“Lenguas de la poesía”: Entrevista con Philippe Cheron

Ante el precario estado en que se encuentra el campo literario mexicano, resulta un balón de oxígeno que, desde un lugar como Xalapa, la editorial de la Universidad Veracruzana apueste por una colección bilingüe dentro de “Lenguas de la poesía”, donde la figura del traductor y crítico Philippe Cheron conocido editor de las obras completas de José Revueltas junto con Andrea Revueltas se ha dedicado a una tarea esencial: acercar a los lectores mexicanos a autores contemporáneos en lengua francesa de alto valor poético que resultan desconocidos en nuestra lengua. El criterio es claro: la calidad intrínseca de la obra así como una amplitud conceptual de la realidad y el mundo, trascendiendo las modas o el lirismo trillado que no pocas veces satura el panorama hispanoamericano.

Al presentar voces como las de Jamel Eddine Bencheikh, Jean-Claude Xuereb, Hawad, Gérard Titus-Carmel o Philippe Denis, Cheron no sólo amplía el horizonte de la poesía francesa contemporánea, sino que también fomenta un mestizaje lingüístico y cultural que enriquece el diálogo poético en México, cuestión que justifica esta entrevista.

Rafael Toriz (RT): ¿Dónde y cuándo nace la idea general de traducir a los poetas de esta colección?

Philippe Cheron (PC): Esta bella colección bilingüe “Lenguas de la poesía” de la Universidad Veracruzana, en la que participo, tiene unos 15 años. El primer poemario que me tocó preparar (Mientras exista el mar —el subjuntivo es una pequeña sobre traducción voluntaria) se publicó en 2016, y en ese año la colección constaba de tres títulos, del inglés. Faltaba algo de poesía en otra lengua. Mi propuesta de añadir autores franceses fue favorablemente aceptada por Edgar Valencia, en aquel entonces director de la editorial, gracias a la intermediación de Jesús Guerrero y Nina Crangle.

RT: La colección, que lleva publicados al día de hoy cinco autores disímiles y más bien desconocidos para un público mexicano, comprende nombres como los de los franco-argelinos Jamel Eddine Bencheikh y Jean-Claude Xuereb, del targuí Hawad (nacido en Níger), del parisino Gérard Titus-Carmel y, de forma reciente, Philippe Denis con su Cuaderno de sombras. ¿Es tu intención dar una visión de conjunto sobre una literatura escrita en francés de manera periférica?

PC: La idea central de mi modesta aportación es dar a conocer autores contemporáneos de alto valor poético injustamente desconocidos. El criterio principal es evidentemente la calidad de las obras, así como su elevación y amplitud de vistas, de concepción del mundo. Otro más, de carácter económico, digamos, reside en el hecho de que para minimizar los costos trato con editoriales francesas pequeñas, que nos han otorgado gratuitamente los derechos de traducción. Además, está el propósito de dar a conocer varios aspectos, varias tendencias de la poesía francesa actual. No hablaría yo de periferia. No estamos en los años cincuenta o sesenta, en la época de Senghor o Césaire, cuando era común emplear esta palabra. Francia es ya un país multicultural y tanto Bencheikh como Xuereb o Hawad son franceses y están plenamente integrados a la lengua, la cultura y la vida francesas. Aportan una visión nueva, una apertura hacia otros horizontes. Es la riqueza del mestizaje y de la migración, pese a los agudos problemas que este fenómeno plantea desde el punto de vista sociopolítico.

RT: Tu lugar en este entramado editorial resulta singular, puesto que algunas veces, como en el caso de Bencheikh y Xuereb, apareces como seleccionador, y otras (Hawad, Titus-Carmel, Denis), donde figuras además como co-traductor. ¿A qué se debe este ejercicio de desdoblamiento?

PC: Al simple hecho de que para los primeros dos títulos no me fue posible implicarme por completo en la traducción por falta de tiempo. Mi papel fue de supervisión de la versión española, cuidado de la edición, etc. Me encargué de la elección de estos autores y los otros cuatro, así como de la selección de poemas.

Con respecto de Hawad, se trata de una reedición. La primera (UAM, 2004) tuvo buena recepción y decidí proponer una segunda edición ampliada (de ahí que se titule Caravana de la sed y otros poemas). Se publicó en 2018, y de paso te dije que entretanto este poeta había sido seleccionado, sin saberlo yo, para ingresar a la prestigiosa colección Poesía Gallimard: Furigraphie. Poésies 1985-2015, una antología. Estos tres títulos ilustran un fenómeno significativo en la actualidad francesa (y otros muchos países): el mestizaje lingüístico y cultural. Los países del Magreb tienen una fuerte diáspora en Francia. Como prólogo de Mientras exista el mar escogí a propósito un texto del propio Bencheikh, porque diserta brillantemente acerca de la problemática a la que se enfrenta un escritor exiliado como él, que se encuentra en medio de dos lenguas, dos culturas. Desde niño conoció la oposición entre la plegaria y el canto: entre el versículo sagrado que su padre recitaba y el árabe hablado por su madre. De ahí la presencia muy temprana para él de una dualidad lingüística, del otro. Luego, en la escuela descubrió, con el francés y la literatura francesa, a un tercer interlocutor. Después de varios intentos, decidió escribir poesía en este idioma porque con él se sentía libre, podía abrazar la palabra sin rendir cuentas.

