La muerte no se cansa. Luego de llevarse a Rubem Fonseca hace unos días, rendimos ahora homenaje a la escritora mexicana fallecida el pasado 18 de abril. La siguiente guía nos permitirá entender, entre muchas otras cosas, por qué la obra de Dávila ha sido mal clasificada en el compartimento de la literatura fantástica.
Arte. Siempre me ha interesado mucho el arte, la pintura. Vivir con Pedro Coronel fue maravilloso. Él amaba la literatura, la filosofía y la música. Entonces nos complementábamos muy bien. Si yo escribía un cuento, se lo leía y él opinaba, y luego veía si hacía caso de sus observaciones que por lo general eran muy atinadas. Y viceversa, cuando él pintaba lo criticaba, le enojaba, y luego veía que lo estaba arreglando como le había dicho. Como todo matrimonio tuvimos temporadas buenas y malas.
Biblioteca. De niña me refugiaba en la biblioteca de mi padre. Aprendí a leer de manera autodidacta y eso me ayudó mucho para no aburrirme. Mi hermano había muerto y yo era una niña sola, enfermiza. Luego me llevaron a vivir a San Luis Potosí y mi salud mejoró.
Críticos. Les agradezco mucho a los críticos, me siento honrada y me satisface que les agrade mi narrativa. Pero cuando empiezo a escribir, no me afecta si les gusta o les disgusta, me tiene sin cuidado porque realizo lo que necesito hacer. Si lo disfrutan, me congratulo.
Deseo. Procuro no exigirme ni amargarme al escuchar que no puedo hacer lo que deseo.
Emma Susana Esperat. Fue una amiga argentina que confió mucho en mi trabajo. Ella le envió mi libro de cuentos a Julio Cortázar, un ejemplar de Tiempo destrozado. Cuando me enteré que hizo eso, yo me moría de la pena.
Fantástico. La crítica literaria ubica a mi narrativa en el terreno de lo fantástico, pero en realidad no ocurre así. Lo que hago es manejar la realidad, mas para mí esa realidad tiene dos caras: la externa —que es lo que sucede cotidianamente y tiene una razón de ser, una lógica— y la interna —que suele ser oscura—. Esta última cara la manejo mucho y paso de una a la otra, muy cómodamente: de la lógica al absurdo. Muchos creen que es literatura fantástica y no, describo parte de la realidad porque hay situaciones que en verdad ocurren.
Gatos. Vivo con mi hija, y con siete gatos y dos perros que ahuyentan a los extraños. Siempre me han gustado los felinos. Cuando Juan José Arreola solía visitarme, bromeaba diciendo que en realidad los gatos escribían mis cuentos y no yo, pues siempre tenía uno sentado sobre mis piernas o se acomodaba en la máquina de escribir. Llegué a vivir con veinticinco gatos.
Hija. Mi prioridad siempre fue mi hija, su salud, y luego la literatura.
Imaginación. Hasta la fecha yo no sé si realmente veía cosas o eran producto de mi imaginación. En Pinos, el pueblo donde crecí, se contaban muchas leyendas.
Julio Cortázar. Para mí sorpresa, Cortázar se tomó el tiempo de leer mis cuentos y de escribir unas líneas. Eso me entusiasmó, lo recuerdo con mucho cariño. En las oficinas del Fondo de Cultura Económica recibí una carta firmada con las iniciales J.C. Me felicitaba por haber escrito un libro tan maduro. Yo agradecí ese comentario y entonces iniciamos una amistad por correspondencia. En los siguientes dos años fui a París, y lo conocí. Tenía planeado viajar por varios países de Europa, pero decidí quedarme en París tres meses y gozar de la amistad de Julio y, de su entonces pareja, Aurora Bernárdez. Las cartas están publicadas en los Epistolarios de Cortázar, recopilados por Bernárdez y editados en España.

Kafka. Admiro mucho a Kafka, no sólo me interesa su narrativa también su vida me parece fascinante. Por eso hay varias fotos de él en mi estudio.
