Tedi López Mills se ha forjado como una de las voces más reputadas y originales de la poesía contemporánea mexicana. En Amigo del perro cojo, la poeta, ensayista y traductora parte de la observación minuciosa y lúcida. En cinco secciones, intituladas “Misceláneo”,  “Cuaderno de las alucinaciones”, “Diario de un viaje”, “Scrapbook de un viaje imaginario a Estambul/Ankara/Capadocia” y “Democracia”, hay una voz disímbola cuya virtud es recurrente en su obra: la exitosa resistencia a la imitación. En Amigo del perro cojo Tedi López Mills huye de ser la fiel copia de sí misma en sus libros anteriores. Si lo anterior ya es un rito propio en la escritura de Tedi López Mills, el hallazgo en el poemario es precisamente la variedad del registro permeado por la otredad.

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El exquisito Autorretrato en espejo convexo de John Ashbery versa en esta temática: “Lo nuevo es ese esmero al descubrir / las veleidades de la superficie reflectante / (es el primer retrato en un espejo) / de modo que podrías engañarte / por un instante, antes de advertir / que el reflejo no es tuyo. / […] sólo que ahora todo yo / me veo suplantado por la estricta / otredad del pintor en esa estancia / suya, que me es ajena.” Bajo una premisa similar, Tedi López Mills se apropia de los extravíos al definir a un sujeto, en este caso, el amigo del perro cojo o ella misma: “Amigo, la ventana a mi lado es injusta: se recorta un / perfil con agua por detrás. Voy a hablar con el perfil”. La desorientación es el lenguaje aportado desde la evanescencia. El susodicho es un destinatario o Ella, cómplice e invalidado, lo que es y no quiere ser.

El poema “Preámbulo” que abre “Misceláneo”, la primera sección, es una aproximación a los mecanismos psicológicos que supone la otredad: “Estoy aprendiendo: / es el mundo, / el mapa del mundo. / […] en el mío / la jaula soy yo / con un espejo”. “Notas desde un festival de poesía para mi amigo del perro cojo”, es un atisbo irónico a la solidaridad de los rapsodas ante la desgracia imperante que declaran: “La poesía debe hacerse cargo”. Mientras las impresiones sobre esta afirmación son compartidas, aunque en el fondo se rebaten aquí, allá y acullá, el pensamiento de la participante es para el amigo “con su perro cojo / que es un talismán / o eso creo mientras escucho / poemas de otros países / en idiomas con sonidos / que desconozco, / […] la fraternidad del alma partida / entre el cielo y la piel, / según ese idioma, / pero hay otros, los leo”. En el inquietante “Cuaderno de las alucinaciones”, Ella se enfrenta a la escribiente y, por colateralidad, a nuestra lectura: “Ella es una mujer abominable por natural. / Ella todavía no es yo, / por sensatez”. Ella, o ella nunca, “recita: soy individuo. / Yo no y aplaudo la osadía, / el fantasma de Ella velado apenas por la obviedad / o el rictus que señala: uno sí estuvo, / ninguna cuerda que interrumpiera con púas la línea / que dibuja el sabio aclarando que no habla”. Ella nos “lanza requiebros, / la mandolina de una ceremonia en sus costillas, / me reclama pasiva: / únicamente te quiero para mí”.

En “Diario de un viaje” y “Scrapbook de un viaje imaginario a Estambul/Ankara/Capadocia”, se revela el papel protagonista de la otredad en un contexto determinado por el viaje y los ecos posteriores. Tedi López Mills indaga en la previsibilidad de los estereotipos respecto a una ciudad, en este caso Ámsterdam (“Contaré el cuento de mis canales / Y de las numerosas soluciones que descubrí”), los recuerdos como verdadero itinerario (“cuando revise mis mapas retroactivos con su / parábola de las aguas sabré cómo colocar cada pieza y qué nombre le toca a cada una / debajo del peso de las otras”) o la incomodidad que presupone la ida a un baño turco. Es en estas páginas donde aparece la otredad como habitualmente la conocemos: una comunión amorosa en los versos de “Apunte final”: “Míranos: / tú y yo de regreso / en la casa sin ninguno / de los tiempos mutilados. / Se llama amor / en algunos libros / venir de vuelta / con las partes / de las dos personas / reunidas en una sola / que se consume / sin modificar / la unidad de cada una, / lo cual perturba a los tradicionalistas / no soy yo sino tú eres yo sino el día es hoy / largamente corporalmente”.

La sección final, “Democracia”, se escribe desde un país en donde, como Tedi López Mills sugiere en el Libro de las explicaciones, compartir la parafernalia (“una banderita, un silbato, un manojo de listones, un bastón”) es un formato corrompido de activismo. Esa otredad, que “no es individuo sino gente”, es dolor colectivo e infierno terrenal: “rompen huesos / lastiman cuerpos / trillan lugares / como si fueran calcas / de las personas / del pueblo”. Se departe sobre un activismo político confuso, donde uno o alguien en la protesta “se imagina conmovido, lastimado por la causa, / alrededor las personas admirando su entrega”. Este tono político cuestiona a la fama, la cual generalmente se confunde con la visibilidad de una problemática, y su lejanía de la solidaridad. Ella, que quiere ser y estar “Verticalmente en la democracia” y nosotros también para poder alzar la voz y afirmar: “Yo somos ustedes a los que me oyen”.

Tedi López Mills dialoga con la tradición a la vez que insiste en la ruptura. En este libro hace a un lado la persistencia por lo narrativo que se encuentra, de una manera mucho más explícita, en Muerte en la rúa Augustagalardonado con el Premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores en 2009. Amigo del perro cojo nos coloca al margen de nuestra propia lectura. La noción de la otredad también reside en la técnica y los estilos a lo largo de este poemario, que incluso se contraponen. Tedi López Mills es dueña de una lírica que sobresale por su agudeza, sin facilismos ni concesiones, donde el yo, Ella y nosotros se desperdigan en una ubicuidad rotunda. Si escribir resulta ser una amenaza frontal que difumina lo que somos, un “yo somos ustedes” como en Amigo del perro cojo, entonces lo que no se escribe y se lee en este libro es lo que somos: ella es el amigo del perro cojo y nosotros, ella.

Tedi López Mills, Amigo del perro cojo, Almadía, Oaxaca, 2014.