Abecedario de María Luisa La China Mendoza

Aunque su mayor campo de batalla fue el periodismo, María Luisa Mendoza (1930-2018) ejerció la literatura y la política con la misma pasión. Generosa, aguda e incansable, su muerte deja un espacio que difícilmente se llenará en nuestra cultura. El siguiente abecedario resume la visión de una de nuestras plumas más agudas.

Alzheimer. Le temo más que a la muerte, es muy agresivo y lastimoso. Cuántas veces uno quiere recordar tal o cual palabra y uno, mentalmente, deja un espacio en blanco en el texto hasta que la duda se despeja: es terrible.

Balthus. Soy muy abierta al hablar de erotismo, lo hago de manera natural. Escribo de erotismo con una gran eficacia, pero no soy grosera ni tampoco llego a la pornografía. No me gusta la pornografía, me aburre moralmente a un grado más allá de lo insoportable, y no es mochería, simplemente me aburre. Me gusta el erotismo que muestra Balthus en sus pinturas: las niñas a pesar de su candor son eróticas perfectas; son maravillosas esas mujeres que acostadas contemplan no sé qué paisaje por un balcón parisino. Balthus estaba casado con una japonesa y eso va muy de acuerdo con la forma misteriosa, esa sutileza hermética que prevalece en sus obras.

Crítica. Cómo es posible que cuando un mexicano publica un buen libro no se le haga una crítica, no se le tome en cuenta, menos se le aplaude; en cambio, se le ignora: es como una muerte civil muy dolorosa, sobre todo cuando uno sabe que no la merece.

Diputada. Como si fuera una adolescente, siempre he tenido la necesidad de pertenecer a algo. Creo que por eso sigo en el PRI, para horror de mis amigos. Además, tengo una inclinación natural como militante del Partido Revolucionario Institucional, como ex diputada federal en representación de mi estado, Guanajuato. Yo sí puedo decirlo, estuve dentro de la mera mata del gobierno, hice leyes de la LIV Legislatura, fue una etapa de mucho trabajo y acciones. Yo volvería a vivir mi etapa en la Cámara de Diputados; fue excitante recorrer el país, escuchar al pueblo, constatar la habilidad y dignidad de los campesinos, la obstinación de los obreros y la clase media. La política me encantó, es como respirar, imprescindible en la vida. Jamás podré dejar de darle gracias a mi partido que me lanzó y me hizo fuerte.

Escribir. Es una tortura, una maldición que se genera en la soledad y la pobreza, porque nadie gana dinero en nuestro país bien amado, solamente tres o cuatro personas se mantienen con lo que ganan de sus libros. Pero claro, son los únicos que ganan premios, los únicos que viajan, los que son aplaudidos, son como el non plus ultra de las damas y de los elogios. Nuestros dolores son precisamente que sabemos que somos buenos escritores, que lo hacemos muy bien, no se trata de ser mujer ni hombre sino de ser un escritor de veras magnífico y tener conciencia de que un libro con buena prosa, de atreverse uno mismo a calificarlo así, no tenga la menor trascendencia en México.

Fuimos es mucha gente. Es una novela de enorme tristeza, una remembranza. Los personajes que están allí, claro, son producto de la imaginación, mas no obstante son también muchos de los personajes de mi vida. Toda mi gente y yo estamos viviendo una etapa muy difícil de soportar, no me gusta que le llamen tercera edad, eso es vergonzoso, deberían decirle la verdadera edad o, en todo caso, la edad de oro, de plata o de titanio. Yo no entiendo cómo pasa el tiempo por mi cuerpo, de repente me siento como una muchacha de treinta años. Por ejemplo, Gastón García Cantú decía que él no se sentía viejo y eso lo entiendo perfectamente.

Guanajuato. Guardo recuerdos buenos y no tan gratos. Cuando Vicente Fox fue gobernador le fue muy mal a Guanajuato, se trabajó poco, aunque la propaganda decía lo contrario. Cesaron muchas oportunidades de generar empleos, se pretendió hacer un corredor virtual y tuvo poco éxito. Pero en fin, se sembró la esperanza, eso sí fue evidente. Luego le tocó a mi sobrino, Juan Carlos Romero Hicks, ser gobernador. Mi opinión no cambia porque sea mi sobrino, también puedo tener una visión crítica de problemas que tuvo que enfrentar como el agua, la educación y la salud.

Honor. El ejercicio mental, la gimnasia verbal, resolver tu vida inteligentemente, conducirse con honor, lógica, honradez y plenitud, te da una hermosa madurez joven.

Instituciones. Estoy convencida de que gracias al PRI se hicieron nuestras instituciones: el IMSS, el ISSSTE, primarias, secundarias, la Universidad, ferrocarriles, carreteras, etcétera. No podemos decir que durante setenta años nada pasó, cuando en realidad le sucedieron muchas cosas a México. Si existe un partido de veras es el PRI.

Joven. De joven pertenecí a un grupo que nos dio por la literatura, por la música, la pintura y la cultura en general. En ese grupo estaba Ernesto de la Peña, también acudía a veces Carlos Fuentes. Sin duda éramos jóvenes pretenciosos que nos reuníamos para ir a clases, tomar café, ir a bailar a unos lugares horripilantes donde éramos felices bailando mambo y brincoteando como locos: éramos muy buenos bailarines.

