Cuidar el Fondo: Entrevista con Alejandro Merlín

Julio González: Alejandro, has hecho diversos trabajos para el FCE: has sido traductor, editor y ahora estás en la subgerencia de cuidado editorial y producción. ¿Qué es para ti el Fondo de Cultura Económica?

Alejandro Merlin: Para mí ha sido una escuela. Comencé haciendo mi servicio social en el Fondo revisando la bibliografía de un libro de Jonathan Israel que se llama Ilustración radical. Es un libro con una bibliografía extensa, entonces lo único que tenía que hacer era cotejar que esas referencias existieran. Comencé también cotejando traducciones, traduciendo contratos. Después pedí trabajo y terminé siendo traductor en el FCE. Por eso lo siento como una escuela. Obviamente también creo que es una editorial muy importante para la vida intelectual de México y América Latina, pero sobre todo yo lo siento como un lugar donde aprendo todos los días. Sigo pensando que vengo a clases, porque ese catálogo siempre se está renovando. Por ejemplo, al menos desde 2017, hemos publicado 600 novedades, quizá más.

Valeria Villalobos Guízar: ¿Crees que parte del espíritu del Fondo de Cultura sigue ligado a la traducción? ¿O en qué medida la traducción continúa siendo un pilar de la oferta editorial?

AM: Sí, lo sigue siendo, creo que es una de las tareas fundamentales del Fondo. Sigue existiendo el mismo problema que tenía Cosío Villegas: la falta de  bibliografía en español para estudiantes. Para tener un panorama completo y contemporáneo para los lectores hispanoamericanos, de economía, política o filosofía, necesitas traducir. Si revisamos las estadísticas históricas del Fondo, el 40 % del catálogo son traducciones. El 70 % de esas traducciones son del inglés. Además tenemos que ofrecer nuevas traducciones y traducciones no peninsulares de los textos, esa puede ser la diferencia en que el libro tenga o no una buena recepción.

VVG: Como en el caso de Ser y tiempo, traducida por Gaos…

AM: Heidegger es la controversia. Hubo muchos ataques a la traducción de José Gaos. Personas que decían que era un libro de Gaos, no de Heidegger. justo acabamos de hacer una nueva edición en la que nos planteamos cuál era el sentido de simplemente sacarlo otra vez como estaba, así que encargamos un prólogo, porque nos parecía curioso que no estuviera contextualizada, precisamente por estas polémicas y porque estamos al pendiente del vox populi, de ver qué dicen los estudiantes de filosofía, cómo se aprecian nuestros libros. Con El capital fue lo mismo, existía la percepción de que había sido superada la traducción de Wenceslao Roces. Entonces nos correspondía, porque creemos que son buenos libros y que son buenas versiones, también ubicarlas y renovarlas. Desde las pequeñas correcciones del griego de aquella edición de El ser y el tiempo de Heidegger necesitaba, hasta pedir un prólogo que pudiera ubicar a estudiantes y  lectores de filosofía en México. En el caso de Wenceslao Roces, volvimos a sacar su traducción de El capital en la corrección que él hizo después de la polémica con Pedro Scaron. Él se lo tomó muy en serio y cuando era mayor lo corrigió, fue un trabajo de muchos años. Entonces, para nosotros la traducción es una discusión de todos los días y creo que pocas editoriales como el Fondo apuestan así por las traducciones.

JG: El Fondo fue reconocido en algunas épocas por su cuidado editorial. Hay muchas historias de cómo este cuidado se llevaba al extremo de la locura, haciendo de algunos libros un proceso de muchos años. ¿Hoy qué busca el Fondo de Cultura en términos de cuidado editorial y cómo es el proceso?

