No lo hacemos bien a la primera. Entrevista con Víctor Malumián

Cortesía de la editorial

Mariana Ortiz: Aunque tu libro El destino de una caja (Gris Tormenta, 2024) se enfoca en la distribución, también hablas de todo el ecosistema editorial, lo que me lleva a preguntarte ¿qué es lo que hace a un gran editor?

Víctor Malumián: Si supiera, sería uno, pero no sé qué es un gran editor. Me parece que hay algo de ser genuino en lo que uno cree y eso hace que se tenga un gran catálogo, lo cual es interesante. Hay algo para mí del automatismo estilístico de pensar de que lo que uno publica no es tan excelso o exquisito como para ser el único que le interesa y que hay más gente que le puede interesar eso. Y ser fiel a ese interés a lo largo de los años, sin ser un obcecado que no sea ajeno a los tiempos que corren.

Lo más interesante que puede ser un catálogo es un recorrido de lectura que te proponga autores y temas que vos no te hubieras imaginado y que vos hayas depositado tanta confianza en esa selección: ese es el efecto de una colección, que te interesen y los puedas comprar para leerlos a pesar de que no sepas quién es el autor o la autora ni el tratamiento del tema, confiado por un paratexto como la contratapa, arrojarte a comprarlo, dejar tu dinero y dejar tu tiempo sobre todo.

Si bien solemos pensar en el costo del pp [páginas impresas] cuando compramos el libro, el costo del tiempo de los libros que no te gustan no es como decir que no a nueve de cada diez libros, yo creo que la mirada más interesante que puede haber para definir ese tipo de cosas es más un orden de factores. Lo que entendemos por un editor independiente o biodiverso es uno que primero publica lo que le gusta y luego, sale al mercado, a través de distintas herramientas, a encontrar gente con intereses comunes.

MO: Hablas de un crecimiento de editoriales independientes, sobre todo en el mercado latinoamericano, pero quiero hablar de México y de Argentina: ¿qué es lo que consideras que existe en estos países como para que sí puedan surgir estos proyectos?

VM: Ante todo es la comunidad lectora lo que lo hace posible. Tenés un segundo factor, no por importancia sino en desarrollo de tiempo, que es el entramado de librerías independientes. Está muy atado a tener una ley de precio único o determinados tipos de cuidados por parte del Estado para evitar una ley de la selva y que gane el más fuerte, que tiende a llevarse todo cuando gana. Entonces, ¿a qué me refiero con esto? Bueno, primero que haya una comunidad lectora, porque asumamos que una editorial tiene dos trabajos: curar y amplificar. Cuando vos curás un contenido y separás todo lo que no te interesa para publicar algo, hacerlo público y amplificarlo, si no hay nadie para escuchar esa amplificación, no tiene ningún sentido. Se quedan todas las cajas en tu bodega o en tu casa, dependiendo del tamaño que estemos manejando. Entonces, primero y principal, que haya alguien escuchando y que le interese. Segundo, que estén los prescriptores y que estén los modelos para poder llegar al entramado de librerías independientes.

Está todo genial con las cadenas, pero sólo con las cadenas no se completa. Siempre sale de un ecosistema, en el libro, y el gran punto para mí donde la analogía es correcta es la interdependencia. Si desaparecen todas las independientes no tiene sentido, si desaparecen las multinacionales, no sé qué pasaría, no me puedo imaginar un escenario así. Muchos de los consumos son de ticket cruzado [es decir, un recibo de lo que se gastó]: el padre compra un libro masificado, y quizás va con un hijo o una hija que le pide comprar algo más experimental. Así, en el mismo ticket salió un libro de un editor independiente y un libro súper masificado. Y vos decís, ¿no son el mismo lector? No, hay ahí un cruce de distintos tipos de lectores que están cayendo en el mismo gasto. Yo creo que esto es la comunidad y la posibilidad de que se desarrolle esa comunidad o encuentre un espacio donde confluir. Las librerías que sobreviven son las que les saben hablar a su comunidad a través de talleres y cursos de lectura; las que saben recibir y tienen libreros y libreras muy identificables que recuerdan a la persona que vino y saben recomendar libros en consecuencia.

