La magia es un lugar común para la mayoría de las culturas del mundo que la relacionan íntimamente con sus sistemas de creencias religiosas y, por lo tanto, con lo arcano y desconocido. La cultura hispánica no es distinta, y la religión católica tampoco. Aquí presentamos un breve grimorio para ahondar en los misterios de lo sobrenatural y extraño, y las respuestas que el mundo hispánico de la Modernidad ha propuesto ante lo desconocido.
Aojamiento. acción natural o mágica. También conocido como mal de ojo o fascinación. Según algunos autores, se trata de un efecto natural producido por los vapores que salen de los ojos, boca y nariz de ciertas personas (principalmente mujeres mayores cuyos humores se han corrompido), los cuales, al estar infectos, producen malestar y enfermedad en quienes los perciben. Según otros autores, el mal de ojo proviene del poder de algunas personas para, a través de su mirada y con ayuda del demonio, causar daño y producir enfermedad. La mayoría de estas teorías se sustentan en los principios de la óptica antigua, que suponían que la visión nacía del ojo mismo, el cual enviaba un rayo hacia el objeto percibido para poder verlo. De esta forma, los aojadores podían infligir enfermedad sobre sus víctimas, una mirada a la cual no podían resistir las complexiones más frágiles, como las de los niños, ancianos y enfermos.
Basín, Bernardo. personaje. Nacido en Zaragoza en 1445. Fue canónigo de la catedral metropolitana de su ciudad natal y, en 1483, publicó la única obra que se le conoce: Tratado notable de las artes mágicas y los maleficios de los magos. Esta busca contestar a la cuestión de “Si es doctrina de Cristo que todos los fieles son probados por los maleficios de los magos”; y surge de la necesidad de responder a un candidato al grado en la Universidad de París, quien sostenía que el estudio de la magia era provechoso para la salvación de las almas de los fieles. Basín no refuta en ningún momento la existencia de la magia, pero sí la afirmación de que esta es provechosa para la salvación, indicando que se trata de todo lo contrario, pues “Los efectos del arte mágica se deben a ciertos espíritus malignos que nosotros llamamos demonios”.
Castañega, Martín de & Ciruelo, Pedro. personajes con apellidos frutales. Castañega, probablemente originario de Burgos, fue predicador del Santo Oficio, estuvo encarcelado por la Inquisición, y llegó a ser guardián del monasterio de Aránzazu. La única obra que se le conoce, el Tratado de las supersticiones y hechizerías (1629), nace como una guía para que los clérigos de Calahorra puedan enfrentarse a casos de superstición y hechicería, tan comunes en aquella zona. En su tratado, Castañega habla sobre el demonio y sus ministros (brujas), la magia y la medicina, y las posesiones y exorcismos. Por su parte, el padre Ciruelo, originario de Daroca, fue estudiante y profesor universitario en las más grandes universidades de la época, en donde publicó numerosas obras matemáticas, filosóficas y antisupersticiosas. En 1537 vio la luz por primera vez su Reprovacion de las supersticiones y hechizerias. Además de ser una advertencia, este tratado buscaba que aquellos que practicaban la magia fueran castigados severamente, pues los actos de nigromantes, encantadores y adivinos atentan contra del primer mandamiento.
Demonio, el. criatura divina o todo lo contrario. Probablemente el personaje más recurrente de la literatura universal y, en especial, de la literatura española de los Siglos de Oro —donde se le caracteriza con cuernos, capa de estrellas, o como “cabrón”—, el demonio es un personaje complejo y poderoso que, además de tener muchos nombres (padre de la mentira, enemigo antiguo, primer Narciso, ángel dragón, lucero de la tarde, Pedro Botero, etc.), es susceptible de ser el causante de cualquier mal. Su naturaleza angélica no se desvaneció tras su expulsión del cielo, pero sí la gracia (el favor divino). Permanecen en él sus habilidades y conocimientos, que lo hacen superior a los seres humanos. A través de sus secuaces (brujas y adivinos), busca venganza por su expulsión del paraíso, y para ello, desea llenar el infierno mediante las supersticiones, esto es, esperando que la población acuda en busca de ayuda a sus ministros, produciéndose así un pacto implícito con él. El demonio es capaz de atraer a las personas gracias a sus poderes sobrenaturales; no obstante, no le permiten hacer nada más allá de lo que es naturalmente posible, y requiere para todo permiso directo de Dios. Además de sus celos, otras deficiencias son notorias, los teólogos afirman que la señal de la cruz o el nombre de Cristo son suficientes para ahuyentarlo, y santa Teresa de Jesús, quien relata haber hablado con él en más de una ocasión —se le apareció una vez “en figura de un negrillo”—, se deshizo de él bebiendo y lanzándole agua bendita.