Luis Echeverría. Yo no era su amiga. Como era muy buena reportera de diferentes diarios, el jefe de prensa del presidente Echeverría, Fausto Zapata, un hombre magnífico, me invitó a acompañarlos en la gira presidencial; por eso tuve oportunidad de ir a Chile. Luego el periódico para el que trabajaba me envió a hacer unos reportajes a la Unión Soviética y después estuve en Londres; ahí me sentía Mrs. Dalloway.

Marcel Proust. Yo vivo arrodillada a Marcel Proust, me parece el más grande escritor del siglo pasado.

Ojos de papel volando. En 1985 publiqué mi primer libro de cuentos, Ojos de papel volando. Pero en 2011 me fue robado ese título por una señora de nombre Patricia Aridjis. Cuando Mortiz y yo nos preparábamos para salir a la luz, en España a un fulano se le ocurrió publicar a su vez un tomo con dicho título, pero Joaquín, que era un hombre dignísimo, se levantó como el impecable editor que fue y demandó al atrevido por muy peninsular que fuera. Recularon en la madre patria: nosotros teníamos el título registrado en Derechos de Autor, como aún aparece a mi nombre, con tu venia. Y después de tantísimos años, me roban el título con un libro publicado por el Conaculta, bajo la tutela de Consuelo Sáizar, quien reparte becas de creadores eméritos entre sus amigos que ya se van a morir.

Periodismo. Llegué al periodismo por necesidad y, claro está, por vocación, y no me arrepiento. Fui niña pobre, necesitaba ganarme el pan, pero no soportaba estar en las oficinas de gobierno, pasar todo el día encerrada en una fría oficina era superior a mis fuerzas. El periodismo me dio esa libertad, siempre digo una frase que parece lugar común pero que me define muy bien mi relación con esta profesión: de mi periodismo vengo y a mi periodismo voy. Nunca me he avergonzado de hacer periodismo, lo expreso con franqueza: soy una escritora que no abandona el periodismo. Es mi desahogo, mi psicoanálisis, mi repaso de materias, mi constancia de vida.

Quejumbrosa. Jamás he sido una feminista desbocada ni una quejumbrosa ni una quejetas, soy una escritora que ve lúcidamente, con ojos desorbitados, cómo las mujeres escritoras de otros países tienen un éxito insólito en México y las que lo logran llegan a conocer muy bien a escritores laureados y grandiosos. A ellas, por ejemplo, las escogen para hacerle un homenaje en Jalapa a Sergio Pitol y, en ocasiones, la misma autora presenta al novelista en Chile, Argentina y Colombia, como si no hubiera escritoras mexicanas talentosas que podrían ubicar quién es Pitol y cómo ha sido su desarrollo en la literatura de nuestro país.

Rosario Castellanos. Entré a la literatura por la puerta grande, quizá mucho más fuerte de lo que se imaginaba, estoy citando a Rosario Castellanos refiriéndose a mí. Quizá en ese momento mis amigos escritores recularon, me hicieron a un lado, se estremecieron de horror porque yo no era una escritora sino una periodista que tuvo el atrevimiento de salir de su amado oficio.

Saudade. A veces pienso que yo, como los personajes de mis libros, siento una enorme saudade de lo que ya no puede ser: la creación, el apetito, el amor, los viajes, todo lo que siempre había estado allí. Y, en medio de esa nostalgia, sigo luchando: todos somos viajeros de un barco, algunos ya nos asomamos a la borda porque ya vemos le tierra firme, el lugar a donde todos hemos de encaminarnos.

Todos. Todos los perros son para mí ángeles mudos de Dios, los adoro.

Vida. En muchos aspectos de mi vida hice lo que yo quise, amé a quien se me dio la gana, fui fiel y leal a ese amor, a ese trabajo, a ese periódico, a ese credo político y también al religioso. Siempre he sido católica, es mi derecho a expresarlo.

Woolf, Virginia. No es posible que en México nada más figuren cinco escritores, es idiota creer eso. Pero bueno, así es. Los suplementos literarios están llenos de personajes extranjeros, no porque yo esté en contra de autores extranjeros, no porque yo esté en contra de autores de fuera, cómo voy a estar en contra de Nabokov o de la Virginia Woolf, pero lo que predomina en nuestro país son los autores extranjeros y no se les hace caso a los escritores nacionales. Me he dado cuenta de esa tendencia.

Zabludowsky, Jacobo. El primer escritor que saltó a la televisión fue Salvador Novo, en un programa de Jacobo Zabludowsky. A los tres años de que Novo hacía esas cápsulas, me hablaron a mí. Creo que fui la primera mujer, en México, que salía hablando de literatura en la televisión. Luego Ethel Krauze empezó a comentar libros. Poco a poco las mujeres hemos entrado a la televisión y creo que lo hemos hecho muy bien. En ese sentido, fui pionera.

 

Mary Carmen Sánchez Ambriz
Editora y ensayista.

 

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Publicado en: Ciudad de libros