Hace 30 años en Sudáfrica terminó el régimen del apartheid. Para conmemorar esta fecha, Arturo Cisneros Poireth presenta cuatro escenas de la poesía negra sudafricana, en las que muestra los modos como la poesía se escribe desde la tragedia y, al mismo tiempo,reacciona y resiste. Este texto aborda las propuestas poéticas de escritores como Mongane Wally Serote, Oswald Mtshali, Sipho Sepamla y Mafika Pascal Gwala.
En 1976, poco tiempo después de la masacre de Soweto, algunos poetas de la llamada nueva poesía negra se reunieron con un grupo de estudiantes para hablar de poesía, de sus razones, de su importancia. Durante la conversación, se preguntaron, quizá con gestos descompuestos y contritos, ¿para qué y por qué? ¿Para qué hablar de poesía y por qué escribirla? ¿Qué puede decir sobre las vidas humilladas? ¿Qué puede hacer contra el sometimiento, la opresión, la esclavitud? Es decir, ¿la poesía sirve para algo?, ¿puede ser un acto de resistencia? En las líneas que siguen intento abordar esas cuestiones mientras recupero las voces de algunos de aquellos poetas para continuar el diálogo. Presento, sobre todo, la obra de cuatro de ellos: Mongane Wally Serote, Oswald Mtshali, Sipho Sepamla y Mafika Pascal Gwala. Si bien las respuestas parecían imposibles entonces, y lo son aún ahora, eso no nos exime de buscarlas.
Aquí presento, pues, cuatro escenas de la poesía negra sudafricana de los 70, en las cuales pretendo mostrar los modos como la poesía se escribe desde la tragedia al tiempo que le responde y resiste.

Escena 0
The New Black Poets – La poesía de Soweto
0.1. Origen. Después de la matanza de Sharpeville. 21 de marzo de 1960. Más de 700 balas, más de 180 heridos, 69 muertos. Después de la prohibición del ANC y del PAC. Después de la detención de más de 11,000 personas en la protesta del 30 de marzo. Después de la creación del Black Consciousness Movement.
0.2. Origen. Durante los levantamientos estudiantiles, durante las marchas en contra del decreto de 1974 que establecía a los idiomas inglés y afrikáans como obligatorios para la instrucción en las escuelas. Durante el recrudecimiento social. Durante la política de encarcelamientos aleatorios: “Los sonidos otra vez; / la sirena en la noche / el trueno en la puerta / el rechinar de los nervios adoloridos”, escribió Dennis Brutus. Durante el terror y la brutalidad. Durante la matanza de Soweto. 16 de junio de 1974. 10, 000 estudiantes se manifestaron. Sus edades: de los 11 años en adelante. Se estiman 3, 907 heridos. Las cifras oficiales arrojaron 23 muertos. Más tarde se contaron 176. Hoy se piensa en 575 contando los disturbios posteriores. Se dice que el primero en morir fue Hastings Ndlovu de 15 años. La fotografía que se conoce es de Héctor Pieterson de 12 años, agonizante sobre los brazos de su compañero Mbuyisa Makhubo.
balas
que rasgan la carne que dejan el corazón inerte
balas
que taladran las espaldas de los niños muertos y
muertos y muertos
0.3. Poesía. Las imágenes, las experiencias son indescriptibles, innombrables, inenarrables, incomprensibles. ¿Cómo escribir lo que no se puede decir ni pensar? ¿Cómo escribir lo que excede a la escritura, a la palabra, al lenguaje? ¿Cómo escribir lo que no se puede escribir? ¿Cuál es la forma de la crisis? ¿Se puede encontrar una forma que contenga, que capture, la urgencia, el dolor, la violencia? ¿Se puede traducir al poema aquello que aqueja al cuerpo? ¿Se puede traducir a la poesía la indignación, la ira, la resistencia?
Escena 1
Lo común y la precariedad
1.1. La violencia era lo cotidiano, lo común; la crueldad se volvió un gesto ordinario. Por ello, poetas como Oswald Mtshali y Sipho Sepamla atienden y escriben desde el lenguaje de la calle, porque la violencia no es cosa extraña, surreal o imaginaria, sino la realidad más banal, la experiencia más trivial: el apartheid “se promulgó en los pequeños gestos de la vida cotidiana, como caminar en público, o, de manera más general, en las leyes de pases”, dice Achille Mbembe. Es desde la cotidianidad, desde el habla de todos los días, como se puede leer, decir, la violencia. Aquí un ejemplo de Sepamla.
