Inmerso en la no-ficción creativa, El invencible verano de Liliana,el nuevo libro de Cristina Rivera Garza (México, 1964) narra la travesía que emprendió la autora a través de las cartas, diarios y notas, entre otros documentos, que dejó su hermana Liliana, la coautora de este volumen, quien fue asesinada por Ángel González Ramos el 16 de julio de 1990. A salto de mata entre ministerios y procuradurías, este viaje a los infernos personales pone a la escritora mexicana ante un pasado que está siempre por ocurrir. Libro-protesta, libro-denuncia, libro-espejo, libro necesario dentro de la suma literaria de la familia Rivera Garza.
El de sus 20 años fue el último de Liliana Rivera Garza, estudiante de arquitectura y escritora. “Liliana tiene una voz propia y se encargó, precisamente, de que el registro de su voz se conservara, y lo que hago como escritora —y es lo que siempre he pensado que hago— es que estoy construyendo una especie de plataforma o escenario o un contexto performativo en el que su voz (una voz que ya existe) puede alcanzar otros oídos, es más bien esta labor de reverberación de dar una cita en el sentido amoroso, en el sentido textual, para que otros puedan también atender a este hecho”, reconoce la autora.
El eco de una voz
Reconocerse a través de su hermana fue una labor de reconocimiento personal, de dolor propio. Tuvieron que pasar más de treinta años para que Rivera Garza se sentara a escribir, a manera de crestomatía, esta historia, que no podía ser contada sino con una voz: la de Liliana.
“Yo había tratado de escribir este libro antes, en otros registros, sobre todo como libro de ficción, pero nunca había funcionado. Tengo años trabajando con ideas, digamos que alternativas de escritura, que he llamado escrituras desapropiativas, estructuras comunalistas, que han guiado la forma en que escrito no sólo mis libros más recientes, pues algo de esto ya estaba en Nadie me verá llorar. Tal vez si yo hubiera abierto las cajas con las pertenencias de mi hermana en 2001 hubiera tratado de escribir alguno de esos libros de ficción o ‘basado en hechos reales’, pero tengo muchos años investigando esta otra manera de ejercer la escritura y cuando vi la riqueza del archivo de mi hermana, la manera en cómo se había minuciosamente registrado, supe de inmediato que esa era la voz con la que yo iba a escribir el libro, en una forma de coautoría.
“Fui a México para abrir las cajas de mi hermana, puse estos documentos en una maleta, me la traje a casa y aquí me di a la tarea, como un rompecabezas, de ir poniendo cada una de sus piezas en un lugar en que fueran visibles para mí, organicé desde notitas, hojas sueltas, sobres, cuadernos, un gran ramo de documentos; lo transcribí todo, pues no quería que se me perdiera nada y decidí, como lo hice en mis últimos trabajos, qué iba a ser lo que hago ahí, que es seguir las exigencias, la premisa, el reto de mis materiales, entonces, iba a seguir la voz de Liliana a donde me llevara. Gracias a eso, pudimos conseguir los datos, mi marido, Saúl Hernández Vargas, me ayudó a contactar a los amigos de Liliana; con las otras voces y la memoria de estos amigos compuse otra parte del libro, siguieron familiares, mis padres, pero todo eso muy orgánicamente atado, de cerca, a mi coautora, a lo que ella también estaba decidiendo desde hace treinta años, a establecer sus archivos, a seguir su propia forma de enunciación”.
Un libro activista
La historia de Liliana, lamentablemente, se repite en México con mucha frecuencia. Datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública revelaron que sólo en marzo de este año se cometieron 326 casos de feminicidios, es decir, doce diarios tan sólo en ese mes. Con El Invencible verano de Liliana, Cristina Rivera Garza se propone dejar el registro de un libro comunalitario, un libro de protesta, de denuncia.
“Lo he llamado libro activista. Yo no creo en esta escritura sin adjetivos, el arte por el arte. Este lo es abiertamente porque el reclamo de justicia es muy real y necesario, no está escondido, no es parte del entretelón, aquí las costuras están muy a la vista. Y esa es la escritura desapropiativa, si es que quisiéramos ponerla en una definición rápida.
“Entonces, sí es un libro activista, lo que pasa es que éste lo dice, abiertamente, desapropiativamente, que entre otras muchas cosas lo que puede o no provocar el libro es algo que nos traen los libros, que muchas veces desobedecen a lo que los autores quieren, porque por eso son trabajos de creación, no podemos controlar cómo se van a leer, por fortuna; pero lo que sí es cierto es que en términos de su dirección y de su propia enunciación es un libro que sí dice yo quiero justicia”.

