Las voces de las desposeídas

Se puede dar voz a las mujeres que padecen la violencia sistémica de México, denunciar las atrocidades de los feminicidios diarios y aun así no perder la ironía. Eso logra, según esta reseña, el libro de relatos Perras de reserva de la escritora mexicana Dahlia de la Cerda.

“Las palabras son un acto político.
Son un acto político de las desposeídas”.
—Dahlia de la Cerda

Hace tiempo que sigo en redes a Dahlia de la Cerda. La encontré por casualidad, algún seguidor en común le habría retuiteado algunos de esos precisos e incisivos 140 caracteres de los que a partir de entonces siempre le aprendo algo. Por aquellos tiempos vi que había escrito un libro de cuentos llamado Perras de reserva y que había ganado el Premio de Cuento Joven Comala 2019. No la tenía por escritora de literatura, mi imaginación no acostumbraba a empatar a una mujer de acción como ella, que acompaña abortos clandestinos, que hace activismo por los derechos de todas las personas, que discute agudamente ideas sobre el feminismo y fundamentalismos en un podcast, con una creadora de historias de ficción. Ahora, después de leerla, entiendo que la literatura es la desembocadura final de su trayectoria y que su vocación está no sólo en hablar, sino también en dar voz.

Trece cuentos. Trece voces de mujer. Trece historias que se sienten como el índice de lectura obligada sobre las desgracias que acechan a las mujeres de este país. Con cada narración, sus personajes ilustran esos mundos que sabemos que existen, pero a los que preferimos cegarnos: Diana tiene que abortar sola y caminar desesperada por toda la ciudad, buscando quién le venda la pastilla que la salvará de un futuro que no puede o no quiere costear; Yuliana acepta su destino como heredera de una organización criminal imaginando que entiende los riesgos —“la muerte o la cárcel”—, pero se asegura de aprovecharse de los beneficios: bolsas, cirugías, viajes, fiestas y hasta la posibilidad de vengar el asesinato de su mejor amiga; posibilidad que no tienen otras personajas de este libro —y miles de mujeres en este país— a las que sólo les queda llorar.

Los relatos nos hablan del esfuerzo que requiere la supervivencia más elemental: subirse a La Bestia y cruzar todo el país en busca de una oportunidad; trabajar doce horas en una zapatería para poder mantener a tu hijo; abandonar a tu familia porque se rehúsa a entenderte; pagar con la vida la necesidad de aceptación que nos han generado las redes sociales; decidir entre el trabajo honesto y precario o la delincuencia, que sí compra tenis nuevos y llena el refri de salchichas y gansitos.

Si de algo adolece Perras de reserva es que, salvo en contadas ocasiones, no logra sorprender y cuando lo intenta, como en “Constanza” y “Rosa de Sarón”, resulta inverosímil. Lo cual no habla mal de su literatura, sino del país que habitamos, uno en el que las palabras asesinato, feminicidio y tortura ya no alteran pulsos: la mayoría de estas historias ya las conocemos, las hemos visto en la televisión, leído en los periódicos, escuchado en la música… Lo que la autora sabe es que hemos aprendido a ignorarlas. Demostrando que, como La China, sicaria protagonista de uno de sus cuentos, uno a todo se acostumbra.

En su brillante ensayo, “Feminismo sin cuarto propio”,1 De la Cerda dice que quiere ser escritora, pero no de aquellas que escriben contemplando la calamidad desde un café en una colonia llena de árboles, sin que el horror la toque porque lo contempla a través de la nota roja. Ella declara su camino al borde del abismo: “Emergí de un zulo y mi compromiso político es escribir desde y para mi lugar de ebullición”. Perras de reserva nos invita a acercarnos a ese horror, y aunque la lectura no toque ni con la punta de los dedos lo que debe ser la experiencia de esas realidades, escuchar la voz de esas mujeres en nuestras cabezas nos recuerda que más que titulares de un periódico son personas. Así, los cuentos de la Chiqui, Julia y Claudia son la culminación de la brutalidad que va aumentando página con página; porque en este desierto que habitamos no basta con ser asesinada, hay que sufrir terriblemente antes de morir, para después ser cuestionada, vilipendiada o ignorada.

Por su columna en Reporte SP, sabemos que Dahlia escribió Perras de reserva como justicia a sus pérdidas, y que escribir en primera persona, además de ser la estrategia literaria con la que se siente más cómoda, tiene el objetivo de darle a sus personajes autodeterminación. Para De la Cerda, narrar en primera persona es un asunto político, y a fin de alcanzar otras historias y a otras mujeres que habitan ese mundo de las desposeídas, vuelve a la ficción su instrumento: imaginando sus voces y sus vidas, se atreve a nombrarlas.

La autora espera al último cuento de su primer libro para hablarnos de sus propias tragedias, con su propia voz. En “La huesera” articula dos dolores fundidos en una sola historia: el de su prima víctima de feminicidio y el de la muerte de su mejor amiga Edith, víctima del fanatismo y la tradición. Ambas están representadas en Claudia, pero las palabras, los recuerdos, las promesas son para Edith. Este cuento semiautobiográfico, resulta el más conmovedor de todos y nos hace recordar que a veces son las ausencias las que más marcan nuestras vidas. Nos vemos obligados a aprender que hay muchas formas de matar y que a veces las más crueles y dolorosas son las que se ven venir y no somos capaces de evitar, las que llenamos de hubieras.

Es duro leer a Dahlia de la Cerda. En su trabajo de ficción y de no ficción brota de las páginas eso que dice Yuliana en otro de los cuentos de Perras de reserva: “Y es que una siempre habla, piensa y actúa desde las heridas”. Pero asegura que “las cicatrices sanan cuando se han vengado”. ¿Será? ¿Será que podremos encontrar una forma de justicia y redención en la literatura?

 

• Dahlia de la Cerda. Perras de reserva. México, Sexto Piso, 2022, 144 p.

 

Gabriela Sofía Gómez
Economista. Estudió la Maestría en Humanismo y Culturas en el Instituto Cultural Helénico. Se dedica a escribir y al coaching financiero.


1 Jáuregui, G. (coomp.) Tsunami 2, Sexto Piso, México, 2020.

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Publicado en: Ciudad de libros