Era sólo un niño
[…]
y fue azotado y azotado
con la culata del armaenterramos el desastre
algún otro día
1.2. En los poemas de Sepamla y Mtshali la dicción poética no está adornada, embellecida; es mundana, austera, parca, casi frívola. Es así porque esta poesía surge de una necesidad por decir, por ver, por hacer visible lo que acontece: la imaginación está íntimamente entrelazada con la experiencia.
1.3. Los poemas son escenas de la vida diaria que se escriben con lo que palpita y sangra más allá de los libros, los versos; se escriben con el terror de todos los días: “Esta mañana descubrí / cómo es / tenerle miedo a un rumor”. La obra se escribe con lo que habita más allá de la obra: la brutalidad cotidiana, la precarización. Estos poemas confirman que, como dice Butler, si bien la vulnerabilidad es una marca de la existencia, la precariedad es un síntoma de la desigualdad; es la condición de fragilidad inminente; es un estado de fragilidad vuelto ordinario: la banalización del terror es la precariedad.
De la voz de Mtshali:
Yo lancé un ladrillo;
ellos descubrieron los dientes
movieron sus lenguas rojizas
y se escurrieron lejos;
dejaron atrás el cadáver mutilado –
un bebé arrojado sobre un montón de basura.
1.4. Paradójicamente, este tono mundano no minimiza la violencia, sino, más bien, protesta contra su normalización. El tono plano, seco, antipoético, es el mecanismo que hace que los poemas triunfen como grito de protesta: no hay nada más perturbador que la violencia expresada con serenidad. Se perturba al lector, se perturba la emoción, se perturba el pensamiento. La mundanidad es un gesto de denuncia.
1.5. El primer gesto de protesta poética está en escribir desde el lenguaje propio, en resistirse a la convención literaria, al lenguaje de la poesía europea, de la poesía afrikáner enseñada en las escuelas que no dice, no alcanza a decir, la realidad violenta del apartheid. “Vamos a orinarnos, escupir y cagarnos en su convención literaria”, dice Mothobi Mutloatse, tomando como estandarte uno de los poemas emblema de la negritud sudafricana, “What’s in this Black ‘Shit’” de Mongane Wally Serote.
Escena 2
Gramáticas del horror
2.1. Los poetas de Soweto parecen comenzar por reconfigurar el espacio de la poesía. No sólo el espacio de publicación y expresión, sino aquello que puede entrar al reino de lo poético. Aquí no se sublima ni se idealiza la pena ni el sufrimiento, no se sustituye lo material por lo simbólico, no se censura ni se eufemiza el cuerpo: se redefine lo poético, el lenguaje y la función de la poesía, así como los cuerpos y las voces que la escriben. En su poema, Serote describe la denominada ‘mierda negra’, comenzando por la corporalidad:
No se trata de la pequeña mierda cálida
En el escusado,
Es la convulsión de las entrañas
Que sangra y brota por la boca
Y que es vuelta a tragar,
Revolviéndose adentro,
Dejando su sabor y la duda de cómo será la próxima vez
No obstante, la ‘mierda negra’ no es sólo un asunto corporal; son las injusticias y crueldades experimentadas; es la opresión, la vida oprimida, la vida mutilada de quien habita espectralmente, como cadáver viviente, el mundo. “Es eso lo que hay en esta ‘Mierda’ negra”, dice Serote.
2.2. Esta respuesta a la realidad circundante no se vio, sin embargo, libre de críticas. Hubo quien lamentó que los poetas negros sudafricanos persistieran en aprovechar casi cualquier ocasión para castigar el sistema de gobierno sin velar por los preceptos básicos de la poesía. Pero ¿qué tendría que hacer la poesía, entonces?, ¿qué hace el poeta, la persona que escribe? ¿Qué tendría que escribirse? ¿El poeta, ser alienado de sí, tendría también que enajenarse de su condición de víctima?, pero ¿qué implica leer al poeta como víctima? ¿Qué hace la condición de víctima al lenguaje, al arte, a la obra? No se trata de revictimizar a quien escribe, sino de leerlo desde lo que Joan Retallack denomina una po(ética): la vida tiene que hacer necesariamente algo al lenguaje de la poesía. Lo cierto es que las experiencias vividas no cabían en el lenguaje oficial, en la poesía oficial, y todo tenía que desbaratarse.
2.3. Lo vivido no cabe en el lenguaje literario. La literatura es insuficiente. “Estoy aprendiendo a pronunciar bien esta ‘Mierda’”.
