Princesas Disney, lesbianas y aborto:
nuevas fronteras y viejos horizontes

Por mucho tiempo, el prototípico final feliz de Hollywood o de Disney fue la escena de un (primer y último) beso entre un hombre y una mujer. En secuelas y versiones más modernas de dichas narrativas, de ese beso brota también una familia. La más reciente película de Pixar —Lightyear— causó una ruidosa controversia alrededor del mundo debido a la escena de un beso que suplanta un modelo de deseo y familia por otro. En el primer modelo, las mujeres son objetos de deseos que devienen en la reproducción de la línea paterna. En el modelo de Lightyear, vemos un beso entre dos mujeres, quienes más tarde forman una familia lesbomaternal. No es solamente la aparición de un beso entre personas del mismo sexo lo que causa la controversia, sino que la familia que se forma alrededor de ese amor irrumpe y obstaculiza la perpetuación y expansión de un linaje patriarcal.

Aunque en Lightyear vemos lo que podría ser simplemente otra reverberación del prototipo, el tan controversial beso no surge en la escena que ritualmente termina la película Disney. No es un beso épico, romántico, aspiracional y simbólico de la felicidad como sí lo fueron los de Blancanieves, la Sirenita, la Bella Durmiente o Cenicienta con sus respectivos príncipes. Tampoco es un beso que se presenta como único y excepcional, o central a la trama, sino que es uno más de cariño y hábito, como el de muchas parejas que viven juntas, quienes en ocasiones forman una familia y no lo hacen para mantener un orden y linaje patriarcal, como sí ocurre en los casos de las monarquías a las que se adscriben nuestras más tradicionales princesas Disney.

La película ha sido ferozmente criticada por grupos que en primera instancia creen que un beso entre personas del mismo sexo es inapropiado y excesivo. También, por quienes específicamente tienen la expectativa de que las mujeres sean objetos y no sujetos de deseo, al menos en cuanto a reproducción se trata. Pixar es un estudio reconocido tanto por sus experimentose innovaciones en animación como por las historias un poco menos convencionales que representa. La incursión de Pixar en las relaciones afectivas entre objetos inanimados —lo cual distingue a Toy Story— fue muy popular. También Disney abrió una tendencia distinta a la del beso prototípico hace no muchos años. Con películas como Mulán, Valiente y Frozen, las expectativas de género de las mujeres representadas empezaron a cambiar.

Ilustración: Oldemar González
Ilustración: Oldemar González

La reacción conservadora frente a las más recientes películas de Pixar y Disney no es nueva y se manifestó de formas más privadas en el pasado. Lo que distingue a la respuesta ante Lightyear fue que surgió en un contexto en el que más que querer mantener una ideología conservadora, hay una organización reaccionaria y revanchista que está dispuesta a perseguirla. 

Debido a dicha escena, Bahrain, Egipto, Indonesia, Irak, Jordania, Kuwait, Líbano, Malasia, Oman, Qatar, Arabia Saudita, Siria y los Emiratos Árabes prohibieron Lightyear. También, en varios estados de EE. UU., los cines pusieron avisos. En Oklahoma, por ejemplo, un cine advertía:

Atención padres de familia: La administración de este cine descubrió, después de comprar Lightyear,que hay una escena con un beso entre personas del mismo sexo dentro de los primeros 30 minutos de la película de Pixar. Haremos todo lo posible para adelantar la escena, pero podría no ser exacto.

No es casualidad que en México, las respuestas de muchas personas se alinearan con las anteriores. Aunque muchos derechos sexuales y reproductivos han sido conquistados a niveles políticos y jurídicos, fuera de ciertos círculos relativamente pequeños, hablar del deseo femenino y sus distintas iteraciones así como de personas LGBT+ en el contexto de la reproducción física, social y cinemática sigue siendo una lucha cuesta arriba.

Justicia reproductiva en la época de la reproducción digital

Antes de Lightyear, otra muy reciente película de Pixar también causó controversia, aunque con menor intensidad dado que 1) no es explícitamente representativa del deseo entre personas del mismo sexo; y 2) su estreno se dio en la plataforma de Disney+ y no en cines. La protagonista de Red (2022),Meilin Lee, alcanza la pubertad cuando empieza a desarrollar su deseo por un chico y, en ese contexto, se despierta para descubrir “su panda rojo”. Red muestra cómo todas las mujeres de la familia de Mei han despertado un día para descubrir sus pandas rojos. Al principio es una molestia y vergüenza, pero mientras la madre de Mei continúa considerando a los pandas rojos como una cuasi maldición, Mei aprende a disfrutar y compartir las emociones complejas y cambios corporales que llegan con su panda.

