Narraciones sobre América Latina

Marcos de madera traslapados —una pieza de Gabriel Sierra que se llama “Estructura para la transición”— te recibe en la entrada de Bajo un mismo sol: Arte de América Latina hoy en el Museo Jumex. Tanto el título como la función de la pieza que inaugura la exposición, remarcan el tránsito inicial, del descanso de las escaleras, a las salas como tal.  La decisión sobre por qué marco entrar tiene un carácter liminal. Un espacio liminal es aquel que media la relación entre interior y exterior, lo privado y lo público. Puertas, ventanas, terrazas, pasillos, jardines y puentes son espacios de transición; cada uno, a su modo, separa y conecta simultáneamente. Son umbrales que tienen importancia y valor simbólico, pues funcionan como fronteras, pasos obligatorios de confluencia entre dos lugares. Hay una inversión lógica y, cruzar de un lugar a otro, diría Pierre Bordieu, provoca por unos instantes que el mundo esté al revés.1 Quizás la cuadrícula de madera no voltea al mundo, pero insinúa que la exposición es un espacio de este tipo, un espacio para negociar y cuestionar las categorías que se apuntan en el título. ¿Qué es arte y cuál es su función? ¿Qué es América Latina y cuál es su identidad cultural? ¿Qué entendemos con la noción de hoy?  

La muestra está a cargo del curador mexicano Pablo León de la Barra, quien desde 2013 se dedica a la rama latinoamericana de la iniciativa Arte Global Guggenheim UPS MAP. En la exposición, reúne a artistas que nacieron después del 68 y esto da algunas pistas sobre la temporalidad del presente utilizada en la exposición. Encontramos a algunos artistas consagrados como Juan Downet, Alfredo Jaar y Gabriel Orozco conviviendo con artistas emergentes como Adriano Costa y Amalia Pica.  Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Guatemala, Honduras, México, Perú, Puerto Rico, Uruguay y Venezuela, entre otros se identifican como sus países de origen.

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Se trata de una muestra de polifonía heterogénea que explora la forma que tiene cada artista para confrontar distintas realidades y preocupaciones estéticas. Esta multiplicidad de voces se entona sobre ciertos elementos subyacentes que la región tiene en común: un pasado colonial, desarraigos, políticas gubernamentales represivas, crisis económicas, desigualdad social… Conceptualismos, activismo político, lo tropical, modernidades y participación son los ejes temáticos que se entrelazan para plantear la exposición. Entre éstos no hay fronteras claras, ni espaciales, ni secuenciales; los conceptos están esbozados y se intersecan prácticamente en todas las obras. Hay que notar que la mayoría son sustantivos plurales, lo cual habla de la flexibilidad en las categorías y un reconocimiento claro de sus posibles limitaciones teóricas. La exposición se siente más como una invitación al descubrimiento y a la descripción, que a una prescripción de definiciones y valores.

Esta fluidez se subraya con la museografía de la arquitecta Frida Escobedo, a través de los planos inclinados, la amplitud espacial y el uso de la luz natural. Elementos como las cuñas para sentarse a ver los videos denotan la intención general de invitar a complementar y adaptar lo que está presente en las salas. Parece casi un requisito ser parte activa, no sólo para intervenir o participar directamente en ciertas piezas, sino para trazar una visión global de la muestra y formular nociones propias sobre posibles clasificaciones y vínculos entre ellas. Es una exposición inquieta, con tensión entre las concepciones contrarias y simultáneas de prioridades y materialidades. En ella hay una apertura sugerente sobre lo que se puede hacer hoy con la noción de la identidad cultural.

La iniciativa del Guggenheim tal vez no es tan inocente; sin duda, estriba entre la diplomacia, el interés genuino y el mercantilismo. Busca nuevas adquisiciones y el tejido de redes de intercambio en tres regiones en particular: Asia, África y América Latina. Aunque pueda ser muy criticado, el proyecto confiere visibilidad a artistas que de otro modo no conoceríamos. La selección de arte de América Latina que se presenta invita a reflexionar en torno a cómo relacionarse con el hecho de que el arte depende de instituciones. La difusión de la obra de artistas individuales y la creación de vínculos de significado entre piezas que provienen de puntos geográficos muy distantes me parecen aspectos loables del proyecto del Guggenheim y de su colaboración con el Jumex.