MO: ¿Qué fue primero, la librería independiente o la editorial independiente? Algo que me sorprende es que de un tiempo para acá han surgido proyectos con este apellido casi como una especie de identificación.

VM: Por lo menos en México y en Argentina, en las últimas décadas, hubo un proceso de concentración de editoriales medianas, fueron absorbidas por las multinacionales, lo cual dejó en el medio un gap enorme. A las pequeñas editoriales que les cuesta mucho hacer el salto de ventas y grandes multinacionales. Con las librerías no digo que pasó lo mismo, pero pasó algo de ese estilo. Hubo un momento, no digo germinal, donde el mercado permitía la aparición de librerías independientes que podían llegar, librerías que eran únicas y no eran sucursal de una franquicia, y que podían absorber una gama de lectores alrededor mucho más grande, que después cuando fueron empezando a aparecer otras librerías en la periferia, les fueron robando. De hecho, hay varios pensadores españoles que hablan que la aparición masiva de librerías no es algo tan bueno, porque cuando aparecen varias librerías en un mismo espacio geográfico, se consume la rentabilidad mutuamente, y en vez de tener una librería que está fuerte y que perdura, tenés varias que ganan poca plata. Con las independientes creo que pasó lo mismo.

En algún momento, cuando MC o Alfaguara no eran parte de un grupo editorial más grande, nadie decía que es un sintagma de lo que sería futuro. Pero pudieron ir creciendo porque no había algo enorme que absorbiera. Como todo en América Latina, las pequeñas editoriales son un semillero donde empiezan a aparecer autoras y autores. Después, por una serie de factores, la multinacional pide informes de venta a una cadena para entender cuánto puede pagar de adelanto al mismo autor que salió de la pequeña editorial, en general es mucho más. Y esas condiciones económicas que propone hacen muy difícil un rechazo. Ya entrando en el juego de los editores y toda esta cadena, no sé en dónde empieza ni en dónde acaba porque al final de cuentas es un círculo.

MO: En 2013 creaste la Feria de Editores en Buenos Aires, primero con muy pocas editoriales y hoy con más de trescientas. ¿Cuáles eran los factores en ese momento y cuáles son los que ahora tú ves que permiten que, por ejemplo, una FED en Argentina o la Furia del Libro en Chile? Sobre todo porque aquí en México hay ferias que no cambian mucho su formato, está la de Guadalajara, la de Monterrey.

VM: Primero una cosa importante, tanto Godot como la FED y Carbono [la distribuidora de Malumián], lo hago con Hernán López, que es mi socio. En el 2013, lo que pasaba al menos en Buenos Aires, en ese momento la Feria Grande no permitía stands compartidos. La lógica de actividades culturales de las ferias grandes era alquilar un salón que sale carísimo, traer una mega figura porque si no te la van a tomar las mega figuras que trae la feria. Entonces si vos tenías un autor o una autora en ascenso que para vos es fantástico, pero por ahora vendió doscientos ejemplares, trescientos en un año. Seguramente si los llevas se va a perder en la marea de prensa. Entonces, por un lado no teníamos acceso a hablar directamente con las lectoras y los lectores. Por el otro no había un espacio que fuera representativo para nosotros y por el otro no había un espacio donde hacer un tejido cultural que pudiera amplificar esto que estábamos pensando. Hay una sola cosa buena de la ausencia completa estatal: sin apoyos hacés proyectos muy resilientes. La feria arranca en un bar mucho más chico que éste [estábamos en la librería El Desastre, en la colonia del Valle], con quince mesas en el bar comunitario de La Tribu, una radio de Argentina y cuyos dueños eran profesores nuestros. Fuimos a tocar la puerta y dijimos “no tenemos un solo peso pero queremos una feria, venimos acá porque los conocemos, tiene un techo, baños, mesas y sillas, pero no tenemos plata para alquilar las mesas y sillas”.