Libros. Lo primero que publiqué fueron salmos y poesía mística, en la revista Estilo, de San Luis Potosí, que dirigía el poeta Joaquín Antonio Peñaloza. Luego, atendiendo a una invitación de Emmanuel Carballo, Carlos Valdés y el fotógrafo Ricardo Salazar, entregué textos para la revista Ariel. Cuando tenía 20 años, hice una plaqueta de poesía, Salmos bajo la luna. Le siguieron títulos como Perfil de soledades, Meditaciones a la orilla del sueño; y los libros de relatos Tiempo destrozado, Muerte en el bosque, Música concreta y Árboles petrificados.
Márquez. Gabriel García Márquez dice que los hombres se dividen entre los que saben contar un cuento y los que no. Creo que tiene razón. Contar un cuento es un arte y no todo el mundo está hecho para frecuentarlo.
Narrar. La literatura es vivencial, siempre sigo mi instinto para narrar lo que me pasó. A veces hablo de dos realidades o de una.
Obstáculos. No es falta de ganas, dedicación o entusiasmo, sino que a veces se interponen ciertos obstáculos para poder terminar un libro. Con la literatura he sido una amante inconstante, mas no infiel. Yo me hubiera pasado la vida sentada, escribiendo, pero la vida no me dejó hacer más obra.
Proyectos. Han pasado muchos años y no he podido terminar de corregir un libro de cuentos. Da la casualidad de que siempre que me siento a escribir, ocurre algo. Tengo una hija con graves problemas de salud; y pasa el tiempo, y cuando vuelvo a intentar a avanzar en el libro, surge un nuevo contratiempo. Ha pasado tiempo y no vivo con prisa por publicar; cuando buenamente se puede, bien, y de lo contrario me resigno a mi suerte y ahí se quedarán los proyectos.
Quijote. En la biblioteca de mi padre había, entre otros libros, El Quijote y la Divina comedia con los grabados de Doré, libro que en especial me fascinaba y, al mismo tiempo, me perturbaba verlo.
Retos. Cuando escribía salmos, me sentía muy bien. Después con el verso libre tuve otra grata experiencia. Luego pasé al cuento y ahí me he quedado porque es inagotable, ofrece muchos retos y misterios como una caja de Pandora.
Sensorial. Cuando escribo soy muy sensorial, por ejemplo un color, un sabor, un olor, un atardecer, un árbol o un determinado paisaje, me conmueven. La sensación epidérmica me puede traer a la memoria algo, una vivencia, una situación que he padecido y entonces surge la idea del cuento.
Tumbas. De niña me quedaba mucho tiempo en la biblioteca de mi padre y veía por la ventana, me entretenía viendo pasar la muerte. Venían de otras rancherías a Pinos, para enterrar a sus muertos. Yo los veía amortajados, sobre una mula los llevaban en una procesión al panteón de Pinos. A pesar de que no había presenciado todavía un entierro, para mí era común pensar en sus tumbas e imaginarlos en el sepulcro. Luego esos muertos se me fueron apareciendo en mis cuentos. El verdadero terror lo conocí cuando leí la Divina comedia, con los grabados de Doré. Esos demonios con sus enormes tridentes, sí me daban miedo.
Ultratumba. Para mí el mundo más aterrador es el de ultratumba, el que vislumbré cuando en mis primeros años de vida me enfermaba mucho de las anginas y me la pasaba en mi cuarto, leyendo, luchando contra la enfermedad. Sentía que la garganta se me cerraba y comenzaba a ver mundos que no existían. Me llenaba de miedo en la inmensa casa.
Villaurrutia, Xavier. En 1977 me concedieron en el premio Xavier Villaurrutia por el libro de cuentos Árboles petrificados. Eso me dio mucha satisfacción.
Zacatecas. Nací en Pinos, Zacatecas, un lugar alto. Es un pueblo minero donde los vientos lo azotan mucho y en algunas épocas del año hace demasiado frío.
Mary Carmen Sánchez Ambriz
Ensayista y periodista cultural.