Poner a Frida Kahlo en perspectiva  

Después de una investigación de cuatro años sobre Frida Kahlo, Helena Chávez Mac Gregor se atreve a modificar su oficio curatorial y de investigación –como ella lo describe— con y sobre artistas contemporáneos vivos, para adentrarse a la investigación de una obra ya creada, interpretada, y terminada de una artista que no puede tener réplica. El resultado de su indagación es el ensayo titulado El listón y la bomba (2025), publicado por Lumen.

Al ser una figura que ha ido migrando durante los años de artista a ícono, es normal, un acto casi de reflejo, preguntarse si Frida Kahlo fue la persona que evolucionó al ícono que hoy conocemos, o es la idea que tenemos de que fue casi una leyenda lo que la llevó a consolidarse como una artista de escala internacional. 

Cuando hablo de Frida Kahlo como artista o ícono, hago referencia al cuestionamiento que realiza Helena Chávez sobre dónde empieza el reconocimiento de la obra de Kahlo como artista, en contraposición con el surgimiento de la imagen de Frida como un referente político y cultural por grupos sociales feministas, queer y LGBTQ+, después de su muerte. 

Una nota importante de resaltar sobre El listón y la bomba es la frescura con la que la autora escribe y analiza. Durante su desarrollo, hace el reconocimiento de las distintas identidades de género, entre lo binario y no binario, se leen palabras con lenguaje inclusivo, reconoce el mercado eurocentrista del arte y, en general, hace un análisis desde el entendimiento social y cultura actual. Es vitar reconocerlo porque, esto, no es sólo una decisión narrativa, da a entender que su análisis sobre el arte y la figura de Frida Kahlo no está encuadrado en lo académico y riguroso, sino que lo hace considerando las corrientes de pensamiento actuales, creando un análisis mucho más aterrizado.  

La relevancia de Frida Kahlo, no inicia –como en el caso de otros artistas— después de su muerte. Chávez relata cómo, durante su vida, fue reconocida tanto nacional como a nivel mundial como una artista de renombre: vendiendo sus obras en el Louvre, en el Museo de Arte Moderno en México, en el MoMa en Nueva York, y siendo el centro gravitacional de una de las exposiciones más importantes en la historia del arte del siglo XX para el surrealismo: Mexique en París en 1939, realizada por André Bretón. Sin embargo, las gestiones que realizó su esposo Diego Rivera para después de su muerte –establecer un fideicomiso con el Banco de México para convertir sus obras y las de Frida Kahlo en museo nacional— fue el último punto de cruz para terminar de coser la pieza de su legado.

De hecho, el título del libro “El listón y la bomba” hace referencia a una frase de André Breton sobre la exposición Mexique: “el arte de Frida Kahlo es una cinta alrededor de una bomba”. De esta manera, Helena Chávez busca quitar el listón y detonar esa bomba para saber qué hay detrás del ícono, de la fábula, de la leyenda y mitología “Kahlo”.

A pesar de su relevancia artística, la autora explica también cómo Frida Kahlo se convirtió en un producto de consumo gracias a que en el 2004 se creó la marca “Frida Kahlo Corporation”, de donde se otorgaron licencias a Mattel, a Barbie, a Puma, a joyerías, y viñedos para poder replicar la imagen de Frida Kahlo en tanto producto sea posible, generando confusión entre “el legado de la pintora con la mercantilización de su iconicidad”. 

Es por esto que la propuesta de Helena Chávez para escribir este libro (dejando en claro que no es con intenciones puristas, ni de ignorar los factores del mundo actual) es intentar despojar toda la carga cultural que se ha regado en Frida Kahlo, y regresar a un análisis de su obra como artista, mujer, mexicana, queer, con discapacidad, y atreverse a ver qué es lo que encuentra. Mac Grego hace hincapié, así, que el entendimiento del arte de una mujer artista en un sistema predominante de hombres debe ser considerado para un análisis integral de la obra y su importancia. 

Su primer acercamiento para analizar la obra de Frida Kahlo desde otra perspectiva es cuestionando el argumento (aceptado desde 1953) de que la obra de Frida es autobiográfica, que su arte no puede entenderse sin correlacionarlo con su vida personal –a raíz de que lo privado es político–. Según Chávez Mac Gregor, esta interpretación es reduccionista de la obra de Frida Kahlo porque sugiere que no tiene un significado más allá de sus propias vivencias. 