AM: Sigue siendo el mismo. El Fondo es referencia. Tenemos presiones constantes del mercado, de que publiquemos muy rápido, pero no podemos, nosotros hacemos al menos tres lecturas. Cualquier obra va a leerse tres veces por tres personas distintas y eso nos ayuda a tener la certeza de que los libros van a tener menos errores. Además, solemos hacer revisiones técnicas y de traducción antes incluso del proceso de corrección, porque, en general, se confunde mucho la competencia del bilingüismo con la  de la traducción, y son competencias completamente distintas. Hay muchas personas que se dedican a eso, pero que nunca se han profesionalizado. Nosotros procuramos que se invierta en buenos traductores, porque eso garantiza las reimpresiones o que los libros tengan una vida mucho más larga; que no se tengan que hacer modificaciones y no nos desprestigiemos como editorial. También hace que la recepción del libro sea más cómoda, que genere una polémica por cómo está presentado, en lugar de por lo que dice. Por eso creo que no ha cambiado, seguimos tardándonos en hacer los libros porque estamos con muchos ojos en ellos. Además hacemos libros bastante complicados (ciencia, libros académicos) y hacemos ahora más literatura; también ofrecemos traducciones nuevas, un trabajo gráfico nuevo, muchas nuevas ediciones, y, al mismo tiempo, mantenemos el catálogo vivo.

Hay un problema técnico por tener un catálogo tan viejo: hay muchos libros en negativos, libros publicados antes de 2002. Esos libros están en un banco de negativos en nuestro almacén. Libros, como el que les comentaba de Heidegger, nosotros podríamos simplemente escanearlos como hacen muchas editoriales y volver a publicarlos así. Pero estamos apostando porque se vuelva a hacer el levantamiento del texto, para que esos libros se puedan hacer electrónicos. Por ejemplo, circula una edición de Marx de otra editorial (no la nuestra) que tiene muchísimas erratas. Y alguien me pregunta ¿por qué lo siguen reimprimiendo y nunca corrigen las erratas? Porque está en negativos, no le pueden hacer cambios porque no tienen el texto digital. Entonces nosotros invertimos mucho en que ese catálogo de negativos se haga otra vez desde cero, que reiniciemos todo ese trabajo para renovar el catálogo verdaderamente, no solamente ponerle otra portada y que sea el mismo libro de siempre, sino que sea un nuevo trabajo editorial.

JG: ¿Cuál es el criterio para las reimpresiones y reediciones?

AM: La presión del mercado. También escuchamos sugerencias de libreros, de lectores que nos escriben en redes sociales o directamente al Fondo. Nosotros evaluamos esas pertinencias. A veces se acercan académicos que dan unos argumentos muy sólidos y consideramos si debería reprimirse cierto libro. También algunas cosas quedan perdidas en el catálogo e intentamos rescatarlas, porque los derechos cambian. También si un libro tiene movimiento constante, pues ya es considerable para reimpresión o nueva edición.

Tenemos un área de reimpresiones que plantea propuestas a  la gerencia y si se aprueba en el comité, se hace un programa anual de nuevas ediciones y reimpresiones. Ahí se contempla cuántos ejemplares. Casi siempre nos referimos al último tiraje que se hizo.

VVG: Hablando de tirajes, pienso, por ejemplo, en estas ediciones especiales que sacaron de 21 para el 21 y otras colecciones, no tan coyunturales, que son más bien de tirajes muy grandes y de bajo costo, como Vientos del pueblo.

AM: El criterio en el caso de Vientos del pueblo es igual que el de una colección que tuvimos hace 20 años que se llamaba Fondo 2000: que tuviese un precio de venta al público muy accesible. Incrementando el tiraje bajas el precio de venta al público. Se apostó por eso, por libros que se iban a llevar a las ferias, bajo la política de promoción a la lectura. Pero esa es una colección en particular que sólo tiene novedades, no hay reimpresiones. La idea es agotar el tiraje de cada uno. Y, como en el caso de Fondo 2000, es una colección de coyuntura, relacionada con las campañas de promoción a la lectura específicamente.

VVG: En términos de recepción de manuscritos, ¿cómo es la proporción?

AM: Recibimos muchos más manuscritos de historia y literatura. En el caso de historia, no sé si sea debido a los institutos o la forma en que se hace investigación histórica, pero recibimos mucho material. Tiene que ver mucho con la producción académica, no todos los académicos producen del mismo modo. La producción académica ha cambiado mucho, ahora está orientada a los papers; es más importante la calificación de las revistas; y ya en segundo plano viene si te publica o no una editorial como el Fondo de Cultura Económica. Entonces esa caza de manuscritos a veces no es tan sencilla para nosotros. Lo cierto es que de historia llega mucho.

