Photo by Ernst Haas/Hulton Archive/Getty Images

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Se cumple medio siglo de uno de los grandes discursos de la historia moderna: el que pronunciara el reverendo Martin Luther King en la escalinata del Monumento a Lincoln en Washington D.C. el 28 de agosto de 1963. El Dr. King tenía como público a más de 200 mil participantes de una protesta masiva. Exigían el final del odioso régimen de segregación racial en el sur de los Estados Unidos. Régimen que mantenía a las personas de raza negra al margen de la economía, la educación, la política y la sociedad.

Precisamente por ser víctimas de ese sistema, los afroamericanos tenían en sus iglesias uno de los escasos lugares donde podían organizarse en redes de apoyo solidario y libre expresión. No es extraño que los ministros religiosos, como el Dr. King, hayan surgido entonces como líderes del movimiento anti-segregación. De ahí también que su retórica sea completamente de púlpito. Son muchos los autores que se han dedicado a analizar los discursos de Martin Luther King con la idea de que más que discursos dirigidos a la movilización política, son sermones dirigidos a movilizar almas.

Desde años atrás, el Dr. King ya sumaba conciencias al movimiento pro-derechos civiles con discursos donde afirmaba:

We are not wrong in what we are doing. If we are wrong, then the Supreme Court of this nation is wrong. If we are wrong, the Constitution of the United States is wrong. If we are wrong, God Almighty is wrong …

Es con esa invocación de un poder moral y espiritual que se opone a la brutalidad inhumana del racismo que debemos leer el discurso “I have a dream” del Dr. King. Sus palabras fluyen con ritmo y vocabulario religioso, entretejiendo el estilo poético de los profetas de la Biblia con los ideales de igualdad de la “Biblia Civil” estadounidense (la Declaración de Independencia) y fusionando éstas con imágenes visuales y recursos retóricos (como la anáfora, o repetición de ideas al inicio de las frases) de manera magistral.

Pero este gran discurso ¿fue escrito o fue improvisado? ¿Lo hizo el mismo Dr. King o usó la ayuda de speechwriters? La respuesta es: todas las anteriores.

Según narra Clarence Jones, uno de los speechwriters del Dr. King, la tarde anterior al evento en Washington, el reverendo hizo lo que muchos líderes hacen antes de dar un mensaje importante: pedir ideas a sus allegados. Esto siempre les parece muy bien a los que van a dar el discurso, pero suele ser un dolor de cabeza para quienes los tenemos que escribir, puesto que es común que la “lluvia de ideas” degenere en “chubasco de ocurrencias” y, a veces, en “aguacero de babosadas”.  Si eso de por si es malo, lo peor es que tu jefe no pueda decirte delante de la gente cuáles ideas le parecen sensatas y cuáles verdaderas idioteces y te pida, sin más, condensarlas en un borrador. Y eso fue justamente lo que le pasó a Clarence Jones. Luego de recoger muchas sugerencias contradictorias de los invitados a la junta –que lo mismo le pedían dar un discurso incendiario con un plan de acción de desobediencia civil que hacer llamados a la paz– el Dr. King le pidió a su speechwriter retirarse a redactar una primera versión.

Clarence Jones hizo su máximo esfuerzo y horas después le entregó al Dr. King un borrador, en el cual la frase “I have a dream” no aparecía ni una vez. Y aquí le pasó otra de las cosas que los redactores de discursos más tememos: no hubo reacción del jefe. El Dr. King simplemente se despidió:

“Okay, brothers,” he said, “thank you so much everybody for your suggestions and input. . . . I am now going upstairs to my room to counsel with my Lord.”

Según narra Jones, al día siguiente, no tuvo tampoco ninguna retroalimentación. Llegado el evento, el Dr. King comenzó a leer el discurso tal como lo había escrito su redactor, que arrancaba con una metáfora acerca de la deuda que Estados Unidos tenía con los afroamericanos:

“When the architects of our republic wrote the magnificent words of the Constitution and the Declaration of Independence, they were signing a promissory note to which every American was to fall heir.[…] It is obvious today that America has defaulted on this promissory note insofar as her citizens of color are concerned. Instead of honoring this sacred obligation, America has given the Negro people a bad check, a check which has come back marked “insufficient funds.” 

Jones estaba asombrado de que el reverendo no hubiera cambiado ni una palabra de su texto, algo que a todo speechwriter le provoca una sensación simultánea de orgullo (¡qué bueno que le gustó lo que escribí!) y preocupación (¿qué pasará si el discurso no tiene el efecto deseado en la audiencia?).

Sin embargo,  después ocurrió algo sorpresivo: King hizo una pausa y Mahalaia Jackson, una mujer cercana al liderazgo del movimiento, le gritó: “Tell ‘em about the dream, Martin, tell ‘em about the dream!”

Y ahí, Martin Luther King hizo a un lado el texto que tenía preparado, y delante de miles de espectadores en vivo –y millones que lo seguían por radio y televisión– comenzó a improvisar:

I say to you today, my friends, so even though we face the difficulties of today and tomorrow, I still have a dream. It is a dream deeply rooted in the American dream.

I have a dream that one day this nation will rise up and live out the true meaning of its creed: “We hold these truths to be self-evident: that all men are created equal.”

I have a dream that one day on the red hills of Georgia the sons of former slaves and the sons of former slave owners will be able to sit down together at the table of brotherhood.

I have a dream that one day even the state of Mississippi, a state sweltering with the heat of injustice, sweltering with the heat of oppression, will be transformed into an oasis of freedom and justice.

I have a dream that my four little children will one day live in a nation where they will not be judged by the color of their skin but by the content of their character.

I have a dream today.

I have a dream that one day every valley shall be exalted, every hill and mountain shall be made low, the rough places will be made plain, and the crooked places will be made straight, and the glory of the Lord shall be revealed, and all flesh shall see it together.

[…]

La respuesta de la audiencia fue electrizante. La gente lloraba y respondía a cada frase del discurso como si estuviera en la iglesia, con expresiones como “Amen!”, “Hallelujah!” y “My Lord!”. Esa respuesta emocional, extraordinaria en un discurso político, convirtieron al orador y a su audiencia en un solo vehículo de comunicación, en una sola fuerza espiritual y en una sola voz. Yo sólo he podido sentir una energía emocional orador-audiencia parecida en la ceremonia de toma de posesión del Presidente Obama en enero de 2009, cuando la multitud ­reunida en el Washington Mall ­–en gran parte afroamericana– respondía con ese tipo de expresiones a algunas frases del discurso del nuevo mandatario.

Cincuenta años después del “I have a dream”, la lucha por los valores de la igualdad y la justicia continua en Estados Unidos y en el mundo, lo cual hace que las palabras de Martin Luther King sigan teniendo resonancia en la consciencia de toda persona de bien.

Luis Antonio Espino 

especialista en discurso político

www.ideadiscursoyaccion.com

 

 

7 comentarios en “"I have a dream" Historia detrás del discurso

  1. Excelente! Definitivamente los que escriben los discursos, juegan un papel muy importante en la forma en que han de llegar a la audiencia. Sin embargo, aquel que lo dice, debe creer en lo que lee y cuando sea necesario mostrar sentimientos y pensamientos que provoquen un mayor impacto. Felicidades, me encantó el artículo.

  2. El discurso de Luther King es dentro de los anales de la historia de los mejores , hay en las librerias de USA un documento que recoge los 100 discursos que influyeron en el pensamiento y en la accion de sus predecedores