Una escritora importante, que no sé qué ha escrito, pone en Twitter una estrofa del bolero Bonita y agrega “Tin Tan dixit”. Mi impulso primario, instintivo, es aclarar el asunto en la red social, pero después de varias décadas cerrándome puertas y reventando mi entorno por la manía de soltar opiniones, decido abrir Word y escribir sobre este asunto. O no éste en especial, pues cinco minutos después me doy cuenta de que tiene nula importancia. Bonita es un bolero blues escrito —como los más viejos, menos esnobs y no demasiado incultos sabemos— por José Antonio Zorilla Martínez con música del legendario Luis Alcaraz, quien la interpretó y grabó, así como Javier Solís, antes de que la grabara Germán Valdés. No sé Zorrilla, pero Luis Alcaraz, guste o no, es un nombre necesario en una cultura general decorosa. En el repertorio mexicano e internacional es constante e imprescindible el abundante trabajo que hizo junto a Mario Molina Montes, quien, por cierto, escribió e internacionalizó la letra de Candilejas (Limeligth), calificada por Chaplin como la mejor versión posible de su propia obra.

cancion

No sé si mi neurosis cada vez es más grave pero creo que hasta para poner un tuit hay que ser riguroso, precisamente porque el alcance de las redes sociales se presta para volver verdad los equívocos más graves, como los promovidos por ciertos grupos políticos a través de sus fanáticos o de los medios a su servicio. Me enferma ver imágenes con la foto de Cortázar, García Márquez o Einstein acompañadas de frases que jamás dijeron y que, en su mayoría, son cursiladas escalofriantes. A la banda no le importa hacer el ridículo con tal de pasar por culta. Eso sí debería legislarse (¡Fallad!).

Cada vez más neurótico y agrio, he ganado en prudencia, síntoma inequívoco de envejecimiento (algunos dirían que de madurez y me causarían otro disgusto enorme), así que ya no ando de respondón y retobado, sino con el hígado inflamado, el estómago inundado de sangre ulcerosa y los nervios como de bistec barato. Tengo un tuit fijado en la cabeza de mi cuenta: “La templanza es la virtud consistente en morirse de un coraje en vez de matar a un prójimo”. Es mío, aunque cuenta con muchos homenajes, o sea plagios. Y pues eso: Que a mí me van a matar de un disgusto los tuiteros y feisbuqueros.

Por poner otro ejemplo, me da urticaria cada vez que algún neofilósofo autodidacta dice que “Conócete a ti mismo” (gnóthi seautón) es una frase platónica o socrática. No se enteran. Eso estaba escrito en el templo de Apolo en Delfos y, aunque no está claro el autor, al parecer fue el sabio Solón de Atenas. Encima ponen el aforismo en latín, como ésos que citan en inglés a un autor francés, por ejemplo, y, digo yo: o lo citas en español o lo haces en el idioma, la forma y las palabras exactas en que fue escrito.

Los difusores culturales voluntarios son peores enemigos de la cultura que los consumidores sin paladar y los editores poco rigurosos.

Dan ganas de preguntar a quienes gusten responderlo dónde demonios fue que Voltaire escribió o dijo: "Estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”. Qué decepción tan grande se llevarían al descubrir que monsieur François-Marie Arouet, a quien seguramente no han leído, jamás dijo eso, sino que se trata de una frase escrita dos siglos más tarde por la británica Stephen G. Tallentyre (n. Evelyn Beatrice Hall) en su biografía del pensador francés.

Algo así pasa con “Es preferible morir de pie que vivir de rodillas”, frase que popularizó en sus discursos durante la Guerra Civil Española Dolores Ibárruri, La Pasionaria, a quien se le atribuye tanto como al Che Guevara o a Emiliano Zapata. Las fuentes más confiables apuntan a que es del Caudillo del Sur. Me gusta mucho aplicarles la mayéutica (esa sí es socrática, tuiteros) a “las fuentes más confiables” del mundo entero, sobre todo en esta época en que las fuentes más confiables son víctimas millonarias de líos contractuales o chaparritos cazacocteles que se apoderan de cualquier causa para subir su mínima estatura intelectual y moral en un banquito. Así que pregunto a las fuentes confiables qué tanto puedo confiar en la fuerza retórica del caporal de Anenecuilco (nacido en Villa de Ayala, una cosa más que es necesario aclarar) para soltar ese dictum y dónde consta que lo hizo. Me temo que el buen Emiliano que amaba a los pobres y quiso darles libertad, tendía más a decir cosas como “¡Échenle güevos, cabrones, y al que se raje lo fusilo!”. Me gusta la leyenda, pero es eso: leyenda.

De vuelta con la música popular, hay casos en que aclarar los asuntos es menos riesgoso: Cierta dama muy aficionada a las canciones sentía cierto desprecio por Agustín Lara, José Alfredo y otros. Le pedí que me dijera canciones que le gustaban. Casi todas resultaron ser de los mencionados cuando no de Álvaro Carrillo, Guty Cárdenas o Armando Manzanero. Reconoció que yo tenía razón pero no cambió de opinión.