La gente de la Tribu fue hermosa, hicimos las primeras cinco ediciones ahí. La primera fue un domingo y pensábamos que nadie iba a querer ir a una feria así. En ese entonces, la charla era entre quince editoriales amigas; decíamos “si no viene nadie, nosotros pagamos las pifas y ustedes las cervezas” y teníamos tan mal tino que la hicimos en la tormenta de Santa Bárbara, se inundaron las calles y no llegaba nadie. Pero cuando el agua empieza a bajar, la gente sí empieza a llegar y sale más o menos bien. De esta forma comienza, poco a poco, hasta lo que vos conoces ahora: una feria que dura cuatro días, que hay unas 330 editoriales, que el año pasado vinieron cerca de veintiséis mil personas y se vendieron cerca de noventa mil libros. Todo esto fue un camino marcado por la necesidad y la falta completa de apoyos y sustento. De hecho, yo veo que empiezan a aparecer ferias similares, La Otra Feria acá en México, Back to the Book en España; los chicos de La Furia son nuestros amigos y ahora viajamos para esta edición.

Algo que pasa es que las editoriales, y no por efecto de la FED sino que la feria acompañó, se empiezan a profesionalizar. Entonces, pensamos en programas de capacitaciones alrededor de cómo pensar un escandallo, creamos un fellowship en el que vienen editores de Alemania, Francia o España, a comprar derechos en español para traducirlos después en diversos idiomas, un Premio a la Labor Librera para entregar efectivo a las librerías que tienen todo el mandato consignado. La parrilla de contenidos no pone a competir a ninguna actividad con otra. Si vos estás haciendo el esfuerzo de traer a una autora guatemalteca, la feria tiene que poder amplificar eso o ayudarte a hacerlo, no ponerte a competir con otra persona que tiene más poder económico. Todas las actividades de la feria tienen que ser armadas entre dos o tres editoriales y no se pueden invitar autores o autoras que no publican las independientes, para eso hay otros eventos.

MO: ¿Qué es lo más difícil que tiene que hacer un distribuidor?

VM: La primera es no fundirse. La segunda es elegir muy bien a las editoras y los editores [con los que va a trabajar]. El camino va a estar lleno de frustraciones, va a estar lleno de errores y sobre todas las cosas, si vos elegís el modelo que nosotros vemos que está pasando en América Latina que es de un puñado de editoriales, vos no estás preocupado porque la editorial pegue un hit de venta sino porque la construcción de ese catálogo sea sostenida entonces la distribuidora va a ir creciendo a poco a medida que trabajes bien esos fondos y los fondos crezcan con vos. Nuestra experiencia y la de un montón de colegas a lo largo de Latinoamérica hablan de que es posible; cinco años atrás la editorial tal vez tenía una cantidad de referencias que, pasado el tiempo, se empiezan a ampliar. Y vos como editorial tenés que estar en ese camino. Después creo que, como cualquier empresa, afrontar los crecimientos sin fundirte ahí, sin crecer demasiado rápido para lo que tenías que crecer o sin afrontar gastos que no podés afrontar.

Pero por otro lado, tomar riesgos y profesionalizarte para dar un mejor servicio a tus distribuidos. Hay una tensión ahí inherente. Se te llena de preguntas el espíritu porque empezamos a tomar decisiones y algo sale mal, nos fundimos. Creo que hay un tema muy de la cultura que nos auto percibimos muy especiales y el verdulero de la esquina también hace este proceso: cuando está la fresa de oferta, el tipo dice “si traigo más cajones y los vendo con una diferencia, puedo ganar… pero si no la vendo y se me pudre, capaz que pierdo la ganancia de cuatro días”. Yo creo que esos son los temas principales de una distribuidora.