Por su parte, con sus hermosos poemas de Esa fugitiva eternidad, Xuereb refleja la ambigüedad de los franceses nacidos en Argelia (los “pieds-noirs”) que tuvieron que abandonar su país natal para vivir en Francia a causa de la guerra de independencia de aquel país a principios de los años 60. En medio del canto a la belleza de la vida o de la naturaleza, no puede faltar la reminiscencia melancólica por los paisajes, los olores, los encuentros en la juventud (Camus, en particular), así como también el desgarramiento por la violencia de la Historia. Asimismo, el targuí Hawad canta la dura belleza del desierto, de la vida nómada, pero también de la furia de la lucha de su pueblo oprimido por los Estados que pretenden restringir su libertad de movimiento.

RT: Tanto en el caso de Hawad como de Titus-Carmel y Denis apareces como co-traductor (junto a Jorge Lobillo en el caso de Hawad y junto con Ena Lastra y Rosanna Reyes para Titus-Carmel y Denis). ¿Cómo ha sido este proceso de traducción colectiva y qué dificultades ha entrañado dicho ejercicio?

PC: Para estos tres poetas, al tener más tiempo me involucré por completo en el proceso de traducción. Es muy interesante trabajar en colaboración desde ambos lados de la barrera lingüística. Implica enriquecedoras discusiones, a veces largas y con desacuerdos pero que al final permiten aclarar muchos puntos peliagudos de traducción y mejorar la versión. Al respecto, podría aventurarse la idea que el proceso mismo de la traducción, cuando se hace entre varios, es hasta cierto punto más valioso que la versión final, un poco como con los músicos cuyo mayor placer —siguiendo a Jean-François Billeter y me parece atinada la comparación que hace, toda proporción guardada— radica más en las repeticiones que en el concierto.

Ahora bien, en la traducción literaria y más aún en la poética, algo se pierde, inevitable y lamentablemente. Paul Ricoeur no duda en hablar de un sentimiento de pérdida similar al “travail du deuil” (la labor del luto); pero tiene uno el gusto de lograr transmitir, de dar a conocer a un autor en otra lengua, y en algunos casos, a pesar de todo, con cierto éxito.

RT: Es muy evidente en la selección de poetas de esta colección singular que se trata de una poesía alejada del lirismo, lo que choca de manera directa con la tradición hispanoamericana en general y la mexicana en lo particular. ¿Qué puedes comentar al respecto?

PC: No coincido con tu apreciación, porque el lirismo está presente en Hawad, Xuereb y, en menor grado quizá, en Bencheikh. Por otra parte, dentro del lirismo se podría identificar a varias corrientes; además, se puede hacer distinciones de un idioma a otro, porque la estructura misma de cada lengua condiciona el resultado. Con Titus-Carmel y más aún con Denis, hay otra concepción de la poesía. El objetivo es dar a conocer, precisamente, otras corrientes alejadas del lirismo, ya bastante trillado desde hace tiempo, muy particularmente la lírica sentimental y lagrimosa. Francia ha tenido y tiene poetas que se internaron en otras sendas en busca de algo nuevo. Poesía difícil, exigente, hasta hermética a veces, cuyo caso paradigmático es Mallarmé. La opacidad no debe desanimar al lector: hay que leer y volver a leer para penetrar en la materia poética y saborear la “substantifique moelle” (la quintaesencia), como dijo Rabelais. Sí, existen otras vías poéticas (no son sólo francesas, ni mucho menos, incluso en Latinoamérica, aunque cierto es que ahí ha predominado la lírica) y deben darse a conocer algunas de ellas. Jean Paulhan distinguía dos tipos de poetas, los que hacen proceder el lenguaje de la inspiración, de las musas como se decía antiguamente: en el siglo XX francés podríamos citar a Paul Eluard. Y los que al revés hacen proceder la inspiración del lenguaje (y, añado, de la reflexión, del pensamiento), que tienden a crear a partir de la forma —el ideal siendo lograr la fusión entre forma y fondo. Algunos ejemplos de estos últimos podrían ser René Char, Francis Ponge, André du Bouchet. O, volviendo a lo nuestro, Titus-Carmel. Para él y otros muchos, no hay libertad sin limitación y es incluso en la limitación que se reconoce la libertad. La gran tradición poética se había dado las restricciones de la métrica, la rima, el ritmo, etc. A lo cual se añade el pensamiento poético, la reflexión ontológica, y esta corriente se desinteresa de los sentimientos, se aleja del yo.

