La muerte se demora algo menos de dos horas. El anuncio cargado de ironía y la queja ante la pregunta recurrente e imposible de “¿cómo estamos?”, constatan el cáncer que manifiesta la cabeza desnuda, la bata de hospital y el suero que ella pasea en la primera escena. Vivian Bearing es una autoridad consagrada en la poesía metafísica del siglo XVII de John Donne; domina en particular los Holy Sonnets. La protagonista de Wit es una académica rigurosa con un cáncer de ovario en fase tan avanzada que ya es tarde para todo. Wit, la única obra de Margaret Edson, ganó el Premio Pulitzer en 1999. En 2001, Mike Nichols dirigió una versión de HBO para la televisión, protagonizada por Emma Thompson. El año anterior Susana Alexander la dirigió y actuó en México; la obra llevaba el título de Punto y coma. Una nueva producción, Wit: Despertar a la vida, se presenta durante una corta temporada en el Teatro Milán (24 de abril a 12 de julio de 2015). En esta puesta, la protagonista es Paloma Woolrich y el director, Diego del Río.

El primer recuerdo al que nos lleva Vivian Bearing es al momento del diagnóstico, cuando ella tomó la decisión de someterse, por el bien de la ciencia, a ocho ciclos de la dosis máxima de quimioterapia experimental. De primera instancia, ella parece tener todo bajo control. Es inteligente y conoce a la perfección el tema de la mortalidad en la obra de Donne, una de las poéticas más complejas de la lengua inglesa. La obra explora desde el enterarse de la enfermedad hasta el fenecer, a través de su experiencia en el hospital y los recuerdos que acompañan el aislamiento y el tratamiento que la consume. A pesar de lo desgarrador, todo se hace con un sentido del humor extraordinario, versado en el ambiente surreal de una estancia clínica larga y sin pronóstico. El personaje de Vivian tiene una agilidad mental implacable y siempre tiene una respuesta aguda, incisiva o lúcida que goza las palabras. A veces esta habilidad complica un poco la interacción social. La obra establece varios niveles y tipos de ironía que se vuelven muy evidentes con los juegos metateatrales. Wit tiene una sensibilidad atenta al paso del sarcasmo inmediato a la respuesta dilatada y más sentida, de la reacción racional y elaborada a una más emocional e indefensa.
A través de asociaciones y recuerdos, el espectador acaba por conocer muy bien a Vivian. La trama revela que este acceso a su personalidad es inaudito y probablemente ninguna persona cercana en su vida la conozca mucho en realidad. Se nos revela su identidad a través de su relación con la poesía de Donne y los momentos de su vida que más la marcaron. Un diálogo que tuvo a los 22 años con su mentora sobre la elección de un signo de puntuación define su vocación y apunta al impacto profundo de la literatura y de un poema en particular. El trabajo académico se plasma en el análisis del “Soneto IX” que da un día como clase a su habitación vacía. Más tarde se acuerda del trato inclemente que les daba a sus alumnos. Hay una dulzura especial cuando evoca el descubrimiento de la palabra “soporífero” mientras se leía a sí misma cuando era niña. Este mismo sentimiento está presente en una escena donde aparece un cuento infantil leído en voz alta como una alegoría del alma, una invitación tácita a acurrucarse en la cama y un beso en la frente lleno de cariño y de despedida.
La obra de Edson establece varias analogías y paralelismos. Quizás el más evidente es la relación entre la medicina y los estudios literarios. En manos de los médicos, Vivian se convierte en un texto al cual someter a un escrutinio esmerado. Las visitas en grupo no son tan distintas a una sesión de seminario. Entre sus médicos, hay un investigador joven que tomó la clase de Vivian en la universidad porque era de las que tenía fama de ser imposible. La afinidad de las disciplinas y la cara conocida no le quitan lo solitario a lo que está viviendo. La ironía de que su ex alumno sea quien realiza el examen pélvico indigna mucho la primera vez. Poco a poco, al observar la pasión absoluta que tiene este muchacho por estudiar las células cancerígenas desinhibidas, Vivian se da cuenta del paralelismo que hay entre ambos. El desdén que tiene el doctor por el tiempo perdido al preocuparse por los sentimientos del paciente le revela sus propias actitudes hacia sus alumnos y pares, la intolerancia que fue forjando soledad. A lo largo de la obra, Vivian se permite tener más empatía con ella misma, aprende a permitirse formas más vulnerables de ser.
Los paralelismos producen efectos de ritmo y de secuencia memorables. Estructuras sintácticas semejantes crean construcciones paralelas. La empatía hasta cierto punto es una analogía dispuesta y generosa entre dos seres. Uno tiene que hacer un esfuerzo por establecer un paralelismo muy cercano entre uno mismo y el sentir del otro. Gracias a la imaginación, la experiencia y el bagaje cultural de cada uno, es tramposo y se esfuerza no sólo por ir en paralelo, sino por traslaparse para entender lo que está pasando el otro. La empatía requiere que se activen redes neuronales similares a las que se utilizan cuando se experimenta la emoción directamente[i]. Wit genera empatía profunda en el espectador y subraya la carencia de ella dentro de la diégesis.
