A cada cual su cielo

El escritor italo-mexicano Fabio Morábito (Alejandría, 1955) acaba de lanzar en ediciones Era un libro donde afina su voz lírica cada vez más apegada al habla cotidiana tanto como a los objetos y a los hechos de la vida diaria: sacarle punta a un lápiz, perder un diente, entrar en una casa rodante. Todo esto se vuelve sorpresivamente materia poética bajo el escrutinio de quien ve asomarse al poema, con sus ritmos y ángulos propios, en cualquier parte. Por eso, permea el libro la idea de la poesía como una disponibilidad radical ante las cosas y el mundo. En A cada cual su cielo Morábito muestra que su oficio de observación aguda de lo banal, de metapoesía sostenida en lo prosaico y pulimiento del verso hacia la máxima economía expresiva posible —“el arte de decir / lo más con menos”— siguen enriqueciéndose en su peculiar manera de habitar, con plenitud, la lengua. A continuación, presentamos algunos poemas iniciales del libro.


I.

Escribo prosa mientras junto
valor para los versos,
escribo prosa para que los versos
se escriban casi solos,
escribo prosa como quien empuja
un buey por un cultivo.

Cuánta prosa para juntar
valor para los versos,
cuántas palabras con esfuerzo
llevadas al final de cada línea,
cuántos renglones rectos
por no saber salir del surco.

* * *

No sé si volveré a escribir,
tan lejos me queda el poema de ayer,
adiós al que escribió esos versos,
al clásico que fui;
hoy le saco punta a un lápiz,
éste es mi clasicismo,
dejar el lápiz listo con su punta,
la lengua lista con su lápiz,
todo en la punta de la lengua,
la vida lista pero no vivida,
como una caja nueva con sus lápices
de inigualables puntas,
obras de un genio afilador.
Misterio de la infancia y de la vida:
¿quién le sacaba punta a esos lápices?,
¿quién, dónde, cómo vive
quien saca punta a los lápices de otros,
el que sin escribir lo sabe todo,
que saca las virutas del camino
y afila sin decir palabra
y no se embarca en ningún ritmo?
¿Dónde el poeta que no escribe,
dónde la punta que se niega a ser usada,
dónde la lengua aún guardada en una caja?

* * *

Las casas rodantes me iniciaron
en el arte de decir
lo más con menos.

Me aficioné de niño a dibujar
los planos de esos habitáculos
de estrechas dimensiones,

donde una mesa se hace cama,
una litera sale del respaldo del sofá
y el baño se reduce a un clóset.

Un mundo en el que todo
se desdobla
y cada cosa rinde a plenitud.

Con esos planos en papel cuadriculado
me estaba ejercitando sin saberlo
en otros trazos que vendrían.

Encarnan, si la tengo, una poética:
que mis poemas rezumen prosa
sin desbordarse de los límites del verso.

El propósito es el mismo desde entonces:
hacer caber en la envoltura lírica
el máximo de utilidad.

Comprime, me decía, depura,
que nada sea una cosa sola,
vamos rodando, el tiempo apura.

Si soy poeta se lo debo
a aquellos planos con sus líneas rectas,
con tantos acertijos encerrados.

Me enseñaron a sacar de la estrechez
algo de holgura y aprendí que los poemas
se escriben en papel cuadriculado.

 

II.

Hay árboles que nacen para bosque
y otros son un bosque sin saberlo.
El árbol ignora el bosque
y el bosque tal vez ignora al árbol,
lo único que sabemos es la raíz que escarba
y la rama que también escarba,
una en su cielo de barro,
la otra en su cielo de nube.
La vida es escarbar y a cada cual su cielo.

* * *

Sus gruesas raíces
han salido al descubierto
y no permiten sentarse a su sombra.

Qué árbol es éste que crea su propia cerca
y por si fuera poco se defiende
con nidos de avispas.

Ha ampliado desmedidamente
su dominio y sus raíces
un día me tumbarán la casa.

Entonces dejaré que las avispas
me piquen
hasta volverme inmune a su veneno

y con la libertad que da el veneno
no añoraré la sombra de mis muros,
me arrastraré como raíz de ficus,

rama a flor de suelo
que de tanto alejarse
deserta del tronco

y no procrea hojas ni otras ramas,
no da fruto o cuyo fruto
es derruir un muro en su camino.

• Fabio Morábito. A cada cual su cielo. México: Ediciones Era, 2022, 120 p.

 

Fabio Morábito
Poeta, narrador y traductor. En 2019 ganó el Premio Roger Caillois del Pen Club.

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Publicado en: Florilegio, Fragmentos