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Verónica Gerber Bicecci (ciudad de México, 1981) se define como una “artista visual que escribe”. “Hace piezas que son textos y textos que son piezas. Sus proyectos exploran el rastro infinitesimal que dejan las cosas sin decir y las que no se pueden ver.” En Mudanza exploró la transformación de cinco escritores en artistas visuales. Y en Conjunto vacío (Almadía,Premio Internacional de Literatura Aura Estrada 2014) generó una estructura en la que conviven texto y elementos visuales. Se trata de un libro en el que la autora narró múltiples historias entretejidas, aludió al exilio —desde la perspectiva geográfica y existencial— y rindió homenaje a diversos artistas plásticos. En esta entrevista, Gerber Bicecci conversa sobre la desaparición, las artes, la circularidad y la correspondencia, entre otros temas.


Alejandro García Abreu: “La muerte es otro tipo de ausencia. Desaparecer es parecido, pero la muerte, creo, deja una herida grande (enorme), de golpe, que cierra poco a poco; y la desaparición —al contrario— hace una herida chiquita, dudosa, que se abre un poco más cada día”, reflexionas en Conjunto vacío. Posteriormente cuestionas: “¿No es la vida ya una especie de muerte?”. Después se lee: “No es abandono […], es una suerte de evasión. Y todos sus sinónimos: eludir… esquivar, escapar, desertar… fugarse, escabullirse, desdibujarse… Desaparecer”. ¿Qué te condujo a la indagación en la soledad y el desvanecimiento en función de la muerte?

Verónica Gerber Bicecci: Creo que no trabajé en función de la muerte sino en función de la idea de desaparición y, por ende, con la sucesión de palabras que resulta de traer al centro del libro la noción de aquello que, al mismo tiempo, está y no está. La soledad tampoco era un objetivo; el desvanecimiento sí. Tal vez por eso parece que hay una indagación sobre la soledad pero, en todo caso, esa es más bien una consecuencia del proceso mediante el cual los personajes, los dibujos, o cualquier cosa que hay en las páginas, es absorbida por la estructura de conjunto vacío o de máquina de desaparición que es o busca ser este libro.

AGA: La sucesión de palabras me recuerda los siete sinónimos del verbo destruir —eliminar, suprimir, borrar, tachar, cancelar, anular, obliterar— que Nabokov escribió en la ficha 138 de El original de Laura —su novela inacabada— postrado en la cama de un hospital.

VGB: No sabía de esa lista, pero justo nombra muchas de las estrategias artísticas contemporáneas que he tratado de apropiarme de distintas maneras en mis piezas y textos. En el caso de Conjunto vacío, los sinónimos de desaparecer son un intento de salida (que todavía no encuentro) a esas prácticas que, tal vez sin saberlo, Nabokov enlistó en la ficha 138. Porque aunque casi todo mi trabajo parte de ahí (cancelación, tachadura, eliminación, borradura, obliteración), estoy tratando pensar o buscar otros caminos, en parte porque esos se han vuelto tan recurrentes y repetitivos (al menos en el arte contemporáneo), que empiezo a preguntarme si seguir trabajando de esa manera no terminará por encerrar todo en una matrioska sin sentido.

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Fotografía: Ramón Ruiz Sampaio. Cortesía: La ciudad de Frente.

AGA: Recurres a una pesquisa existencial: “Todos estamos buscando huellas o haciéndonos preguntas. Todos estamos esperando que por fin aparezca eso que no podemos ver”.

VGB: Sí, efectivamente. Todavía sigo esperando que por fin aparezca todo eso que no puedo ver, aunque probablemente me quede esperando.

AGA: ¿Cuál es el origen de “Una postal junto a mi plato de sopa”, dibujo que rinde homenaje a Cy Twombly?

VGB: Hice el experimento de “curar” una exposición dentro del libro y la postal que Verónica, el personaje, encuentra junto a su plato de sopa con una pintura de Cy Twombly es la invitación para asistir. De niña nunca me gustó la sopa, tal vez por un afán estúpido de querer parecerme a Mafalda. Pero tiempo después, gracias a las fabulosas pinturas de un compañero de la Esmeralda, Saúl Gómez, me di cuenta de que un plato de peltre con caldo de verduras puede contener al universo entero, con todo y sus galaxias, nebulosas y cuerpos celestes. Entonces empecé a comer sopa con la idea, también estúpida, de que una cuchara podría ser una nave espacial. El caso es que en ese pasaje del libro aparecen estas dos imágenes abstractas, una al lado de la otra: un plato de sopa cualquiera y su lenguaje estelar, y la postal de Cy Twombly con sus grafías ilegibles.