Las alusiones de la curaduría evidentemente sobrepasan las obras de arte reunidas en el sitio y resuenan a otras corrientes artísticas y aspectos de la vida en general. Es una exposición que obliga a hacer múltiples reconsideraciones a partir de incentivos interesantes. Las figuras coloridas de acrílico de Amalia Pica se llaman A∩B∩C. La argentina retoma el hecho de que durante la dictadura se prohibió enseñar la teoría de conjuntos y los diagramas de Venn. Así, se pregunta por las implicaciones de un modelo matemático en el ámbito social. Carlos Amorales cita los móviles de Calder a través de címbalos en Ya veremos como todo reverbera. Las baquetas alineadas en la pared y una invitación en la ficha impulsan al público a hacerlos retumbar, hacer música desordenada y cuestionar cómo nos compartamos en un museo y frente a la obra de arte. El índice de un libro imaginario de Alejandro Cesarco abre posibilidades de interrelaciones tan descabelladas como la anterior. Runo Lagomarsino en ContraTiempos documenta las fisuras en el concreto. Las siluetas de las grietas asemejan al sur del continente americano y se convierten en fallas de los proyectos modernistas y de la idea de progreso. El motivo del mapa emerge de nuevo en unas repisas repletas de postales. Rivane Neuenschwander hace un Mapa-Múndi/Br con reproducciones fotográficas de distintos letreros en Brasil con los nombres de lugares lejanos. La globalización y el abismo se palpan. Una vez más, al espectador se le invita a llevarse y mandar un par de postales.  La posibilidad de manipular las piezas se multiplica en la obra de Jonathas de Andrade,  Posters for the Museum of the Man of the Northeast. Podemos observar el proceso para obtener las fotografías de los carteles, los testimonios y el desmantelamiento de estereotipos. Más allá de eso, la posibilidad de colgarlos de maneras diferentes genera una conciencia sobre lo que implica la selección y disposición de las piezas en una exposición. Esta solicitud al público se vuelve metareferencial.    

La segunda parte de la exhibición se compone sobre todo de videos. La pieza que da la bienvenida es de Luis Camnitzer y se llama Art History Lesson no. 6. Son una serie de proyectores de diapositivas que remiten al salón de clases y a una tecnología pasada. Los recuadros vacíos proyectados denuncian los huecos que se dejan en la historia del arte oficial. Las siguientes salas proyectan cinco videos simultáneamente. Dos de ellas invitan a explorar aspectos que en general no se toman en cuenta de obras arquitectónicas reconocidas. Tamar Guimarães presenta una fiesta en la residencia Casa das Canoas de Niemeyer. Hay un fuerte contraste entre la banalidad del evento y las discusiones, y el privilegio que tiene la clase alta de expresar opiniones disidentes. Al fondo, Contrato colectivo cromosaturado de Alexander Apóstol parte del trabajo de Carlos Cruz-Diez para hacer una reflexión política. Este documental recupera indirectamente la retrospectiva organizada en el MUAC en 2012.

Sobre la fachada del Jumex se lee otra obra de Luis Camnitzer que dice “The museum is a school. The artist learns to communicate. The public learns to make connections”. A veces uno se pregunta hasta qué punto esto puede suceder. Sorprende que las piezas antes descritas permanezcan intactas. Los asistentes en general no leen, parece que hay temor a acercarse y no interactúan con lo expuesto. Hay mucha resistencia y parecería que deberían tomarse lo visto menos en serio –o quizás más en serio– para que se dieran la oportunidad de jugar con el arte que tienen enfrente, de generar criterios propios y cuestionar los sugeridos por la muestra completa. Gran parte de nuestra identidad radica en las historias que nos contamos de nosotros mismos, de las que nos cuentan de quiénes somos y los que los demás cuentan de nosotros y de las que, de todo ese embrollo, logramos mantener. Exposiciones con miras tan ambiciosas como ésta, Bajo un mismo sol: Arte de América Latina hoy, plantean narrativas e invitan a observar las relaciones que se crean entre arte, identidad regional y presente. No podemos quedarnos sin participar, sin renovar y reevaluar precisamente esos vínculos.


1 Bordieu, Pierre. “The Kabyle House or the World Reversed.” Algeria 1960: Essays. Trad. Richard Nice. Cambridge: Cambridge UP, 1979. 151. PDF.

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Publicado en: Curadero