómo su frustración y la parálisis inicial de enfrentarse a la llamada cultura digital fueron vencidas gracias a que quienes son más jóvenes en las Marionetas de la Esquina vieron como algo natural este traslado hacia la digitalidad. El manejo habitual de ésta ayudó a que se contactaran pronto con el público infantil de la compañía. Fue crucial para este tránsito la colaboración con otras instancias culturales, particularmente con editoriales que les encargaron dramatizar cuentos con títeres. Al poco tiempo, La Vaca, uno de los personajes de la compañía, empezó a protagonizar el juego con los niños y las niñas, quienes incluso le escribían cómo se sentían y hablaban acerca de sus estados de ánimo durante el confinamiento. “Esto nos pareció tan importante que próximamente estrenaremos una obra que se llama La Vaca regresa al teatro, donde haremos un recuento de todo lo que los niños le dijeron a La Vaca, de cómo vivieron la pandemia”. En cuanto al retorno a las llamadas “funciones presenciales”, Lourdes afirmó que la pandemia dista de ser un desastre: “Reconozco que ahora que empezamos poco a poco, con aforo limitado, a reabrir las funciones presenciales, tenemos muchísimo público nuevo, a raíz de esta experiencia”.
Ítari Marta, por su parte, resaltó la novedad de la inmersión en los espacios personales, íntimos y domésticos, a partir del traslado hacia lo digital: “Me pareció muy interesante cómo unir esa intimidad al trabajo creativo. (…) Me costó entender que esta intimidad de la que hablo, y que procuro siempre mantener fuera de mi espacio creativo, habría ahora que integrarla, no sólo por los jóvenes que tuvieron la iniciativa sino por una necesidad. Nosotros creímos que esto duraría un par de meses, creímos que no sería necesario meternos en esos universos de la digitalidad; finalmente no fueron dos meses, y empezó a generarse una necesidad”.
El Foro Shakespeare, al igual que muchos otros espacios, no siempre se ve beneficiado con las becas y había que encontrar maneras de generar recursos. El foro produjo diez obras de teatro en confinamiento: “Yo sí digo ‘teatro’, pues estar en la pantalla o a través de cualquier otra ventana es estar cara a cara y sostener presencia”, explicó Ítari Marta. Así mismo crearon varios proyectos con Teatro Penitenciario: “Nos asociamos con Teatrix e hicimos un festival de monólogos; hicimos Ricardo III. Es la primera vez que un grupo de teatro penitenciario graba su contenido para transmitirlo y pudo verse en todo el mundo. Ése fue un gran beneficio o un gran hallazgo: que personas nos empezaran a ver en otros estados de la República. Esto también nos favoreció en el sentido de que llegó público nuevo. Aquí comparto con Lourdes: llegó gente que nos vio en las redes y ahora que empezamos poco a poco a reabrir el espacio al público, pues ahora ya nos visitan. (…) Todo esto fue para mí un semillero de aprendizajes que luego compartimos entre todos los integrantes de RECIO, porque grupo RECIO existe justo para poder compartir lo que hacemos y que nos sirva a todos”.
Jesús Coronado partió de la enunciación que da título a la conversación: “Adaptación o resistencia”. “Me parece algo perturbador, pues prepondera la adaptación de entrada con un matiz negativo cuando hay resistencia. Si partimos de que el teatro es una fuerza primigenia que está en la esencia del ser humano desde siempre, (…) claro que la virtualidad es parte del teatro, porque tal vez el teatro es una de las cucarachas más invencibles del mundo, que sobrevivirá a cuanto pesticida le avienten encima y seguirá encontrando las mutaciones que sean precisas para seguir viva”.
También apuntó que la práctica escénica precisa necesariamente del acompañamiento: no es como el acto creativo de escribir, de pintar o de componer. El teatro sucede en la presencia de otros cuerpos —ya sean sostenidos por la digitalidad o no— y ocurre en un lapso que es efímero. Jesús le atribuye a las artes escénicas estas cualidades y señaló que la tecnología en el teatro siempre ha estado presente. “El teatro se apropia de los avances tecnológicos: la electricidad, la mecánica. Esta cucaracha que digo siempre se apropia de todo lo que le es útil”. En el caso de la compañía El Rinoceronte Enamorado, sin embargo, “muy rápido renunciamos al formato híbrido, pues nuestras obras no las íbamos a reproducir ante una cámara de video para grabar o hacerlas en vivo. No porque estemos negados a otros lenguajes, sino porque requeríamos de conocimientos específicos que no teníamos”.
Jesús Coronado comentó que en San Luis Potosí tuvieron condiciones distintas a las del centro: “Nuestro teatro cerró el 30 de marzo de 2020. Tuvimos un doble pánico porque unos días antes salió la noticia de la desaparición de los fideicomisos y nosotros estábamos con México en Escena. Dijimos: ‘¿Qué vamos a hacer? ¿Cómo nos vamos a organizar para sostenernos como asociación autónoma?’ (no nos gusta la palabra ‘independiente’). Entonces decidimos que no íbamos a suspender nuestras actividades; cerramos al público, sí, pero nuestras labores administrativas y de ensayos nunca se detuvieron. Reabrimos al público en semáforo naranja el 30 de junio; cerramos el teatro noventa días”.