La sexualidad, el sexo, el deseo, el afecto y los cuerpos que los experimentan son temas difíciles de hablar y pensar para todas las personas. Hay quien cree que poner en escena temas así de complejos genera una relación pedagógica entre la obra y la espectadora, pero no existe un consenso sobre cuál es exactamente esta pedagogía. Los cuentos y películas de niños y niñas, los juegos y juguetes con los que aprenden a descubrir el mundo reciben actualmente una atención hiperminuciosa. La fiscalización de las infancias y adolescencias en temas de género y sexualidad llega acompañada de las limitadas aperturas a la representación de la diversidad de experiencias personales y sociales. El pánico social ante Lightyear surge en este tenor.

La representación de una familia lesbomaternal y un beso entre mujeres en una película de Pixar quizá no es la victoria más anhelada por parte de quienes —correctamente— consideran que aún queda mucho camino por recorrer para mejorar las condiciones materiales de los y las más vulnerables. Sin embargo, para una vida acostumbrada a la  la dignidad, también lo tiene que ser encontrarse con el tipo de familias y besos habituales que se representan en Lightyear. La representación de la diversidad de cuerpos y formas de vida da cierto grado de libertad a quienes se ven reflejadas: es un deseo similar al de la representación democrática. Los horizontes de posibilidad se amplían con los espejos en los que somos capaces de reflejarnos.

En esta pequeña victoria de representación, existe, sin embargo, un gran peligro. La habituación a las familias lesbomaternales y las distintas expectativas de género es crucial, pero tampoco hay que negar cómo  la industria del entretenimiento las usa y las instrumentaliza, en especial cuando logran conectarse con los medios del Estado. En EE. UU., la vicepresidenta Kamala Harris organizó una proyección de Lghtyear con ayuda de la NASA en un evento para las familias de militares y estudiantes locales. El evento buscaba promover la enseñanza de lo que llaman “STEM” (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas, por sus siglas en inglés) entre mujeres y personas racializadas, quienes históricamente no han tenido la posibilidad de desarrollarse en esas áreas. Aunque Lightyear introduce un modelo de familia lesbomaternal distinto al conservador patriarcal, tanto en la trama de la película como en el uso que le dieron Harris y la NASA, el acceso a la reproducción, las ciencias y sus múltiples tecnologías sigue enmarcado en un contexto de misiones militares.

La reacción revanchista a la película añora el modelo estricto de familia patriarcal, pero también busca recuperar el acceso exclusivo a las ciencias y tecnologías militares que solían estar restringidas a la figura del astronauta hetero. Ese “héroe” era visto como el hombre ejemplar que lo conquista todo en nombre de una mujer idealizada que lo espera —como Penélope a Odiseo—, de una familia que reproducirá su nombre y de una nación que lo enaltecerá. Incluir una familia lesbomaternal reta parcialmente esa expectativa, pero no transforma la relación entre industria, ciencia, entretenimiento, educación, imperialismo y militarismo que ejemplificó la vicepresidenta estadunidense en el evento que organizó con la NASA.

La justicia reproductiva en la época de la reproducción digital requiere mayor atención tanto a las tecnologías como a los discursos que cobijan el tipo de reacción conservadora que suscitaron Lightyear y en menor medida Red. Las posturas del frente reaccionario y revanchista surgen en donde las personas repiten posicionamientos en Facebook, comparten cadenas de WhatsApp, reproducen videos de YouTube, y replican comentarios en tendencias de TikTok. La coincidencia entre los discursos revanchistas y las tecnologías reproductivas nos conduce a considerar con mayor profundidad tanto las fallas en el acceso a la ciencia, la tecnología y la representación como sus limitaciones si no se dan en contextos que también consideren un reclamo amplio y sustantivo a los medios reproductivos, biológicos, sociales y tecnológicos, más allá de la expansión militar.

Familias, mujeres y aborto

El pasado 24 de junio, la Suprema Corte de Justica estadunidense estableció que en el caso de dicho país “la Constitución no confiere el derecho al aborto”. Inmediatamente, el estado de Missouri criminalizó el aborto, varias clínicas alrededor del país cerraron y se espera que 26 estados más sigan el ejemplo de Missouri. A diferencia del movimiento por los derechos reproductivos en América Latina, desde 1973 el derecho a abortar en EE. UU. se ha sostenido y expandido desde la posición de una élite supuestamente apolítica que garantiza una justicia ciega —la Suprema Corte de Justicia y casos como Roe vs. Wade y Planned Parenthood vs. Casey.

