Tejiendo versos: traducir poesía como puente cultural

Existen múltiples argumentos a favor de la traducción. En el siglo XIX, Friederich Schleiermacher defendió su importancia, dado que ninguna persona tiene la capacidad de hablar todas las lenguas del mundo. Según el teórico alemán, una traducción bien lograda tiene la capacidad de transportar al lector al mundo social y cultural de un autor. De manera similar, en Por qué la traducción importa, Edith Grossman, la aclamada traductora al inglés de poetas como Luis de Góngora, Pablo Neruda y César Vallejo, defiende la capacidad de expandir nuestra atención crítica hacia el impacto emocional de las palabras, así como el aura social y la atmósfera de una obra literaria escrita en una lengua extranjera. En otras palabras, la traducción es una vía para nutrir la formación de sociedades e individuos, contribuyendo a la complejización de la experiencia humana.

En el ecosistema literario, la figura del traductor de poesía es una de las más incomprendidas y desprotegidas de la industria. Entre tabuladores no estandarizados, contratos desfavorecedores y la falta de incentivos económicos y gubernamentales, el traductor literario, y en especial el de poesía, ha tenido que abrirse camino en un terreno adverso y lleno de mitos. Decir que en la traducción —como se hace con frecuencia— "siempre se pierde el significado original" significa negar la historia de la literatura y la capacidad que tienen los textos de enriquecerse con nuevos significados al entrar en contacto con nuevos contextos. Este argumento, defendido por el poeta y traductor Hernán Bravo Varela, destaca que la traducción no es sólo un proceso de transcripción, sino una oportunidad para que los textos florezcan bajo nuevas interpretaciones.

En la introducción de In Translation, Esther Allen y Susan Bernofsky argumentan que muchas de las épocas de oro en la historia de la literatura han sido periodos de apertura hacia lenguas y culturas extranjeras. En la historia de las letras un ejemplo de lo anterior ocurre entre los siglos XVI y XVIII, cuando la ficción alemana tuvo sus inicios con las imitaciones de la picaresca española del periodo barroco y Robinson Crusoe, la novela de aventuras de Daniel Defoe. Este contexto de apertura cultural se refleja en México también, donde el Fondo de Cultura Económica (FCE), uno de los proyectos editoriales más prominentes del país, surgió por la necesidad de traducir obras de economía al español. Desde la fundación del FCE, se han traducido miles de títulos de literatura, ciencias y humanidades, acercando a la población mexicana al diálogo literario universal.

Ilustración: Izak Peón

Un ejemplo contemporáneo de cómo la traducción de poesía ha enriquecido este diálogo es la obra del poeta estadounidense Ocean Vuong, traducida al español por Elisa Díaz Castelo. Vuong, cuyo lenguaje poético explora temas de identidad, migración y el trauma de la guerra, ha encontrado eco en el público hispanohablante, permitiendo que estos temas resuenen en un contexto cultural que sufre de violencias similares. Este tipo de traducciones no sólo enriquecen el panorama literario, sino que permiten el acceso a voces diversas que desestabilizan el canon tradicional, como ocurre con poetas estadounidenses de identidades marginalizadas que ahora son leídos en países hispanohablantes. De manera inversa, la obra de la poeta mexicana Coral Bracho ha sido traducida al inglés por Forrest Gander, lo que ha permitido que la complejidad lírica y el uso experimental del lenguaje en la poesía de Bracho se integren al panorama literario estadounidense, nutriendo así la percepción de la poesía en ambos países.

Elisa Díaz Castelo, subraya la relevancia de que el público de habla hispana lea poesía escrita en otras lenguas, afirmando que "esta contaminación entre lenguas no sólo es relevante sino necesaria para crear un ecosistema literario fértil y heterogéneo". Esta visión coincide con la importancia de romper con la noción de que cada idioma existe en aislamiento y resalta la riqueza de influencias literarias entre lenguas. Díaz Castelo también comenta su interés por traducir autores que habitan "intersticios entre idiomas" y cómo la experiencia del bilingüismo marcó su relación con el lenguaje, lo cual se refleja en su obra como poeta y traductora. Traducir autores que exploran estos límites lingüísticos es particularmente significativo, entre ellos destacan poetas como Ocean Vuong, Natalie Diaz y Li-Young Lee, quienes comparten esta "doble nacionalidad lingüística".

Actualmente, en el ámbito de traducción literaria en Estados Unidos, existe una clara falta de visibilidad y reconocimiento hacia el traductor, especialmente en el campo de la poesía. Se calcula que sólo el 3% de los libros publicados en Estados Unidos cada año son traducciones, lo que incluye todos los géneros, no sólo literatura. “La traducción literaria, y por ende el trabajo de los traductores, sigue ocupando un lugar realmente minúsculo, tanto en el mercado editorial como en el imaginario colectivo del país”, señala la traductora estadounidense Robin Myers. Este problema no se limita a la falta de interés en la literatura traducida, también afecta la visibilidad del traductor como autor.