Exorcismo. acción reglada. A pesar de su fama, el exorcismo en sí, no es más que una ceremonia que los ministros ordenados para hacerla deben de seguir para deshacer una posesión demoníaca. En la antigüedad y en la primera modernidad surgieron farsantes que se hacían llamar “conjuradores de demonios”, los cuales se desplazaban de pueblo en pueblo para realizar exorcismos. Cuenta Castañega que algunos de ellos hacían “sahumerios crueles, ponenle [al endemoniado] manojos de ruda en las narices, y danle bofetadas e otros tormentos”, lo cual mostraba que se trataba de farsantes, pues la doctrina establecida por el Manuale Romanum no incluye más que una serie de palabras por las que se conmina al demonio a abandonar el cuerpo del endemoniado. Estos farsantes se encargaban de conjurar tempestades y plagas a cambio de dinero, haciendo creer a los pueblerinos que, con sus palabras, la langosta y el pedrisco no llegarían a sus cosechas, pues eran provocadas por el demonio al que se ahuyentaba. Los exorcismos aprobados por la Iglesia solo podían ser llevados a cabo por la persona ordenada de mayor rango en la población y atendiendo a unas indicaciones muy estrictas que no permitían el diálogo con el demonio, ni el pacto de fechas o plazos para efectuar la evacuación del cuerpo, como algunos farsantes hacían.
Fantasma. criatura espiritual o ensabanada. En la cultura cristiana, la figura del fantasma no corresponde a una persona muerta con asuntos pendientes, sino a alguien que se encuentra en el —ya disuelto por el papa Francisco— purgatorio. Es el lugar en el que, para entrar al cielo, se purgan los pecados de aquellas personas que pueden aún conseguir su salvación. Es por eso que algunas de las almas pueden salir de allí —a diferencia del infierno— para pedir ayuda a sus seres queridos. Sabiendo que esto ocurre, el demonio solía hacerse pasar por el espíritu de algunas de ellas y pedir cosas materiales en su nombre, inútiles para cualquier salvación. En la tradición española hay un solapamiento entre las figuras del fantasma y el duende —La dama duende de Calderón no es, a pesar de nacer de la imaginación de un criado supersticioso, una criatura de piel verde y orejas puntiagudas—, debido a que comparten la característica de la invisibilidad. En esta tradición, el duende, como lo describe Antonio de Fuentelapeña, es un ser invisible e irracional, un espíritu o animal travieso que no hace daño a nadie, pero molesta a quien ocupa el mismo espacio en el que vive.
Gruta. lugar ideal para la magia. Por su conexión con lo profundo e infernal, los lugares lúgubres y bajo tierra, como las grutas o cuevas, siempre han sido ideales para la práctica de la magia. En la tradición hispana existen varias cuevas famosas: la de Salamanca, la de Toledo y la de Zugarramurdi. La cueva de Salamanca, además de ser el título de un entremés de Cervantes y de una comedia de Alarcón, es un lugar real y visitable hoy en día, aunque no es, en toda regla, una gruta, sino una cripta. Debajo del lugar que ocupaba el altar de la derruida iglesia de san Cipriano, unas escaleras conducen a la cripta en la que, según cuenta la leyenda, el mismísimo demonio enseñaba magia a un selecto grupo de jóvenes de esta ciudad universitaria. Al terminar de enseñarles todo lo necesario, no obstante, uno de los estudiantes debía permanecer por el resto de la eternidad sirviendo al demonio, sin poder salir de la cueva.
Hechicera / Hechicero. persona mágica o farsante. La terminología para referirse a los practicantes de magia varía sobremanera, se suele hablar de hechiceros, brujas o magos sin distinciones claras. No obstante, todos tienen en común que la tradición europea consideraba sus prácticas como ilícitas porque, según los teólogos, las acciones que llevaban a cabo no pueden ocurrir salvo por dos motivos: por intercesión divina o demoníaca. Ya que los fines para los que se utiliza la magia suelen ser “de poca monta”, la intercesión divina queda descartada, pues Dios no se inmiscuye en asuntos banales. Por lo tanto, la intercesión del demonio es la única que explicaba la efectividad de la magia. Sus practicantes llevaban a cabo un pacto explícito con el demonio por medio del cual se ofrecían como súbditos suyos a cambio de que este hiciera lo que le pidieran.