2.4. No basta, sin embargo, con traducir esa realidad a la poesía. Hay que interrogarla. Serote llevó la poética de lo cotidiano a su punto más radical: la poesía no sólo traduce la opresión, sino que agita, angustia, conmociona el pensamiento. Se trata de “Esta ‘Mierda’ que puede transformarse en acción”. Así como el horror deforma la gramática, también trastorna, desorienta las ideas. La búsqueda de Serote es la de desconcertar, hacer pensar, desalienar, desontologizar; él quiere cuestionar la realidad al tiempo que se cuestiona a sí mismo y a su lenguaje.
2.5. Al lenguaje de lo mundano, Serote suma la voz crítica: el poeta no sólo observa, sino que piensa lo acontecido. Ya no se trata nada más de decir lo indecible, sino de pensar lo impensable.
2.6. El poeta no contempla, piensa y carga su pensamiento de las crueldades, del espanto, del dolor propio y ajeno. Por eso la poesía de Serote es más agresiva; porque responde, cuestiona, interroga lo acontecido al tiempo que increpa al lector y a los responsables de todo.
2.7. Entonces, la poesía de Serote no es una poesía desesperada; no desespera y no es desesperanzada, pero tampoco es ajena a la emoción: “tal vez me hayan oído llorar también / pues he llorado”.
2.8. El dolor deviene pensamiento.
2.9. En su poema “A Poem on Black and White” se imagina mutilando a un niño blanco para preguntarse no sólo qué sentiría al hacerlo, sino para pensar la razón por la cual los afrikáners actúan como lo hacen; para reflexionar cómo se puede llegar a tal instrumentalización de lo vivo. En un momento, incluso, se pregunta si es legítimo o perdonable.
si echo gasolina a la cara de un niño blanco
y le comparto al fuego el sabor de su carne
no sería algo nuevo
me pregunto cómo me sentiría después cuando sus ojos saltasen
de sus cuencas y cuando mis narices aspirasen el olor de su carne
y sus gritos me tocasen el corazón
me pregunto si podré dormir;
entiendo ay sí entiendo
Serote se plantea lo vivido desde el conflicto interno. La visceralidad de lo expuesto es un despertar al pensamiento: al preguntarse qué pasaría con él si hiciera lo que otros han hecho, cuestiona la violencia del acto y se cuestiona a sí mismo como producto de esa violencia, de ese sistema. Hay una crítica clínica en la obra de Serote similar a la de Fanon y Steve Biko (líder del Black Consciousness Movement), en la que la persona tiene que reconsiderar todo lo que es y por qué lo es: la colonización es una forma de sometimiento mental, piensa Biko, que tiene que desmantelarse: “Señor, me han blanqueado [brainwhitewashed] el cerebro”, se queja Stanley Motjuwadi.
Cuando se da este desplazamiento hacia a una poética crítica, la poesía deja de ser sólo una forma de protesta para devenir un aparato de resistencia.
Escena 3
Escribir urgentemente, vivir urgentemente
3.1. La colonización, muestran Césaire y Fanon, es un sistema que busca disminuir la condición existencial de las personas al máximo para dominarlas: se suprime la mente, se somete al cuerpo, se quiebra la motivación. La colonización, dice Mbembe en alguna parte, desvincula al organismo del espíritu, a la persona de su identidad, a lo vivo de la vida. Por eso, para Biko, lo político está atravesado, siempre, por una actitud ante la existencia. Ahí se funda el Black Consciousness Movement y ahí se establece el impulso de su resistencia.
3.2. La poesía de la que hablo no sólo surge al interior de ese sistema de colonización, sino como resultado de él. ¿Por qué? ¿Por qué poesía? ¿Por qué poesía en momentos de crisis, de hacinación, de sometimiento? ¿Para qué? Al igual que para Biko, para el poeta Mafika Gwala el objetivo de la poesía es manifestar que algo existe; no sólo el río, el viento, las nubes, lo bello, sino también las personas invisibilizadas, los excluídos, los muertos, los mutilados que, todavía, respiran.
3.3. El poema “Getting off the ride” es esa exclamación intempestiva, es ese grito enérgico que se esfuerza por el reconocimiento de una clase de ser cuya condición de existencia es, paradójicamente, que exista sólo como no-existente; es esa sombra personificada de la que habla Mbembe, el esclavo:
Soy uno de los niños sobrevivientes de Sharpeville
cuyas madres negras detallaron en sangre.