Además, Nariman Youssef, traductora del árabe al inglés, critica la dominación del campo de la traducción literaria anglo-atlántica por "una serie de suposiciones sobre quiénes son los traductores, suponiendo que son blancos y con un inglés propio de las clases medias educadas." Estas suposiciones limitan la diversidad de los traductores y reducen el acceso de diversas tradiciones literarias a los lectores de habla inglesa.

El reto de la traducción se intensifica al considerar que traducir poesía presenta desafíos específicos que no se encuentran en otros géneros literarios. Como señala Elena Preciado Gutiérrez, secretaria general de la Asociación Mexicana de Traductores Literarios, A. C. (AMETLI), “Uno de los grandes retos que enfrenta un traductor de poesía en comparación con un traductor de otros géneros literarios es la unión indisoluble entre forma y fondo, o palabra y sentido, o significante y significado.” Además, la musicalidad de un poema y la polisemia de las palabras elegidas por el poeta añaden un reto considerable a la labor de traducción. Este vínculo entre forma y contenido implica que cualquier alteración en el lenguaje poético puede repercutir en el sentido de la obra, lo que aumenta la complejidad de su traducción.

Para profundizar en la metodología y el proceso de traducción de poesía, Robin Myers destaca que traduce “pensando siempre en el vínculo entre una palabra y el todo, entre un verso y el todo, entre un verso y el verso anterior. Estos no son elementos aislados sino relaciones vivas se vuelven complicidades y fricciones que mueven un poema. Cuando pienso en cómo hacerles justicia en la traducción, las decisiones no necesariamente son tan obvias como flechitas atravesando la página en ese mismo momento”. Este enfoque subraya la complejidad de la labor del traductor, quien debe navegar por múltiples capas de significado y relación entre los versos, buscando una representación que mantenga la esencia del poema.

En México, la situación laboral de los traductores es aún más compleja debido a la falta de apoyos institucionales y el debilitamiento de programas de financiamiento como PROTRAD. “El programa no ha desaparecido, pero la maquinaria burocrática ha dificultado enormemente el acceso a estos apoyos, sobre todo a partir de este sexenio,” comenta Bravo Varela. El FCE ha dado un paso importante al reconocer a los traductores como autores y otorgarles regalías del 1 % sobre la venta de los ejemplares una vez cumplidas ciertas condiciones. “Eso es un logro enorme, porque en México en general a los autores de obra derivada no nos dan regalías de nada prácticamente, cosa que sí sucede, por ejemplo, en España,” añade Alejandra Ramírez Olvera, presidenta de AMETLI. No obstante, este tipo de avances son escasos y limitados a unas pocas instituciones.

A diferencia de la prosa, la traducción de poesía presenta un desafío único: es extremadamente difícil de cuantificar para establecer un costo de servicio. Los tabuladores actuales, como los del PROTRAD en México, establecen rangos que van de $100 a $300 por cuartilla, dependiendo de la combinación de idiomas. Una cuartilla editorial suele tener entre 1400 y 1800 caracteres, algo que no forzosamente funciona de la misma manera en la poesía, donde una cuartilla puede sólo contener un poema de apenas unos cuantos caracteres pero de enorme complejidad. Como señala Estela Peña Molatore de AMETLI: “¿Cómo puedes evaluar y remunerar de manera justa el trabajo de un traductor de poesía, que quizá se reduce a una sola página, pero que puede llevarle horas o incluso días encontrar la palabra precisa? La búsqueda de esa palabra exacta, que capture el tono, el ritmo y el sentido del poema original, es un trabajo inmenso y minucioso”. Este tipo de esfuerzo y dedicación hace que la labor de los traductores de poesía sea particularmente ardua, lo que refuerza la necesidad urgente de mayores apoyos y reconocimiento dentro del sector editorial.

Además, la situación se ve agravada por las limitaciones impuestas por el mercado editorial y la percepción de que es un género literario anquilosado. Según Preciado Gutiérrez
A veces los editores y, en general los actores culturales que no somos los escritores o los traductores, no hacen tanta promoción de que la poesía es un género vivo, que está cambiando. Y parece que el discurso es el que no avanza, avanza el discurso sobre la narrativa, sobre la novela gráfica, sobre otros géneros y otros temas, pero parece que con la poesía nos quedamos un poco ahí anquilosados.

Esta falta de promoción y reconocimiento de la poesía como un género literario vivo que está en constante cambio y adaptación es otro obstáculo para los traductores que buscan expandir su obra a nuevos lectores.