¿Y de qué nos llegan más manuscritos literarios? Poesía y novela (novela es lo que más se vende en literatura). No hacemos muchos libros de poesía porque el público no es muy grande, así que tenemos que descalificar muchos y aprobar unos cuantos. Luego también hay muchos manuscritos sobre los mismos temas y si nosotros vemos que una editorial ya publicó lo mismo, tenemos que encontrar algo singular a la par. También hemos querido seguir con el rigor del Fondo como editorial.

JG: Llegaste hace siete años. En este tiempo te tocó la transición entre la administración de José Carreño Carlón y la actual. ¿Hubo obras que se revaluaron una vez que entró la actual administración y que ya estaban aprobadas por la anterior?

AM: La primera preocupación fue –como imagino fue en anteriores administraciones– cómo diseñar una política editorial nueva al mismo tiempo que hacemos la anterior. Eso nos puso en la dificultad de producir dos programas al mismo tiempo, y es lo que hemos estado haciendo. Obviamente algunos libros programados se tuvieron que reprogramar, pero han salido todos los compromisos con las universidades, las coediciones, los contratos. Que yo sepa no hubo ninguna obra cancelada. Algunos proyectos que teníamos en mente no se lograron hacer por alguna cuestión de derechos o porque en el proceso algo no se logró gestionar. No sé si, al contrario, algunos escritores o intelectuales no hayan querido continuar en el Fondo por discordancia con la administración actual. También eso pudo haber ocurrido, pero al menos en el caso de la producción, no hubo nada que se saboteara.

JG: ¿Qué ha pasado con los programas de coediciones?

AM: Son más institucionales, pero sí publicamos coediciones, no muchas, pero seguimos teniendo.

JG: ¿Cómo equilibran la publicación de novedades con aquellas que mantienen vivo parte del catálogo histórico?

AM: Un 70 % de reimpresiones y nuevas ediciones y un 30 % de novedades. Lo más complicado siempre es mantener el catálogo del Fondo. Es un problema histórico porque cada administración quiere apostar con su sello personal, aportar su política editorial, pero hay mucha presión de los lectores porque sigan existiendo los libros del catálogo.

VVG: ¿Cómo es relevante para el trabajo editorial del Fondo su biblioteca y archivo?

AM: Es muy importante para nosotros, porque si nos piden hacer una nueva edición, por ejemplo, de un libro de los años 60, 70, 80, vamos a los materiales originales. Por ejemplo, vamos a hacer un libro de Antonello Gerbi, un historiador italiano que hizo todo un libro sobre el Nuevo Mundo (si los indios de América tenían alma o no, si tenían derecho a la independencia, etc.). El libro se publicó en los años 50 y lo tradujo Antonio Alatorre. Cuando estábamos haciendo la nueva edición, surgieron muchas dudas, porque tiene citas en cuatro lenguas que no estaban traducidas. Entonces fuimos a la biblioteca que  tiene el original en italiano y pudimos hacer un trabajo de investigación y tomar decisiones que ya no son iguales a las que tomaron en su tiempo otros editores y traductores. Ahí nos dimos cuenta de que, por alguna razón, eliminaron un grupo de notas y que el índice analítico no estaba completo. Eso era algo muy frecuente, que a veces quitaran índices analíticos para ahorrar recursos.

Eso es como parte de la riqueza del catálogo del Fondo. Todo lo podemos consultar en la biblioteca, que tiene un archivo muy grande y donde, hasta la fecha, se van todos los libros que publica el Fondo y los originales. Para que en otra generación, en cualquier otro momento, alguien también nos juzgue por nuestras decisiones. Al final, tenemos que ver cómo modernizar estas obras y pensar si tiene sentido ofrecer ese mismo catálogo a la gente, pues es demasiado grande, son más de 12,000 obras.

El Fondo tiene un trabajo de expedientes muy importante. Fui a ver los de producción y encuentras escrito a mano: cuánto le pagaron a José Narro, a Alberto Beltrán; ves que el lector del manuscrito era un muchacho llamado Huberto Batis; que Aurelio Garzón del Camino había sido maestro de Pitol en otra editorial. Ves justamente en los expedientes que casi todo el circuito de los intelectuales mexicanos, de la vida cultural del país, hicieron sus pininos en el Fondo.