Espejo enterrado
Partir, pero con todo y su pozo. Mientras Cristina salía del país, a Houston, desde donde charló con nexos, Liliana seguía adentro, como ese espejo que busca un rostro. Liliana, la adolescente que reía, escribía cartas, muchas cartas, cantaba, deseaba hacer una maestría y después un doctorado, seguía como el corazón que palpita bajo tierra. En palabras de Cristina Rivera Garza, “estaba en Houston, pero realmente estaba en el pasado”.
“Tenemos las coordenadas de tiempo y espacio, y no hay que perderlo de vista. Yo vivo mucho bajo la premisa de que el pasado nunca es un pasado completamente. Decía Milorad Pavić ‘el pasado siempre está a punto de ocurrir’ y para aquellos que lo estudian o que han experimentado el trauma saben que una de sus cualidades terribles es que permanece intacto de manera invariable. El hecho de que sea tan difícil se demuestra por el número de años que tuvieron que pasar —para escribir. En términos de la escritura es que tuve que preparar mis herramientas, tuve que pasar todo este tiempo para estar lista para el material, y también en términos simplemente humanos, el tener acceso a un lenguaje en que esta historia puede ser contada sin tener que revictimizar a la víctima y sin exonerar al depredador.
“Es bien difícil tratar de escribir una historia sobre violencia de género cuando el lenguaje patriarcal en sí mismo te exige, está diseñado para que se culpe a la víctima y se exonere al responsable, desde la frase ‘murió’, que repetimos tanto, ‘fue encontrada sin vida’, y lo ves ahora recalcado en los periódicos, pero no murió, la asesinaron; no fue encontrada sin vida, le arrebataron la vida. Hay una serie de correcciones que parecen ínfimas, pero que son fundamentales para poder escribir esta historia. Sin esta discusión álgida que las feministas han traído al aforo público yo tampoco hubiera podido escribir este libro por más lista que hubiera estado personalmente. Se requiere este trabajo muy personal, pero también muy articulado a una discusión social que estamos viendo ahora, no sólo en México, sino en el mundo entero, que nos exige mucha más alerta con el lenguaje, especialmente aquél que tiene que ver con la violencia ejercida contra el cuerpo de las mujeres”, reconoce.
La novela, entre la ficción y la no-ficción
Al cuestionar a la autora sobre las características que tiene la novela, así como la relación que guarda con trabajos anteriores que parecen tener el mismo entretejido, como Autobiografía del algodón y Nadie me verá llorar, Rivera Garza no duda en reconocer que El invencible verano de Liliana está centrado en la no-ficción creativa (creative nonfiction).
“Ciertamente, éste es un trabajo de no-ficción, en el sentido gringo que le dan, hay una relación directa con el referente. Hay un trabajo de investigación largo y duro aquí, yo diría que en mis trabajos más puros de ficción también hay esta investigación. En términos gringos, esto es lo que llaman creative nonfiction; es decir, está dentro de la no-ficción, pero ocupa las estrategias y herramientas de la ficción. No sólo es el trabajo de reportar información, sino también un artefacto literario, y por eso a veces he visto que le llaman novela y de repente me quedo dudando, pero puedo entender por qué, pues sí hay este cuidado con el lenguaje que requiere el trabajo creativo, pero a la vez está el énfasis en la relación muy material y concreta con los documentos, por eso están las citas de Liliana o el parafraseo de lo que me dijeron los amigos o mis padres.
“Yo había dicho de Autobiografía del algodón —a ese libro sí le llamo novela como tal— que era un trabajo de ficción, pues la ficción es la anfitriona de otras formas de escritura que forman parte del libro; en El invencible verano de Liliana la no-ficción es la anfitriona de otras formas de escritura que están unidas con herramientas que he aprendido a usar dentro de la ficción. Entonces, hay una combinación que no me gusta llamar híbrida, pero hay una colindancia de formas que explicarían el porqué este libro está estructurado así y no de otra manera”.
Del periodismo, lo mejor
Fue gracias al trabajo del reportero Tomás Rojas Madrid que se conoció el feminicidio de Liliana Rivera Garza a manos de Ángel González Ramos. Este reportero dio pormenores del caso, lo observó y dio parte informativa. Para la escritora y ensayista, las notas de este reportero fueron una guía en sus búsqueda de datos.
“Durante años tuve miedo de ver lo que había salido en la prensa porque podía encontrar fotos horribles, lenguaje soez y eso me había detenido muchos años. Cuando yo decidí que estaba lista para adentrarme en todo lo ocurrido con Liliana —recuerdo que estaba en los semilleros zapatistas rodeada de la energía potente de los zapatistas pensando que ahí nos estábamos jugando otros futuros— y hablando con mi amigo el periodista John Gibler, le dije: ‘tú podrías mirar los periódicos, decirme cómo está el asunto, pues creo que estoy lista para eso’. Y él fue quien lo hizo. Después, mi marido se encargó de seguir con toda esa investigación. Y cuando John me envío los archivos que halló en La Prensa me llamó la atención que el texto no era soez, no había fotografías de mi hermana, lo cual agradecí mucho; de hecho, la única foto que se publicó fue la del presunto feminicida. En esos textos, Tomás Rojas dice que se trata de un crimen de odio y, claro, ahora estamos muy acostumbrados a oír ese término, pero en 1990 no se hablaba en esos términos.