RT: ¿Qué puedes mencionar al respecto de las colaboraciones entre Gérard Titus-Carmel y Jacques Derrida?

PC: Derrida se interesó en las primeras instalaciones y obras plásticas de Titus-Carmel. En particular su Bananeraie culturelle (Platanar cultural) con 59 plátanos falsos y uno solo verdadero, o sea, de lo idéntico a lo distinto por efecto del paso del tiempo y de la maduración; y su serie de 127 dibujos a lápiz diferentes de una misma pequeña caja que es al mismo tiempo un féretro: The Pocket Size Tlingit Coffin (El féretro tlingit de bolsillo). Derrida escribió comentarios sobre cada uno de los dibujos en torno a su concepción de la diferencia, de la interpretación, del movimiento productor de las diferencias (lo que llamó différance) y de las cuestiones que plantea la representación de la muerte en la plástica y en general, con algo de ironía subversiva porque al título de la serie de dibujos le añadió un subtítulo según el cual el filósofo estaría ilustrando la obra, invirtiendo así la relación tradicional entre texto e ilustración (los tlingit son una tribu amerindia en Alaska y noroeste de Canadá.)

RT: Los títulos Resaca (Titus-Carmel) y Cuaderno de sombras (Denis) evocan estados de ánimo y paisajes interiores que contrastan con la vastedad y el movimiento de Mientras exista el mar o Caravana de la sed. ¿Es factible interpretar esta dialéctica entre lo expansivo y lo introspectivo como una de las tensiones poéticas en la elección de autores y obras, ofreciendo un panorama poético que se mueve entre la experiencia del límite y la infinitud?

PC: Es cierto, aunque habría que matizar. Al referirse al mar, al eterno movimiento del oleaje, Resaca también sueña con la inmensidad física, material, con la vastedad y el colosal poder de la naturaleza. En cuanto a Cuaderno de sombras, es más introspectivo, más interiorizado, cierto, pero en segundo plano la naturaleza no está lejos y hasta de lirismo se puede hablar cuando escribe después de un paseo en el campo: “cuando una margarita sustraída / no es más que un ligero temblor entre el pulgar y el índice”. (Y aquí un detalle “logístico”: con Denis lo ideal hubiera sido publicar una antología con los mejores poemas de Cuaderno y de otros poemarios suyos, porque ha evolucionado mucho. Pero esto implicaba pasar acuerdos con varias editoriales distintas, algo que no fue posible.)

En realidad, personalmente esta tensión la encuentro en la obra de los cinco autores, en menor o mayor grado según los casos, y creo que se podría generalizar porque es uno de los principios de la poesía (y de buena parte de la literatura): la dicotomía, la ambigüedad.Caravana de la sed es el poemario que, por su tema mismo (el desierto, el nomadismo, las caravanas), por la propia cultura tuareg, más se mueve en la vastedad y lo infinito geográfico. Pero esto remite, inevitablemente, al infinito interior, al cuestionamiento metafísico: la “sed” del título no se limita, claro está, a la necesidad de beber agua a causa del agobio por el calor: es una filosofía del extravío en el espacio y el tiempo.

RT: ¿Encuentras un pulso común en los poetas que has puesto al alcance de los lectores mexicanos?

PC: Sí, pero un poco subjetivo porque está vinculado a mi propio gusto. Fuera de esto, una similitud radica en el hecho, y me repito, de que sean autores no mediáticos, al margen del mundanal ruido. Lo cual es una primera garantía de calidad (que no la única, desde luego). Terminarán por ser reconocidos y por eclipsar a las vedettes del presente. Hawad, como ya dije, es un ejemplo de ello. Otro punto en común, más importante, esencial, es su profundidad, su dexteridad en el manejo del lenguaje y las articulaciones con lo que quieren expresar.

RT: ¿Qué otros proyectos tienes pensado dar a la imprenta como parte de esta selección más bien atípica de poetas?

PC: Son dos: un magnífico texto en prosa poética de Lydie Dattas sobre la obra del pintor Pierre Soulages y lo que él mismo bautizó “ultranegro”: el juego de la luz en las estrías trazadas en el color negro que invade la tela. Y un poemario de Thierry Pérémarti en torno al amor, el desamor, una toma de conciencia en una caminata en el desierto tejano, cerca de un antiguo pueblo minero llamado Terlingua. Estas propuestas fueron aceptadas, y agradezco la confianza del actual director de la editorial, Agustín del Moral.

Rafael Toriz

Ensayista y curador