Íncubo. criatura divina para fines terrenales. Los demonios que toman forma humana para el coito con las personas se llaman íncubos (con forma de hombre) y súcubos (con forma de mujer). Estos diablos yacen con mujeres y hombres con una doble intención: llevarlos al pecado que supone en la religión católica la fornicación, y engendrar un hijo. La cuestión aquí es si los diablos tienen la capacidad de engendrar. La mayoría de los autores se decantan por negar esta posibilidad; sin embargo, consideran que un hijo sí puede salir de una relación con un diablo de este tipo. Para que esto ocurra, Martín de Arlés explica que el íncubo no genera su propia simiente, sino que la recoge en forma de súcubo (al tener sexo con un hombre), para luego traspasarla a la mujer. En nacimientos como este, el padre biológico sería un hombre y no el demonio, como algunos otros autores afirman, por lo que no existiría tal cosa como un “hijo del demonio”.
Jerarquía. orden. La jerarquía es el principio que rige el mundo según la tradición cristiana, especialmente, el mundo celeste. Si Lucifer dejó de ser el ángel más bello, lo hizo por querer atentar contra esta jerarquía. La rebeldía de Lucifer supone el principio de toda magia, pues conlleva el principio del pecado y de la necesidad de venganza de su instigador. Este orden también supone la posibilidad de poder tener un demonio familiar que —como el diablo Cojuelo, escondido en un anillo— acate las órdenes de un hechicero que lo tiene aprisionado. Si Dios es el que da permiso a Lucifer, son Lucifer y otros demonios superiores los que sujetan a los demonios inferiores a los humanos, los cuales, en la jerarquía divina, solamente se encuentran por encima de los animales brutos.
Kramer, Heinrich. personaje infame. Fue un monje dominico de origen alemán que, junto a Jakob Sprenger, publicó en 1487 la primera edición del manual de cacería de brujas de mayor éxito editorial de la historia: el Malleus maleficarum. Si bien esta obra tuvo mucha mayor repercusión en el centro y norte de Europa, donde se utilizó como guía para condenar a muerte a miles de mujeres y hombres, en España apenas se nota su influencia, y solo se puede encontrar en las obras demonológicas a partir del siglo XVII, como en las Reprobaciones católicas contra las vanas supersticiones de Francisco Pérez Carrillo (1622), en el Tribunal de superstición ladina, de Gaspar Navarro (1631), y en El ente dilucidado, de Antonio de Fuentelapeña (1676). No obstante, la tradición demonológica hispana no bebe tanto de este tratado, como sí lo hace de la obras de Jean Gerson, san Agustín y santo Tomás, así como del escepticismo posterior al auto de fe de Logroño.
Logroño. ciudad de la Rioja y escenario de quema de brujas. A pesar de la fama de la Inquisición Española, la caza de brujas en España y en sus territorios ultramarinos cesa relativamente pronto respecto a otros lugares de Europa y América, pues en 1610 tiene lugar el auto de fe de Logroño. Este proceso inquisitorial juzgó a cerca de 40 personas que, supuestamente, practicaban la magia en la localidad vasca de Zugarramurdi. Una de las relaciones del proceso, la de Pedro de Valencia, supone que los actos de estas personas —de las cuales doce murieron como consecuencia o durante el proceso— tenían más cercanía al paganismo orgiástico que a una verdadera práctica de la magia. Uno de los tres inquisidores —el único contrario a la sentencia dictada—, Alonso de Salazar y Frías, demostró un claro escepticismo, que planteó luego en la obra que daría fin a las sentencias de muerte por brujería en España. En su memorial explicaba que los testimonios de brujería se debían, en su mayoría, a la imaginación de las personas, y que, por lo tanto, en el proceso de Logroño, se había procedido enjuiciando y condenando sin escrúpulos, por acciones que no quedaban probadas. Como consecuencia de este trabajo, en 1614 se dictó una instrucción que vería la persecución de brujas en España cambiada por completo.
