Laurence Jacobs es un investigador bioinformático que ha dedicado su carrera a entender y prevenir la “muerte de cuna”. De ciudadanía estadunidense y origen judío-libanés, Jacobs creció en la Ciudad de México y fue profesor en el Massachusetts Institute of Technology. Hoy en día vive en Suiza. En esta entrevista, el científico comparte algunos detalles de su vida y trabajo, así como de la fascinante historia de su familia.
Alexei Bayer: A pesar de su reputación como país conservador y cerrado, Suiza es un país de inmigrantes. Para ti ésta es tu segunda emigración, de México a Estados Unidos y ahora Suiza.
Laurence Jacobs: Lo que dices no es exactamente así. Es cierto que crecí en México, pero mi padre era estadunidense. De modo que yo también soy, de nacimiento, ciudadano estadunidense.
AB: ¿Pero tu familia viene de Líbano?
LJ: Casi todos mis antepasados vienen de Hasrún, ciudad libanesa que se encuentra en las montañas al noreste de Beirut. Allá vivían, en relativa paz y armonía, tanto católicos como maronitas, musulmanes, judíos y drusos. Esta situación, como sabes, cambió dramáticamente con la Guerra Civil del Líbano, 1975-1990. Es difícil imaginar cómo se recuperará nunca de este estado desastroso presente.
AB: ¿Y cómo fueron a dar allá los judíos, tan cerca de su histórica tierra natal?
LJ: Nadie sabe a ciencia cierta cómo fue. Con la conquista romana, salió una oleada de dos grupos, uno a España e Italia y otro al norte de Europa, pero se dieron muchas otras oleadas menores. Por ejemplo, algunos judíos lograron asentarse en donde el control romano era más débil, como en las montañas cerca de Sura, y hasta en Damasco y Teherán.
Se cree comúnmente que todos los judíos del Líbano son sefardíes, como la mayoría de los que emigraron a Italia y España. Pero al analizar mi propio genoma, que obtuve de un amplio estudio genético en el que participé, descubrí que mi firma genética está más cerca de la de Aaron, el hermano de Moisés, es decir, de los Cohen. Sin embargo, parte de mi genoma es asimismo similar a la información genética de algunas tribus nómadas en el Medio Oriente y el Norte de África. Desafortunadamente, casi todas las sinagogas en Líbano fueron destruidas durante la Guerra Civil Libanesa, y con ellas casi todos sus archivos históricos. En mi familia tampoco queda prácticamente ningún documento, de modo que no tengo la certeza de cómo llegaron al Líbano mis antepasados. Por supuesto, en aquel tiempo Líbano no existía como país. Los padres de mi padre se casaron en Líbano, en la misma ciudad en la que nació mi abuelo paterno, y asimismo emigraron a Estados Unidos a finales del siglo XIX.
AB: ¿Y sus familias se conocían entre ellas en Líbano?
LJ: No. Entre ellos, mis abuelos se llamaban “primos”, pero se trata de un apelativo tradicional. Los paisanos que vienen de una misma ciudad o población con frecuencia se llaman “primos” entre ellos.
La familia de mi padre emigró a Manhattan, en Nueva York, donde nació mi padre. Pero mi abuelo materno emigró directamente a México, donde tenía relaciones de negocios, y empezó a trabajar con Julián Slim, el padre de Carlos Slim, que en un momento dado fue el hombre más rico del mundo. Los Slim también eran del Líbano, pero probablemente de origen ortodoxo cristiano, no judíos.
En México, en donde nació mi madre, mi abuelo materno se casó con una joven cuyos padres también habían emigrado de Hasrún. Con el tiempo abrió su propio negocio, hizo dinero, y construyó una casa muy grande para la familia en un barrio del sureste de la Ciudad de México. Cuando decidió adquirir tapetes orientales para su propia casa, le recomendaron un negocio en Nueva York que pertenecía a mi abuelo paterno. Resultó que eran “primos”, es decir, que provenían de la misma población de Líbano. De esta manera fue cómo mi padre y mi madre se conocieron.
