El recuerdo de los ingrávidos. Escribir una biografía

“Queremos hacer una biografía de él porque creemos que además de ser un personaje casi de novela, es un buen momento para recordarlo y dejarle a las futuras generaciones la historia de su vida.” Recordar con un doble propósito: honrar y no olvidar. Esa fue la misión que me fue encomendada hace ya varios meses cuando emprendí la investigación del Sr. Biografiado. Cuando sus familiares me dijeron que su vida era algo similar a una epopeya griega creí que exageraban, pero hoy después de tanto trabajo me doy cuenta que es cierto, o que quizá así es como el Sr. Biografiado será (re)presentado frente al porvenir.

En un principio, el proyecto estaba pensado para hacerse en un par de meses pero conforme fui encontrando información desconocida, o quizá voluntariamente olvidada, el plan de trabajo se multiplicó. Con las nuevas pistas, muchas totalmente contrarias a lo que ya se me había dicho del Sr. Biografiado en otras entrevistas, resurgieron una serie de máximas que había aprendido en mis clases de historiografía y las cuales supuestamente ningún historiador actualizado debería de seguir.

En el siglo XIX Leopold von Ranke acuñó la famosa “wie es eigentlich gewesen”, es decir, que la historia debía de mostrar lo que realmente sucedió. La frase se convirtió en la bandera de la historia científica, cuya máxima pretensión era la objetividad y el desvelo de la –una y singular- verdad. Metodológicamente, los seguidores de Ranke, quien por cierto era más romántico e idealista que lo que sus opositores le han atribuido, tradujeron esta idea en una serie de preceptos dentro de los cuales uno de ellos invitaba a privilegiar a los testigos cercanos al hecho histórico estudiado por considerarse los más verdaderos. Edmundo O´Gorman, el “enfant terrible de la historiografía mexicana” y gran crítico y opositor de Ranke se levantó en contra de esta sentencia argumentando que era incorrecto beneficiar a una fuente por encontrarse más próxima a un acontecimiento y no a otra que había sido creada tiempo después. Para O´Gorman, ambas eran igualmente valiosas en tanto que eran distintas interpretaciones de un mismo evento. Leída desde la perspectiva historicista de autores como el propio O´Gorman, Ortega y Gasset, Croce y Collingwood, la crítica suena totalmente razonable. Tanto los testimonios redactados al momento como los posteriores son simples lecturas parciales, fragmentadas, circunstanciadas e históricas de un mismo hecho.

En teoría, la postura ogormaniana es genial: aceptar todo lo dicho y someterlo al juicio de quien escribe y no a los azares del tiempo y la distancia. La idea es argumentativamente muy convincente pues alude a una noción acuñada hace bastante tiempo por Nietzsche que pone en primera fila la noción de una dinámica histórica anclada al cambio perpetuo. Es decir, una especie de conciencia histórica donde lo contingente y la posibilidad de (re)interpretación son parte del modus vivendi.

En la práctica, las cosas se complican. Las personas que alguna vez fueron entes de carne y hueso se transfiguran en recuerdos y en formas amorfas e ingrávidas que aparecen y desaparecen, que primero se presentan como estables pero que luego cambian cuando alguien más las (re)interpreta y las aprehende desde otro yo.

El punto crítico en mi trabajo llegó cuando el hijo del Sr.Biografiado me contó una historia, crucial por cierto, que parecía totalmente lógica. Los tiempos cuadraban, el contexto histórico y personal coincidían perfectamente con la narración que ya se tenía y los personajes involucrados en el relato ya me eran totalmente conocidos. Una pepita de oro para el proyecto que ya se había alargado más de lo esperado. Sólo hacía falta corroborar un par de fechas bastante precisas y para eso la nieta del Sr. Biografiado era la pieza clave.

Me fui a tomar con café con ella, como siempre puse mi grabadora y fui directo a las preguntas que necesitaba. A los quince minutos la historia era completamente diferente. Otros tiempos, otros personajes y otras circunstancias. La pepita de oro se convirtió en un banco de arena que había que colar. Lo primero que me atacó fue una extraña vena cientificista, algo a lo que según yo había sido vacunada de por vida. Voy a hacer caso a la historia del hijo porque es el que más sabe, me dije a mí misma. ¿Mis razones? Nada, él era el hijo, había convivido más tiempo con el Sr. Biografiado y por “lógica” debía de saber más que la nieta.

La brecha entre lo que el Sr. Biografiado realmente fue, como dice la famosa y malentendida máxima de Ranke, lo que el hijo recuerda y lo que su nieta me contó son todas partes de una misma narración: la del recuerdo. El recuerdo del Sr. Biografiado sobre sí mismo, quizá el más volátil; el del hijo sobre su padre, seguramente el más comprensivo; y el de la nieta sobre su abuelo, definitivamente el más romántico.

Para Platón eso que llamamos recuerdo no es más que la representación en tiempo presente de una cosa ya ocurrida. Algo que ya pasó, que ya fue y que, por lo tanto, ya no es. Algo que, por no estar, trae consigo las huellas falsas de una sombra, de una apariencia, de un simple y etéreo fantasma. ¿Bajo qué parámetros y qué criterios es lícito juzgar esos múltiples recuerdos? ¿Cómo poner a dialogar dos visiones opuestas que necesariamente consideran a la extraña como falsa? ¿Existen realmente explicaciones verdaderas sobre uno mismo?

Después de muchos meses de trabajo la historia del Sr. Biografiado está terminada. Hay anécdotas, historias, mitos, chismes, rumores y cuentos de él desperdigados en lo que ahora llamamos su historia de vida. En este punto es imposible juzgar si son genuinos o no, si realmente le ocurrieron o si son parte de ese nuevo espectro que la evocación y la memoria han creado sobre él. Frente al recuerdo como afección surge el recuerdo como actividad hermenéutica; en medio de estas dos actividades se levanta una brecha inquebrantable que figura y configura a un nuevo ser: el del fantasma del Sr. Biografiado (re)creado por los muchos otros.

Hoy lo que tenemos de ese fantasma del recuerdo es una (re)presentación, en el sentido más amplio del término. Es el famoso re-enactment de Collingwood que bien se puede resumir en el epígrafe que inaugura Vivir para contarla pues como dice Gabriel García Márquez,  la vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla.

 

 

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Publicado en: Ciudad de libros