Abecedario de Felipe Cazals (1937-2021)

El 16 de octubre pasado falleció el cineasta Felipe Cazals. Para recordarlo mostramos un recorrido por algunos momentos clave de su cinematografía y con sus propias palabras —fragmentos de una entrevista.

Apando. Fue unas de las películas más exitosas que hemos tenido, le fue bien en cuanto a taquilla y la crítica, incluso superó a Canoa (1976). El Apando (1975) y Las Pochianchis (1976) se hicieron en dieciocho meses. El cine es una enfermedad endémica, incurable y mortal. Teníamos mucha fuerza, mucho empuje en ese momento, había una administración extremadamente comprensiva con el nuevo cine mexicano de esa época, era la administración de Rodolfo Echeverría. Lamentablemente, como siempre sucede en este país, a un sexenio le sigue otro y los proyectos no se continúan. Y bueno, ya no sé cómo calificarlo: el sexenio de López Portillo y de su desdichada hermana, quien se encargó de liquidar todo lo que habíamos podido hacer, fue lamentable, patético, risible, trágico.

Buelna, Cuidadano. Rafael Buelna no existe en la historia oficial de la Revolución Mexicana y debe de ser por alguna razón. Cuando uno conoce su historia se da cuenta que fue borrado de la lista por intereses personales de grupos políticos, lo cual demuestra que la Revolución es una cosa y la política es otra. Con el triunfo del obregonismo, se encargaron de blindar su historia y de borrar a todos los personajes que hubieran sido opositores a sus criterios y decisiones. Por esto, lo hicieron desaparecer y por esa razón me interesó hacer la película Ciudadano Buelna (2013).

Cine de corcholata. Con la llegada de Margarita López Portillo a la dirección general de Radio, Televisión y Cinematografía (RTC), quedó muy claro que nuestra aproximación a la realidad mexicana no le interesaba a esta mujer, sino el cine de corcholata con Carmen Salinas y demás bodrios. En la primera oportunidad llamó a directores extranjeros para reemplazarnos, como a Carlos Saura, a Sergey Bondarchuk y a Federico Fellini, pero él no aceptó. Su idea era traer a muchos directores extranjeros para que nosotros no trabajáramos. Y no fue por falta de guiones y propuestas sino por la imposición del cretinismo, típico de los sexenios.

Dolores Tosta. En Su alteza serenísima (2001) el papel de la esposa de Santa Anna estaba pensado para una mujer que fuera una excelente actriz, lo que yo llamo una buena comediante. Era el único papel que no estaba pensado en alguien especial, tenía a tres candidatas y elegí a la mejor. Estuve evaluando, hablando con varias actrices hasta que me decidí por la intérprete ideal, Ana Bertha Espín.

Episodios. Cuando comencé a interesarme en el personaje de Santa Anna, tomando en cuenta el volumen de hechos a relatar, alguien me sugirió la posibilidad de hacer una mini-serie de televisión de cuatro o cinco episodios. Debo decir que sí lo pensé un poco, pero finalmente desistí: la televisión no es asunto mío, no entiendo bien la manera en que se hace televisión. Lo mío, si acaso, es hacer cine.

Farsa. La visión que nos interesaba resaltar en Su alteza serenísima es cómo el entorno de alguien que obtuvo un poder omnímodo, se basa en mentiras todo el tiempo. Es una farsa y, a la vez, un comportamiento, un catecismo, un modo de vivir. En la cinta los personajes antes de interrelacionarse con Santa Anna advierten que van a mentir o que están mintiendo. La esposa de Santa Anna los obliga a mentir porque el anciano se presta a ese juego: él miente, todos mienten. La película es un ejercicio sobre la decrepitud y la mentira.

González Pedrero, Enrique. La bibliografía sobre Santa Anna es amplísima, y no hay que olvidar la parte novelada. Hay una cantidad enorme de textos al respecto; además de las impresiones hasta de personajes extranjeros que visitaron México ya sea españoles o estadounidenses que conocieron de cerca al personaje, desde una edad temprana. Y, claro, la indiscutible obra de Enrique González Pedrero sobre Santa Anna, País de un solo hombre, que fue para mí un filtro de lo esencial. A través de conversaciones que sostuve con Enrique González Pedrero, pude comprobar que mi dibujo correspondía con un personaje ya viejo y cansado.

