Poema de amor poscolonial (fragmentos)

Natalie Diaz nació y creció en la comunidad indígena Fort Mojave en Needles, California, a orillas del río Colorado. Es mojave y está inscrita en la comunidad indígena Gila River. Postcolonial Love Poem es un himno del deseo contra el borrado. La brillante segunda colección de Natalie Diaz, que traduce al español Elisa Díaz Castelo, exige que cada cuerpo que aparece en sus páginas —cuerpos del lenguaje, de la tierra, de los ríos, de los hermanos que sufren, de los enemigos y de los amantes— sea tocado y sostenido como amado. A través de estos poemas, las heridas infligidas por América a un pueblo indígena se dejan florecer de placer y ternura: “Déjame llamar a mi ansiedad, deseo, entonces. / Déjame llamarlo, jardín”. En este nuevo paisaje lírico, los cuerpos de las mujeres indígenas, latinas, negras y morenas son simultáneamente el cuerpo político y el cuerpo extático. Al reclamar esta autonomía del deseo, el lenguaje es empujado a sus bordes oscuros, los asombrosos campos de dunas y bosques donde el placer y el amor son a la vez pena y alegría, violencia y sensualidad.

Diaz desafía las condiciones desde las que escribe, una nación cuya creación predijo la disminución y el borrado final de cuerpos como el suyo y el de las personas que ama: “Hago lo posible por no convertirme en un museo / de mí misma. Hago lo que puedo para inspirar y espirar. // Estoy suplicando: Déjame estar sola pero no invisible”. Poema de amor poscolonial desenreda las nociones de bondad americana y crea algo más poderoso que la esperanza: en él se construye un futuro, siendo el futuro una matriz de las elecciones que hacemos ahora, y en estos poemas, Diaz elige el amor.

Presentamos a continuación algunos poemas del libro que acaba de llegar a librerías gracias a la editorial Vaso Roto.


Poema de amor poscolonial

Me enseñaron que las sanguinarias pueden curar la mordedura de serpiente,
pueden detener el sangrado —casi todos olvidaron esto
cuando acabó la guerra. La guerra acabó,
dependiendo de a cuál guerra te refieras: aquellas que empezamos,
las anteriores, hace milenios y más,
aquellas que me empezaron a mí, que yo perdí y gané
—aquellas heridas que florecen sin pausa.
Un salario me dio forma, libra a libra. Y yo libro el amor y cosas peores:
siempre hay otra campaña que atravesar marchando,
una noche en el desierto para el relámpago de cañón de tu pálida
piel apaciguada en tu pecho, laguna de plata y humo.
Desmonto mi caballo oscuro, me inclino ante ti, te entrego
el tirón fuerte de mi sed, de todas.
Aprendí Bebe en un país de sequía.
El dolor nos place, dejamos marcas
del tamaño de piedras  —cada cabojón pulido
por nuestras bocas. Yo, tu lapidaria, tu rueda lapidaria,
giro —verde moteado rojo—
el jaspe de nuestro deseo.
En mi desierto hay flores salvajes
que tardan hasta veinte años en abrirse.
Las semillas duermen como geodas bajo la arena caliente del feldespato
hasta que un destello de inundación estremece el arroyo, levantándolas
en su flujo de cobre, las abre de memoria
—recuerdan lo que su dios les murmuró
en las costillas: Despierta y duélete por tu vida.
Donde estuvieron tus manos hay diamantes
en mis hombros, deslizándose por mi espalda, muslos
—soy tu culebra.
Estoy en el polvo por ti.
Tus caderas son luz de cuarzo y peligro,
dos carneros de cuernos rosados que trepan una estela suave de desierto
antes de que el cielo de noviembre desate un diluvio de cien años
—el desierto devuelto de pronto a su mar antiguo.
Levántate,  heliotropo silvestre, hierba del escorpión,
facelia azul que sostiene el morado como un cuello puede sostener
la forma de cualquier gran mano.
Manos grandes, así llamaba ella a las mías.
La lluvia vendrá en algún momento, o no. e
Hasta entonces, tocamos nuestros cuerpos como heridas—
la guerra no terminó nunca y de algún modo comienza de nuevo.

* * *

Ligera luz de sangre

Mi hermano sostiene un cuchillo.
Ha decidido apuñalar a mi padre.

Esto podría ser una historia bíblica,
si no fuera ya una historia sobre estrellas.

Lloro alacranes —escorpiones repiquetean
y caen al piso como tijeras metálicas amarillas.

Caen boca arriba, sobre la espalda y los ojos
pero se retuercen y se voltean sobre sus vientres segmentados.

Mi hermano olvidó ponerse los zapatos de nuevo.
Mis escorpiones lo rodean, latigan sus tobillos.

En ellos está lo que me punza
—hacen que mi hermano caiga al suelo.

Se levanta, todavía con el cuchillo en mano.
Mi padre salió corriendo de la casa,

lloraba por la calle como un farolero
—pero nadie encendió sus luces. Está oscuro.

Sólo queda la luz que emanan los escorpiones
—queda una luz pequeña también en el cuchillo.

Ahora mi hermano me quiere dar el cuchillo.
Alguien podría decir, Mi hermano quiere apuñalarme.

Intenta pasármelo —como si se tratara de algo bueno.
Como si dijera, ¿No quieres un poco de luz en el vientre?

Así como Orión y Escorpio
—a lo largo de toda esa noche negra— se pasan el sol.

Mi hermano se suelta la mandíbula
—entre sus dientes, pulsa la roja Antares.

