La edad oscura del universo

Ilustración de: Gala Navarro ©

También el universo tuvo una edad oscura. En el comienzo de todo, al principio, alrededor del año cuatrocientos mil. No había manera, ni forma. El universo era un puño cerrado, un nombre distinto para la oscuridad. La materia no tenía. Los átomos estaban rotos. Pero, ¿puede estar roto algo que nunca ha estado completo? La temperatura del universo era tan alta que los átomos no permanecían juntos: sus núcleos positivos y electrones, desperdigados, estorbaban el viaje de la luz. Niebla en la carretera: eclipsaban las ondas, las tragaban. Las estrellas todavía no y casi toda la materia del universo era materia oscura. El universo —un museo vacío por la noche. En el principio fue sólo eso, una noche de lluvia en el museo. Te besé a sabiendas y en silueta a la mitad de una sala sin nadie. Detente, me dijiste, podrían vernos. Me hice perdediza y lo intenté de nuevo. A lo lejos avanzaban las voces. No recuerdo cuadros, sólo la temperatura de tus pocas palabras, la herida aún oculta del principio. En mi memoria, las luces apenas. En mi memoria, todo estaba a oscuras. Sólo el sonido de la lluvia nos alumbraba. Tenías los ojos rojos porque habías viajado toda la noche. Atravesamos nuestros nombres para llegar ahí. En el principio fue esto: un verano que inició con la lluvia. Solsticio y montaje. La luz en nuestras bocas, donde se hizo. Esa bóveda celeste del paladar. Todo aquello que separa el día de la noche. Tu perfil todavía. La luz de mi memoria se rompe, se astilla, no puede atravesarnos. Nos podrían ver, me dijiste, me alejaste de tu lado tenuemente. Tantas cosas que existen y existieron, me digo, y nunca fueron vistas.

 

Elisa Díaz Castelo
Poeta y traductora. Su libro El reino de lo no lineal ganó el Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 2020.

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Publicado en: poemas periódicos

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