El más importante escritor rumano actual, Mircea Cărtărescu, recibirá este año en México el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2022. Conocido, en lo fundamental, por su obra narrativa, el autor tiene una prolífica vertiente poética que acaba de traducirse al español, directamente del rumano, en una muestra que seleccionó él mismo. “Cuando me preguntan cuál de mis libros considero más importante —declara Cărtărescu — siento, oscuramente, que estoy cometiendo una injusticia. Siempre dejo a un lado, olvidado en un área sombría de la mente, un gran libro mío, que he estado tratando de olvidar durante un cuarto de siglo, como un amor viejo y aún sin curar. Es el corpus de mis poemas, escritos en mi juventud, en un esfuerzo continuo, alucinatorio y agotador, que duró doce años. Fue la época en la que viví mi vida sin descanso, solo en poesía. Cuando miro hacia atrás, veo de inmediato esa llama brillante…”. La primera edición en nuestra lengua de su Poesía esencial nos permite observar ahora esa llama. Aunque abandonó la poesía a los treinta años, el rumano ya mostraba en estos poemas de juventud una libertad imaginativa insólita. De borgiano linaje, en sus versos también se manifiesta su capacidad para “crear un universo paralelo, que poco a poco suplante la realidad”, como anotó Piedad Bonnet.

Los tres siguientes poemas fueron escogidos por Enrique Redel, director de Impedimenta, casa editorial del rumano en español.


Déjalo estar

cuando me encuentro en horas bajas
mi madre Maria viene a verme
y me dice unas sabias palabras: déjalo estar.

se ha ido también Fred Mercury
se ha unido a sus antepasados.
Paul McCartney ha echado mofletes.
a Elton John le ha salido un pendiente.
al señor Zimmerman lo vi en Iowa City
en un concierto.
simpático.
no me habría puesto su sombrero
ni por mil lei
(de balde, suegra, de balde…)

(cantaba aquello del as de copas).
Paul Simon ha echado mofletes, ¿tendrá algo el nombre de Paul?
y canta sobre chicas con diamantes
en la suela de los zapatos.
Zappa —a ver si se espabila—
es ahora una especie de Kogălniceanu (giran los trolebuses
en torno a él, mientras canta
channa in the bushwop, in the bushwop), veamos,
¿quién queda?
estoy horriblemente deprimido.
mi madre Maria cría a mi hija.
escucho música de pascuas a ramos…
algo de Dire Straits es lo único que aguanto.
pero hace diez años
escuchaba a Lennon, Lennon por encima de todo.
Cuando escribí Aire con diamantes
me creía Lennon, pero ahora ya lo sé:
no he sido Lennon, sino Ringo,
Ringo, empinando el codo en un bar apestoso
y contando por enésima vez
cómo fue él un Fab,
aunque…

… ya no sabe si lo fue, ya no se acuerda
incluso los críos se ríen de él, se dan codazos:
“cuéntenos, tío Ringo, ¿cómo era
cuando era un Fab?” y él no se da cuenta
y empieza otra vez: “Ajá, chavales,
cuando éramos jóvenes nosotros, yo y Johnnie y Georgie
y Paul, ah, veréis,
cantábamos lo que cantábamos y luego champán, caviar
chicas a montones, y tendríais que ver las medallas que nos puso
la reina en persona, eh, con su mano…”
y los tunantes de los críos
siguen azuzándolo: “¿y con su separación
qué pasó, tío Ringo?”

así hablo también yo del Cenáculo del Lunes,
de lo que fue entonces
(yo, gracias a Dios, nunca echaré mofletes),
hablo con los chavales de la facultad
en el bar del sótano.
“¿y qué escribe ahora, señor profesor?”, me preguntan.
“nada”, les digo. “ay, chicos,
fui jugador, ahora soy entrenador,
escribid vosotros, chicos, tenéis que escribir…”

ja, ja. “¡qué bromista, señor profesor!”
“señor ayudante, perdone la insistencia:
¿cómo hicieron esa foto en la locomotora?”
“¿censuraban sus libros, como dicen?
¿les quitaban la palabra tetas?”

sí, me encuentro en horas bajas
y nadie viene a verme y decirme
unas sabias palabras…
sí, soy un broken hearted man, y no existe ninguna posibilidad
de que alguien me diga
unas sabias palabras: déjalo estar.
también vi al solista vocal
de Led Zeppelin (tengo un lapsus)
gordo como un cerdo, empujando
su embarazo de nueve meses: loooooooove!
Lou Reed que se conserva mejor
y Tom Waits, pero, en fin, Tom Waits…
así es, chaval,
en la poesía como en el deporte
aguantas un tiempo y luego ya no puedes.
este cuerpo imbécil se estropea,
el cerebro se petrifica.
yo empecé la maratón como si fueran cien metros
y ahora…

todas las estrellas a coro, y se les suma la sala:
déjalo estar
déjalo estar
déjalo estar
déjalo estar
habrá una respuesta
déjalo estar