Magia. acción natural, supersticiosa o real. La existencia de la magia es una cuestión que se disputa desde tiempos inmemoriales. Por una parte se encuentran los escépticos, quienes no creen en su existencia por cuestiones varias. Por otra, quienes admiten su presencia pero la clasifican en dos grupos. La “magia natural” o “filosofía oculta” que no sería otra cosa que la ciencia de lo desconocido; mientras que la “magia demoníaca” sería la que necesita de la intervención del demonio para tener efecto. No obstante, en esta distinción los límites de la magia demoníaca son los mismos que los de la magia natural, según explican los demonólogos, pues el demonio no tiene más poder que el que la naturaleza le otorga. La gran diferencia reside en que el demonio es naturalmente superior al ser humano y, por lo tanto, conoce toda la ciencia natural y puede aprovecharla mejor para alcanzar cualquier fin.
Nigromancia. práctica mágica o adivinatoria. También llamada Necromancia, que etimológicamente significa ‘adivinación por los muertos’. Aunque a veces se refiere a la nigromancia como sinónimo de magia negra —nigromancia no viene de nigrum (‘negro’), sino de νεκρο, necro (‘cadáver’)—, se trata de una práctica adivinatoria ya practicada en la antigüedad clásica e ibérica prerromana, consistente en reanimar el cuerpo de una persona muerta para que esta informe de hechos presentes, pasados o futuros. En la Numancia de Cervantes, un nigromante hace que un cadáver le revele la tragedia que acaecerá a los numantinos. Algunos autores parecen estar de acuerdo en que esta práctica es demoníaca y que el alma que anima el cuerpo no puede ser sino el mismo demonio; porque las almas que están ya en el cielo o en el infierno no salen de allí; e incluso si salieran, no tendrían la posibilidad de ocupar un nuevo cuerpo ni tendrían conocimiento sobre hechos presentes, pasados o futuros, de los cuales, ya por conocimiento científico, por su gran rapidez o por su intuición, el demonio sí puede llegar a tener.
Oráculo. persona conectada con lo divino. Si bien en la cultura hispánica la figura del oráculo no existe, en la literatura de los Siglos de Oro —tan bañada de lo clásico postrenacentista— no se pierde su figura. Hernando Castrillo cuenta que el rey de las islas de Santo Domingo le preguntó al ídolo Lemi sobre su seguridad como monarca, y que este le advirtió que llegarían unos hombres barbados de España que introducirían una nueva religión en sus tierras. Cuenta también que, por su parte, Moctezuma, consultando a un ídolo distinto, observó en el cielo una “llama de fuego piramidal a la media noche, y que subió hasta el puesto del Sol de medio día”. Para este autor, quien se escondía detrás de todas las respuestas y quien respondía, haciéndose pasar por el dios o ídolo que se consultaba era, por supuesto, el demonio.
Pócima. bebida con efectos secundarios. En la tradición hispánica suelen ser llamados “bebedizos” o “filtros”, y se confunden fácilmente con los medicamentos y medicinas naturales de hoy en día —en ambos casos, algunos efectivos y otros fraudulentos—. Las bebidas mágicas tenían la fama de poder generar el amor en una persona, al afectar, por su composición, los humores naturales del cuerpo y, de esta manera, inclinar la voluntad, pero nunca sobreponiéndose al libre albedrío. Con la llegada de los españoles a América, nos encontramos con relatos como el de Pedro de Osma, quien cuenta que un nativo bebía el zumo de una hierba con el que “no sólo sanaba de cualquier enfermedad, sino que renovaba la edad y rejuvenecía la vejez de aquel a quien se le aplicaba”.
Quiromancia. lectura de manos. Si bien era considerada un arte adivinatoria, ya en el siglo XV reconocían que se trataba de una práctica vana o supersticiosa, relacionada muy cercanamente con la cultura romaní. Algunos autores la diferencian de otras prácticas de adivinación por ser una “suerte”, es decir, por no requerir intervención del demonio; mientras que otros consideran que el demonio, al tratarse de una práctica vana, participaba de la misma, introduciendo ilusiones e ideas en las mentes de las personas que la practicaban. Que las interpretaciones de aquellos que leen las líneas de la mano puedan llegar a ser ciertas, opinan autores como Ciruelo, se puede deber a la coincidencia, o a que Dios permite al demonio llevar a cabo esta tentación para probar la fe de algunas personas.
