El silencio contemporáneo: un proyecto editorial

La editorial independiente Gris Tormenta acaba de publicar Viajes al país del silencio, colección de ensayos que propició la experiencia pandémica pero que la trasciende. Aquí se cuenta cómo se gestó un proyecto en el que personas religiosas, poetas o escritores, exploran sus refugios interiores, lejos del mundanal ruido.


¿Por qué hacer un libro sobre el silencio contemporáneo? La pregunta merodeaba las reuniones de Gris Tormenta desde hacía tiempo, pero se apagaba ante otras propuestas de libros que consideramos más relevantes en ese momento. Luego llegó la pandemia y la pregunta resurgió. Esta vez hacía más sentido: a casi un año de empezar la espiral de noticias, planes cancelados, cuarentenas, restricciones y pérdidas, la idea de hacer un libro sobre el silencio parecía una respuesta natural a lo que nos sucedía en la editorial y a cada uno de nosotros. Explorar la soledad no era un tema nuevo, pero las circunstancias permitieron que la pregunta comenzara a tener otro tipo de vida, que iba creciendo por sí sola. Así, en medio de cajas de libros que no llegaban a las librerías y muchos correos, comenzamos un libro a doce voces que comparten nuestro interés por reflexionar el silencio, entre ellas un meditador zen, un contemplativo cristiano, un aprendiz de temazcal, una poeta que sube montañas y un escritor que vivió en la selva durante veinte años. Llegar a esos textos, a esa contemplación coral, fue recorrer un país inventado que intento recapitular a continuación.

La primera vez que una antología sobre el silencio pareció una idea real fue en los últimos meses de 2020. Durante este primer intento por imaginar el libro, en la editorial iniciamos una “conversación silenciosa” por correo electrónico. Jacobo Zanella escribió uno donde se esbozaban varias posibles antologías para la colección Disertaciones. El ejercicio consistió en valorar cuál podría ser la siguiente a partir de una breve descripción de cada idea. En este caso, hacer un libro sobre el silencio sólo estaba insinuado por una cita de Pascal —“Todos los problemas de la humanidad provienen de la incapacidad del hombre para sentarse solo y en silencio en una habitación”—, seguida de un párrafo donde aparecían notas fragmentadas como ésta: “El silencio no entendido como ausencia de ruido, más bien como claridad, individualidad; como condición literaria y de pensamiento. No es el silencio medieval, monástico ni romántico. Tampoco tiene una perspectiva histórica. Es el silencio contemporáneo”. Mauricio Sánchez, otro editor, contestó: “Creo que hoy más que nunca el silencio es un tema urgente. Tal vez se pueda hacer una antología combinada, con textos ya publicados y otros comisionados. José Manuel Velasco puede ser el editor invitado”.

En mi respuesta a estos correos, escribí un argumento corto, escueto: “Después de 2020, pienso que ahora esta antología es una respuesta editorial más interesante”. Lo que quise decir es que si la llegada de la pandemia iba a influir en los títulos que aparecerían en librerías el siguiente año, prefería que Gris Tormenta no se sumara a esa conversación desbordada, y en su lugar contemplara el silencio —tema nada nuevo, pero sobre el  que las restricciones y la cuarentena global permitieron reflexionar (a la fuerza): todos nos habíamos enfrentado a él en un contexto personal. Si nosotros estábamos, cada uno a su manera, reflexionando sobre el silencio, probablemente otras personas y autores podían tener la misma inquietud.

Volví a saber del libro dos meses después, cuando Jacobo y Mauricio me confirmaron que el noveno título de la colección Disertaciones sería Viajes al país del silencio. También mencionaron que tendríamos un editor invitado para hacer la selección y comisión de textos, así como la estructura del libro y un prólogo: el escritor José Manuel Velasco. Nuestro interés en editar esta antología coincidía con su proyecto personal de años de reflexión sobre el silencio, que incluía una suma de textos recopilados de sus ávidas lecturas sobre el tema y una selección de autores que podían escribir algo inédito. Así se fue construyendo un libro en el que se sumaron escritores que ya tienen trayectoria en la literatura contemporánea en español —Pablo d’Ors, Leonardo da Jandra, Mónica Nepote—, pero también voces nuevas —Georgina Cebey, Patricia Arredondo, Mariana Orantes, Elisa Díaz Castelo, Antonio Tamez— y extranjeras —Sara Maitland, Pico Iyer, Tim Parks, Larry Rosenberg. Varios de estos colaboradores no se definen como ensayistas o contempladores aguerridos del silencio, pero lo importante para José al unirlos fue que todos, sin importar su edad o disciplina, habían experimentado el silencio en primera persona, y cada uno, desde su contexto, podía articular esa experiencia para mostrarle al lector distintos silencios, distintas formas de refugio.

