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Y dijo Dios: hágase el domingo depresivo.
(Y por eso sabemos que Dios es un ojete).

 
 
 
 

El fútbol brasileño es como la Estatua de la Libertad de la versión con Charlton Heston de El Planeta de los Simios.

 
 
 
 

“Hecho a mano” es el predicado de la artesanía. Ni siquiera del vino obtenido del pisado de las uvas se predicó el “Hecho a pie”.

 
 
 
 

Vendo reloj de arena para los que necesiten un tiempo en la playa.

 
 
 
 

Triste es ser gota y caer fuera del charco.

 
 
 
 

La tristeza no es pasajera, es el medio de transporte.

 
 
 
 

Los audífonos son un chaleco anti blablabla.

 
 
 
 

La infancia es también esa cosa con plumas.

 
 
 
 

¿Con quién me engaña mi sombra cuando apago la luz?

 
 
 
 

No es que estés perdido. Es sólo que lo que estás buscando no existe.

 
 
 
 

Yo te mando a la mierda porque soy pobre,
porque si fuera rica te mando a matar.

 
 
 
 

Tengo dañado el ofendedómetro.

 
 
 
 

Pues claro que soy romántica, ¿no ves que te mando a tomar por culo levantando el dedo corazón o qué?

 
 

 
 

Todavía no se acaba el domingo, pero yo tampoco es que haya hecho mucho como para querer que ya sea lunes.

 
 
 
 

“No haremos obra perdurable / No tenemos de la mosca la voluntad tenaz”.

 
 
 
 

Cuando dios hizo el mundo, no estaba cantando boleros.
De lo contrario seríamos una gran creación.

 
 
 
 

Me gustaría conocer el pensamiento de Dios. El resto son detalles.

 
 
 
 

Hay veces que pienso que no os merezco,
pero luego recuerdo que soy Dios y se me pasa.

 
 
 
 

Cuando Emma Reyes escribe que la bandera es “3 pedazos de tela cocidos juntos” no es falta de ortografía: toda bandera es un sancocho.

 
 
 
 

Luis Fayad dice que en Berlín roban tantas bicicletas que él ha tenido tres y le han robado cuatro.

 
 
 
 

Justicia poética es que en una tarde de lluvia, tránsito y ganas de llorar, el taxista ponga a Paco de Lucía. Metamorfosis a ganas de reír.

 
 
 
 

Algunos primates son verdaderos humanistas: hacen grandes esfuerzos por encajar en las hipótesis de los científicos.

 
 
 
 

A esta altura de mi vida no voy a empezar a darle gusto a la realidad.

 
 
 
 

A mí me dejan ir porque hablo de los principios de la economía política de Stuart Mill cuando estoy borracha.

 
 
 
 

El arte de ignorarte se llama superARTE.

 
 
 
 

Todo bien con el sexo y esas cosas, pero uno de los mayores placeres de la vida es encontrar en el cajón un cuchillo que corte bien.

 
 
 
 

El colmo del nihilismo sería creer que en la vida no hay nalga que valga la pena