Raíces. sustancia natural o mágica. Para la elaboración de pócimas, ungüentos mágicos o bebedizos, así como para la cura de enfermedades o para llevar a cabo prácticas supersticiosas, desde tiempos anteriores a Plinio se ha utilizado una gran diversidad de plantas y raíces. Este uso no es reprobado por ninguna autoridad eclesiástica ni civil, no obstante, su empleo en conjunción con palabras (ensalmos o nóminas), es un claro signo de superstición y de pacto con el demonio. Una práctica igualmente reprobada es la de la observación de los días, la cual indicaba que ciertas raíces y plantas debían de ser recogidas a cierta hora y día específicos para obtener de ellas un efecto especial, lo cual atenta contra la lógica astrológica, a pesar de que su fundamento se encontrara en esta.
Superstición. práctica cultural o gestalt. La superstición es la creencia o práctica que supone para su consecución medios sobrenaturales o mágicos, preceptos ajenos a la razón o a la doctrina religiosa imperante, sin verdadera efectividad. En la tradición hispánica son supersticiosos los agüeros, los ensalmos, las cédulas y amuletos, y algunas prácticas llevadas a cabo en los pueblos para buscar que el clima sea beneficioso. Se trata de prácticas supersticiosas porque, de acuerdo al catolicismo, esperar una respuesta divina o mágica de una práctica que no es acorde a los preceptos divinos o naturales supone tentar a Dios o requerir la acción del demonio, que sería el único de los dos dispuesto a inmiscuirse en asuntos de tan poca importancia.
Tractado de la Divinança. obra fundacional. Escrito en 1463 por Lope de Barrientos, catedrático en la Universidad de Salamanca y luego obispo de Segovia, Ávila y Cuenca, es el primer tratado sobre este tema en lengua castellana, producto de la solicitud del rey Juan II de Castilla, quien le encomienda hacer una purga —como la de El Quijote— de la biblioteca del famoso astrólogo Enrique de Aragón, marqués de Villena. Lope de Barrientos quemó cerca de cincuenta libros de la colección del marqués y se ganó la fama de censor que lo acompañaría el resto de su vida. El tratadoes un “espejo de príncipes”, un manual concebido para ayudar al futuro monarca, Enrique IV —de quien era preceptor—, a no cometer los errores que sobre la magia y la superstición se habían y se seguían cometiendo en su reino.
Urganda la Desconocida. personaje literario. Uno de tantos nombres que Don Quijote mezcla con amadises y espladianes a lo largo de sus aventuras, es el de este personaje sacado del primer libro del Amadís de Gaula. En El Quijote, la aparición de Urganda es, como la de casi todo lo que el hidalgo ve y experimenta, producto de su imaginación librescamente sobreestimulada, pero en el Amadís su presencia es real: ayuda al héroe a lo largo de sus aventuras con su magia, entre la que se incluye su habilidad de cambiar de aspecto y de ver el futuro; además, la hechicera vive en una isla inaccesible y es dueña de un barco encantado, en el cual llegan a zarpar Amadís y sus compañeros en las continuaciones de la obra.
Vitoria, Francisco de. personaje ilustre. A pesar de ser conocido como padre del Derecho Internacional y de los Derechos Humanos, y de ser el más destacado integrante de la Escuela de Salamanca, Francisco de Vitoria escribió también sobre magia. Específicamente en 1540 como parte de sus obligaciones como profesor universitario en Salamanca, pronuncia De arte magica. En ella, el dominico responde a una serie de cuestiones nacidas de su lectura del Levítico 19:31, en donde se prohíbe consultar o acercarse a magos y adivinos. La obra de Vitoria, como las de sus contemporáneos, mezcla el escepticismo a ciertas prácticas con la certeza de la existencia y acción del demonio, por lo que concluye que la magia existe, pese a que la mayoría de las cosas que se creen producto de esta son producto de la imaginación o de engaños.
