Para recibir el otoño de un año aciago, Gaspar Orozco, traductor del chino, nos presenta la obra de un poeta del siglo VIII: Geng Wei. Para Geng Wei el otoño no es una estación del año sino el tiempo que le tocó vivir, el ocaso de un imperio y del mundo que lo acompañaba. Sin embargo, queda la poesía como un destello de luz que regresa.

Ilustración: Pablo García
秋日
耿漳
返照入間巷
愛來誰共語
古道無人行
秋風動禾泰
Día de otoño
Geng Wei
El último reflejo de la luz entra en el sendero de esta aldea;
Regreso melancólico, ¿pero a quién podría decírselo?
Nadie viaja ya por el camino antiguo.
El viento de otoño agita los tallos de mijo.
§
Pocos son los datos que se tienen de Geng Wei, poeta de mediados de la dinastía Tang. No se sabe con certeza ni su fecha de nacimiento —que se sitúa alrededor de 763—, ni de su muerte. Se conoce que era del norte de China, de la provincia de Shanxi. Fue en algún tiempo consejero en la corte y perteneció a un grupo de poetas notables de su época, conocido como los “Diez Jóvenes Talentos de la Gran Generación”. La grandilocuencia de los títulos y el brillo de los cargos no duran ni siquiera una vida, y la existencia de Geng Wei, pese a su prometedor talento y a la virtuosa compañía en que fue colocado, no parece haber sido muy feliz, particularmente hacia el final. El poeta vino al mundo poco después de sofocada la rebelión de An Lushan, que además de traer muerte y desolación al país por ocho terribles años, representó el inicio del resquebrajamiento del imperio Tang. Geng Wei vivió también una época de transición de valores poéticos, distinguiéndose en ese tiempo de cambio literario por la naturalidad de su palabra, la sobriedad de su tono y lo directo de su mensaje. Como otros de los miembros de su grupo literario, que tuvieron un brillante inicio para enfrentarse después con un declive general de la sociedad, tomó como temas centrales las penas de la separación, el dolor de la existencia y su reflejo en la naturaleza. Es decir, honraba y seguía la tradición representada por un poeta como Du Fu. Como un funcionario menor, que con toda probabilidad vio eclipsada su fortuna en la corte, su trayectoria final estuvo marcada por sus viajes de exilio a lo largo del reino.
De su obra se conservan alrededor de unos 170 poemas. Su influencia en la lírica de su tiempo no es despreciable y puede rastrearse hasta la dinastía Sung y más allá. El maestro Zen japonés del siglo XVI, Hakuin Ekkaku, utiliza un verso de Geng Wei como final y recapitulación de una de sus conversaciones, en su Palabras del Sueño de la Tierra de los Sueños. Hakuin, con ojo Zen, encontró en la imagen del sexto verso del poema —que aquí vertimos completo—, la suma de su mensaje de liberación:
酬畅当
同游漆沮后
已是十年馀
几度曾相梦
何时定得书
月高城影尽
霜重柳条疏
且对尊中酒
千般想未如
Respuesta a Chang Dang
Alguna vez viajamos en el río Qi; hoy vivimos en la derrota, noble amigo.
De esto, han pasado ya más de diez años.
Varias veces he soñado en nuestro viaje;
¿llegará el momento en que emprendamos otro?
En su punto más alto, la luna extingue las sombras de los muros.
Densa escarcha en las ramas dispersas del sauce.
Hoy, frente a un vaso de vino,
albergo mil pensamientos, pero no tengo ninguna salida.
§
El otoño se comienza a leer en el cielo por la luz. Después, por el viento frío. Esto sucede aún en aquellos sitios en donde su paso es más bien discreto y no enciende los árboles de los ricos oros, amarillos y rojos que se aprecian en otras latitudes. Para Geng Wei, el otoño no es tanto una estación del año, sino el tiempo en que por destino le tocó vivir, el comienzo de la caída del imperio y del mundo que éste representaba. Exiliado y olvidado en una aldea remota, se lamenta de que el viejo camino, es decir, el Tao, no es frecuentado por nadie ya. En la soledad y el aislamiento, en donde no hay ni siquiera alguien con quien compartir una cálida palabra, la única arma que queda es la poesía. Y el poeta dibuja entonces un círculo de luz: la luz que regresa, la última antes de la larga oscuridad. En esa luz está el poema. Este resplandor es el que nos llega ahora a través del tiempo.
Gaspar Orozco
Poeta y diplomático. Entre sus libros, Autocinema (2010, edición bilingüe 2016), Book of the Peony / Memorial de la Peonía (2017), y Juego de Espejos / Arroyo Frío (2018), edición bilingüe español-chino.