Historia. Retratar la realidad es una actitud del documentalista, no del creador de cine de ficción. A partir del momento en que el cine de ficción cuenta una historia en la pantalla no retrata la realidad, sino que la interpreta. Quizá esa interpretación de la realidad que hacen los cineastas mexicanos no llega al fondo de lo que quisiéramos algunos, son películas que carecen de un juicio crítico que otros reclaman. Para retratar la realidad habría que poner una cámara sola y filmar todo el día en un ángulo, pase lo que pase. En el momento en que hay una selección y una estructura dramática, la realidad cambia a ser cinematográfica. Hay muy buenos cineastas en México, muy esforzados, muy jóvenes y el cine mexicano en cuestión de calidad no está en crisis, eso es seguro.

Imcine. A partir de la década de los noventa, el cine mexicano se fue encauzando hacia otras vías. En esos años estaba Ignacio Durán al frente del Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine), quien sí tenía un entendimiento con la comunidad cinematográfica. Con él hubo un cambio, sobre todo, el ingreso de nuevos cineastas significativos, entre ellos, Carlos Carrera, por ejemplo.

Jugador de gallos. Santa Anna fue un gran conocedor de gallos de pelea. En la película esto está comentado con malicia. Los gallos de la Hacienda de Santa Anna fueron famosos; en el Lencero (Veracruz) había peleas de gallos famosísimas, al pie de un árbol que todavía existe. Estamos hablando de un personaje que conocía a fondo este asunto y que en la política mexicana se comportó como un jugador de gallos.

Kino. Casi todas las películas me lleva mucho tiempo prepararlas, con los escritores o en compañía de los guionistas. En el caso de Kino (1993) me tomó siete años prepararla, escribirla, redactarla. Una película que toma tanto tiempo es como un embarazo complicado, predice de alguna manera una mala fortuna. En este caso no solamente fue una mala fortuna sino que fue un completo fracaso: una catástrofe de filmación, un financiamiento desquiciado, una película filmada en dos partes, con seis meses de diferencia, un intervalo de absoluta atonía… yo creo que eso explicaba todo.

Leñero, Vicente. Con Vicente Leñero intentamos hacer una película, estábamos trabajando el guion: “Tierra blanca”, sobre el narcotráfico. Eso fue a fines de la década de los noventa, pero no se hizo porque a los productores les pareció que el tema era demasiado adúltero y resbaladizo. Estoy seguro que hoy tendrían otra opinión. Luego comenzamos otro proyecto con Leñero y tampoco cuajó, pero no importa. Fue una grata experiencia.

Mujeres mexicanas. En la película sobre Santa Anna nos interesó mostrar el prototipo de mujer dominante y dominada porque son las mujeres que conocemos todos en México. Para ser específico, son las mujeres que tengo y que he tenido en mi familia, donde sustancialmente creo que lo que importa primero es la lealtad al hermano, al padre, al esposo, al hijo y después las consideraciones sobre la persona, sobre el individuo. Las mujeres mexicanas que sacrifican todo no son abnegadas, son quizás muy aprensivas, toman decisiones pero, sobre todo, las cumplen. La mujer de Antonio López de Santa Anna cumple, hasta el último momento, lo que promete. Hace que Santa Anna crea que sigue siendo el papas fritas. Así es esto.

Niños de Morelia. Estuvimos trabajando en un proyecto sobre los niños de Morelia, fue un proyecto que fuimos desarrollando alrededor de dos años. No reunimos el capital necesario para hacer la película y quisimos hacer una sociedad con los españoles, pero obviamente a los hijos de los socialistas y comunistas que emigraron a México ya no les interesaba la historia.

Oso de plata. Canoa es una película que ha tenido un particular éxito muy estimable, pero curiosamente le queda a cada generación. Si marcó o no a una generación no lo sé, me parece muy pretencioso decirlo. En 1976 obtuvimos el Oso de Plata en Berlín por Canoa.

Poder. Lo que sucede con mi general Santa Anna es que la chaquetería la inventó él, según circunstancias cambiaba de capa y de sombrero, lo importante era estar siempre en la jugada. Santa Anna era un jugador, un aventurero, luego un general muy valioso y, desde luego, un chaquetero. Esta constante metamorfosis del personaje que no tiene empacho de cambiar de banda de color o de filiación política o religiosa, lo hace mucho más atractivo, quizá más ambiguo. “El hombre no es nada, el poder lo es todo”, dijo Santa Anna.

