Fotografías de Johann Mergenthaler
1. Inner Cycles, la primera exposición individual de Gabriel Orozco en Japón, fue inaugurada hace unas cuantas semanas en el Museo de Arte Contemporáneo de Tokio. Unos cinco años atrás, Gabriel le dijo a Carmen Boullosa en una entrevista:
“Todo arte, en cualquier parte del mundo, está hecho de diferentes influencias “internacionales”. Se encuentran en cada movimiento artístico de cualquier periodo porque los artistas siempre estarán inspirados por lo que está alrededor de ellos. Al final del siglo XIX, la influencia del arte japonés fue decisivo para los impresionistas, por ejemplo. El arte japonés es muy importante para Occidente hoy, y para mí, tal y como el budismo zen lo es. El arte hindú también ha sido muy importante para mí, desde que era un niño. Estas radicales mezclas de intereses son necesarias para cualquier artista”.

2. Establecer cuál es la ciudad más poblada del mundo es problemático por una razón sencilla: es imposible precisar con exactitud las fronteras de los entes urbanos. ¿Dónde termina una ciudad y empieza otra?
Se dice que Tokio, con aproximadamente 38 millones de habitantes, es la ciudad más poblada del mundo. Esto es cierto si se contabiliza como parte de ella a Yokohama (tres millones y medio de habitantes) y otras 86 poblaciones circundantes. En el corazón de Tokio viven tan sólo ocho millones de personas. Tal vez entonces deberíamos ser más precisos: Tokio es el área metropolitana más habitada o, si se prefiere, la mayor megalópolis. Pero lo que mejor la define es el concepto acuñado por Saskia Sassen de “ciudad global”. ¿Qué son las ciudades globales para Sassen? “(…) son aquellas que no sólo han logrado adaptarse a la economía globalizada, sino que también han sido actores estratégicos en su estructuración. La ciudad global es un espacio de producción de capacidades avanzadas para la organización y el manejo de la economía global. Son nodos de ajuste de ese sistema y conllevan la reinvención del espacio central y valorizado de la urbe. Ser ciudad global no es simplemente una decisión, implica a todo el entramado urbano.”

3. Como bien se sabe, durante el periodo Meiji (1868-1912) Japón vivió un intrincado proceso de occidentalización que trastocó no solamente las más profundas estructuras sino también los hábitos cotidianos. Entre las muchas cosas que cambiaron estuvo el consumo de alcohol. A las bebidas autóctonas, se sumaron las típicamente occidentales: cerveza, whisky, brandy.
Al parecer el Kamiya Bar, fundado en 1880, fue el primer bar occidental en Japón. Antes existían exclusivamente los izakaya, lugares en donde los comensales se sientan el suelo sobre tatamis a beber y comer.
Hoy, aunque remodelado como cualquier edificio antiguo en Tokio, el Kamiya Bar sigue en operación. Es famoso por el Denki Bran (“brandy eléctrico”), un licor dulce que producen ahí mismo.