A lo largo de la semana pasada se llevaron a cabo una serie de protestas en la Universidad de Cape Town para denunciar lo que muchos estudiantes llaman la arrogancia blanca: distintos tipos de acciones, gestos y actitudes discriminatorios que impiden la asimilación de los alumnos negros dentro de un contexto de por sí excluyente como el de la educación superior. Sin embargo, estas protestas, en las que participan tanto estudiantes negros como blancos, son sólo una pequeña muestra de la realidad en la que vive Sudáfrica a más de veinte años de la caída del Apartheid y de los retos a los que se enfrentan los jóvenes de la primera generación “libre”.

Todo comenzó cuando un estudiante negro decidió manifestarse para exigir la remoción de la estatua del colonizador británico y magnate de la industria diamantera, Cecil Rhodes, de la entrada principal de la universidad. El hecho de que este polémico personaje siga adornando el atrio de la institución de educación superior más importante del continente africano tiene una carga simbólica muy fuerte. La imagen de Rhodes no sólo encarna, sino que glorifica, los ideales del magno proyecto colonial, el cual tuvo consecuencias atroces para la dignidad y los derechos humanos de los pueblos africanos y cuyo legado sigue causando estragos en la vida de muchas personas al día de hoy. Lógicamente, una gran parte de los estudiantes no se identifica en lo absoluto ni con Rhodes, ni con su narrativa histórica y por lo mismo, es difícil que no se sientan alienados en un espacio como este.

estatua

Otra de las prácticas que denuncia el movimiento que en redes sociales lleva el nombre de #RhodesMustFall, es la monopolización tanto del enfoque como del contenido de casi todos los cursos que se imparten en la universidad, por el de las escuelas europeas o estadounidenses. Esto no significa que se rechace lo que los intelectuales de Harvard o de Cambridge tienen que decir por el simple hecho de que sean blancos y hayan nacido a miles de kilómetros de África. El problema no es que se enseñen estas teorías sino que se excluyan otras ideas y puntos de vista en donde los estudiantes que no son blancos también puedan reconocerse y forjar su identidad. La discusión tiene menos que ver con que se hable de Lech Walesa y más con que jamás se haya mencionado a Steve Biko.

Las denuncias del movimiento no se limitan a un debate binario sobre si Rhodes debería estar o no, si fue bueno o malo, si la respuesta es blanca o negra. El objetivo es reapropiar el espacio y su discurso para que incluya a todos. Lo verdaderamente valioso de #RhodesMustFall es que ha puesto sobre la mesa una discusión que no se ha tenido en más de veinte años y que es imprescindible tener para que las nuevas generaciones puedan entenderse como parte de una misma energía. Un diálogo abierto sobre el pasado para entender por qué cada quien se encuentra en donde se encuentra el día de hoy. Las negociaciones para la libertad y la igualdad política de la población negra vinieron con el costo de aceptar una determinada narrativa histórica que naturalmente está sesgada. Esto ocasiona que hoy en día lo que para muchos jóvenes es una muestra de arrogancia y superioridad, para otros sea completamente normal y aceptable.

El problema no es que cada quien tenga su versión de la historia y su propia experiencia del pasado, sino que siga sin existir una narrativa más amplia en donde todos se identifiquen y se reconozcan. Lo que este movimiento busca no es repartir culpas sino crear conciencia sobre las consecuencias que tienen ciertas ideas y prácticas sobre la vida y la dignidad de otras personas y llegar a un consenso sobre lo que mejor les conviene a todos como miembros de una misma sociedad. Es buscar entender que lo que los diferencia no es la raza sino la asimetría de las oportunidades a las que cada uno ha tenido acceso y hacer algo al respecto. Es tomar en cuenta que mientras los blancos asisten a la universidad para empoderar a sus hijos, los negros asisten para empoderar a sus padres.

El problema es que si no saben de dónde vienen, difícilmente sabrán a dónde van.

capetown