El antiguo cine Ópera se encuentra en el número 9 de la calle Serapio Rendón en la colonia San Rafael, a unos pasos de la Ribera de San Cosme, adosado al claustro de la parroquia de los Santos Cosme y Damián. Funcionó como cine y teatro durante cuarenta y cuatro años, los últimos en franca decadencia. En 1993, empezó a utilizarse como sala de conciertos de rock. En 1998, fue oficialmente clausurado tras un incidente en el concierto de la banda británica Bauhaus.1 Y aunque en el 2011 el INBA adquirió la propiedad, el Ópera es hoy en día una mole en ruinas destinada a evocar recuerdos entre sus antiguos visitantes.

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El Ópera comenzó a construirse en 1947, con el proyecto de los arquitectos Félix Nuncio y Manuel Fontanals, bajo los parámetros de una arquitectura aplicada al cine (consolidada con el apogeo del cine mexicano). El “ecléctico cinematográfico” y el funcionalismo son buen ejemplo de este estilo que se identificó, entre otras cosas, por sus grandes dimensiones contrastantes con las edificaciones cercanas.2 Tanto el diseño de la arquitectura (Nuncio) como la decoración (Fontanals) del Ópera respondieron al estilo art decó.3 Como sala de cine fue inaugurada el 11 de marzo de 1949 con la exhibición de la película Una familia de tantas de Alejandro Galindo, ocupando el espacio del antiguo huerto de la parroquia de San Cosme y Damián.

Su fachada habla con elocuencia del esplendor perdido. Dos estatuas femeninas ataviadas con túnicas griegas exhiben las máscaras de la tragedia y la comedia, al tiempo que escoltan un imponente rótulo de letras anaranjadas con el nombre del cine. Al costado derecho, casi a la altura de las caras de las estatuas, un rostro en alto relieve se presenta hierático. Las grandes paredes son de piedra rojiza y se observa que en algún momento estuvieron pintadas de rosa. En la parte superior de la fachada se anuncia, una vez más, el cine en grandes letras grisáceas. En su interior –según recuerda la arquitecta Margarita Martínez Domínguez– se localizan en el vestíbulo principal dos escaleras laterales que llevan al vestíbulo del anfiteatro  y en donde la sala de proyección se divide en dos niveles fraccionados por pasillos transversales. Tanto el mobiliario como la decoración –escaleras, balcones, marcos, puertas, lámparas, sillones– eran un repertorio exquisito de detalles y acabados.

Al día de hoy, el glamour del cine Ópera ha desaparecido. Las hermosas taquillas que recuerdan sus visitantes se han visto reducidas a dos paneles de vidrio a los costados de la entrada, la marquesina no anuncia más las películas de moda, el techo del hall se está cayendo y las salidas de emergencia están completamente grafiteadas.

Semejante estado de desdoro, sin embargo, no impide que el cine Ópera siga despertando emociones entre antiguos y nuevos vecinos, estudiantes y trabajadores de las colonias San Rafael y aledañas. Bastó mencionarlo para que el dueño del café de chinos –que está frente al Ópera y que todavía atiende a aquellos que caminan de la calle de Alfonso Herrera a la Ribera de San Cosme– evocara otras grandes salas de la época: el Magestic, el Roxy, el Rívoli o el Encanto, que era su favorito por tener “dos gladiolas y elevadores”. Dos hermanos que estudiaron en el colegio Cristóbal Colón (entonces en la calle de Sadi Carnot) atestiguaron sus experiencias en el Ópera, siendo el menor quien recordó que, junto con el cine Roble y el teatro Variedades, el cine Ópera fue uno de los tres grandes cines del México de los cincuenta a los setenta,mientras que el mayor refirió con nostalgia la inmensidad del cine, su entarimado y escenario. Los dos se perdieron entre Mixcoac y Lomas Verdes pero conservan al Ópera como imagen cercana en sus recuerdos de infancia. También aquella señora –que nació en la privada Blanca de Serapio Rendón y que divide sus días entre las colonias San Rafael, Santa María la Ribera y Morelos– recordó: “El cine Ópera en mi época fue únicamente de películas infantiles. Ahí vi La Bella Durmiente.” Coincidió con otra señora que nació en la calle de Naranjo de la Santa María la Ribera y que todavía visita a su suegra en la misma cuadra. Ella recordó, exclamó y casi representó cuando hacía la cola para entrar al cine a ver los estrenos de las películas de Walt Disney en compañía de sus padres y hermanos. Fue ella quien, al estar frente a la monumental construcción, dejó escapar un: “¡Ojalá a alguien se le ocurriera arreglarlo! ¡Ve qué tamaño!”. Y agregó que el cine cerró “por ser impráctico a la modernidad”, lo cual difirió del recuerdo de la hija del dueño del café de chinos quien mencionó que el cine se vino abajo a raíz de que se rompió su pantalla con el temblor de 1985. Finalmente, la generalidad desconoce el destino del cine: hay quien contó que en algún momento lo limpiaron, otro dijo que hace tiempo lo arreglaron para un comercial de Santander, un policía comentó que está en restauración, mientras que el arquitecto encargado de la Dirección de Arquitectura y Conservación del Patrimonio Artístico Inmueble del INBA desmintió lo anterior y agregó que no hay proyecto a futuro para su remodelación.

Hace años, todos los personajes que recorrieron la Ribera de San Cosme o Serapio Rendón para llegar al cine, llenaron de vida los lugares propios de la colonia: la parroquia de los Santos Cosme y Damián construida en el siglo XVI por Fray Juan de Zumárraga, el teatro Manolo Fábregas fundado por el actor en 1965 y fondas y restaurantes como Los Cocoteros, Las Mulas y La Tonina. Hoy en día, a pesar de estar aniquilado en lo arquitectónico, lo funcional y lo estructural, y de que sus antiguos visitantes inevitablemente lamenten su pasado célebre, el Ópera aún pervive en la inmaterialidad de la memoria y el sentir de los vecinos de las colonias San Rafael, Santa María la Ribera y de todos aquellos que vivieron el esplendor de la “Época de oro de los cines mexicanos”. Son cines que quizás en lo físico han muerto, pero que se eternizan en lo etéreo de la memoria.


1 El cine Ópera [en línea] disponible en http://www.eluniversal.com.mx/cultura/66163.html.

2 Peralta Gilbert, Rosa, Manuel Fontanals, escenógrafo: teatro, cine y exilio, Fundamentos, Madrid, 2007, P. 316.

3 Martínez Domínguez, Margarita, La colonia de los Arquitectos a través del tiempo, San Rafael, México, Secretaría de Cultura del D.F. – Juan Pablos Editor, 2011, p. 84