Esta interpretación no parecería problemática, pero este fenómeno no sucede en otros artistas contemporáneos, sobre todo en hombres. Helena Chávez hace la comparación con Pablo Picasso, de quien también se han hecho múltiples análisis de su obra, tomando la vida privada del artista para interpretarla. No obstante, no es siempre el punto de inicio para su interpretación -como si lo es en el caso de Frida Kahlo-, dejando así la posibilidad de separar el arte del artista; la persona con lo genial (independientemente de la discusión que ha surgido sobre si es posible hacer ese tipo de interpretación) . De hecho, lo que dice Chávez es que a los artistas hombres se les ha dado la oportunidad de separar el arte del artista, mientras que a Frida Kahlo nunca se le ha hecho esa interpretación como arte y artista. 

Me gusta cómo Mac Gregor utiliza el término “elucubración” para referirse a las interpretaciones que se han hecho sobre Frida Kahlo: “Se refiere a reflexiones, especulaciones o pensamientos profundos, a menudo complejos y con apariencia de profundidad, pero que pueden carecer de fundamento real o ser producto de la imaginación, la fantasía o el esfuerzo mental, a veces trabajados durante la noche”.

Helena Chávez lleva de la mano al lector desde el nacimiento de Frida en 1907 en una familia burguesa –pero en una mala situación económica–, pasando por sus primeros acercamientos a movimientos ideológicos y revolucionarios, hasta su primer encuentro con Diego Rivera en 1928. Es interesante cómo retoma la importancia que tuvo Diego como precursor del movimiento político y estético del muralismo, pero no desde una visión para enaltecerlo a él como figura política y artística superior a Frida, sino para entender el programa político que ambos artistas estaban creando a partir de una nueva estética sensible; es decir, el muralismo logró por primera vez una representación grande y orgullosa del pueblo mexicano en espacios públicos, creando un sentido nacionalista. 

Este movimiento no implicó sólo una transformación en las representaciones artísticas, sino que también determinó la configuración de la estética sensible; es decir, lo que se representa en obra (lo que vale la pena representar) que generará un impacto en el entendimiento social y político de la vida (“la manera que tenemos de ver, nombrar, entender las personas y cosas que pueblan al mundo”); y es a partir de ahí que tanto Frida como Diego crean su arte. Sin embargo, Frida no sólo lo traslada al ámbito plástico, sino que lo palma en su vestimenta. 

En muchas de las representaciones e imágenes que vemos de Frida está vestida de tehuana; trasladando los textiles, las formas y los colores más allá de un ámbito rural hacia la “seriedad” de lo urbano. Helena Chávez también resalta que esto no debe considerarse como una apropiación cultural indígena, se habla del concepto de mestizaje –más allá de ser un proceso evolutivo entre el hombre blanco y la mujer indígena– como el pensamiento cultural que surge a finales del siglo XIX consciente en el reconocimiento de elementos tanto indígenas como europeos en la historia genealógica del mexicano. Éste repercute en el pensamiento identitario de Frida (toma como ejemplo la obra “Mis abuelos, mis padres y yo”).  

Además, un elemento interesante que toma en cuenta Helena Chávez y, a decir verdad, novedoso en cuanto a la interpretación de la obra de Frida, es considerar el gusto que tenía la artista por los exvotos, estas pequeñas pinturas que contienen fragmentos de historias individuales con carga religiosa, y proponer que las pinturas de Kahlo se miren con esa nueva perspectiva: exvotos de una percepción individual de la artista.  

A partir de estos argumentos Helena Chávez analiza sus autorretratos para desenredar el listón y detonar la bomba. ¿Y qué ocurrió cuando explotó? Una reinterpretación de las obras de Frida Kahlo, tales como “Mi nacimiento”, “Hospital Henry Ford”, “Unos cuentos piquetitos”, donde el análisis literal autobiográfico queda obsoleto. Helena Chávez se atreve a ir más allá:  analizar la obra no como autobiográfica si no como autoteórica; abre el diálogo a que la obra de Frida no sea interpretada de una forma tan literal; no es una muestra pictórica de una vivencia individual, es quizás una representación teórica de conceptos como la maternidad, el aborto, “la mala mujer”, la enfermedad, la sumisión de la mujer en el arte, en la sociedad mexicana, y en la religión.

Leer a Helena Chávez es una bocanada de aire fresco, su interpretación a la obra de Frida está cargada de nuevos elementos y perspectivas; ofrece una nueva lupa con qué mirar a las obras de Frida Kahlo. Este libro no es otra de las tantas interpretaciones y análisis que se han hecho sobre Frida Kahlo, sino que más bien Helena Chávez Mac Gregor se voltea a ver a la artista, a la mujer que pinta, y le ofrece una nueva voz.

  • Helena Chávez Mac Gregor, El listón y la bomba: el arte de Frida Kahlo, México: Lumen, 2025, 185 pp.

Paola Rodríguez 

Abogada, historiadora de arte por la Universidad Bauhaus, curadora y crítica de exposiciones, integradora de contenidos más inclusivos y diversos

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Publicado en: Ciudad de libros, Reseña

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