El Mercado Alternativo de Tlalpan lo conformamos un grupo de personas que simplemente, nos organizamos. La idea surge a partir de la experiencia de participar en otros colectivos de alimentos artesanales y de agricultura urbana en el Distrito Federal. Los espacios en donde se podrían conjugar diferentes propuestas de venta de servicios y productos ecológicamente responsables, socialmente justos y ambientalmente amigables, con una visión comunitaria, así como proyectos culturales eran (y son) pocos. Por el contrario, habría un alto potencial de gente interesada en formar parte de un proyecto así. La propuesta fue acogida por la Casa de la Cultura de la UAEM en Tlalpan; después de una negociación poco burocrática llegamos a un acuerdo de mutuo beneficio. El apoyo que hemos recibido de la Casa desde el inicio, así como la confianza depositada en nosotros, fue y ha sido crucial para el desarrollo del mercado.

comida

Productores, comercializadores, artistas plásticos, artistas visuales, talleristas, músicos, nos damos cita todos los sábados para hacer un ejercicio de resistencia. Somos un grupo que nos planteamos una forma diferente, alternativa, de hacer las cosas de la vida diaria que hace cualquier ciudadano de a pie. Y lo concretizamos en darnos cita todos los sábados a dos cuadras del centro de Tlalpan. Llueve, truene o relampaguee, nosotros ahí estamos, siempre puestos.

En el MAT estamos convencidos de que las reglas que establecen los grandes intereses que rigen las cadenas de producción son desafiables, al menos, a pequeña y muy local escala. Alrededor de 30 productores o comercializadores de diversos alimentos de la canasta básica conformamos el mercado. La reglas de nuestro proyecto son muy sencillas: priorizamos los productos ambientalmente amigables sobre los que no lo son, lo local sobre lo lejano, a los productores sobre intermediarios y lo artesanal sobre lo industrial.

Se trata de un proyecto ciudadano que plantea dotar de contenido el derecho a la alimentación, la búsqueda es por resignificar el derecho a una vida digna. Se trata de un proyecto que plantea hacer comunidad frente a la inercia de la vida moderna cuyo ritmo nos impulsa siempre a deshacernos de ese concepto. Hacer comunidad desde esta trinchera no es un idea romántica sinsentido y banal, hacer comunidad es un acto político. El mercado plantea un espacio en donde se dialogue verdaderamente con el otro, compartiendo opiniones y sentires, en donde el comprador participe de un proceso de verdadero entendimiento de los procesos de producción y de comercialización de este tipo de productos y los retos y dificultades que se presentan, poniéndole cara y nombre a quien está detrás de la lechuga de la ensalada de nuestra comida de todos los días, o del queso de nuestra torta. Todo, en un proceso en donde nos hacemos parte de lo que sucede en nuestra colonia, en nuestra delegación, en nuestro país y en donde formamos parte de las decisiones que se toman y que nos involucran a todos.

Convocamos a consumidores y productores/comercializadores a resistir desde la honestidad y la verdad: a formar parte de un intercambio comercial en el que el consumidor sepa qué es exactamente lo que está comprando, dónde y bajo qué condiciones se produce y que el productor reciba por su trabajo un salario justo.

Además de la parte alimenticia que rige nuestro proyecto, desde sus inicios el mercado también ha adoptado y adaptado un espacio de resistencia para todo tipo de manifestaciones culturales. Y es que la alimentación es en realidad una manifestación cultural. Así como nos resistimos a comer sólo un tipo de maíz genéticamente modificado, así como nos resistimos a que los grandes monstruos de poder se forren de dinero con nuestra hambre, también los músicos, los teatreros, los cuentacuentos, los ceramistas, los fotógrafos, los magos que son parte del paisaje del mercado cada sábado, resisten para preservar con dignidad las diversas manifestaciones culturales que representan y luchan por que su trabajo sea considerado y pagado como tal.

Así, el mercado acoge a colectivos de músicos estudiantes que apenas inician, a otros que llevan más tramo recorrido, a cuentacuentos que buscan seguir creando imágenes en pequeños y grandes, a poetas con letras incómodas, a grupos y a individuos que quieran formar parte de este ejercicio político y ciudadano de resistencia: todo aquel que quiera compartir e intercambiar saberes y conocimientos con los otros. De esta manera, grupos que contra viento y marea resisten desde sus jaranas, o desde sus telares de cintura tejen, a pesar de todo participan y hacen, junto con productores y consumidores, esta comunidad.

Los niños del mercado se acercan con curiosidad a observar de cerca el pequeño clavecín que apenas se escucha, un grupo de señoras se fotografía con la cítara de la India que suena con mucha dulzura, jaraneros se invitan a tocar mientras Soco prepara algún taco de sus mil y un guisos de setas del Ajusco para la familia que llega puntualmente cada sábado a comer al mercado, cuando un grupo de vecinos se pasea con sus compras y un helado de algún sabor exótico. Y si algún desprevenido quiere incorporarse, puede hacerlo con el resto. Instrumentos populares e impopulares, de lejos y de cerca se reúnen en el mercado para intercambiar saberes y para acercarse, acercarnos con diferentes lenguajes a compartir.

Y así, mientras un curioso observa con aceite de oliva en una mano y con rábanos del Ajusco en la otra, la exposición de fotos de paisajes de la península de Baja California que algún insipiente fotógrafo nos muestra, toma otro sentido el aceite con el que freirá sus enchiladas esta noche y que se produce por una cooperativa cercana al Valle de San Quintín.

Es pues, el Mercado Alternativo de Tlalpan un espacio en donde, como en otros lugares de la ciudad de México (todavía escasos), se resiste organizándose contra y a pesar de la corriente desde diferentes manifestaciones culturales: las alimenticias y las artísticas. Sólo hace falta intercambiar algunas palabras con la cooperativa del Chinampero y escuchar las  jaranas del grupo Sonchimilco para que un acto tan cotidiano como comer una ensalada de lechuga, con jitomate y queso de cabra tome otro significado por completo.