Desde un primer y muy modesto tomo en pastas color naranja con el título El dólar plata, de William P. Shea (traducido por un todavía joven poeta de nombre Salvador Novo) hasta la última novedad en sus estantes; de una pequeña oficina compartida con el Banco de Obras Públicas, a Pánuco 63, y una mudanza más a Av. Universidad antes de alojarse en el imponente edificio del Ajusco; el nombre del Fondo de Cultura Económica está asociado a uno de los proyectos humanísticos e intelectuales más longevos, influyentes y con mayor presencia en el mundo de habla hispana.
Las siglas FCE señalan en cualquier lomo empastado, en rústica o digital, desde hace 90 años, la distinción de pertenecer a una familia única y, como toda familia, diversa: economía, filosofía, ciencia, historia, sociología, estudios lingüísticos y literarios, ensayo, poesía, literatura mexicana y latinoamericana… y un largo etcétera en donde se suman miles de traducciones de lo mejor y más inteligente de la conversación en este y otros lados del mundo; como aquel librito naranja con que empezó el proyecto que gestó don Daniel Cosío Villegas.
Con motivo del aniversario de la casa editorial emblema de nuestro país, en nexos preparamos una serie de materiales que observan no sólo el pasado, sino que acompañan al presente y ven hacia el futuro del Fondo: ensayos, entrevistas con editores, traductores, autores y exdirectores del FCE, anecdotarios que revelan la cara oculta (muchas veces simpática) de la función editorial, política y literaria del Fondo. Este dossier es el adelanto y complemento de un ensayo largo que vendrá en la edición impresa de nexos de noviembre. Vale como celebración, análisis crítico, y una forma de acompañar los éxitos y desventuras del FCE en más de nueve décadas de servir como puente entre autores, traductores y las lectoras y los lectores de Hispanoamérica.
¡Bienvenidos y buena lectura!
Valeria Villalobos Guízar y Julio González
Editores de nexos