Walpurgisnacht. evento mágico con nombre alemán. Utilizamos la noche de santa Walpurga de Heidenheim para hablar de la ceremonia de las brujas, conocida como sabat o aquelarre (palabra de origen vasco). En Alemania se celebra entre el 30 de abril y el 1 de mayo —antípoda del día de todos los santos— y no tiene nada que ver con la santa. Se trata de una reunión de brujas: una ceremonia en la que mujeres y hombres se reunían para alabar al demonio en forma de cabrón y hacer todo tipo de actos deleznables, como “besar su ano”, mantener relaciones sexuales con él, y comer niños raptados de los senos de sus madres. Si bien las celebraciones de estos actos no tenían una fecha específica, hoy en día en Alemania se siguen encendiendo hogueras la noche del 30 de abril para ahuyentar a las brujas y brujos. La creencia en esta práctica quedó asentada en la doctrina eclesiástica con la publicación de la bula Summis desiderantes affectibus(1484), que revertía una doctrina de la Iglesia de más de 600 años (Canon episcopi) que consideraba que las juntas de brujas y su existencia no eran más que producto de la imaginación.
Xorguina. persona mágica. Además de por los nombres más comunes, en la tradición hispánica, las mujeres que practican la magia han sido conocidas por el nombre de “xorguina”, “sorguina” o “jorguina”. Si en el País Vasco y en Navarra tuvieron lugar los episodios más cruentos de la caza de brujas en España, es comprensible que el vocablo del euskera (“sorgin”) se haya trasvasado al castellano. El que hubiera más mujeres practicantes de magia que hombres, según los argumentos misóginos de los tratadistas, se debía a que las mujeres eran habladoras, curiosas y más propensas a ser engañadas por el demonio. Además, los autores hacen hincapié en que la mujer, al ser menos físicamente potente que el hombre y ser de naturaleza vengativa, necesitaba canalizar sus deseos de hacer daño, no a través de la fuerza bruta, sino de pócimas y hechizos que equilibraran el terreno de juego frente a los hombres y su primacía sobre la violencia.
Ynfierno. lugar con ortografía antigua. El infierno —“ynfierno” en muchos documentos antiguos— es el lugar en el que van a parar las almas de los condenados y en el que estas son atormentadas. El infierno aparece muchas más veces en la literatura de ficción que en la tratadística. Como Dante, Francisco de Quevedo también baja a los infiernos en Sueño del infierno, cuya entrada describe como la bifurcación izquierda de un camino: a la derecha se extendía un camino difícil, angosto y agreste (el camino de la virtud), mientras que a la izquierda, el camino al infierno se extendía como un desfile de galas y placeres, del cual era casi imposible salir una vez encaminado. Quevedo llega al infierno, el cual identifica satíricamente pues en él se encuentra toda la calaña de gente despreciable de su época, entre los que destacan los sastres: “no se hizo el infierno sino para ellos”, “es la mejor leña que se quema en el infierno sastres”. A este colectivo se juntan libreros, escribanos, cocheros, zurdos, etc., además de los más esperados ladrones y asesinos. Si bien Quevedo muestra un infierno pintoresco, cercano al de las pinturas del Bosco, los tratadistas hispánicos y europeos no difieren mucho en sus definiciones de este lugar, aunque algunos como Alonso de Espina opinan que no es este el lugar en el que se encuentran todos los demonios, sino solo los encargados de las torturas, mientras que el resto vive en “el aire denso, nebuloso, caliginoso”, desde donde llevan a cabo sus maldades contra las personas.
Zoroastro. persona legendaria. Más conocido hoy en día como Zarathustra a causa de la obra de Nietzsche, se trata de un personaje histórico y legendario a la vez. Se le adjudica la expansión o la creación de la magia en la antigüedad. Según Hernando Castrillo, su genealogía lo hace nieto de Noé, e hijo de Cam, quien supuestamente salvó la magia negra del diluvio universal, aunque esta filiación no tiene nada que ver con la figura histórica del personaje. Es, según la mayoría de los autores occidentales, el primer “mago” —vocablo que proviene del persa—, y profeta del zoroastrismo, religión que llegó a dominar Persia y a cuyos sacerdotes se denominaba con esta misma palabra. Plinio dice que es la única persona que nació sonriendo, lo que auguraba su gran sabiduría. No obstante, los autores españoles de la primera Modernidad concuerdan en que, pese a sus conocimientos de magia, esta no lo protegió cuando fue alcanzado por un rayo y murió calcinado por el fuego que había enseñado a los persas a adorar como único dios.
Pablo Toussaint Noriega
Estudió Filología Hispánica y Filosofía en la Universidad de Salamanca, donde se encuentra realizando una tesis doctoral sobre demonología en la literatura española de los Siglos de Oro.