Lecciones de museo: Museo del Bicentenario argentino

El museo es sin duda un lugar en donde aprender historia. Por el halo institucional que lo recubre parecería que es, además, un buen lugar para aprender historia. Por eso, no es inútil preguntarse por la historia que enseñan los museos y la manera en que lo hacen. Como nos dice Ludmilla Jordanova: los museos satisfacen la curiosidad del pasado al tiempo que le dan forma a esta curiosidad. Como cualquier otra historia, la que cuentan los museos es forzosamente una historia parcial, pero esta autora describe el pasado que presentan los museos como uno “refinado, de la manera en que lo están los alimentos manufacturados”. Es decir, que los materiales originales de su discurso y los medios por los cuales han sido procesados son relativamente invisibles y mantienen muchos silencios. No hay que esperar que las exposiciones tengan notas al pie, nos dice, pero sí estar conscientes de que moldean el pasado de formas engañosas.

En una visita a Buenos Aires, con el afán de aprender un poco de historia Argentina, es fácil ir al Museo del Bicentenario inaugurado en mayo de 2011 por Cristina Fernández de Kirchner aprovechando la obligada visita a la Casa Rosada. En donde se encontraba el fuerte de la ciudad en el siglo XVIII y la Aduana de Taylor de la segunda mitad del XIX, hoy hay un museo subterráneo que busca contar los doscientos años de historia de Argentina desde el inicio de su guerra de Independencia en 1810.

El recorrido histórico que propone el museo se hace a través de 14 pequeñas salas. (Hay que decir, por curiosidad nacional, que éstas están acomodadas a lo largo de uno de los extremos del museo porque el centro lo ocupa un cuarto que contiene en todas sus paredes un interesante mural de David Alfaro Siqueiros Ejercicio plástico (1933), que pintó el artista mexicano durante una breve estancia en Argentina. En el otro extremo hay cuadros con escenas del peronismo). Lo que las salas contienen son un par de objetos, en principio representativos de cada una de las épocas y un video de aproximadamente 10 minutos, mismos que se pueden ver aquí. Los relatos que cuentan estos documentales apuestan por fragmentos de distintos momentos de historia que se van mostrando uno tras otro a una velocidad vertiginosa y, a pesar del esfuerzo de repetición y énfasis que hacen en los acontecimientos más relevantes en cada caso, para un desinformado de la historia Argentina es casi imposible retener algo de todos los nombres, datos y fechas.

Sin embargo, a pesar del recorrido exprés, los documentales no renuncian a hacer una interpretación de la historia. Sería injusto hacer un juicio sobre la misma en relación a los dos siglos de historia nacional que cuentan, pero si nos detenemos en los últimos episodios que según la periodización que propone el museo son El neoloberalismo (1990-2002) y La recuperación política, económica y social. La patria del bicentenario (2003-2010), el relato es sugerente, francamente maniqueo y, si se le reduce a las piezas que se exponen en las vitrinas de las salas, increíblemente simplista: Carlos Menem usaba una pluma Montblanc para escribir y, en cambio, Néstor Kirchner una Bic.

A primera vista queda claro entonces que la última década de los noventa y la primera del nuevo siglo son absolutamente opuestas. Toma ver el nombre que se le da al último periodo para entender que si se trató de una época de recuperación, tiene que ser porque era necesario recuperar algo que se había perdido. Según el mismo museo, de 1983 a 1989 ya había tenido lugar en el país una “recuperación democrática” tras la dictadura,por lo que se entiende que a los Kirchner les tocó recuperar lo que había arruinado el neoliberalismo, que no estaba necesariamente en el ámbito de la democracia. Sin embargo, si se ve los videos con atención –cosa de por sí difícil si uno no está dispuesto a verlos más de una vez–  parece un poco injusto contrastar las dos épocas tan tajantemente porque lo cierto es que los dos videos no se ocupan de los mismos temas.

¿En dónde contrastan y en dónde no las últimas décadas de historia argentina? Es interesante notar que los dos documentales cuentan la historia de su respectivo periodo a partir de los presidentes. Así, aunque se supone que relatan procesos (el neoliberalismo vs. la recuperación política, económica y social), se centran en las figuras de los presidentes, haciendo recaer en ellos toda la responsabilidad de los acontecimientos. Entonces el neoliberalismo que fue “la continuación democrática de las recetas económicas de la última dictadura militar”, fue absoluta responsabilidad de Menem y después de De la Rúa, y “las políticas de reparación de daños producidos después de tres décadas de neoliberalismo”, fueron todas gracias a Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner.