[…]
Soy el estudiante confundido
quemándose el cerebro con Aristóteles
porque él no ha oído de los enterrados en
el Reino de Benin o del Imperio de Zimbabwe,
el estudiante que se cría a sí mismo en la locura
y que lucha por verdades universales hechas mentira
3.4. En un ritmo trepidante, proyectivo, que recupera la vitalidad, la respiración agitada de quien escribe, Gwala hace frente al lenguaje del no-ser creado por el apartheid porque sabe que la liberación no es posible si las personas negras se definen a sí mismas como personas no-blancas. La desonotologización anunciada por Serote es parte del proceso de autoafirmación, es la forma como esa existencia no-existente puede ganar en intensidad, en cuerpo, en vida: “Lo negro es la liberación enérgica de los sin-grilletes de Kaffir, de Bantu, de lo no-blanco”.
3.5. Es por eso que el poema se escribe con urgencia, porque la vida es el principio de organización para Gwala: lo convulsivo, lo palpitante, lo que se agita. El poema es percusivo, es el canto, es la danza que se resiste a la muerte. Gwala privilegia el impulso de la voz, de la proyección oral buscando restaurar la vitalidad para rescatarse a sí y a los otros del horror de la inmutabilidad, de lo inmóvil, de la condición de cadáver que respira a la cual han sido empujados. Una percepción sigue a la otra haciendo que el poema se escriba con prisa y permanezca imperfecto. En estas circunstancias, el poeta es obligado a romper la voz privada y a mezclarse con la experiencia colectiva: el poema es tumulto, es rebelión.
3.5. La poesía es urgente. La poesía es necesaria.
Escena 4
Escribir la resistencia
- La poesía resiste al interrumpir las estructuras lingüísticas de la razón instrumental que impone un sistema de dominación, reificación y expropiación.
- La poesía funciona como una forma de desestabilización de la realidad: el disturbio lingüístico es perturbación de sentido.
- La poesía de la resistencia no es mera queja, sino poesía que piensa, que produce pensamiento y que perturba la conciencia.
- El poeta, como diría Amiri Baraka, no es un historiador, es un agente de destrucción. La decolonización es un acto creativo.
- La indignación surge del pensamiento y de su estrecha, aunque conflictiva, relación con la emoción. Es el pensamiento que hace sentir y viceversa.
Me gustaría rescatar y compartir la lectura de más voces, pero son muchas y el espacio en la página se acaba. Por ello, me permito dejar aquí algunos nombres de poetas de la negritud sudafricana de los años 60 en adelante, para que quien guste pueda continuar la lectura y extender la conversación.
- Dennis Brutus
- Chris Van Wyk
- Miriam Tlali
- Sipho Sepamla
- Oswald Mtshali
- Mongane Wally Serote
- Bessie Head
- Mxolisi Nyezwa
- Lesego Rampolokeng
- Angifi Proctor Dladla
- Vonani Bila
- Diana Ferrus
- Makhosazana Xaba
- Kolek Putuma
Referencias
Biko, Steve. Escribo lo que me da la gana. Pasadena: Hope Publishing House, 1989.
Brutus, Dennis. A Simple Lust. Londres: Heinemann Educational Books, 1981.
Chapman, Michael. (2016). “The Old New Black Poetry: 50 Years On”. Current Writing: Text and Reception in Southern Africa, 28:2, 127-147.
Gwala, Mafika Pascal. Collected Poems. Cape Town: South African History Online, 2016.
Mbembe, Achille. “Mundo cero”. Texto distribuido en ocasión del encuentro “Memorias disruptivas. Tácticas para entrar y salir de los Bicentenarios en América Latina y el Caribe”. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.
Mbembe, Achille. Necropolítica. Trad. Elisabeth Falomir Archambault. Santa Cruz: Melusina, 2011.
Mtshali, Oswald. “An Abandoned Bundle”. Poetry for life. http://www.poetryforlife.co.za . (29-03- 2024).
Mutloatse, Mothobi (ed.). Forced Landing. Johannesburgo: Ravan Press, 1981.
Sepamla, Sipho. The Soweto y Love. Londres: Collings, 1977.
Serote, Mongane Wally. Selected Poems. Johannesburgo: A.D.Donker, 1982.
“The Langa March”. South African History Online. https://www.sahistory.org.za/article/langa-march-30-march-1960. (20-03-2024).
“The June 16 Soweto Youth Uprising”. South African History Online. https://www.sahistory.org.za/article/june-16-soweto-youth-uprising. (20-03-2024).
Arturo Cisneros Poireth
Es profesor en la Universidad Iberoamericana. Es autor de “Introducción a la obra de Leslie Scalapino: lectura especulativa y conceptual de way" (Universidad Iberoamericana, 2024). Si desean que les comparta libros de poesía sudafricana, pueden escribirle. Lo encuentran como @tuitopoireth en todos lados.