Hilda Valencia comentó que su grupo tiene su sede en el Centro Histórico de Hermosillo, Sonora. “Somos frontera entre colonias desfavorecidas, trabajamos con las comunidades del cerro de la campana, con etnias, y cuando llegamos no había nada. Ahora tenemos tres teatros, dos galerías, incluso estamos trabajando por la reapertura de los espacios. Creamos un grupo que se llama Ibaktia que significa “abracémonos” en idioma yaqui, justo para activar nuestros espacios y que se reconozca a nuestra calle como la calle del arte. (…) En Andamios Teatro no contamos con ningún aporte económico institucional y la pandemia nos agarró con los dedos en la puerta: teníamos funciones, giras, proyectos y todo se canceló. Nos quedamos únicamente con nuestro espacio, que es una casa. Entonces nos enfrentamos a una situación económicamente muy compleja. Era algo así como si nos hubieran desahuciado; no teníamos los recursos y tuvimos miedo, el miedo que paraliza. Empezamos a abrirnos a la posibilidad de impartir talleres en línea, pero mantuvimos algunos de manera presencial pues lo digital no llega a las comunidades donde nosotros trabajamos. Se da un quiebre generacional: yo soy treinta años mayor que otros integrantes de mi grupo y para mí esto me enfrentó con un desconocimiento; ellos estaban más habituados a utilizar los medios digitales. Hicimos una obra que trató sobre el tema del confinamiento, Medea y su mar de ausencias (…) Fue una experiencia interesante sentir que entramos al espacio íntimo de las personas. También aprendimos mucho de lo que veíamos; vimos mucho de lo que se estaba haciendo a través de las distintas plataformas, porque estamos convencidos de que el teatro es colectividad y siempre recurrimos a los otros. (…) Otra cosa que se reveló mucho durante la pandemia fue la violencia, sobre todo la violencia doméstica. Esto nos llevó a dividir nuestros talleres en dos formatos, el digital y el presencial, para dirigirnos sobre todo a las mujeres y a la infancia”.
¿Qué vemos venir para la escena después de la emergencia?
Lourdes Pérez Gay refirió que su compañía no dejará la virtualidad cuando se retorne a modalidades presenciales: “Tenemos ya clientes que están solicitando funciones (virtuales) porque hay lugares a donde querían que fuéramos y que no hemos podido ir por una cuestión económica. Hace mucho que en este país no se pueden hacer las giras como en un momento se hicieron con el IMSS y con el ISSSTE o con la SEP. La virtualidad nos ofrece una nueva forma de llegar a todo el país”.
Hilda Valencia compartió que visualiza que el tipo de organización que ganamos como gremio no va a perderse. Ella ve, por ejemplo, que las mujeres están más organizadas y puede distinguir grupos de personas que se movilizaron y armaron redes de organización desde lo social para encontrarse en la cultura. “Veo grupos de lectura, grupos de creación; se activaron las artes desde lo social. La gente pudo ver que hay mucho más que centros comerciales y nos podemos beneficiar de estos nuevos públicos”.
Ítari Marta detalló que sucedió algo de vital importancia durante este momento histórico que nos tocó vivir: “Logramos hacernos ver ante las instituciones, pues no es lo mismo producir contenidos que levantar infraestructura y sostenerla desde los espacios que ya existen. En este sentido la digitalidad se vuelve una extensión del espacio; se incrementó nuestra infraestructura”.
Jesús Coronado nos compartió la postura de Caín Coronado, que apela al dispositivo escénico más que a un único tipo de teatro: un dispositivo que active encuentros, sensaciones y evocaciones en los cuerpos que nos miran y viven la experiencia de un acercamiento, ya sea mediado por la digitalidad o la presencia física del cuerpo a cuerpo.
En conclusión…
Desde hace décadas —y nunca como ahora— la inteligencia humana se vuelca en la digitalidad; la práctica escénica como todo acto vivo es, pues, un documento-archivo de su tiempo. La escena es un termómetro de la gran diversidad de acontecimientos con los cuales nos ha tocado convivir y seguiremos reconfigurando nuestras maneras de crear, tanto como sea posible. Las presencias van y vuelven ante la posibilidad de un rebrote epidemiológico y nuestros cuerpos seguirán habitando espacios tecnologizados. El teatro, como siempre, sigue acoplando el gesto y aprendiendo a renombrarse, ahora con siluetas líquidas, poniendo el cuerpo en pixeles, siempre con el afán de construir comunidades temporales.
María Sánchez Portillo y Alberto Lomnitz
tienen amplia experiencia en el estudio y el ejercicio de las artes escénicas. Generaron juntos el Manifiesto de Arte Vivo Digital en respaldo a las prácticas emergentes del tiempo presente.
1 Haraway, D. J. Staying with the trouble, Duke University Press, Estados Unidos, 2016.
2 Lomnitz, A., y Sánchez, M. “Manifiesto por un arte vivo digital”, El Heraldo de México, 25 de agosto de 2020.