Para entonces mi padre ya había luchado en la Guerra Civil de España, contra Franco, como miembro del Batallón Lincoln de las Brigadas Internacionales. Mi padre, al igual que muchos otros jóvenes judíos neoyorquinos, era de ideas de izquierda. Pero después del Pacto Molotov-Ribbentrop se desilusionó por completo del comunismo. De todos modos, cuando Estados Unidos entró a la Segunda Guerra Mundial y él fue movilizado, no lo enviaron al frente, ya que los desvergonzados militares estadunidenses lo consideraban peligroso debido a su historia como activista de izquierda. Así, después de la guerra, con él en la lista negra, se le dificultó enormemente encontrar trabajo en Estados Unidos.
Así las cosas, mi abuelo materno le ofreció trabajo en México. De ahí que, si bien soy mexicano por nacimiento, la lengua inglesa también es mi lengua materna. De igual modo siempre he sido ciudadano estadunidense de nacimiento.
Tras acabar mis estudios de licenciatura en la UNAM hice un doctorado en física teórica en el Massachusetts Institute of Technology (MIT), donde luego fui investigador y profesor de física durante quince años.
AB: ¿Qué te atrajo de Suiza para que dejaras un empleo permanente en una de las mejores universidades del mundo?
LJ: En una ocasión estuve presente en una conferencia sobre la muerte súbita cardíaca. Esto sucede cuando el corazón se detiene definitivamente sin ninguna causa aparente o ningún síntoma previo conocido. En particular, esto es lo que sucede en la llamada “muerte de cuna”, o SIDS, según sus siglas en inglés. Entonces me pregunté, ¿es posible que la muerte llegue repentinamente, sin síntomas previos? El organismo humano es un sistema en extremo complejo, y sabemos, a partir del análisis de sistemas complejos en física, que dichos sistemas no fallan repentinamente o sin antecedentes. Los sistemas complejos pasan de un estado a otro, y cada estado tiene, por lo general, un antecesor único. Me pareció obvio que lo que sucede en la llamada muerte súbita es que sólo estamos observando una parte de un determinado sistema complejo. Y cuando no se analiza el cuadro completo es, en general, imposible comprender cómo evolucionan tales sistemas.
Empecé a estudiar este problema, y durante un congreso sobre cardiología, en el que hice una ponencia sobre mi proyecto en curso, se me acercó un médico de Zúrich, Gregor Zünd, quien ahora es Director del Hospital de la Universidad de Zúrich, uno de los más grandes centros de investigación médica en Europa. Zünd se mostró particularmente interesado en mis ideas y mis hipótesis y me invitó a venir a pasar un tiempo en Zúrich. Así, en 1998, tomé un año sabático en la Universidad de Zúrich, sin tener intenciones de permanecer aquí mayor tiempo. Pero luego prolongué un año más el contrato y, al año siguiente, de nuevo y, de este modo es cómo ya llevo viviendo aquí 23 años.
AB: ¿Será esto lo que le sucedió al futbolista Christian Eriksen en el Campeonato Europeo?
LJ: No precisamente. Su corazón se detuvo, pero los médicos estaban a mano y lo resucitaron. Con la muerte súbita, y en particular, la muerte de cuna, o SIDS, casi nunca es posible salvar a la víctima, aún si cuenta con asistencia médica inmediata.
AB: ¿Y todos estos años a lo que te has estado dedicando es al problema de la muerte de cuna?
LJ: Este tipo de investigación requiere un proceso largo y arduo, que implica un enorme y costoso esfuerzo de investigación teórica y clínica. La muerte súbita infantil es resultado de arritmias cardíacas. No concuerdo con la opinión de la mayoría de los cardiólogos que sostienen que se necesita un extenso número de latidos del corazón para identificar una arritmia. Según mi opinión, con pocos latidos, incluso cuatro o cinco, es suficiente. Si no se corrige esta situación, lo que pudo haber iniciado como una arritmia transitoria y de posible autocorrección puede convertirse en una arritmia sostenida que bien puede conducir a la muerte. Hace aproximadamente treinta años sostuve la hipótesis de que tales inestabilidades en el sistema neuro-cardiológico podrían preverse a través de cierto análisis matemático de los ritmos cardíacos, análisis que yo mismo había desarrollado. Esta hipótesis es lo que especialmente impresionó a Zünd. Apenas hace algunos años nos fue posible finalmente confirmar clínicamente esta hipótesis.
