La bancarrota emocional de Marilyn Monroe (1926-1962) quedó atrapada en hojas membretadas, cuadernos con pastas negras o rojas y sobres postales. En ellos garabateó notas, poemas y cartas: depósitos de inseguridad, locura, soledad y alegría. Sus escritos son el confesionario de la actriz titubeante, de la mujer que vive cuesta arriba su propio mito, de la lectora que imita a los poetas y confiesa su distanciamiento esporádico con los libros. Arthur Miller, su tercer esposo, alguna vez sugirió: “Para sobrevivir, habría tenido que ser más cínica o por lo menos estar más cerca de la realidad. En lugar de eso, era una poeta callejera intentando recitar sus versos a una multitud que, mientras tanto, le hace jirones la ropa”. Es momento de que la multitud guarde silencio. 

marilyn


· Creo que soy una fantasía.

· No es tan divertido conocerse demasiado o creer que se conoce uno demasiado —todo el mundo necesita un poco de amor propio para superar las caídas y dejarlas atrás.

· Verdaderamente no soporto a los Seres
Humanos a veces —sé
que cada cual tiene sus problemas
como yo tengo los míos— pero verdaderamente
estoy demasiado cansada para eso. Tratar de comprender,
hacer concesiones, ver ciertas cosas
que sólo me fatigan.

· No hay nada que temer salvo el propio miedo.

· Mi sentimiento no se hincha en palabras.

· Fuerte y desnuda debes permanecer —viva— mientras miras de frente a la muerte y el viento te hace inclinarte.

· Soledad —permanece quieta.

· Siempre me asusto cuando alguien me alaba.

· Estoy descubriendo que la sinceridad y ser sencilla o directa como (posiblemente) me gustaría, se suele tomar por mera estupidez.

· Y cuanto más lo pienso más me doy cuenta de que no hay respuestas. La vida hay que vivirla.

· Oh silencio, tu quietud me hiere la cabeza.

· Tener tu corazón es la única cosa completamente feliz que me enorgullece (que alguna vez me ha pertenecido), que alguna vez he poseído.

· A partir de mañana empezaré a ocuparme de mí misma porque eso es lo único que tengo realmente, y como ahora me doy cuenta lo único que he tenido nunca.

· Creo que odio este sitio porque aquí ya no queda amor.

· Me veo ahora en el espejo, con el ceño fruncido —si me aproximo veré— lo que no quiero ver —tensión, tristeza, decepción, los ojos sin brillo, las mejillas inundadas de capilares que parecen los ríos de los mapas —el pelo como serpientes.

· Mi voluntad es débil pero es que no aguanto nada. Tengo pinta de loca pero es que me estoy volviendo loca.

· A veces me pregunto para qué sirve el tiempo nocturno.

· Bueno, sí, los hombres trepan hasta la Luna pero no parecen interesarse por los latidos de un corazón humano.

· Sé que nunca seré feliz pero sé que ¡puedo ser muy alegre!

· En momentos de crisis no acudo a un libro —trato de pensar y de utilizar mi entendimiento.

 
 
Fuente: Marilyn Monroe. Fragmentos. Poemas, notas personales, cartas, Seix Barral, Barcelona, 2010.