AGA: Incluyes dos dibujos que son homenajes a Ulises Carrión y Marcel Broodthaers, artistas que abordaste en Mudanza. ¿De qué manera contrastas la escritura de tu primer libro con la de Conjunto vacío?

VGB: Mudanza es una pieza muy importante para mí porque me permitió entender qué lugar tiene la escritura en mi trabajo. Tal vez uno de los contrastes más claros con Conjunto vacío es que en Mudanza la apuesta era hacer una pieza que fuera sólo texto, es decir: las imágenes son texto, la narración es texto, las ideas son texto, todo es texto. Y en Conjunto vacío, al contrario, quería que el dibujo tuviera la misma “responsabilidad” que tienen las palabras en cualquier historia. Los diagramas aparecen cuando las palabras fallan, cuando es necesario ver, pensar o contar una situación desde otra perspectiva o cuando, simplemente, el personaje ya no tiene ganas de hablar.

AGA: “Para olvidar a alguien hay que volverse extremadamente metódico. El desamor es una especie de enfermedad que solamente puede combatirse con rutina”, plantea tu personaje. ¿Cómo percibes los mecanismos del olvido en relación con la literatura?

VGB: No sé, buena pregunta. Supongo que el olvido es ese proceso que necesitamos atravesar para poder ver las cosas desde un lugar en el que duelan un poco menos. Es decir: a veces olvidar no es olvidar sino solamente un enorme esfuerzo de tratar mirar desde otro lugar, desde otra perspectiva. Y tal vez la literatura hace eso también, ¿no?

AGA: ¿De qué manera interpretas la frase “El amor siempre nos demuestra la circularidad del mundo”, escrita varias veces a lo largo del libro, incluso alterada en el orden de sus letras?

VGB: La circularidad es una estrategia que tiene Verónica, el personaje, para tratar de evadir cualquier principio o cualquier final y, con ese pretexto, desordenar todo lo que sucede a su alrededor para que parezca que las cosas no empiezan y no terminan.

AGA: La narradora afirma: “Si hubiera podido elegir la ciudad donde nací, diría que soy de Garabato, una comuna en la provincia de Santa Fe, Argentina. Nunca he estado ahí, pero me encantaría tener ese gentilicio: garabatana; habitante de un pueblo mal trazado e ilegible”. Luego dice: “Es extraño llegar a un lugar que se corresponde contigo, pero al que no perteneces”. Reflexionas sobre el origen y el sentido de pertenencia.

VGB: Si cada uno de nosotros fuera un garabato, podría parecer que pertenecemos al mismo conjunto de grafías extrañas. Pero visto en detalle resulta que hay muchas cosas en común en las características del trazo que nos conforma al mismo tiempo que diferencias de todo tipo, a veces insalvables. Es decir: dentro de un conjunto aparentemente homogéneo hay muchos otros subconjuntos e intersecciones. Es un problema de la mirada: si te acercas a una misma cosa con un microscopio ves algo muy distinto de si la miras a simple vista o si la ves con un telescopio. Tal vez la idea de origen y la de pertenencia se juegan en esas distancias.

AGA: La correspondencia postal es uno de los vehículos de la narración. Aludes múltiples cartas.

VGB: Las cartas son documentos extraños, creo yo. Siempre me ha intrigado la sensación de volver a una carta tiempo después, cuando ya nada ahí sigue siendo como era cuando se escribió. Es como si perdieran todo su sentido. A veces parece que les ponemos fecha no por un afán de memoria sino para poder defendernos diciendo “esto fue así tal día de tal año” si alguien nos confronta con lo que le escribimos a alguien más. En ese sentido, escribir cartas es, paradójicamente, una forma de desaparecer. Por eso la correspondencia es importante en Conjunto vacío.

AGA: Percibo las últimas páginas del libro como una sucesión de finales. ¿Cómo fue el desarrollo del desdoblamiento narrativo-pictórico?