Me callo las cosas poco importantes, sin embargo, porque con los enemigos que he hecho en la vida ya tengo suficiente atención del vulgo y sobrado calor humano a mi alrededor.

No siempre fui tan cauteloso como ahora que el fastidio me hace menear la cabeza y corroborar que la especie humana no tiene remedio. Hace un lustro, más o menos, me eché una enemiga nada deseable, hermana e hija de importantes poetas, cuyo nombre omitiré. También fue culpa de una canción. Ya hacía tiempo le había comunicado que no quería tratos con ella porque era altanera, terca y agresiva. Resulta que a cuento de no sé qué volvió a mí tan campante, como si nadie la hubiera mandado a la chingada, para decir no me acuerdo qué demonios sobre las Nanas de la cebolla “de Serrat”. Venero al Nano, pero las cosas como son: su trabajo con los poetas (Machado y Hernández en especial) es bastante discutible: Muy pocos pueden leer esas nanas o los primeros versos de Cantares sin dejarse llevar por la melodía. Con cierta condescendencia le dije a la dama que me parecía una barbaridad poner Serrat donde debía decir Miguel Hernández. Respondió colérica que ella estaba hablando de música. Entonces sobrevino la catástrofe que la mayoría de quienes lean esto sentirá como una puñalada en la boca del estómago: La música de la canción “de Serrat” es de mi entrañable y viejo amigo Alberto Cortez, y así lo consigna (gratitud mediante) el propio cantautor catalán o, más precisamente, dados los tiempos que corren, xarnego. La dama de marras me respondió con todo un repertorio de adjetivos de uso coloquial y me bloqueó así en Facebook como en la Tierra. La cosa no tenía importancia, lo grave era que yo tenía razón, el peor de los pecados (y que esté claro que Borges nunca escribió esa cursilada de que cometió el peor de los pecados por no haber sido feliz).

En los caminos de la vida, caballo viejo lo sabe, más vale vivir equivocado junto con la masa opinóloga e informada. En este cambalache, lo mismo un bruto que un gran profesor. ¿Sabe usted, por cierto, qué significa “yira” (pistas: ni lunfardo, ni criollo, ni porteño, ni gauchesca)? Y ya con ésta me despido, agur.

 

Miguelángel Díaz Monges
Escritor. Ha publicado Notas de desencanto y Otras virtudes.

 

 

10 comentarios en “¡Ah, qué la canción!

  1. Para un neurótico que insiste en que hay que ser riguroso: se escribe Limelight. De una neurótica a la que le cuesta trabajo no aclarar. Por lo demás, de acuerdo totalmente. Saludos

  2. Seguramente el autor se refiere al tango famoso cantado por Gardel, “Yira yira” (de Enrique Santos Discépolo).

    Verás que todo es mentira
    Verás que nada es amor
    Que al mundo nada le importa
    Yira… yira…

    “Yira” es la fonetización de del italiano “girare” (idioma muy afín a los argentinos), cuya etimología es la misma que “girar” (gyrare ) y esta a su vez del griego “gyros”= vuelta, redondo)” ; se usa como andar, callejear, en el sentido de buscar en vano.

    En Argentina se entiende como dar un giro. “Se refiere específicamente a las vueltas que se dan sobre un mismo sitio, como lo hacen las prostitutas sobre una misma ruta o punto.” (terapiatanguera.com)

  3. Algunas breves correcciones:
    1.) Borges sí dijo esas palabras, de hecho son las primeras líneas de su poema El remordimiento, el cual se encuentra en su libro La moneda de hierro.
    2.) El término “yira” significa, coloquialmente, girar, dar vueltas y, por extensión, salir a pasear o a caminar sin rumbo fijo, etc. (proviene del italiano girare). No significa prostituta como nos dice Aída. El término para prostituta es “Yiro”.
    3.) En el tango Cambalache (por cierto, y ya que estamos en tema: ¿alguien sabe lo que significa “cambalache”?) no se dice “lo mismo un bruto que un gran profesor”, sino “lo mismo un burro que un gran profesor”: Podría hacer una broma al respecto de quien pretende ser tan estricto con las citas y cita tan mal cuando debe hacerlo, pero dejémoslo ahí.
    4.) Por último, aunque esto es dable a discusión, el término “agur” debería ir entre signos de admiración (siempre que sea una despedida afectuosa; sin signos de admiración tiene un carácter más frío y suena algo pedante). Espero que no sea éste ultimo el caso de Miguelángel Díaz Monges.

  4. En el caso del lugar de nacimiento de Zapata, no cabe aclarar nada. Anenecuilco es una localidad perteneciente al municipio de Villa de Ayala.

    Gran texto, por cierto.