En la tierra árida de la noche

¿Quién ha podido dormir bien en estos meses de incertidumbre? Aquí, Kathya Millares toma un ensayo de Stefan Zweig como punto de partida para una reflexión sobre el insomnio en tiempos de crisis.

Ilustración: Ricardo Figueroa

Una noche insomne de julio me tomó por sorpresa un ensayo de Stefan Zweig titulado “Mundo insomne”. Inicia así: “El mundo de hoy duerme menos. Son más largas las noches y más largos los días”. Estas observaciones nacieron bajo la angustia de la Primera Guerra Mundial, un peso inédito para el espíritu de Zweig.

Esa guerra estaba dejando a la humanidad sin algo preciado: la costumbre de irse a dormir sin la preocupación de que no habría mañana. Zweig sabía que quienes se quedaron en casa imaginaban la suerte de sus cercanos actuando como soldados. Estaban las batallas en las que se oían los disparos, el trote de las caballerías, los zumbidos de los aeroplanos. Y le sorprendía la velocidad con la que llegaban buenas y malas noticias debido a los avances tecnológicos. Se cuestionaba también si las plegarias y los pensamientos dirigidos a los ausentes viajarían como viajan los sonidos, si esa inmensa nube mental tendría algún efecto en el destino.

Las reflexiones bélicas de Zweig me sirvieron de puente para atravesar la noche hacia el siguiente día de un segundo año de pandemia. Lo que Zweig notó entonces no es tan lejano del presente. ¿Quién no perdió el sueño en estos meses dominados por el covid?

Seguro habrá miles que levanten la mano y acepten ser parte del club de insomnes. Dormir ocho horas para muchos es una recomendación médica imposible de cumplir. En cambio, llegar a las tres de la mañana con la mirada dirigida al techo no demanda esfuerzos olímpicos.

Después de tantas noches en vela el cielo negro, la luna —en todas sus fases y colores en las que ahora se le nombra—y las estrellas pierden su sentido poético. El insomne vive en horas lentas. Se concentra en el latido de su corazón y lo exaltan hasta los sonidos más imperceptibles. Si la luz de una ventana ajena se cuela por un pliegue de la cortina se pregunta cuál es la historia de aquella persona que comparte su circunstancia.

¿Aún hay quien cuenta ovejas? Podría pensarse que eso quedó atrás y ahora se usan coches andando. Otro consejo que se comparte entre los que saben es contar números en reversa: partir desde el cien nunca es suficiente.

En este siglo se habla de higiene del sueño. Tal vez el insomne sea muy riguroso en seguir las recomendaciones, pero no falta la noche en la que la ansiedad hace trizas todo. La almohada no alivia, sólo soporta preocupaciones.

Otros métodos han hecho al insomne un experto en el Pantone de los ruidos. Tiene que saber distinguir entre el blanco, el rosa, el marrón, el azul o el gris. Una mala elección podría quitarles sus poderes soporíferos.

La costumbre del cuento de antes de dormir se ha adaptado. Ahora son meditaciones narradas por celebridades. ¿Quienes admiren al cantante Harry Styles podrán conciliar el sueño después de que les haya dado las buenas noches?

Para iluminar las veinticuatro horas del día se usan tres tipos de luz: la del sol, la de la lámpara y la de las pantallas. En el desvelo esta última puede ser una gran compañía, aunque vaya en contra de los buenos hábitos del sueño. Luego de apretar los ojos en vano durante horas, la luz azul atrae como una sirena al marinero agotado. Las historias de otros —ya sea en libros, series, películas o videos— arropan.

El insomne de la pandemia camina por la "tierra árida de la noche", como la nombró Zweig, con desasosiego. Le vienen a la cabeza quienes han muerto, los pendientes del trabajo para las reuniones virtuales, las necesidades de la familia, los intentos vanos de conseguir trabajo, las dificultades para volver a convivir cara a cara; siente el cansancio de meses de movilidad cercada, la depresión o los dolores del cuerpo. Si en algún momento logra dormir, por la mañana recuerda sueños extraños o pesadillas.

Stefan Zweig lo vio muy claro: ante su total rendición y soledad, el insomne siempre esperará que se le conceda volver a la calidez del ensueño.

 

Kathya Millares
Editora

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Publicado en: Registro personal