 

Nos miramos a los ojos
Nos miramos a los ojos, pero no sé si como dos amantes
o como dos arañas. o como un hombre ante el espejo. o como dos
         ciegos
en un asilo. seguimos el mismo camino.
Tú regulas mi oxitocina, mi vasopresina. Yo
como el espejo de un telescopio intento atraparte
en unos milímetros de vida. Es como si
una larva trocófora intentara comprender no al hombre
sino al gusano. ¿Decir que eres un dios? ¿Que eres el todo? Es una
         bobada.
Tu poro más pequeño es el todo. Y sin embargo
un quemador del hornillo o este instante cuando escribo a máquina
son más grandiosos que tú, pues ellos existen.

Me imagino con la mirada de una bacteria de mi propio cuerpo:
ahí, en mi intestino, las papilas digestivas
le parecen cuásares inconcebibles. Pero si una de ellas entendiera
creería que me entiende.
Me imagino más vasto que el universo, estudiando un fotón:
imaginaría que te conozco.

Son tan ingenuas las religiones, los mandalas, los kōanes
las vías hacia la iluminación y la luz tabórica
y el opus magnum; la curiosa “vida cotidiana”
de los budistas Zen. Queda de todo ello una literatura hermosa.
Swedenborg, Novalis… la mezcalina, el estilo, el éter
el olor a azucena, los estimulantes hormonales
son trucos: todo es psíquico, nada es real.
Las técnicas respiratorias
el aplaudir con una sola mano
el abandonarse al flujo vital, el reencuentro de la unidad del mundo
la anulación, todas las alegorías, los delirios, los sueños
son tan solo una rayuela de la mente, juegos de ordenador,
          fantasmagoría.
Astrólogos del cerebro hay muchos.

9:20. Escribo en la cocina. Es una nublada mañana de mayo.
Todo parece tan real, tan natural: un despertador, un fregadero.
Pero la flor de la fucsia no cree en mi existencia.
Tampoco tú, que me lees desde hace años y años.
Si me vieras en un video no sería para ti más irreal.
Sin embargo existo, tengo pulso, tengo un imaginario.

Estás en ambas partes de mi vida, como una línea en la banda de
         Moebius
eres mis padres y su hijo, como en la botella de Klein
eres como un cangrejo ermitaño, con las venas hundidas en mis venas
con el rostro hundido en mi rostro, idéntico a mí y englobado en mí,
estás en cada objeto, pues cada objeto es una de mis partes,
uomo universale.
Nos miramos a los ojos, pues tus globos oculares
están en mis globos oculares y mi imagen del mundo
es idéntica a tu imagen.

Pero tal y como
una página escrita es vista de forma idéntica
por el sabio y el analfabeto.

 

Sábato lo habría tomado como un presagio

mañana fría pero luminosa de abril
estamos en el año del Señor 1992
el trolebús 66 se arrastra a duras penas entre el tráfico
yo, sentado, leo La araña negra
miro de vez en cuando por la ventanilla el mundo colorido
y siento cómo mi enfado crece:
tardaré media hora hasta Kogălniceanu.
Voy a ver la portada de mi libro en prosa
y me la imagino de mil maneras.

la estatua de C.A.Rosetti también está sentada
también ella lee algo
también ella circula con la tierra en la “eternidad”…

y entonces vi a aquella criatura… una chica
como todas las chicas habrías dicho
ni demasiado guapa, ni demasiado fea
con una ropa normal, un vestido escocés y medias estampadas
paseaba tranquila en la dirección contraria al 66
estaba embarazada, como en el séptimo mes
tal vez por eso estaba pálida, pero no tenía manchas en la cara.

el melodrama viene al final, pero ¿puede ser melodramático
algo que es verdad, algo que ves con tus ojos?
una cosa es la vida y otra la literatura
y a pesar de todo
la chica no tenía brazos, sino tan solo dos manitas como de niño
retorcidas, que salían directamente de los hombros
como dos alitas de carne rojiza.

quizá en la adolescencia esto me habría sacudido
pero en mi envilecida madurez
empecé a pensar otra vez en mi portada
en la publicación del libro
y en ver quién exponía en la sala del Teatro Pequeñísimo.

 

• Mircea Cărtărescu. Poesía esencial. Traducción del rumano y edición de Marian Ochoa de Eribe y Eta Hrubara, Madrid, Impedimenta, 2021, 520 p.

 

Mircea Cărtărescu
Ganador del Premio Formentor de las Letras 2018, entre sus libros destacan Nostalgia, Solenoide y Las bellas extranjeras.

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Publicado en: Ciudad de libros