En Fieras familiares, como nos enseña esta entrevista, el naturalista mexicano Andrés Cota Hiriart abre una vía narrativa para entender el reino animal y ensanchar nuestra perspectiva hacia la tan urgente preservación.

Andrés Cota Hiriat encontró su camino intelectual desde el naturalismo al escribir acerca de sus intentos de preservar la vida de distintas fieras, y de paso también la suya. “Me gusta pensar que en algún momento puedo ayudar a cambiar la perspectiva de algunas personas en torno a los animales. A lo mejor los libros de no ficción tienen una intención más allá de sólo producir algo agradable para leer”, responde sin dudarlo cuando le pregunto por el motor que impulsa su último proyecto literario Fieras familiares (2022), libro finalista del I Premio de No Ficción de la editorial española Libros del Asteroide. En él relata las vivencias con los animales que lo han acompañado desde la infancia y hasta su profesionalización como naturalista. “Fieras Familiares obedece a una fuerte tradición literaria anglosajona, Konrad Lorenz, Gerald Durrel, Elizabeth Kolbert, Redmond O´Hanlon, Douglas Adams, lecturas que hice sobre todo en la infancia, todos ellos me enseñaron que yo también podía ser zoólogo”, agrega.
Estamos en la Ciudad de México, un lugar donde coexisten ardillas, mapaches, gorriones, conejos, culebras y casi medio millón de monos parlantes. De todos los personajes que puede ser —naturalista, padre, activista por la conservación del planeta— hoy me toca conocer al autor, uno del que lo mismo se puede aprender sobre animales leyendo sus libros o contemplando las serpientes, varanos, escarabajos, peces o flores que tiene dibujados en los brazos. “Me percaté que mucha gente ignora buena parte de la biodiversidad del planeta, desconocen —más allá de los grandes hits que encuentran en el zoológico— la fauna o la biodiversidad con la que les toca coexistir”, se queja el escritor. Este desconocimiento popular fue uno de los motivos que lo llevaron a escribir sobre animales.
Para hablar de su libro, el biólogo y comunicador de la ciencia se remonta a una idea de Hans Magnus Enzensberger, uno de sus escritores favoritos: “él prefería hablar de sus fracasos antes que de sus triunfos”, me dice con toda la seriedad que amerita el caso. Con “fracasos” se refiere a una serie de proyectos excéntricos, narrados en la primera parte del libro nombrada “Cautiverio”. Ahí, alejado de la beatería y de la mirada del desmitificador crónico, Cota Hiriart busca reflejar el misterio de su persona, convertido en aprendiz de naturalista, sin perder de vista los encuentros anómalos que vivió desde su infancia y que significaron un giro radical en su carrera. “El germen del libro es la idea de tropiezo. Los yerros son más dignos de ser narrados que los aciertos porque en todo tropiezo existe una revelación. Además son más divertidos de narrar”.
“Qué pinche mala suerte”, pensó el autor cuando un pitón birmano de veinte kilos se abalanzó sobre su brazo con toda la “ferocidad que sólo conoce el hambre reptiliana”, como cuenta en el libro. El desenlace es aún más tragicómico: “cuando mi mamá se recuperó de la impresión de que su hijo adolescente osara entrar en el baño mientras ella se duchaba con su enamorado, se dio cuenta de que estábamos ante una emergencia. Creo que nunca he visto un gesto de mayor horror que el gesto que se dibujó sobre su cara en aquel instante”. Con la ayuda de su madre y de Álvaro —“el postulante a ocupar el nuevo nicho dentro del árbol familiar”—, Andrés salvó el brazo y regresó la pitón a su terrario. El novio de su madre, por cierto, superó el rito de iniciación requerido para formar parte de la estirpe. Desde luego, ese no es el único “tropiezo zoológico” que narra el libro, “hubo otros, y claro que no siempre tuve tanta mala suerte con los animales, pero en la interacción con serpientes, escorpiones, cocodrilos, camaleones y demás, es lógico que pasen accidentes”, explica el autor.
Fieras familiares es un libro heterogéneo, a medio camino entre memoria, naturalismo literario, biografía, cuaderno de viaje y novela de iniciación. Cuando le pregunto qué entiende por crecimiento, Andrés se queda callado y luego ensaya una respuesta: “significa abrir la perspectiva, sofisticar las impresiones que uno tiene con aquello con lo que interactúa”, que en el caso del entrevistado son los animales. Justamente a eso se entrega la segunda parte del libro, “Libertad”, donde la voz narrativa adopta un tono más reflexivo: “quise abrir la perspectiva, estoy convencido que no puedes valorar lo que no conoces y mucho menos conservarlo”. En esta sección, el lector puede conocer los viajes de Cota Hiriart por la Isla Guadalupe, en México; Komodo, en Indonesia; Borneo, en Malasia; o las Islas Galápagos, en Ecuador.

¿Cómo tomó el escritor la decisión de embarcarse en semejantes expediciones? De entrada, gracias a los libros de Gerald Durrell. Luego agrega: “necesitamos más gente que comparta esa pasión por la naturaleza y que la aborde desde sus propias trincheras. Ojalá que este libro ayude a crear unos cuantos biólogos o que sirva como un documento que atestigua, que dé testimonio para otra época de lo que hubo antes, que sirva como registro de aquella biodiversidad que existe”.
Por eso, Cota Hiriart insiste en la idea de conectar con los lectores, “quizá ahí está la valía de este libro”. Sueña con que, a partir de su obra, el lector pueda aprender sobre otros entornos, escuchar historias que no conocía y, a lo mejor, pueda valorar a algunos animales y preguntarse ¿qué más hay? Al autor ya le tocó probar un poco de esa gloría. “Cuando viajé a Barcelona, el escritor Jordi Amat me confesó que no le importaban en absoluto los animales, pero leyó el libro y ahora piensa en ellos cuando antes parecían no importarle”.
Como ocurre con otros naturalistas, Cota se define como un divulgador de la ciencia. Pero eso no significa que no esté interesado en cultivar otros géneros:, dice, por ejemplo, que ya está escribiendo una nueva novela. Y aunque encuentra fascinantes los viajes y el naturalismo, esta vez escribirá una pieza de ficción.
Fieras familiares no sitúa al ser humano como medida y centro de todas las cosas. El gran reproche que le hace Andrés Cota Hiriart a la humanidad es la tendencia a pensar qué somos el pináculo de la evolución. Reconoce que al pasar tanto tiempo fuera de casa en contacto con distintas formas de vida le abrió la perspectiva y eso significa que no ve al ser humano como el núcleo de la creación y del universo: “debemos quitarnos de la cabeza la idea de que somos los hijos de los dioses, francamente en ese sentido pienso que hay una especie de crecimiento al pensar que somos parte de una especie más de animal y que juntos formamos un grupo de acompañantes entre las especies que habitan el planeta”. Su carisma, humor y naturalidad revelan su compromiso; su simpatía, su contagioso entusiasmo y asombro por todo lo que le rodea, son las señas de identidad de este joven naturalista mexicano empeñado en mostrarnos un nuevo camino.
Carlos Priego
Periodista mexicano, ejerce en diversos medios de comunicación. Recientemente participó en la antología Ruina circular.
Es un gran libro, maravillosamente escrito, y con mucha información. No pude soltarlo. ¡Qué talento de escritor y zoólogo!