“Yo me reuní con Tomás, y fue junto con él y con John que fuimos a poner el primer documento a la procuraduría. Tomás es una persona que tiene muchos años de experiencia, y cuando platiqué con él me dio datos para seguir investigando. Sin sus notas periodísticas yo no habría sabido ni siquiera el número del expediente, y la primera descripción del ambiente de los hechos es gracias a él”.
Pero hay que ir un poco más adelante en el tiempo “diegético” del libro. Al momento en que Cristina Rivera Garza decide lanzarse a investigar a fondo, visitar ministerios para sacar de la estantería empolvada los folios con el caso de Liliana. En este comienzo de la narración, la escritora conduce con cámara cinematográfica al lector por Azcapotzalco, zona donde ocurre el feminicidio, entre calles grises y edificios herrumbrados, aunque entre burócratas excesivamente amables.
“Todo mundo fue muy amable conmigo, todos los burócratas, desde policías hasta secretarias. Y lo digo en el libro, debieron haber recibido un entrenamiento. La verdad estaba muy sorprendida, pues no recibí malos tratos ni caras, pero lo cierto es que seguimos en el proceso; entre la falta de personal, la pandemia, la falta de recursos, la indiferencia y negligencia que han perseguido los casos de feminicidios, de ahí el alto grado de impunidad. Y claro, el mensaje que reciben los feminicidas ante esta impunidad es que pueden hacer lo que quieran, que se van a salir con la suya. Entonces, sé que hay muchos colectivos, mujeres y familias luchando por esto, pues aquí va mi contribución, pues mientras más seamos, será mejor.
“Debo confesar que algunos comentarios tempranos sobre mi libro de mis lectores habituales fueron que el inicio era muy largo, que sería mejor si la achicaba un poco, pero me mantuve muy firme (y lo dejé), pues quienes han vivido esto lo saben (y sé que me quedo corta): se siente más larga la espera, y quienes no lo saben, también es importante ver cómo se multiplican estos vericuetos de la justicia, el tipo de convicción que hay que tener, la paciencia que hay que forjar, la testarudez, la necesidad de crear lazos de solidaridad, pero me parecía importante que los recorridos por estos laberintos fueran el mismo que el de la ciudad”.
Asimismo, reconoce que para ella era importante hacer una crónica del territorio donde ocurrió el asesinato de su hermana, la zona donde tuvo que ir a buscar folios, procuradurías, acudir a ministerios: la agobiante travesía por el tránsito de la ciudad. “Muchas veces, lo que vemos de la ciudad en las novelas y películas es un territorio muy chiquito, el de la Condesa y la Roma, y yo aquí quería salir de eso, pues la historia se había llevado a cabo en otro lado, y llegar a áreas de Azcapotzalco, pues es otra manera de poner el cuerpo ahí, y que el lectora o la lectora se instale en estas áreas llamadas periféricas (que no lo son) de la Ciudad, pero también como la experiencia como ciudadanos, así como pasar por esa experiencia de los ministerios y demás”.
¿Aún hay esperanza?
Al inquirir a Rivera Garza sobre si aún tiene esperanza de que se reabra el caso y se haga justicia para Liliana, afirma que con este libro muestra su declaración de intenciones. “Lo que te puedo decir es que el caso va en esto, en que decidí hacer público el caso, que decidí escribir el libro y que las muestras de solidaridad y las conexiones y ligas que se han dado están haciendo su trabajo. Esta articulación hacia adentro, pero también hacia afuera, y este enunciar un crimen y que hay un feminicida más impune al que hay que ponerle atención.
“Sin duda, me gusta pensarlo como un libro comunalitario. Por desgracia comparto esta condición con tantas familias, tanto hombres como mujeres en México, cada nuevo día hay diez familias desechas, rotas, ahí nos vamos sumando; entonces, lamentablemente, el mismo hecho me pone en contacto y me articula con más y eso lo traté de plasmar en las decisiones formales del libro, con los cambios de puntos de vista, la incorporación de estas voces directas como aparecían en los registros de los archivos: es decir, hay todo un entramado formal que encarna esta conexión con otros sufrientes, pero también con otros que están listos para pensar en un mundo distinto”, concluye.
• Cristina Rivera Garza, El invencible verano de Liliana, México, Literatura Random House, 2021, 304 p. (El libro incluye esta lista de reproducción de Liliana Rivera Garza.)
Alberto González
Periodista, narrador y poeta. Editor del sello Ediciones del Lirio, es autor del libro de poesía Nebde.