El Cuchillo de Salman Rushdie

“Actualmente las autobiografías son ya una forma de arte mayor; permiten la reelaboración de nuestra percepción del presente gracias a las experiencias personales, el extraordinario pasado, del memorialista”, escribe Salman Rushdie en Cuchillo (Random House, 2024), el libro más reciente del autor, en donde presenta un testimonio íntimo del ataque que sufrió en agosto de 2022, así como del arduo proceso de recuperación física y emocional que siguió al atentado.

La vida del escritor británico-estadounidense de origen indio tiene material de sobra para una autobiografía excepcional, tanto que dejaría en la sombra a muchas películas de acción. Como es bien sabido, todo comenzó en los años ochenta con la publicación de su novela Los versos satánicos (1988), que le valió una fatwa emitida por el Ayatollah Khomeini, un decreto aún vigente mediante el cual se invita a la comunidad musulmana a acabar con la vida de Rushdie por su crítica al fanatismo islámico.

Esta amenaza de muerte hizo que el escritor viviera bajo la protección de organismos de seguridad internacional por muchos años. No obstante, a pesar de la fatwa y las limitaciones de una vida regida por la protección, Rushdie nunca dejó de escribir y trabajar por la paz en la comunidad de escritores, en especial durante sus años como presidente de PEN America, una organización que lucha por la libertad de expresión. Sobre esta etapa de su vida, Rushdie escribe en Cuchillo:

Me embarqué en la defensa de los principios de la libre expresión, un tema mucho más importante que la defensa de mi obra y que se ha convertido en un hito en mi vida. ¿Que la hostilidad contra mí continuaba? Pues muy bien. Hice de la literatura —y la imaginación— mi hogar e intenté escribir lo mejor posible. Asunto seguridad personal: pasaron los años y comprendí que si esperaba a que alguien me dijera ‘Se acabó el problema, estás a salvo’, ese día no iba a llegar nunca.

Conocemos lo ocurrido hace unos años: el verano de 2022, Rushdie atravesaba una etapa de plenitud. Celebraba su primer aniversario de matrimonio (con su quinta esposa, la poeta Eliza Rachel Griffiths) y preparaba los últimos detalles para la publicación de su novela Ciudad Victoria. Los primeros días de agosto viajó a Chautauqua, en el estado de Nueva York, para participar en un encuentro por la libertad de expresión. Nadie imaginó que en ese evento sería víctima de un crimen de odio, precisamente de la naturaleza de los que el encuentro en cuestión buscaba erradicar. Cuchillo empieza narrando el ataque y lo que el escritor recuerda de aquel momento: “Mientras yacía en el suelo no estaba pensando en nada […] Lo que ocupaba mis pensamientos, y se me hacía difícil soportar, era la idea de morir lejos de las personas que amaba, en compañía de desconocidos. El sentimiento que más me abrumaba era el de una profunda soledad”. Desde aquí se construye el tono íntimo del libro, que es una de sus mayores fortalezas.

¿Cómo reaccionar ante un atentado a manos de un desconocido, que decidió actuar sólo por lo que averiguó de su víctima en un par de fragmentos de entrevistas en internet? ¿Sería justo que la víctima de un ataque así buscara vengarse, incluso si hacerlo implicara acciones igual o más violentas que el ataque original? ¿O cómo no vivir con miedo, cómo no quedarse paralizado después de lo vivido? ¿Cómo recuperar la paz perdida? En su libro, Rushdie entrelaza sus memorias con la búsqueda de respuestas a dichos cuestionamientos. Para ello, da cuenta del proceso de convalecencia que padeció. Además de relatar todo tipo de terapias y tratamientos médicos, el escritor comparte algunas reflexiones que hicieron posible su recuperación emocional y mental. Este proceso culmina, precisamente, en la escritura del libro. Así, Cuchillo, como producto final de este proceso, trasciende la narración testimonial para convertirse en un auténtico manifiesto ético.

Un paréntesis en torno al concepto de ética: Emmanuel Lévinas dedica una gran parte de su obra a distinguir la moral de la ética. A diferencia de la primera, que es la escala de valores (impuestos cultural o religiosamente), que una persona reconoce como propios sin una reflexión, Lévinas explica que la ética es la disposición necesaria para examinar esos valores con una mirada crítica. Alguien que juzga sólo desde la moral no forzosamente toma en cuenta contextos o situaciones complejas. Sin caer en relativismos insensatos, la ética propone que pocas veces hay valores absolutos, y busca mirar sin prejuicios para tomar una posición desde la apertura. La libertad de expresión que defiende Rushdie va de la mano con esta apertura, con crear espacios seguros donde quepan todas las voces para fomentar la escucha crítica y tolerante. El compromiso del escritor con esta causa es profundo: trasciende lo profesional y lo público, y llega hasta lo más íntimo, como comparte en Cuchillo. Ruhsdie elige narrar para darle espacio a esa apertura y a la complejidad del mundo; comparte su experiencia y no una versión única y objetiva de los hechos. Antes de condenar a su atacante y a los dogmas detrás de sus violentas acciones, Rushdie nos invita a mirar su atentado en toda su complejidad.

