
Luis Cernuda escribió una vez: “¿Qué país sobrelleva a gusto a sus poetas? A sus poetas vivos, quiero decir, pues a los muertos, ya sabemos que no hay país que no adore a los suyos”. Con estas palabras describía no solamente su destino sino el de casi todos los poetas. El pasado 5 de noviembre, día en que se cumplieron 50 años de su muerte, pudimos comprobar la popularidad que goza Cernuda (¡incluso fue trending topic en Twitter!). Aprovecho la polvareda generada por las conmemoraciones para escribir unas líneas a manera de homenaje intempestivo.
Al salir exiliado de España Cernuda vivió primero en Inglaterra y posteriormente se trasladó a los Estados Unidos. La primera vez que pisó tierras mexicanas fue durante el verano de 1949. En México no sólo encontró un clima cálido y el acogedor sonido de las palabras castellanas, sino también a muchos de sus más queridos amigos: Manuel Altolaguirre, Concha Méndez, José Moreno Villa, Ramón Gaya y Emilio Prados. Hizo una segunda visita en el verano de 1950 y dos años después, en 1952, se estableció en la Ciudad de México hasta el día de su muerte.
En febrero de 1950 empezó a escribir en torno a su primer visita a México. Nuevos textos se desprendieron de su segundo viaje.Esta serie de reflexiones, de poemas en prosa, sobre nuestro país y su gente vieron la luz en diciembre de 1952 en un pequeño libro titulado Variaciones sobre tema mexicano. Éste era el número diez de la serie, dirigida por Leopoldo Zea, “México y lo mexicano”: pequeños libritos publicados por la editorial Porrúa y Obregón, cada uno con una portada de diferente color diseñada por Elvira Gascón.
En estas Variaciones… México es una tierra exótica, “una tierra más viva acaso que otra ninguna, pero otras de cuya vida la muerte no está escondida ni indignamente disfrazada, si no reconocida ella también como parte de la vida, o la vida, más certeramente quizá, como parte indistinta de ella”. Mientras que los anglosajones para Cernuda eran “gente de ojos apagados y de voz inexpresiva”, en los mexicanos ve ojos vivos y escucha un lenguaje delicado, preciso, clásico. Al contrario del sempiterno trabajo del mundo anglosajón, en México todavía existe el reposo, el ocio: se vive por vivir. El pueblo mexicano cultiva flores en vez de construir fábricas: “¡Ah, no poseer nada, como si se poseyera todo! Ésa es su libertad”. Encuentra una pobreza que no conoce la tontería y vicios que trae la riqueza, el progreso, la Modernidad. En México, “ecos de sabiduría extinta” flotan en el aire.
Las imágenes evocadas acerca de México nos hablan más de Cernuda que de México y los mexicanos. Hay que recordar que Cernuda llega después de haber vivido once años en tierras anglosajonas, y que llegó al contiente americano escapando del fascismo. Los poemas en prosa de Variaciones… son la búsqueda de aquello que se ha perdido en Europa y los Estados Unidos. Escribe Cernuda refiriéndose a México: “no sé qué le envidio más, si su juventud, su gracia o su miseria”.
Pero al final, también nos hablan de México. ¿Cómo? Los pensamientos, las palabras, los versos se vuelven realidad. O, como dice Octavio Paz en un poema dedicado al mismo Cernuda: “Deseada / la realidad se desea / se inventa un cuerpo de centella / se desdobla y se mira”. No solamente se construye la identidad des de la oposición con el Otro: esa relación da un vuelco, y el Otro, en este caso el mexicano, termina por constituirse a través de la visión que su Otro –Cernuda– tiene sobre él. En suma: las Variaciones… nacieron como expresión de la búsqueda de un europeo de sí mismo, y en el camino terminaron por constituir parte del “ser mexicano”. Por ello, al regresar a la obra de Cernuda, los mexicanos regresamos sobre nosotros mismos y nos comprendemos un poco mejor: tanta falta nos hace.