Supongamos que el mundo es una gran universidad dividida en distintos campus, el del Este y el del Oeste, principalmente, y que en lugar de ciudadanos sólo hay estudiantes cuya vida se orienta por las categorías de lo aprobado y lo reprobado, y para quienes la meta es aprobar sus exámenes finales y llegar a las Puertas de la Graduación. Esa universidad, que califica a su profesorado cuantitativa y no cualitativamente, se encuentra regida por una gran computadora que, creada por científicos como parte del Proyecto de investigación Cum Laude, ha adquirido vida propia y ahora dirige la vida de todos los estudiantes, les indica no sólo lo que han de pensar sino también cómo deben actuar. Órdaco es el nombre de esta gran máquina. Cuenta la leyenda, sin embargo, que algún día habrá de llegar un Gran Maestro, uno de esos illuminati tipo Cristo o Buda que, engendrado por el Órdaco, será el único capaz de destruirlo. La historia de este Gran Maestro queda consignada en el Nuevo Programa Revisado, manuscrito que es entregado a una editorial por un emisario misterioso para ser sometido a dictamen y en donde se narra la vida de Billy Bockfuss, quien –de acuerdo con las metamorfosis que va sufriendo en su camino– se hará llamar primero George y después Giles, el niño-cabra.

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Billy, ha vivido toda su feliz vida en un redil, rodeado de cabras, cuidado por el “prrofesorr” Max Spielman. Sin embargo, poco a poco se va dando cuenta de que no es una cabra. Para su desgracia, es un humano y no cualquiera, sino uno llamado a ser un Gran Maestro. Así, decide adentrarse en el mundo de los humanos, en donde irá conociendo poco a poco la envidia, la represión sexual, la autocontención, el odio, el autodesprecio, la infelicidad, aspectos ausentes del natural universo caprino. Y en esta incursión irá aprendiendo muchas lecciones que, a la larga, habrán de llevarlo a las entrañas del Órdaco para demostrar su cualidad granmaestril y redimir a la estudiantía. La más importante de estas lecciones, es la que atañe al desvelamiento de las falsas categorías que rigen el mundo. ¿Qué es lo aprobado y lo reprobado? ¿Quién lo define y desde qué punto de vista? Se trata todo de un “engaño mental”. “Reprobar y aprobar son inseparables e igualmente irreales”, se dice. Al ser constructos mentales, pueden ser también taladrados y destruidos a la larga desde la mente misma.

La principal implicación de esta gran lección es que Giles se da cuenta de que para convertirse en Gran Maestro no hace falta seguir un camino ya establecido, sino forjar uno nuevo. No hay una sola respuesta ni un único camino para llegar a las Puertas de la Graduación. Para intentar alcanzar algún tipo de redención, no hay que seguir a un Gran Maestro sino convertirse, de algún modo, en el Gran Maestro de uno mismo. Y ese proceso pasa necesariamente por la autoaceptación de los aspectos que nos definen como especie y como entes particulares, el principal de ellos nuestra condición animal: “Mi verdadera enfermedad, entonces me di cuenta, era haber pensado que esos dones caprinos necesitaban curarse, y que esa enfermedad estaba superada. ¡Era la estudiantía la que cojeaba, cargada con distinciones falsas, tullida por las categorías! […]. Mi enfermedad era que me había considerado primero cabra, después un niño completamente humano, cuando en realidad era un niño-cabra; era las dos cosas y ninguna, una refutación andante de ese tipo de concepciones falsas”. En esta aceptación de sí mismo radica el heroísmo del niño-cabra, en comprender que, como le había señalado Spielman, “Todo hombrre es en parrte cabrra y en parrte Grran Maestrro”. Lo racional y lo irracional, la contención y el deseo, el ello y el súper yo, el bien y el mal, habitan en nosotros en proporciones iguales y mantienen un enfrentamiento constante. Esa partición es la fuente principal de nuestros conflictos. Observarla, aceptarla y aprender a vivir con ella es, quizá, algo que nos puede hacer la vida más llevadera.

En su más reciente libro, El alma de las marionetas, el filósofo inglés John Gray reflexiona sobre la libertad humana, y concluye que la única libertad posible hoy es la libertad interior, es decir, aquella que se despoja de la ciega fe iluminista en el poder liberador de la razón y el conocimiento, y acepta en cambio la animalidad, la irracionalidad, la imperfección y la ignorancia como atributos de los seres humanos. Libertad, o paz interior, implica deshacernos de manera definitiva de la idea de que en algún momento podremos superar esa conflictividad que nos es inherente y, aprender, por tanto, a vivir con ella. “¿Por qué seguir tratando de escapar de uno mismo?”, se pregunta Gray. Esta misma interrogante es la que nos transmite John Barth a través de su ingenioso y divertido Giles, el niño-cabra. Eso es lo que representa en última instancia la destrucción del Órdaco, creatura increada, equivalente de lo divino, símbolo de la máquina, la tecnología y la inteligencia artificial como vías soteriológicas de nuestra época. La salvación no está ni en Dios ni en la máquina. Simplemente no existe. Así que dejemos de huir de nosotros mismos porque nunca lo lograremos.

En el mundo editorial está mal visto que un editor reseñe los libros que publica. Guiado por las enseñanzas del niño-cabra, decidí pasar por alto esta advertencia. Primero, porque este libro me parece una auténtica obra de arte: por la manera en que está pensada, por la forma en la que se articulan los argumentos y los temas con los personajes y la situaciones, por la mezcla de profundidad con buen humor y arte literario, por las reflexiones y transformaciones internas que produce. Segundo, porque lo considero uno de esos “libros únicos”, según Roberto Calasso, aquellos libros que, tras su lectura, operan en el lector una metamorfosis. Llevo tres o cuatro meses dándole vueltas a esta novela y creo que este texto es una afortunada manera de dejar de hacerlo. Tercero, porque a mi juicio se trata de una estupenda explicación del mundo contemporáneo: de sus jerarquías, de sus estructuras, de las ideas que le dan fundamento, pero también de todo lo que está detrás de ellas: mitología, teología, filosofía, ciencia, en sus articulaciones constantes con la vida de las personas de carne y hueso. Cuarto y último, porque por todo lo antes dicho, sentí la necesidad de compartir estas impresiones que espero animen a quien lea este breve texto a acercarse al maravilloso libro del gran John Barth. Como concluye el Editor jefe en su dictamen sobre el manuscrito: “que el lector lea y crea lo que le parezca; que estalle la tormenta, si así ha de ser”.