Conscientes de los numerosos desafíos que enfrentan, los traductores han optado por crear sus propias redes de apoyo. En México, un ejemplo es AMETLI, así como el programa Cantera de Traductores de la Alianza Iberoamericana para la Promoción de la Traducción Literaria. Este sentido de comunidad también se refleja en Estados Unidos, donde organizaciones como la American Literary Translators Association (ALTA) han jugado un papel fundamental para ofrecer ayuda a traductores emergentes. “Participar en el programa de mentoría para traductores emergentes de ALTA me permitió explorar el arte y oficio de la traducción literaria con un mentor y conectarme con otros traductores”, comenta la traductora Stine An. Estas iniciativas son cruciales para brindar a los traductores un espacio donde compartir experiencias, enfrentar retos comunes y fomentar su desarrollo profesional.

Organizaciones como Latin American Literature Today (LALT) y CantoMundo han reconocido la importancia de promover la literatura escrita en español en Estados Unidos, especialmente en un país que, para 2030, tendrá la mayor población de hispanohablantes en el mundo. LALT estima que para 2043, uno de cada tres estadounidenses tendrá raíces hispanas, lo que resalta la creciente relevancia de traducir poesía escrita en español al inglés y viceversa. En este contexto, la traducción de poesía cobra un valor especial, pues actúa como un puente entre culturas.
Otros esfuerzos importantes para descentralizar la literatura en Estados Unidos provienen de organizaciones sin fines de lucro como Words Without Bordersy revistas especializadas como Asymptote, ambas dedicadas a la difusión de literatura y poesía traducida. Estas plataformas resultan valiosas para dar visibilidad a obras que, de otro modo, podrían quedar en el olvido o relegadas a un segundo plano. A pesar de estos esfuerzos, Ezequiel Zaidenwerg, miembro del colectivo de traducción de poesía Como Un Lugar, señala que todavía es difícil establecer conexiones significativas entre las comunidades de poetas hispanoparlantes y las de habla inglesa. “En Nueva York y en Estados Unidos, en general, los vínculos entre la poesía escrita en inglés y en otras lenguas son escasos”, comenta. “Cuando existen, suelen estar influenciados por una perspectiva estadounidense que, aunque bien intencionada, a veces resulta genérica y no siempre logra evitar la reproducción de dinámicas coloniales, exotizando la obra traducida”. Zaidenwerg también critica que, en ocasiones, las traducciones de poesía en Estados Unidos responden a temas que están de moda, más que a un genuino interés por el contenido literario o cultural de la obra. Esto genera una selección temática que se ajusta a tendencias o estereotipos, en lugar de abordar la diversidad y complejidad de las realidades que las diferentes poesías intentan retratar.

En palabras de Elisa Díaz Castelo, fortalecer la rama de traducción en México requiere "un mayor número de apoyos, premios y becas", además de reconocer la labor de organizaciones como AMETLI, cuya labor es fundamental pero a menudo pasa desapercibida. Mientras que Stine An señala la importancia de crear más oportunidades para que los traductores de poesía puedan publicar sus manuscritos en Estados Unidos.

Por último, el colectivo AMETLI remarca la importancia de que los traductores literarios, incluyendo a los de poesía, se reconozcan a sí mismos como autores y exijan, en comunidad, sus derechos como autores. Este cambio de mentalidad, por más pequeño que parezca, podría ser el inicio de un mejor futuro para todo aquel que desempeña el arte de traducir.

La poesía, como género literario, está profundamente ligada a la exploración de la consciencia y del lenguaje, lo que la convierte en un medio privilegiado para expresar las sensibilidades de los miembros de una comunidad en un contexto determinado. El traductor de poesía tiene la labor de revelar esa experiencia íntima que se vive en una lengua y recrearla en otra, asumiendo el papel de curador de experiencias culturales y lingüísticas. Las complejidades técnicas de la traducción poética demandan herramientas que otorguen mayor agencia al traductor. En un mundo orientado hacia el individualismo, la poesía se erige como un puente para el diálogo intercultural, donde los traductores se convierten en mediadores esenciales, facilitando una comprensión más profunda de las experiencias humanas compartidas.

Bibliografía:

Allen, Esther, y Susan Bernofsky (Eds.). Translation: Translators on Their Work and What It Means. Nueva York: Columbia University Press, 2013.

Fernández Acosta (Coord.). La profesión del traductor en México. México: Universidad Intercontinental, 2018. 

Grossman, Edith. Why Translation Matters. Pennsylvania: Yale University Press, 2010.

Paul, Pamela. "It’s Time to Give Translators Credit." The New York Times, 29 de mayo de 2022.

Patel, Gitanjali, and Nariman Youssef. "All the Violence It May Carry on Its Back: A Conversation About Literary Translation." Violent Phenomena: 21 Essays on Translation, edited by Kavita Bhanot and Jeremy Tiang, Tilted Axis Press, 2022.

Rutherford, Markella B. "Whence the 3 Percent?: How Far Have We Come toward Decentering America’s Literary Preference?" Global Perspectives, vol. 5, no. 1, 2024.

 

María Elisa Schmidt

Escritora, traductora y educadora. Maestra en Poesía por The New School. Actualmente reside en Nueva York donde imparte clases de Escritura Creativa y Español a niños y adolescentes.

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Publicado en: Florilegio