En Argentina, entonces, la historia sucede gracias a los presidentes. Pero qué distintos presidentes… Los del periodo de neoliberalismo (pero de la última década nada más, porque Alfonsín, el “padre de la democracia”, se salva y protagoniza un video anterior aunque también sea neoliberal) habrían impulsado la privatización económica, la desindustrialización, el endeudamiento y el desempleo, además de los sobornos en el senado para una ley de reforma laboral, mientras que el kirchnerismo reestatizó el coreo, el agua y el espectro eléctrico. Si el primer video acaba con un texto que nos dice que aumentaron los pobres en relación a los ricos, que hubo más desocupacióne incrementó la deuda externa, con los Kirchner, en cambio disminuyó el desempleo, se restituyeron los derechos laborales y hubo una reestructuración de 70 mil millones de dólares de la deuda. Además, del periodo de Néstor y Cristina Kirchner sabemos las inversiones en ciencia y tecnología y algunos de sus logros en la educación, cosas que suponemos que no hubo en la última década de los noventa, pues no se hace alusión a  nada de eso. Tampoco conocemos las dinámicas regionales de ese periodo, pero sí vemos fotos de Kirchner posando feliz con otros presidentes latinoamericanos y un cintillo que nos informa de la “Integración regional”.

Además de los datos, las imágenes son también muy contrastantes. Durante el neoliberalismo vemos “un país en llamas”, muchas imágenes aisladas de protestas, un ataque a la embajada de Israel, saqueos por la gente que muere de hambre y presencia de la fuerza pública en las manifestaciones con un encabezado que nos anuncian al país “al borde de la crisis total”. El video intercala en las escenas de las manifestaciones a un Menem que brinda con altos funcionarios, está por dar un paseo en coche y se deja seducir por una bailarina. En cambio, vemos el periodo de los Kirchner sin una sola muestra de repudio ni eventos violentos, si acaso lo único desestabilizador sea el “enfrentamiento con las corporaciones”, y  Grupo Clarín está en el centro de la imagen. Los dos presidentes del periodo se ven rodeados de audiencias enormes y Néstor Kirchner aparece comprometido con grupos sociales, habla con las Abuelas de Mayo a las que les promete “Memoria, verdad y justicia”. Parece que en la década anterior no se hizo ningún esfuerzo con relación a la justicia y dictadura, de hecho, con el testimonio que presentan del exministro de Economía de la última dictadura diciendo que en los gobiernos posteriores mantuvieron básicamente la misma orientación económica se sugiere una continuidad entre ambos que, si pensamos bien, es muy sugerente.

Sólo con Néstor y Cristina entonces hubo “reconstrucción del estado”, “reparación de las instituciones” y “recuperación política”. ¿Y cómo no va a haber sido así? Nos convence una serie de imágenes de Néstor Kirchner que lo muestran como un hombre bueno y apacible. Vemos la silueta de su rostro de perfil o sentado a lo lejos con una mirada soñadora, acompañado de una música suave que tranquiliza y nada tiene que ver con la del video anterior. A pesar del heroísmo de Kirchner, hay que decir que de los 14 minutos, sólo cuatro corresponden al relato de su presidencia y el resto los acapara Cristina Fernández (aunque a la escena de su toma de posesión la siga una serie de fotos de ellos dos como pareja abrazados, saludando al pueblo en distintos momentos). Lo que es cierto, es que se registra la una fuerte presencia de ella y de sus discursos incluso mientras su esposo es presidente y viceversa; en cambio, en el documental anterior apenas se distinguen las presidencias de los sucesores de De la Rúa, por lo rápido de las imágenes. No me acuerdo del nombre de ninguno.

Como último punto de desencuentro, vale la pena mencionar una imagen que por tratarse de algo muy particular en dos amplios relatos, es bastante simbólica. En el primer video, vemos a George Bush brindando con Menem, mientras que en el periodo de los Kirchner aparecen manifestaciones que explícitamente piden que se detenga al presidente estadounidense, además de una escena que muestra la expresión de Bush cuando Kirchner pide que los países que favorecieron el incremento de la deuda se hagan responsables de lo mismo.

Al final, se entera uno de todo lo malo del periodo del “neoliberalismo” pero nada de lo bueno y de todo lo bueno del periodo de los Kirchner y nada de lo malo. El problema de esto, es que para alguien que no conoce la historia de Argentina, los silencios son verdaderas ausencias y, en cambio, lo que sí se relata, aparece como verdaderas hazañas que dieron rumbo a la historia. Ahí el poder del discurso museográfico. Por fortuna, si seguimos a Andreas Huyssen, si bien los museos pueden ser refrendadores del discurso hegemónico, en ellos hay un excedente de significado que sobrepasa los límites ideológicos y que abre el espacio a la reflexión y a la memoria contra-hegemónica.

 

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Publicado en: Noticias de Cipango