La anécdota que les voy a contar viene en un libro de Gerardo Deniz y es sobre un diccionario de (Louis) Tolhausen; un diccionario alemán y español que está en gótico. Debe ser de finales del siglo XIX o principios del XX. Deniz dice en De Marras que con sus compañeros del Fondo –probablemente Aramburu, Imaz o, a lo mejor un poco después, con Alí Chumacero– agarraba cualquier entrada del Tolhausen y leían las citas de las traducciones para divertirse ¡porque son ridículas! Es impresionante que hayan publicado esa obra. No se entiende. Es algo peor de lo que haría el traductor de Google hace 10 años; parece poesía vanguardista. Deniz dice que ese diccionario les daba mucha risa, lo convirtieron en una especie de símbolo de la traducción. Y creo que se lo llevó a su casa, pues en mi oficina sólo queda el tomo español-alemán, el alemán-español desapareció (tampoco está en la biblioteca).

Julio González: A ver si tú nos puedes confirmar o desmentir la historia de que, tras la publicación de Ser y tiempo, Heidegger pidió que no se le enviaran sus regalías en forma de dinero sino en comida…

AM: No era Heidegger, sino Max Weber. Weber había muerto hacía años, murió antes de la guerra. Y hay una carta a la viuda de Weber, no sé si de Cosío Villegas o de Orfila, que muestra que estaba preocupado por poder pagar las regalías a la heredera de Weber para que se hiciera otra reimpresión. Y la viuda le dice que haga los movimientos para que le puedan hacer llegar un saco de papas, porque entonces había una carestía enorme de comida.

También había una carta dirigida a Orfila, donde Rulfo le prometía el famoso tercer libro… También una carta a Rosario Castellanos desde Tel Aviv, poco antes de que falleciera, le hablaba sobre El eterno femenino. Hay mucho material, muchas cartas, la correspondencia entre los directores, desde premios Nobel hasta personas en carestía, en situaciones bien complicadas; cartas a mano, en máquina de escribir. Ahora también nosotros seguimos integrando los expedientes con correos electrónicos y tenemos toda esa base de datos de conversaciones de personas también conocidas.

VVG: El FCE surgió para atender necesidades de profesionalización del México moderno. ¿Cuál crees que es la misión principal del Fondo Cultura hoy?

Yo creo que es casi la misma. Lo que ha cambiado es el mensaje público. Ahora se ha puesto énfasis en que el Fondo se vea como una editorial cercana y mucho más amplia, para todo tipo de lector. Aunque eso siempre se ha hecho, en los años 90 se publicó muchísima literatura en la colección A la orilla del viento, por ejemplo. Si tú ves el porcentaje, por ejemplo, de títulos publicados de obras académicas, en relación con lo que se publicaba de literatura, podía considerarse que se publicaron muchas más obras académicas —si no contabas lo de las obras infantiles, que era bastante.

Ahora el Fondo se ha concentrado en un público juvenil. Se han publicado muchas obras literarias, pero cuando nosotros analizamos, por ejemplo, el porcentaje temático, pues la variación no es tan grande. A veces se le daba énfasis a colecciones de administración pública y comunicación, como fue en la administración anterior, hubo un énfasis también en algunas colecciones académicas, pero el porcentaje de literatura era también alto, en ciertos géneros. Pero ahora se le ha dado mucho énfasis a la promoción de la lectura y a ser percibida como una editorial accesible y que tiene obras literarias. Eso es lo que ha cambiado. También creo que se ha hecho un esfuerzo muy grande porque se conozca a un nivel inmediato el Fondo, sí como editorial, pero también como institución gubernamental, se ha apostado mucho porque vayan, por ejemplo, a las universidades, a las escuelas, a las preparatorias y conozcan el nombre Fondo de Cultura Económica.

VVG: ¿Cuáles dirías que son las colecciones y programas más importantes que ha tenido el Fondo en la última administración?

AM: consolidar un catálogo editorial para nuevos lectores; ampliar la colección Popular, Breviarios, Historia, A la orilla del viento, Tierra Adentro; hacer21 para el 21, El Trimestre Económico, Poesía, Política y Derecho. Hemos hecho 824 novedades esta administración, es una constante. 2021 fue el pico, hicimos 178 novedades. Entre 120 y 180 ha sido el promedio de los últimos 20 años. El 60 % de los libros fueron en español, 40 % fueron traducciones.