VGB: Sí, la idea de final es muy sutil en las últimas páginas. El final o el principio, si es que hay alguno, definitivamente no están en “su lugar”. Hubo un punto en el que me parecía que podía meter todos los pasajes del libro en una tómbola y ordenarlos como fueran saliendo, completamente al azar, justo porque el desorden temporal que el personaje produce con su propia historia lo permitía. Pero finalmente me quedé con la búsqueda original: “escribir un libro que se quede sin palabras”, que desde luego no se queda literalmente sin palabras porque sería una solución obvia o fácil. Lo que sucede es que los pasajes (incluso los personajes) se desdoblan poco a poco del texto hacia el dibujo, y esa transformación se vuelve evidente en las últimas páginas.

AGA: La narradora envía una carta a Alonso (Solona) en la que piensa en el disfraz, y evoca el ruido de sus vecinos haciendo arreglos. ¿Por qué pensaste que “plaf ” es una palabra sin disfraz, mientras que “manido”, “inconsútil”, “gracejada”, “domeñar”, “variopinto”, “sosegado”, “desasosegado” y “alud” sí lo tienen?

VGB: Una onomatopeya como “plaf” es “directa”: las letras están ahí solamente para delinear sonido. En cambio, en una palabra como “desasosegado” hay una sonoridad más rebuscada, las letras delinean algo que no nos lleva directamente a su “significado” y de ahí la idea de Verónica, el personaje, de que hay palabras con disfraz o sin disfraz. En última instancia, la idea de que cualquier lenguaje es un disfraz que no deja ver.

AGA: El nombre de la narradora —el tuyo— significa “verdadera imagen”. La significación fue abordada previamente en Mudanza. ¿De qué manera influyó el significado en la búsqueda efectuada en Conjunto vacío?

VGB: Justo tiene que ver con esa misma incapacidad de la mirada. Verónica, el personaje, está intentando ver aquello que no es visible, todas esas líneas abstractas que conectan las cosas del mundo y que son inasibles: el espacio negativo. Y, paradójicamente, su nombre es una marca, la marca de aquella primera imagen de lo invisible o de lo imposible: la Verónica bíblica fue quien le limpió el rostro a Jesucristo y se quedó con su “retrato” en la tela.

AGA: ¿Qué te condujo a incluir el lenguaje de las hojas de observación de los ejercicios con el telescopio?

VGB: Hace tiempo me regalaron un telescopio en mi cumpleaños. Y a pesar de todos mis intentos, nunca pude hacer observaciones reales: en el D.F. es definitivamente absurdo intentarlo, pero también porque el instructivo me resultó incomprensible. Así que terminé por meter el objeto en el libro. Los astrónomos utilizan ese tipo de hojas (con muchos más datos, claro está) para llevar un registro de sus observaciones. Tal vez Conjunto vacío es un poco una colección de hojas de observación.

AGA: Recurres a tres dimensiones de una sintaxis: texto, dibujo y espacio. Coinciden en la abstracción y en un afán por decodificar. Resulta la búsqueda de una nueva sintaxis.

VGB: Conjunto vacío es un intento de repensar la(s) sintaxis. El problema es que al repensar la(s) sintaxis y llevarla(s) al límite uno termina, la mayoría de las veces, echando mano de la estética de la ilegibilidad (de ahí el afán por decodificar). Entonces ahora empiezo a preguntarme, como te decía hace rato, cómo salir de estas estrategias que se muerden la cola y llegar a “otro lugar”.

AGA: La circularidad aludida por la narradora cobra fuerza visualmente a través de las flechas que definen el movimiento de un boomerang dibujadas en una de las últimas páginas del libro, que retorna a las primeras páginas.

VGB: Otra imagen, distinta a la de la trayectoria del boomerang al final (y al principio también aparece, pero sólo como una palabra desordenada) podría ser la notación del universo en la teoría de conjuntos, que es básicamente un rectángulo con una “U” mayúscula en la esquina superior derecha. Todos los intentos que hace el lenguaje verbal, los dibujos, los personajes, el espacio, la narradora o cualquier elemento en las páginas de Conjunto vacío por salir del Universo (el rectángulo) terminan haciéndolos “rebotar” en los límites o “regresar” (como los boomerangs), pero nunca salir.

AGA: Tras la lectura de Conjunto vacío percibo una fractura de los límites.

VGB: Ojalá que sí, que con tanto rebote, los límites al menos terminen por fracturarse.

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Alejandro García Abreu
Ensayista y editor.