H o de la diseminación de los sentidos

En esta reseña la autora abre los significados ocultos en un libro de poemas como H, donde colinda la química, la idea de la creación y un humanismo ecologista.


Los elementos de la tabla periódica han sido para muchos un quebradero de cabeza. La  tortuosa materia de Química consiste —para casi todos los humanistas— en memorizar y repetir fórmulas con las cuales identificar compuestos y sustancias que conforman todo lo que existe en el universo. Tuve un maestro de Química en la secundaria que, entre las muchas cosas que nos compartió, no perdía ocasión en recordarnos que gracias a esas letras y sus combinaciones es que existimos y que de no ser por las reacciones químicas no sería posible el milagro de la vida y la respiración. En H (Antílope, 2022), el poema de largo aliento de Javier Peñalosa, se explora esa idea con relación a la grafía que simboliza al primer elemento que surgió del Big Bang, que dio origen al cosmos y a la posibilidad de la vida en la Tierra. La grafía H que da pie a este poema conceptual se explora en todos los sentidos posibles, desde lo semántico hasta lo gráfico y sonoro. Aquí unas estrofas de este poema que inhala y exhala en cada una de las ochenta y dos páginas que lo componen:

una bóveda
que se extiende y expande

hay

el cielo puesto boca abajo
arriba mío

y mi lengua en la boca
y aliento
y aliento

       H  H  H

tu lengua en la boca

Recordar que el hidrógeno, como primer elemento de la tabla periódica, se encuentra presente en los compuestos que dieron origen a la vida, comenzando por el agua, lo sitúa como la piedra de toque con la que se echó a andar el cosmos. Asimismo, el hidrógeno es el elemento a partir del cual se fabricaron las bombas nucleares y los reactores de energía nuclear. Además es el elemento nuclear de cada estrella en combustión que percibimos cuando miramos el cielo de noche. En este libro se expanden estas ideas al darnos la sensación de que el poema  respira por sí mismo y, semejante a la vida de las estrellas, sufre transformaciones apenas perceptibles con las que estamos interrelacionados: una de las ideas más poderosas de este libro es cuestionar nuestro estar en el universo, al considerarnos huéspedes del mismo y a la vez anfitriones, el universo en nosotros y nosotros en él:

¿pero quién habita a quién?
huésped de un voluntad
que me lleva
el agua a la boca

huésped que me abre
los músculos
que me llena el costillar

¿quién habita a quién?
quién es
quién
es mi cuerpo
que interpreta
en la salida al escenario
el papel de la sombra.

Por otro lado, H es un poema que transita desde varias rutas todas las interrelaciones posibles en este universo; mediante esa exploración, expande sus márgenes de significado hacia otras posibilidades materiales del símbolo “H” que nos acercan a otras temáticas:

hacer
hablando
con hálito hacer
in ex
halando
pronunciar calladamente
hacerse
huecos
huesos
hijos
hijas
habitaciones para huéspedes

Como ya se ha apuntado, la maravilla de H es que su apuesta no se queda en la exploración del símbolo como elemento químico; sino que establece una serie de posibilidades de la grafía “H”, letra muda que habita en “huesos”, “herencia”, “herida”, “hija”. Así, el poema indaga en la forma gráfica de la letra H y presenta un caligrama en la página 77, donde una columna de haches mayúsculas dibuja una escalera en la página, o un puente que atraviesa de un punto a otro, que por momentos nos recuerda a una cadena de ADN: herencia. De esta manera Peñalosa indaga en varias de las estrategias posibles de la escritura poética, y lleva al extremo la materialidad gráfica de una sola letra.

Peñalosa retoma algunas exploraciones que ya había visitado en su libro anterior, Los que regresan (Antílope, 2021): lo común y lo que nos hermana; asuntos que nos sitúan en la historia y en la geografía, en este caso cósmica. En este sentido, las condiciones que dan pie a la diseminación sensorial del poema, tanto en su apuesta gráfica como en su materialidad sonora son las que permiten recobrar una cierta horizontalidad con los otros seres y entidades con quienes compartimos el mundo. Frente a la falsa jerarquía de lo humano sobre los demás seres con quienes compartimos la composición molecular, en H el universo es también delicia que se come en forma de higo o ternura que arrulla a un hijo, alteraciones sonoras y gráficas la /g/ por /j/ que dan pie a un poema altamente sensible y cercano:

hijos hijas huérfanos
huecos hondos

huéspedes de hornos
pero también
de higueras

y si invoco un higo
me lo como

si invoco un hijo
lo arrullo contigo

hidrógeno en las estrellas
habla
hija

Por último, quisiera enfatizar cómo aparecen el tema de la paternidad y la herencia en este libro. Es un asunto que me parece valioso pues pocos poetas de la tradición mexicana se han aventurado a escribirle poemas a su descendencia y, menos aún, si la destinataria de esa lírica es una hija. Todo el libro está envuelto en un halo de conexión entre la abuela de Peñalosa, la admirada y querida poeta Dolores Castro, y la hija del autor. Con este gesto que juega con el adentro y afuera del poema queda claro que los derroteros que se exploran en H diseminan los sentidos del poema y nos permiten leerlo desde la continuidad de la vida y la herencia como legado:

y hay
el hilo de mi herencia
huésped y hueco

habla
que me enhebra

Mediante la respiración de cada página, H nos expone a la vez como huéspedes y anfitriones, para indagar en ese milagro cósmico que los profesores de química intentan compartirnos, al igual que los poetas, con su tabla de grafías.

 

Maricela Guerrero
Poeta. Es autora de El sueño de toda célula.

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Publicado en: Ciudad de libros, Florilegio