Retiro voluntario. Después del fracaso de Kino, estuvimos viviendo muchos años fuera de México, fue como un retiro voluntario.

Santa Anna. Nosotros mostramos a un Antonio López de Santa Anna adolorido, complaciente con sus irresponsabilidades, ciego ante los acontecimientos que ahora son referidos de manera adversa. La composición del cacique es la historia de este continente y de este país. Vivimos en función de íconos y nos reproducimos según ellos. Descubrir que los héroes tienen pies de barro no tiene sentido, siempre lo hemos sabido.

Testimonio, cine de.  Cuando nosotros nos formamos como espectadores, siendo muy jóvenes, veíamos un cine que correspondía a la década de los años cincuenta, caracterizado por los grandes melodramas y por algunas películas extraordinarias como Salón México (1949) del Indio Fernández, sin duda su mejor película; también por la obra de Julio Bracho, de Gavaldón, por las maravillosas comedias de Gilberto Martínez Solares con Tintán, pero lo que sí pudimos apreciar es que la cinematografía mexicana no tenía que ver con la realidad mexicana. De tal manera que al comenzar a ejercitar nuestra profesión, algunos de guionistas, otros de directores, otros de fotógrafos, a fines de los años sesenta, suplimos ese espacio que no había dado el cine mexicano, salvo honrosas excepciones como Vámonos con Pancho Villa (1935) o El compadre Mendoza (1933) de Fernando de Fuentes que son en realidad cine testimonial. No hicimos cine de denuncia social, me parece un término grandilocuente; hicimos un cine que contenía cierto testimonio de la realidad que nos tocaba vivir en ese momento. Entendimos esa realidad de nuestra temática adoptando una actitud crítica en esos años. Eso fue lo que pasó en México insurgente (1973) de Paul Leduc; en algunas cintas de Gonzalo Martínez, en Caridad (1974) de Jorge Fons, y en muchísimas películas, entre ellas, Canoa, El Apando, Las Poquianchis.

Ubicación. Filmar en espacios cerrados no es para nosotros una restricción enorme, es imponernos condiciones, una cuestión de ubicación, dependiendo de la película. En el caso de Santa Anna fue plantearnos condiciones hostiles, si yo me refiero a un anciano decrépito, cautivo en sus propios fantasmas y rodeado de puros mentirosos, no me puedo dar el lujo de recrear esto en espacios amplios. Tengo que conformar y dibujar la ratonera para explicar cómo es esa ratonera, este antiguo amo de circunstancias y situaciones. La austeridad en la atmósfera, el reducido campo de su acción, es un asunto voluntario para crear la atmósfera específica. 

Vasconcelos, José. Es un escritor meritorio, pero respecto a su posición sobre Santa Anna, me parece lamentable lo que dice porque lo considera exclusivamente el detractor de la iglesia mexicana, el atacante de las pobres monjas, el ladrón de las iglesias. Es una visión que no comparto. Está en su libro Breve historia de México.

Yáñez, Agustín. El libro de Agustín Yáñez, Santa Anna espectro de una sociedad, es una de las aproximaciones más certeras y más imparciales sobre el personaje. ¿Qué propone Yáñez? Que sin la sociedad mexicana de aquel tiempo, sociedad ambiciosa, extranjerizante, terriblemente voraz puesto que ignoraba la miseria y las condiciones de este país, sin esa sociedad, Santa Anna no podría haberse desarrollado. Santa Anna por sí mismo no pudo ser un dictador; un multipresidente necesita un enfermo detrás de esto. Esa es la teoría de Yáñez y estoy de acuerdo.

Zapata. La película Zapata (1970) me da muchísima pena recordarla. El guion era abominable, era una película irreparable, eso no podía ser Zapata. No existe ningún paralelismo con lo que hice años más tarde con Santa Anna. Zapata fue una película de encargo que traté de cumplir como cumplen todos los profesionistas, lo mejor posible, pero es verdaderamente muy mala… hay que ser francos.

 

• Breve filmografía de Cazals: Canoa (1976), El apando (1975), Las Pochianchis (1976), Su alteza Serenísima (2000), Digna… hasta el último aliento (2004) y Ciudadano Buelna (2012), entre otras.

 

Mary Carmen Sánchez Ambriz
Ensayista, editora y crítica literaria.

 

Escribe tu correo para recibir el boletín con nuestras publicaciones destacadas.


Publicado en: Cine