Ahora que el libro está impreso, le pregunté a José en un correo por qué creía que había sido importante publicar este libro. Él respondió:

Creo que hablar del silencio es una necesidad colectiva cada vez más evidente. El silencio, aunque sea como una abstracción idealizada, nos cautiva porque sabemos que vivimos ahogados por la prisa y el ruido. Apuntar hacia el silencio es un primer paso para reconocer lo mucho que nos hace falta mirar hacia el interior.

Desde que comenzamos a trabajar en la antología quedó claro que para José la reflexión del silencio es parte de una constante exploración del equilibrio entre cuerpo y mente. Esa búsqueda lo ha llevado a la corporalidad teatral, al pensamiento literario y la meditación vipassana. En otro correo, de los muchos que intercambiamos durante el desarrollo del libro, escribió: “Desde hace algunos años, meditar en mi vida diaria y en retiros es una suerte de piedra de toque por medio de la cual redescubro una y otra vez la belleza, la impertinencia y la realidad del momento presente”.

El libro pensado hace años encontró su cauce en alguien que lo vivía a fondo. Y en un presente que parece habernos descolocado a todos (o haber hecho evidente que estábamos así desde antes), la premisa de José resonó más:

El silencio tiene muchas vías de acceso; podemos hablar de un estado de conciencia o de un territorio abstracto al que ingresamos desde distintos lugares. Es un espacio vasto e inexplorado que guarda una riqueza inagotable y en donde la humanidad reconoce su identidad profunda: el último bastión de la libertad.

Una de las propuestas descartadas para el colofón del libro decía lo siguiente: “Hacer un libro es todo menos silencioso; durante el proceso de edición, el equipo editorial buscó varias formas para sobrellevar el inevitable ruido virtual: asistir a un retiro de meditación, viajar después de un año sin salir de casa, ver exposiciones de arte en solitario, caminar y leer en cualquier sitio”. Por un momento nos agradó esta propuesta porque planteaba la idea de que ninguno de los editores de Gris Tormenta había alcanzado el silencio ni era un experto en el tema; que no es un libro con pretensiones abstractas y que tiene que ver más con la práctica. “No quisimos una aproximación teórica o historiográfica —dice José en otro correo—; el acento está puesto en la relación vital de los autores con el tema.” Sobre la estructura, dice:

De algún modo los textos fueron acomodándose en tres apartados (Mundo, Naturaleza y Espíritu): están los que hablan de los silencios más pedestres y cotidianos (de los silencios que encontramos azarosamente en nuestra rutina y en medio del ajetreo); están también los silencios que germinan en la naturaleza (el silencio de los animales y el silencio de la montaña, por ejemplo); y por último está el silencio de Dios, que es otra forma de decir el silencio del misterio de la existencia.

Y así se llegó a la idea de ese “país del silencio” que dibujó José: “Ordenar los textos de esta manera nos permitió trazar una suerte de geografía imaginaria hacia donde poder emprender una odisea lectora. El libro, en suma, no es más que una invitación a recorrer algunos lugares de este territorio”.

Leer y pensar el silencio desde la experiencia es una de las aportaciones más importantes que José, como editor invitado, hizo a la antología. Dice que el libro “no está anclado a una sola tradición” porque en él convergen caminos como el naturalismo, el pensamiento utopista, el zen, la cosmovisión mesoamericana y el cristianismo contemplativo. “Es un libro apartado de intelectualismos y de laberintos teóricos. Es un libro claro y sugerente, abierto a todos los lectores. Esto, sin duda, en un tiempo tan engolosinado de retóricas y hermetismos, me parece una virtud.” Creo que eso es lo que intenté decir en aquel primer correo en el invierno de 2020: una lectura que registrara el momento en el que vivimos —no sólo el de una pandemia, también el de los retiros espirituales, la huida de la ciudad al campo y las consecuencias emocionales de las redes sociales— con un lenguaje que permitiera una reflexión colectiva.

Mientras hacíamos el libro, en una de mis excursiones en búsqueda del silencio, vi un posible cuadro del Bosco: Las tentaciones de san Antonio Abad, donde el santo —uno de los primeros ermitaños del siglo IV y fundador de la vida monástica— se encuentra bajo un árbol hueco, imperturbado por los monstruos que intentan seducirlo (y que, probablemente, deben estar chillando y haciendo ruidos extraños para distraerlo). El encuentro con esta obra, que se infiltró en un anexo de Viajes al país del silencio, me hizo pensar en los Antonio Abad del mundo contemporáneo que desinstalan WhatsApp, que se van por temporadas a un lugar donde Gmail no abruma o que abandonan alguna red social. El libro que construyó José, y que estuvimos trabajando alrededor de ocho meses en la virtualidad, plantea otras formas de enfrentarse a los monstruos ruidosos: una lectura que nos acerca al silencio interior que está en todos nosotros —y que se magnifica con la introspección colectiva que durante la pandemia experimentamos al unísono.

 

Luis Bernal
Editor y escritor. Desde 2017 colabora en el desarrollo de las colecciones Disertaciones y Editor de Gris Tormenta.

 

 

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Publicado en: Ciudad de libros