Otra cara de Eisenstein en México:
sus dibujos eróticos

Los trazos eróticos que dejó el gran cineasta soviético a su paso por México animan esta carta sui géneris. Son motivo de un nuevo libro editado por Alias y de una muestra en la galería Kurimanzutto el próximo 10 de septiembre.


Querido Serguéi:

Hace tanto que te fuiste y sin embargo siguen apareciendo novedades tuyas. Con tales atenciones, más que acorazado, debes sentir la caricia del halago por el interés que todavía genera tu obra. No me refiero sólo a las películas de pujanza revolucionaria, colectiva, sino incluso a los dibujos de carácter personal, que hicieron pujar a más de uno, de trazo fino y craso talante erótico que hiciste en tu visita a México, ¿te acuerdas? A diferencia de las vergas imponentes e imperiales del Potemkin, el buque zarista de tu monumental película de 1925 allá en la nuevamente aciaga Odessa, las tuyas —quiero decir, las que dibujaste— son juguetonas y a veces se confunden con formas animales, por ejemplo una serpiente cargada de veneno, o máscaras.

Mucho se ha dicho de ti. Para la historia eres el genio del montaje soviético, el teórico fílmico, artista y pensador. Pero fuiste eso y mucho más, lo cual se intuye en tus dibujos, de expresión espontánea, deseosa, que para algunos son prueba de tu sexualidad. Se dice que si eras, que si no. A juzgar por los dibujos que hiciste en hojas del Hotel Imperial de la avenida Reforma y de la Hacienda Tetlapayac de Hidalgo, que misteriosamente pertenecen a colecciones privadas, seguiste a Apollinaire: el hombre de las once mil vergas. Hay una foto donde un cactus gigante y curvo, falo feliz, parece endurecerse mientras lo montas, te muerdes los labios porque, como más o menos dijo Víctor Hugo, cuando la calentura es un hecho, el revolcón se vuelve un derecho. ¡Eres peor que Iván! ¡Eres terrible!

Algunos te veían como la Ninotchka de Greta, una soviética sin garbo pero peligrosa por ingenua, pero yo te veo más como la Dietrich, otra María Magdalena malentendida, como Marlene, perenne matalascallando, que sabe su cuento sin andar contándolo. Tú, ella y Josef von Sternberg hicieron un trío inmortalizado en unas fotografías de 1930 —el año en que llegaste a México y ellos a Hollywood, venidos de Alemania— que son un juego de manos. Al posar con una mano en la cintura te imagino cantándome al oído ponme la mano aquí, ponme la mano aquí; el Von, por su lado, prepara el puño y Marlene se agarra la muñeca. Todos villanos. Cuando estuviste en Berlín saboreaste su semilla, tubérculo del cabaret, y dibujaste a sus personajes: hombre con hombre, mujer con mujer y también mujer con hombre del mismo modo en el sentido contrario, como profirió Miss Antioquia, circa 2009.

Tu obra gráfica es una enciclopedia de todo lo que te interesaba: lo carnavalesco, las historias bíblicas, los mitos zoofílicos, el travestismo como teatralización del mundo e incluso el escándalo de Rimbaud y Verlaine. En México encontraste la fusión entre la religión católica y lo pagano, donde la sangre de Cristo se mezcla con la de las corridas de toros. En un dibujo intercambias al Cristo crucificado por un toro que mete su lengua en un hombrecito.

No sé qué opines, pero creo que Roberto Montenegro no te supo ver. Te pintó demasiado serio, demasiado callado. En un mural te puso botas, pero de conquistador, cuando el conquistado por la exuberancia mexicana fuiste tú. Eso es lo que vemos en ¡Que viva México! Esa película llegó a destiempo para mostrarnos que fuiste tú el que inventó lo mexicano en el cine.

Y bien: yo sé quién fue el primero en tu vida: el dibujo, tu pasión primaria que también descubrimos de forma tardía, con estos Dibujos eróticos que muchos lectores y curiosos tendrán ahora entre sus manos Así, continúa tu idilio mexicano, que Peter Greenaway rescató en una película que habla de tu despertar sexual, incitado por el paisaje y por Palomino.

Se dice que lo tuyo en México —la película que viniste a filmar— se ablandó porque sabían de ti, camarada Serguéi. Sabían que ser gay es subversivo. Es una guasa machista, pero ¡qué afortunado calambur desviado que se tuerce con orgullo! Es probable que supieran más de ti por tus dibujos, que ingenuamente regalabas y dejabas aquí y allá, que por tu vida, loca. Hablemos de otra cosa. Hablemos del culo de acordeón o mejor de algo muy mexicano que te va a gustar, de como para chingón, chingón y media porque de adolescentes nos enseñan a medírnosla mientras se la calculamos al de al lado. Al fisgón que lee cartas ajenas le aclaro, no me la estoy sacando —la información— de la manga, esos son los títulos que consignaste a ciertos dibujos.

Lo que más me conmueve de tus trazos tan libres como voluptuosos es el humor, el sexo como ejercicio crítico, el ejercicio sexual como sublevación, suspensión erótica, alzarse, si no en armas, en nalgas. ¡Que viva la revolución, camarada!

 

• Serguéi Eisenstein, Dibujos eróticos. México, Alias, 2021, 215 p.

• Concebida por Damián Ortega, la muestra Circo erótico. Serguéi Eisenstein: dibujos se verá en la galería Kurimanzutto del 10 de septiembre al 8 de octubre.

 

Carlos Rodríguez
Traductor y periodista cultural

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Publicado en: Carta de recomendación