MO: ¿Cuál dirías que es el tope de sellos que puede manejar una distribuidora para que se vuelva sostenible?

VM: No lo sé, eso es como un poco la discusión sobre la mayoría de edad. Creo que hay un balance que es la trampa que cometen todas las distribuidoras que adquieren [sellos] de manera veloz. Cuando vos tomás pocos sellos y los empezás a tratar bien —a cuidar las reposiciones, hacerlas muy cuidadas, a que la persona que hace el corretaje por las librerías haya leído los libros o se haya juntado con los editores y se los pueda contar bien—, empezás a atraer otras editoriales. Si vos creces en la cantidad de gente que necesitas para poder atender bien estas editoriales, te fundís porque en esa cantidad de editoriales tenés un porcentaje que venden bien —que justifican el tiempo que se invierte en pasarle la rendición mensual, emitir el cheque, reclamar las facturas—, y tenés otras que no venden nada, así que tenés una disparidad, una brecha grande. Las que no venden nada, generan demanda de la misma forma que las que venden.

Por otro lado, cuando vos tenés tan pocas que no lográs armar un paquete cuyo valor en libros justifique poder ir a otro punto de México, es que estás demasiado bajo. Depende un montón de qué distribuidos hablemos. El mejor consejo que uno puede dar para este tipo de cosas es tratar de tomar todos los titulares del mismo nivel, para que no haya una disparidad de tratos. Que sean distribuidores que comparten la lógica profesionalizada de cómo ir hacia adelante. Tiene que haber una mirada de colaboración mutua. Tomarse de manera genuina como socios.

MO: Si tú eres un editor que tiene una distribuidora, una librería y una editorial, ¿en dónde queda la especialización?

VM: Que sean interdependientes no quiere decir que no estén especializados. No lo hacemos bien a la primera, pero lo vas entendiendo conforme va pasando. Para mí los límites son clarísimos y se ven ahora. Creo que pasa en cualquier ambiente, sea cultural o no; vos podés entender hasta dónde llega tu tarea. Además, entender lo que le sucede al que agarra la tarea después, hace que vos seas un mejor profesional o que hagas mejor tu propia tarea. Es decir, entre un corrector y un traductor no hay dudas de qué hace quién. Pero que el traductor o la traductora pueda dialogar bien con la correctora, y que la correctora pueda entender las decisiones que te van a afectar, hace que el trabajo final sea espectacular.

Ahora, no hay dudas de qué le toca a quién. O los límites que son borrosos se definen en una lógica editorial y se sabe qué hace quién, no hay ninguna duda. Yo creo que sucede lo mismo hacia afuera de la producción del libro. Vos sabés qué le corresponde a cada quién. Se le ocurriría que el editor lleve los libros a la otra punta del país. Ahora, que ese editor platique con el distribuidor para entender cuál es la tirada que corresponde, en qué momento, con qué otros libros se relacione, “estos libros tuvieron buena venta en determinada librería”, entonces si se relacionan a estos libros es lógico pensar que aquí podríamos mandar veinte en lugar de quince.

MO: Has dicho en algunas otras entrevistas que lo más difícil de tener una editorial independiente es sostenerla. ¿Hoy cómo sostienes Godot?

VM: Me parece que si la editorial está radicada en un país como Argentina, donde la inflación es una costumbre, la baja es continua y no hay previsibilidad más de tres meses, es obligación explorar mercados internacionales más estables. Estaba leyendo declaraciones de Arnaldo Orfila Reynal, en las que decía: es imposible que una entidad se sostenga sin exportación. O sin que imprima localmente en otros territorios. Hay pocas editoriales que pueden sobrevivir solo trabajando en su territorio. Y ahí me parece que tenés una clave de supervivencia esencial.

 

Mariana Ortiz
Ensayista y editora en nexos.

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Publicado en: Ciudad de libros