Una manera de abrir el cuerpo a las estrellas: con un cuchillo.
Una manera de amar a una hermana: ayúdala a sangrar luz ligera.

* * *

Aritmética estadounidense

Los indígenas norteamericanos son menos del
1 por ciento de la población de los Estados Unidos.
0.8 por ciento del 100 por ciento.

Oh, mi patria eficiente.

No recuerdo los días anteriores a Estados Unidos
—no recuerdo los días cuando todos estábamos aquí.

La policía mata nativos estadounidenses más
que cualquier otra raza. Raza es una palabra curiosa.
Raza implica que alguien ganará,1
implica, tengo tantas posibilidades de ganar como

¿Quién gana la carrera que no es una carrera?

El 1,9 por ciento de los asesinatos policiales
son de nativos estadounidenses, un porcentaje más alto
per cápita que el de cualquier otra raza

—a veces raza significa corre.

No soy buena en matemáticas —¿puedes culparme?
He tenido una educación estadounidense.

Somos estadounidenses y somos menos del 1 por ciento
de los estadounidenses. Nos sale mejor morir
a manos de la policía que existir.

Cuando nos estamos muriendo, ¿a quién debemos llamar?
¿A la policía? ¿A nuestro senador?
Por favor, que alguien llame a mi madre.

En el Museo Nacional del Indio Americano,
el 68 por ciento de la colección es de Estados Unidos.
Estoy haciendo lo posible para no volverme un museo
de mí misma. Estoy haciendo lo posible por inhalar y exhalar. 

Estoy rogándoles: Déjenme estar sola pero no me hagan invisible.

Pero en un cuarto estadounidense de cien personas
soy nativa estadounidense —menos de una, menos que
completa— menos que yo misma. Sólo una fracción
de un cuerpo, digamos, soy sólo una mano

—y cuando la deslizo bajo la blusa de mi amante
desaparezco por completo.

* * *

Diez principales razones por las cuales los indios son buenos en básquetbol

1.
Por la misma razón por la que somos buenos en la cama.

2.
Porque, hace mucho tiempo, el Creador nos dio una opción: pueden escribir como un dios indio o tener un tiro más dulce que una lata de jugo del gobierno —es una o la otra. Todos excepto Sherman Alexie escogieron el tiro de salto.

3.
Sabíamos cómo bloquear tiros, cómo hacerlos bajar por tu garganta, porque cuando dices, Tiren, nosotros escuchamos obús y metralletas Hotchkiss y Springfield Modelo 1873.

4.
Cuando los jugadores indios sudamos, emitimos perfume de tortillas y detergente Pine-Sol que actúa como una poción y desorienta a nuestros oponentes, haciéndolos olvidar sus jugadas.

5.
Desde pequeños sabíamos que no hay diferencia entre la cancha de básquetbol y la iglesia. De verdad, los Nazarenos ofician misa en el gimnasio tribal los domingos por la tarde —el coro da rienda suelta a su interpretación de “In the Sweet By and By” desde la línea de fondo.

6.
Cuando Walt Whitman escribió, El mestizo ajusta sus livianas botas para competir en la carrera, en realidad quiso decir que todos los indios mayores de 40 tienen un par de tenis Air Jordan vintage en sus armarios y todavía creen poseer la magia suficiente para que incluso el más voluminoso cuerpo alimentado con chatarra corra de un lado al otro de la cancha y haga un tiro en bandeja.

7.
A los indios no les da miedo intentar un tiro aéreo en partidos de verdad, aunque ningún indio haya logrado jamás un tiro aéreo, o no un indio de una tribu reconocida federalmente, de cualquier modo. Pero aún así, la desvergüenza con la que intentamos hacer tiros aéreos en calentamientos les mete miedo a nuestros oponentes, y por lo tanto nos da una ventaja mental.

8.
La cancha es el único lugar donde nunca pasaremos hambre —esa red es un vacío que podemos llenar todo el día.

9.
Fingimos que jugamos cada juego para ganar una manta Pendleton, y el JMV, el jugador más valioso, se llevará un cheque del tamaño de Mashantucket Pequot per cápita.

10.
Pero, ya en serio, todos los indios son buenos en el básquetbol porque un balón de básquet nunca es sólo un balón —siempre es una luna llena en esta oscuridad terminal, el único faro trasero del Granada gris de Jimmy Jack Tall Can que cortaba los caminos de tierra en una escapada para comprar alcohol, el corazón del Creador que Coyote robó de la pira funeraria condenándolo a caminar solo a través de todos los atardeceres coralinos. Aquello a lo que le cantamos siempre ha sido una calabaza gorda, el seno izquierdo de una mujer mojave tres cervezas adentro del sábado por la noche. Siempre será una bala resbalosa y brillante que podemos lanzar desde el arco de tres puntas en los cinco segundos que quedan del año 1492, y mientras atraviesa y rompe la red, nuestros enemigos heridos caerán de rodillas con el ligamento cruzado anterior roto.

 

Natalie Diaz
Su primer poemario, When My Brother Was an Aztec, ganó un American Book Award. Ha sido beneficiaria de las becas MacArthur, Lannan Literary, Cultures Foundation Artist, Hodder en la Universidad de Princeton, Ford como miembro del consejo directivo para los Artistas de los Estados Unidos. Ganó el premio de poesía Holmes National. Es la presidenta Maxine y Jonathan Marshall en la carrera de Poesía Moderna y Contemporánea de la Universidad Estatal de Arizona.


1 Nota de la Traductora: En inglés, la palabra race se utiliza para hablar de una etnia o raza pero significa, también, competencia o carrera.

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Publicado en: Florilegio