No es claro qué sucedió. Sabemos que era 3 de enero de 1889 y Nietzsche paseaba en la Piazza Carignano en Turín. Sabemos que vio a un cochero que fustigaba su caballo, corrió llorando hacia el animal, lo abrazó y protegió de los latigazos. Sabemos que tras ese día no recobraría jamás la razón, que permanecería en un estado casi vegetativo durante más de once años, hasta su muerte el 25 de agosto de 1900.
nietzsche

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Pero, ¿qué sucedió? ¿Por qué Nietzsche enloqueció? La versión más sosa afirma que estaba enfermo de sífilis. Otra versión, igual de insubstancial, arguye que padecía cáncer cerebral. George Bataille, en un críptico ensayo, propuso una hipótesis más coherente: Nietzsche se volvió loco porque aceptó plenamente su filosofía.

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 Si creemos a Bataille, si al enloquecer Nietzsche no hizo más que saltar al abismo abierto por su pensamiento, lo sucedido en la Piazza Carignano es inenarrable. No hay manera de dar cuenta de lo que le sucedió ese frío día sin perder también la razón. La única posibilidad de acercarse a este acontecimiento es dándole un rodeo. Esto lo supieron ver los directores húngaros Béla Tarr y Ágnes Hranitzky. Por ello, en su película El caballo de Turín, renuncian a hablar de Nietzsche y más bien se dedican a narrar la historia del caballo al cual éste se arrojó antes de sucumbir ante la locura.

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La locura no silenció a Nietzsche de inmediato. Durante los tres días que siguieron al histórico 3 de enero de 1889 escribió las mal llamadas “Cartas de locura”. El ignorante que las bautizó así no se dio cuenta que en ellas se anunciaba nuestro destino: no poder escapar del pensamiento nietzscheano. Basta leer aquella que le dirigió a Georg Brandes para darse cuenta:

“Al amigo Georg:

Después de haberme descubierto no ha sido difícil llegar hasta mí. Ahora la dificultad consiste en librarse de mí.

El Crucificado”

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Existe una misteriosa serie fotográfica que retrata a Nietzsche pocos meses antes de su muerte. Todo indica que las fotografías fueron tomadas por el pintor Hans Olde, quien las requería para preparar un retrato del filósofo. Al observarlas me viene a la mente un pasaje de Ecce Homo en el cual Nietzsche esboza una descripción de la inspiración:

“Se oye, no se busca; se toma, no se pregunta quién es el que da… Un éxtasis cuya enorme tensión se desata a veces en un torrente de lágrimas, un éxtasis en el cual unas veces el paso se precipita involuntariamente y otras se torna lento; un completo estar-fuera de sí…”

¿No deberíamos dejar de hablar de la locura de Nietzsche y comenzar a hablar de su inspiración?