Ejercicio de respiración y El Estado empresario mexicano

Hoy, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, Hernán Bravo Varela presentóEjercicios de respiración y El Estado empresario mexicano; sus dos nuevos libros de poesía, compendiados en el mismo volumen, publicados por Editorial Era. A continuación presentamos una selección de poemas de ambos títulos.

Ejercicios de respiración

Contacto

Luego de revisar las placas, me dice el terapeuta:

       –A decir verdad, no encuentro nada. No entiendo a qué tus
contracturas.

       Deja las placas y me explora en la camilla. Cuando toca la
unión de los omóplatos suelto un alarido.

       –Aquí están tus papás –señala el terapeuta al explorar las
vértebras. Luego me pide que me acueste boca abajo; amasa los
hombros, atenaza el cuello y lo masajea abruptamente antes de
quedarme dormido.

Aquí están,
en las dorsales;
viven
con estrechez
porque son mayores
y la casa
es de músculos
que se contraen.
Tu mamá,
del lado derecho;
tu papá,
del izquierdo.
Uno sobre el otro,
trepando
para alcanzar
el aire
de la despensa.
Si abrieras los ojos,
podrías ver
cómo se los lleva
la inundación.
Viven aquí,
arrimados
a tu hospitalidad.
Salen boca arriba
a comprar lámparas,
andan
encorvados
por el peso
del sol,
a ver a sus hijos
en las nubes,
a comer migajas
para regresar a ti.

–Te inclinas mucho hacia atrás.
–Sí.
–Es tu pasado.
–¿Y cómo tendría que estar?
–Como ahora, mientras te sostengo. Recto.
–¿No será cosa de equilibrio?
–Mira tu pisada: apoyas demasiado el talón y los dedos quedan
flotando.
–¿Entonces?
–Hay que cambiar la postura.
–O sea, hacerme hacia adelante.
–Sí.
–Hacia el futuro.
–No. Hacia adelante.

Voy, como aprendiz de murciélago, reconociendo los aullidos de los pabellones: los entrecortados de la francesa que se fracturó al esquiar en la nieve, los melodramáticos del escritor, los afables de la museógrafa. Cada quien vocaliza en su camerino. Hay una competencia por ver quién pasa de noche, pero nadie quiere ganar: la fiebre del oro está en nosotros, la rapiña es nuestra convalecencia.

LA ESQUIADORA

Vine a este mundo a caerme.
Desde que era pequeña me la pasaba tropezando.
Cada vez lo hacía mejor, con menos gracia.
Un día llegó la nieve.

EL ESCRITOR

Pensaba que el dolor tendría estilo,
pero no uno impecable.
Me duele todo. El mundo es como yo:
sedentario y paciente.

LA MUSEÓGRAFA

Perdí la juventud y los dedos de un pie por un marido celoso.
Perdí a mis padres y hermanos, cierta parte de la cabeza.
Perdí la noción del tiempo como se pierde el pasaporte.
Perdí el miedo cuando entré a una alberca y vi que flotaba.

CORO DE TERAPÉUTAS

Somos la mecánica, la sonda y la etimología,
paños calientes en el cuerpo que interpretamos.
Nos llaman parteros, todoterrenos, descorchadores.
Nosotros encaminamos, ponemos los pies
sobre el racimo de uvas, cortamos un listón.
Nada más. También vamos a ciegas
con vértebras, tendones y tobillos.
Somos un margen de error que cura.

 

Absorción

“Ama y haz lo que quieras”, dijo mi padre convaleciente
mientras se debatía entre lo que no puede decirse y lo que no puede
       decirse.
Fue durante una conversación por teléfono, de noche,
luego de preguntarnos no tan retóricamente qué sería de nosotros.

“Ama y haz lo que quieras. Si callas, calla con amor; si gritas, grita
       con amor; si corriges, corrige con amor.
Exista dentro de ti la raíz de la caridad; de dicha raíz no puede
       brotar sino el bien”, escribió san Agustín,
a quien no le era extraña la carne y amó el amor antes de amarlo.

Mi padre y yo no hablamos de caridad. Él calló unos segundos
       para sonarse la nariz y dijo:

       “Ama

       (hombres
       en salud
       en holocausto
       a otros
       como tú
       que no entiendo
       cómo hacen
       su vida
       pero que sea
       para bien
       y brote
       de ellos
       y de ti
       de lo que me guardo
       por respetuosa ignorancia…)

y haz

       (… el amor
       que nos sobrevivirá
       a ti
       y a mí
       el amor
       que estuvo
       con nosotros
       en la incertidumbre
       y el despojo
       en la vesícula
       de tu madre
       y en mi hernia
       estrangulada
       en la casa
       vacía
       de tu hermano
       en la gracia
       de Dios
       para la muerte
       de mi hermana
       Alicia
       en el último cigarro
       que fumé
       hace cuatro días
       en tu mano
       cuando me bañaste
       en el hospital
       la mano
       que toca
       lo que no entiendo
       mi cuerpo
       el de otros
       y el tuyo
       que tiene del mío
       lo que esos otros
       aman en ti
       lo que quisiste…)

       lo que quieras

              (… es para bien
              lo supe
              hace años
              pero entonces
              no era
              el momento
              ni la forma
              y ahora ve

              cómo
              el dolor
              nos concedió
              salvarnos
              espantar
              a las moscas
              hablar
              en este momento
              de la forma
              que lo hacemos)”,

              dijo mi padre antes de dormir.

 

El Estado empresario mexicano

Cómo se armó mi padre…

Cómo se armó mi padre de valor o herejía y me leyó a los once el
       tango del viudo de neruda

orina cartas restaurantes cuchillos cocoteros dormitorios y fiebres
       qué hacen en un poema los poemas no tratan de cosas
       específicas

media hora después bajé con mi cuartilla se la mostré a mi padre
       era de amor feliz correspondido lleno de dios y sol y
       corazón y otras semejanzas

muy bien haz otros dos me dijo

ése no era un poema desde luego tampoco el otro par que le siguió
       ni las obras completas que acumulé a los quince

el niño fue obediente el púber fue obediente el joven ya no tanto
el joven que ya no leía a neruda

el neruda que hablando de cosas específicas resultaba más cursi
       que el niño que aprendió de amor por él
un amor singular más huérfano que viudo un amor de adjetivos
       copiados y otras semejanzas con el que nunca fui

 

Aunque todo me tiembla…

       Aunque todo me tiembla aunque no puedo concentrarme en
              nada

       y el cielo es del tamaño de esa ventana la que no abre bien

       y la película sobre soldados de la primera guerra nos distrae de la
              sangre y la peste

       esa sangre en la sonda esta peste sutil

       qué ricas las manzanas

       qué ricas las manzanas con canela

       qué ricas las manzanas cocidas con canela

       somos afortunados el almíbar atrae a las abejas del jardín

       y aunque sepamos que la tarde cae la tarde no ha dejado de caer

       levantemos el plato de manzanas

       no es comida de enfermos es un postre de reyes

 

Hernán Bravo Varela
Poeta, ensayista y traductor