En general las arritmias cortas ocurren diariamente sin mayor consecuencia. Cuando uno se pone de pie de forma abrupta, por ejemplo, baja la presión sanguínea y, para compensar, el ritmo cardíaco aumenta. Debido a esto, las cámaras superiores e inferiores del corazón pueden perder la sincronización momentáneamente. Sin embargo, el sistema nervioso rápidamente las hace regresar a la normalidad. La comunicación entre el sistema nervioso central y el corazón se lleva a cabo a través del sistema nervioso autonómico. Una parte del sistema autonómico acelera el ritmo del corazón y la otra parte lo disminuye.

AB: ¿Entonces qué es lo sucede en el síndrome de la muerte de cuna?
LJ: Pensamos que el SIDS es un problema de desarrollo en los niños y niñas de cuna. El desarrollo de una parte del sistema nervioso autonómico —el componente parasimpático, responsable para hacer bajar el ritmo del corazón— se retrasa respecto al desarrollo de su otro componente, la parte simpática, que es la que lo acelera.
Es importante comprender que el SIDS no es indicador en sí de que un bebé se encuentre seriamente enfermo de algún determinado mal. En el primer mes después de nacido, los bebés pueden morir de diferentes enfermedades congénitas. Sin embargo, tras el primer mes de nacimiento, el SIDS se convierte en la causa principal de muerte de los bebés. Este riesgo desaparece casi por completo después de aproximadamente once meses, con un máximo riesgo entre los dos y los cuatro meses. Es decir, mientras el sistema nervioso autonómico sigue en pleno desarrollo. Si un bebé en riesgo puede ser salvado, entonces continúa su desarrollo de manera normal y deja de estar en peligro en este sentido.
Nuestra investigación ha demostrado que tal desequilibrio en el desarrollo del sistema nervioso parasimpático puede ser detectado poco después del nacimiento, mediante el uso de procedimientos seguros y no invasivos, y de ahí que determine el nivel de riesgo de muerte súbita en el bebé. En tales casos, contamos con medicamentos enfocados a reducir la acción de mecanismos que conducen a la arritmia y muerte en estos bebés. Estos medicamentos son muy poderosos y pueden tener efectos secundarios de consideración, de modo que deben indicarse solamente en casos de alto riesgo. Ya hoy en día, en el estado actual de nuestra investigación y de acuerdo a mis cálculos, podríamos prevenir entre 10 y 15 % de dichas muertes de cuna. Pienso que nuestra investigación en curso podría, pronto, mejorar este porcentaje a 30 o 60 %.
De modo que, cuando aquí en Suiza tuve la oportunidad de enfrentar este problema, decidí asirlo de lleno. Mi carrera en física teórica fue razonablemente exitosa; mis publicaciones continúan siendo citadas, tuve estudiantes maravillosos, incluso extraordinarios, que ahora son profesores en diversas universidades. Aun así, no estaba seguro de si mi trabajo era de veras relevante. En cambio, ahora mi investigación está enfocada directamente a prevenir la muerte súbita. En números absolutos, los casos de SIDS son relativamente raros. En Estados Unidos, aproximadamente 3000 bebés mueren por esta causa año con año. En Suiza, el número está alrededor de cuarenta bebés. Pero cada muerte por el SIDS resulta ser una tragedia enorme. Para el bebé, para los padres, para sus médicos, para todo aquel cercano al bebé. Las familias se rompen, padres jóvenes desarrollan problemas mentales duraderos. Y esto, en especial porque el bebé muerto aparentaba ser un bebé completamente sano según la actual práctica médica. Salvar la vida de un bebé, aunque solamente fuera una, colma mi vida de sentido.
Alexei Bayer
Escritor
Esta entrevista apareció originalmente en ruso en Jewish.Ru. Agradecemos la oportunidad de publicarla en español.
Traducción de Bárbara Jacobs