Cantinflas: Ahí está el detalle

La nueva película de Sebastián del Amo, Cantinflas, ya ha logrado establecerse como una de las películas mexicanas con mayores ingresos en taquilla norteamericana antes de su estreno oficial en cines nacionales. Cabe mencionar que sólo el 16 de septiembre, día de su preestreno en México, logró obtener 16 mdp. Gran panorama para una película que había sido esperada con una dosis de escepticismo y desconfianza ya que, entre otros elementos, hubo quién bajo un nacionalismo instantáneo rechazó de tajo la idea de ver a un español interpretando a un personaje tan vivo, aún, en la memoria nacional. Puede suponerse que muy en el interior hubo quien lo leyó como un remanente de la conquista: nuevamente el europeo viene a apropiarse de lo que por herencia es de los mexicanos. Claro, mejor hubieran fichado a Carlitos Espejel.

Pero caso contrario a la decepción actoral que se especulaba, si algo no se le puede negar a la cinta que la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas ha elegido para representar a México en los premios Oscar, es la actuación del barcelonés Óscar Jaenada, quien adopta de forma pulcra el acento de Cantinflas-Mario Moreno, sin rastros de acento español. Vaya compromiso.

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Sin embargo, lo que sí duele de Cantinflas a pesar de la gran interpretación de Jaenada, de la fotografía a cargo de Carlos Hidalgo y del arte que es bien llevado por Héctor Iruegas, es que ésta sufre de un mal que regularmente aqueja a las biopics: la ambición de los directores  por contar mucho sobre el personaje. Larguísimos períodos de su vida al interior de la diégesis que frecuentemente terminan por lastimar a este tipo de cintas, pues la narrativa se minimiza ante pedacerías arbitrarias de ese todo. La intención pornográfica mata la narración y  la cinta de Sebastián del Amo no sale librada de esto. En 102 minutos de metraje, transporta al espectador “desde encimita” al desarrollo de la vid actoral de Mario Moreno desde 1931 hasta el día en que recibe el Globo de Oro en 1956 por su desempeño en  La vuelta al mundo en ochenta días (Michael Todd, 1956).

En el 2005, similar al ahora debut de Cantinflas, se estrenó en España la biopic de Camarón de la Isla: Camarón (Jaime Chávarri), también con Jaenada en el protagónico. La cinta que fue una brava apuesta: narrar la historia de un emblema del flamenco que casi todo el país identifica y de quien se conoce bien su historia. Recibió varios premios Goya pero no el cariño de los verdaderos afectos al flamenco, no el de aquellos que crecieron escuchando a Camarón, a Paco de Lucía y a Tomatito. Si bien el homenaje tenía calidad, cedió ante la ambición ya explicada antes, pero sobre todo ante la idea construida popularmente en España a lo largo de los años  de aquel figurón de la música. Lo mismo podría sucederle a Cantinflas, pues aunque seguramente se llevará varios premios a la bolsa, será difícil  que adquiera empatía real con los fans de antaño de ese personaje al que se intenta aplaudir. Aunque muerto,  Mario Moreno-Cantinflas sigue presente en la cultura popular, y más importante quizá, en la televisión nacional. El pretendido homenaje viene tan pronto que seguro más de uno sentirá que lo que ve en la pantalla no es sino un dibujo inacabado de ese Cantinflas con el que –aun sin quererlo- se ha crecido en México.

Ciertamente Cantinflas dispone de una estética que sabe a cine de Hollywood –o por lo menos no al que regularmente se hace en México–, además de que ha movido a diferentes personas a interesarse (o a volver) en la historia de Mario Fortino Alfonso Moreno Reyes, triunfo que hay que reconocerle a Sebastián del Amo. Lástima que esos méritos difícilmente le sirvan para tener una competencia real por un Oscar, aún cuando se le guiñe el ojo a la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de EEUU con la historia que se cuenta de fondo sobre las dificultades previas a la filmación de La vuelta al mundo en ochenta días, que si bien contemporáneamente se entiende como el máximo logro profesional en la carrera del personaje creado por Mario Moreno, fue cuando quizá comenzó a distanciarse realmente de su público mexicano.

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Publicado en: Cine