Para ello, el escritor comienza por relatar el contexto. Al decirnos quién era él y cómo era el mundo que habitaba antes del ataque, nos da los elementos que él considera necesarios para dejar atrás los prejuicios superficiales. Luego, narra el ataque y las primeras fases de la rehabilitación, que fueron también las más críticas. Como explica más adelante, estos capítulos fueron especialmente difíciles de escribir, pero hacerlo también fue crucial para su sanación. Recordar lo sucedido implicó enfrentarse al trauma; ponerle palabras a las memorias difusas fue determinante para poder procesar lo ocurrido. De ahí una de las dificultades de escribir una autobiografía, en especial, cuando quien lo hace apenas sobrevivió a una violencia terible.

Por otra parte, la autobiografía como género ofrece muchas ventajas que Rushdie sabe explotar. Aunque el propósito principal del libro no es contar la historia de la vida entera del escritor sino un episodio particular, sí recupera otros momentos clave en su historia, aquellos que lo han convertido en quien es hoy. Generalmente, las autobiografías se escriben en primera persona y en pretérito: son un ejercicio para recuperar vivencias y sucesos pasados, y darles un nuevo sentido al acomodarlos en una secuencia de causa y efecto que sólo es visible desde el momento en el que se escribe. En Cuchillo, Rushdie hace del ataque un punto de partida para reflexionar primero sobre algunos puntos clave en lo que va de su vida y, más importante, para fijar el curso del camino que quiere seguir en los años que le quedan.

En la segunda mitad del libro, Rushdie enfatiza la importancia de sus hijos y esposa en su viaje de vuelta a la vida y la normalidad. Como dice en más de una ocasión, el ataque y la recuperación fueron una batalla entre el amor y la muerte. “Hemos vuelto”, escribe, “y, tras nuestro combate con el odio, celebramos la supervivencia del amor. Tras el ángel de la muerte, el ángel de la vida”. Además de la felicidad recobrada gracias a los vínculos afectivos con Eliza y Milán, el hijo menor del autor, el amor que gana es la fuerza que impulsa a Rushdie a narrar, y es el telón de fondo para la apertura ética. Rushdie narra y lucha por vivir porque ama — a su esposa, a sus hijos, a su trabajo, a la libertad y al respeto que, en teoría, tendría que caracterizarnos como seres humanos.

Aquella mañana en Chautauqua experimenté, casi simultáneamente, lo peor y lo mejor de la naturaleza humana. Esto es lo que somos como especie: llevamos dentro tanto la posibilidad de asesinar a un desconocido casi sin motivo —esa capacidad del Yago de Shakespeare que Coleridge denomina ‘maldad inmotivada’— como el antídoto para esa enfermedad: valor, abnegación, inclinación a prestar ayuda a un viejo tirado en el suelo.

Narrar como lo hace Rushdie es enfrentarse (de nuevo) con lo peor del ser humano para buscar comprenderlo y, al mismo tiempo, rebatirlo.

Así, Salman Rushdie demuestra que, incluso en los escenarios más viles, hay formas de mirar y de actuar diferentes a la violencia. El escritor responde al cuchillo que estuvo cerca de terminar con su vida con un arma distinta: la palabra. Porque el lenguaje también es un cuchillo, escribe Rushdie, “Podía cortar el mundo en dos mitades y revelar su significado, su funcionamiento interno, sus secretos, sus verdades. Podía cortarlo para pasar de una realidad a otra. Podía destapar tonterías, abrir los ojos a la gente, crear belleza. El lenguaje era mi cuchillo”.

Ana Herrera Licenciada en Literatura Latinoamericana por la Universidad Iberoamericana.

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Publicado en: Reseña

Un comentario en “El Cuchillo de Salman Rushdie

  1. Pertinente al tema, hay que recordar que un ataque con cuchillos a menores de edad e inglaterra fue motivo para la difusión de noticias falsas sobre la identidad del atacante; se dijo que fue un musulmán en plena yihad, lo cuál noe s cierto. Pero esta información falsa ha provocado varias manifestaciones violentas en el Reino Unido y el áumento de discriminación contra los musulmanes. Al parecer, la red X difunde las noticias falsas a pesar que que el Reino Unido les pidió no hacerlo.

    Hace unos días vi la noticia de un hombre ucraniano que mató a una mujer rusa en un hotel de descanso en perú.

    En el Islam no hay una autoridad central, pero sí escuelas de interpretación del Corán (similar a lo que ocurre en el protestantismo y en el judaísmo).

    El Papa Francisco ha llevado una política de acercamiento al Islam. En su viaje a Irak se entrevistó con el Ayatolah Alí Al-Sistani, muy respetado por el islam chiíta. También se ha entrevistado con el Gran Imán de la Universidad
    Al Azhar en el Cairo, Egipto, Ahmed Al-Tayeb; juntos emitieron en Abu Dhabi el”“Documento sobre la Fraternidad Humana por la paz mundial y la convivencia común”. También hay que señalar que varias asociaciones religiosas islámicas en Europa han condenado el terrorismo.

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