Mientras estaba en el teatro, me acordé del ensayo “The Empathy Exams” de Leslie Jamison que también funciona con paralelos. Leslie Jamison comienza su ensayo con el relato de su experiencia trabajando como actor médico. Para que los médicos practiquen la empatía y el trato digno, ella actúa la enfermedad asignada, en este caso, una mujer joven que sufre de convulsiones. Debe calificar la efectividad de la empatía y la calidad de la atención recibida. Jamison ilustra cómo la empatía se encuentra en una línea delgada entre el regalo y la invasión; a veces hay que pedir permiso. Al tratar de ser empático, escuchar es vital, pero también hacer las preguntas cuyas respuestas importan. Muchas veces, la empatía consiste en intentar hacer legible lo inefable. Es muy complejo saber qué tan plenamente se imagina uno la experiencia del otro. La empatía siempre es una negociación con la incertidumbre: hay una reserva mental ineludible. Para estos exámenes, Jamison muestra varios procesos que la involucran paralelamente. Un embarazo imprevisto y una condición cardiaca la colocan a ella en la realidad de varios aspectos del papel que interpretaba y reflexionaba.
La enfermera de Vivian, Susie, sabe que ella es una mujer con un carácter difícil. Admira mucho la decisión que tomó, pero se preocupa por el deterioro que observa y por la agonía que palpa. La Dra. Vivian Bearing en numerosas ocasiones comenta que detesta los sentimentalismos y es una paciente que no se deja apapachar. Sin embargo, cuando el dolor reacio, el miedo profundo, y sobre todo la soledad, se vuelven insoportables, Vivian una noche le toca el timbre. Susie percibe que necesita compañía y le trae una paleta helada. Vivian le ofrece una de las paletas y simbólicamente da permiso a que la voz de Susie exprese empatía. Intercambian recuerdos de la niñez, comparten sonrisas y evocan cariños. La intimidad y la disposición de Vivian a no ser intolerante con la ignorancia de Susie permiten que tengan una conversación esencial. Susie le pregunta con mucho respeto y preocupación genuina sobre lo que quiere hacer cuando su corazón se detenga. La enfermera sabe que a los doctores les interesa mucho observar los efectos de la quimio sin importar si es en terapia intensiva, si está consciente o si es lo que quiere. Cuando el corazón de Vivian para, Susie está pendiente.
Hace unos meses descubrí una TED Talk, “Let’s Talk about Dying” del Dr. Peter Saul, medico intensivista del John Hunter Hospital y director de la Terapia Intensiva del Newcastle Private Hospital en Australia. En su conferencia, él presenta en otro formato la pregunta que Susie le hace a Vivian Bearing. Ante un tema tan duro y delicado, el doctor propone hacer una pregunta desdoblada. La primera es “Si te pusieras tan enfermo que no puedes expresarte, ¿quién querrías que hablara por ti?”. La pregunta inmediata es si ya has hablado sobre las cosas que son importantes para ti con esa persona. Implica preguntar si ya has imaginado e interrogado, si has hecho un ejercicio de empatía extrema con una versión de ti mismo que va a morir muy pronto. Esta empatía personal debe de ser comunicada lo mejor posible a la persona en quien confías, a quien en esos momentos será tu voz en paralelo.
El acto de morir como tal contiene una privacidad imperturbable e indecible. La empatía con el moribundo se vuelve un reto mayor. Sin embargo, en mi poca experiencia, la muerte también es un tema tan real, constante y atroz que crea amor y cimienta la empatía.Una de las cosas más aterradoras de la muerte clínica y moderna es el aislamiento de la terapia intensiva. El ser querido es tan frágil y está custodiado por tantos tubos, cables y aparatos que abrazarlo, meterse a la cama para tomar su cuerpo en brazos, resulta imposible. En especial cuando la terapia es más un mantener que un mejorar, la soledad de la muerte parece infranqueable. Todo estorba. En Wit, sólo queda la amenaza. Aunque parezca lugar común, con su experiencia del morir y la decisión que ejerce sobre ella, Vivian enseña a vivir. El texto de Edson no es sombrío y tampoco es cursi. Con la poesía de Donne y con un toque sensible y humano, Wit enfrenta la muerte y nos confronta con ella.
[i] Lamm, Claus y Jasminka Majdandžić. “The Role of Shared Neural Activations, Mirror Neurons, and Morality in Empathy – A Critical Comment.” Neuroscience Research 90 (2015): 15-24. Web. 21 julio 2015.