JG: ¿Cuáles son los mayores retos del FCE ahorita?

AM: Uno de los más grandes es seguir teniendo lectores. Arrebatarle la atención que todas las personas le destinan a otras cosas es muy complicado. Creo que hay muchas formas de leer, no creo que la del libro físico tradicional sea la única, pero precisamente el reto es seguir creando lectores. En ese sentido toda editorial es un actor de fomento a la lectura, es un mediador de lectura. Ese es el verdadero reto, no sólo del FCE, sino de toda la industria editorial. El otro es: cómo enfrentarse a una sociedad que cambia tan rápido y que tiene como amenaza el antiintelectualismo; la carencia de preocupación por los datos, el rigor científico, la búsqueda de fuentes, la confrontación de información, es cada vez mayor. Este trabajo se hace creando lectores y haciendo un esfuerzo por mantener la discusión lo más rigurosa que se pueda; seguir publicando lo más relevante del catálogo, lo que hizo al Fondo ser la editorial que es; y apostar todavía por muchas colecciones, por las que sólo el Fondo apuesta, por muchas traducciones y por muchos libros que sólo el Fondo publica. También el reto es vincularse con la sociedad, vincularse institucionalmente con todos los que se dedican a producir conocimiento y literatura en México.

VVG ¿Qué crees que hoy en día le aporta el Fondo de Cultura al ecosistema editorial en México?

AM: Primero, un espacio, una infraestructura. Están las librerías, hay una apertura para que muchas instituciones vendan ahí, instituciones que de lo contrario no podrían comercializar sus libros. Pienso en las publicaciones de las universidades estatales, el INAH, nuestros coeditores, institutos locales. Por ejemplo, Educal tiene presencia en muchos más estados que otros sistemas del libro. También ha aportado en la industria una serie de espacios paralelos a las ferias más comerciales, que se integran con el ecosistema del libro. Creo que hay mucho por hacer aún, pero se han creado espacios alternos.

JG: ¿Cuál crees que es el futuro del Fondo?

AM: La verdad no lo sé. Creo que es la continuidad y la apuesta por el apuntalamiento, la reafirmación del proyecto. Seguir publicando las obras que surjan, que nazcan, que se crean, aquellos libros sobre lo que se empiece a discutir. Lo que siempre ha sido su misión:  un catálogo, un acervo de un diálogo permanente con los libros y su audiencia (la sociedad).

VVG: ¿Cuál es tu libro favorito del Fondo?

AM: Me gusta mucho una antología de Enrique Linh [Porque escribí], publicada en la colección Tierra Firme. Yo lo leí en la prepa y me fascinó. El libro de Mímesis de Erich Auerbach es una cosa extraordinaria. Historia trágica de la literatura de Walter Muschg. Los libros de Paul Bénichou sobre el romanticismo francés (traduje un par). También la biografía de Dostoievski, de Joseph Frank. Y claro, La tinta de la melancolía de Starobinski y Bola de Sebo de Maupassant (yo los traduje).

JG: ¿Cuáles son los bestsellers históricos del Fondo de Cultura Económica?

  1. Las enseñanzas de don Juan de Carlos Castaneda
  2. El laberinto de la soledad de Octavio Paz
  3. El pasado indígena de Alfredo López Austin y Leonardo López Luján
  4. La rebelión de pensar de Oscar de la Borbolla
  5. Poesía no eres tú de Rosario Castellanos
  6. El eterno femenino de Rosario Castellanos
  7. Mujer que sabe latín… de Rosario Castellanos
  8. Balún Canán de Rosario Castellanos
  9. La peor señora del mundo de Francisco Hinojosa
  10. Historia del diablo. Siglos XII-XX de Robert Muchembled
  11. Las obras de Oliver Jeffers
  12. Las obras de Anthony Browne

 

Valeria Villalobos Guizar y Julio González: editores de nexos

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Publicado en: Ciudad de libros

Un comentario en “Cuidar el Fondo: Entrevista con Alejandro Merlín

  1. He seguido al FCE desde 1974. Los libros de historia mínima son exclusivos del fondo. Deseo algunos comentarios. gracias

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