Luchar por derechos en los que una se ve representada implica afirmar que la justicia no es ni apolítica ni ciega. Por ello, la representación visual, como aquella que causó tanta controversia en Lightyear, no es de menor importancia. Como ha mostrado la marea verde en América Latina, el trabajo de visibilización en las calles y redes, el nombrar el aborto y normalizarlo entre compañeras y activistas así como utilizar esa habituación para convencer a congresistas y jueces son todos pasos esenciales para la justicia reproductiva.

Frente al anuncio de la corte estadunidense, una de las inmediatas preocupaciones de muchas mujeres y personas gestantes fue que el Estado, con ayuda de las industrias que han desarrollado tecnologías para que mujeres y personas gestantes sigan sus ciclos menstruales, puede ahora rastrear —y castigar— sus embarazos y abortos. Los peligros se expanden desde las apps diseñadas para mantener un registro de la menstruación hasta los registros de los buscadores en línea, gastos de tarjetas de crédito, correos electrónicos y las direcciones de las clínicas a las que una se dirige al pedir un servicio de Uberu otras plataformas similares.

Cincuenta años de paciente organización reaccionaria acabaron por derrotar a Roe y Casey. La inapelable conexión entre los medios de reproducción digital, biológica, industrial y estatal hacen que los peligros de no tener acceso a las instituciones políticas y jurídicas se multipliquen. Los usos y respuestas sociales y políticas en favor de Lightyear enseñan la importancia de pensar una vida donde la ciencia, la tecnología, la ingeniería, el amor, la familia y la pedagogía no estén concentradas en un único modelo restringido, encerrado bajo los parámetros de las sociedades, industrias e instituciones que ponen en peligro los hábitos, la vida, el gozo y la dignidad de otras y otros.

Al menos desde la década de 1960, la lucha por la despenalización y la legalización del aborto se ha convertido en un punto en común entre diferentes articulaciones feministas y progresistas alrededor del mundo. La inclusión y búsqueda de espacios y horizontes que activamente persigan las capacidades y dignidad reproductivas en más de una forma, más allá de los modelos tradicionales, sigue abierta. Esa continúa siendo la siguiente frontera.

 

Tessy Schlosser
Doctorante en teoría política en la Universidad de Cornell

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Publicado en: Con guante blanco

3 comentarios en “Princesas Disney, lesbianas y aborto:
nuevas fronteras y viejos horizontes

  1. Me sigue pareciendo extraño el discurso sobre el “patriarcado”. ¿una familia hétero por fuerza es patriarcal? Supongo que una pareja gay también corre el riesgo de serlo puesto que sus miembros son hombres (pensemos en la posición de la mujer en la antigua Grecia).

    Hay miedo en la gente ante los cambios, por eso el beso en lightyear generó una reacción tan grande. En los libros de texto en méxico se están incluyendo temas como hablar sobre los agujeros del cuerpo en primero de primaria, o de los puntos de placer en cuarto, quinto y sexto, lo que a juicio de algunos padres sexualiza a los niños. Hay temores de generar condiciones para abusar o de disminuir la edad promedio de inicio de las relaciones sexuales.

    La corte suprema de eeuu no prohibió el aborto, sólo dejó la decisión a los estados. El caso sobre el que decidió era poner una restricción a las 15 semanas, es más laxo que límite en el DF. Definir como deseable o indeseable el aborto sólo se puede hacer desde una postura filosófica de verdades éticas incuestionables; si todo es construcción social, lo más que ambas posturas pueden llegar a ser son propuestas de vida, que no pueden imponerse sobre los demás, y reduce la política a un juego de poder.

  2. Muy equivocado el titular. La SCOTUS no prohibió el aborto. Declaró qué no existe un derecho constitucional al mismo. Que el derecho a decidir no está en la cosbtituciión de los EUA.

  3. La doble moral que impera y predomina en nuestra sociedad, hacer escandalo de algo que siempre ha estado presente en nuestras sociedades, pero que se mantenían invisibles, pero se sabia que existían, hoy causa escandalo y rasgadura de ropajes.
    Mucha de la información los adolescentes, los niños la encuentran en la calle en platicas con sus mismos amigos en el internet y dependiendo de quien se los diga o las paginas visitadas que muchas veces la información les llega mal, alterada, mal intencionada o desinformada, querer cerrar los ojos ante la realidad que estamos es vivir en el error, tal parece que no se ha aprendido de la historia, el dejar la doble moral y aceptar que los tiempos cambian, legislar con seriedad y dejar la hipocresía a un lado seria un buen inicio, dejar de asombrarnos con películas como la de ligtheyear.

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