Con esta primera entrega, inauguramos la columna mensual de Elisa Díaz Castelo, un baúl de hallazgos, inquietudes y asombros relacionados con su arte y oficio de traductora, lectora y poeta. “Poemas periódicos” busca restituir la experiencia del mundo como habitación poética.

Ilustración: Kathia Recio
Este jardín, destierro
Cuando leo por las noches, la voz de Elena me susurra al oído: perdíamos el cuerpo y el mundo había perdido cuerpo. Tiene razón Elena, como suele. La luz avanza en polvo sobre los objetos. Paso días en silencio y he olvidado el sabor de mi voz. Me sorprenden mis propios lunares y la teoría
de que es posible tocar a los otros. No recuerdo la temperatura exacta de la piel humana. Durante el desayuno, Elena insiste: perdíamos el cuerpo. Y yo, que quise entregarme como una estación, me inclino en la hora breve hasta desaparecer. Me duelen los espacios vacíos
entre los huesos, cada recuerdo a nado y sin paraguas. Los trastes siguen sucios para siempre. Y así pasa el cáliz brutal del día, su esdrújula de sol en los tejados. La rutina me deja este sabor a óxido en la boca, mis manos huelen a cloro y aprendo a conversar en silencio con los muertos.
Es sólo el mundo, me digo, que ha perdido cuerpo. Es el jardín, destierro en mi ventana. En el centro del pasto, el viejo limonero. Nunca me habían parecido tan milagrosos como ahora los árboles frutales. Cada limón en mi mano es la rabia de un mundo que incluso al apagarse insiste,
es el diámetro ácido del exceso. Elena se enciende un cigarrillo y empieza de nuevo: perdíamos el cuerpo, el mundo había perdido cuerpo. Por eso nos amábamos con el amor desesperado de los fantasmas. Miro mi cicatriz: es luz perdida y breve. Afuera, la cifra de los muertos
sube y me asalta el recuerdo de mi padre, hace años, probándose los zapatos que mi abuelo ya no volverá a usar sobre la tierra. Todo amor, pienso, es amor de fantasmas. Elena ya se ha ido o nunca estuvo. Yo salgo en plena noche a recoger limones. Quiero esa fe hosca que tienen
las cosas que se acaban en sí mismas.
Elisa Díaz Castelo
Poeta y traductora. Su libro El reino de lo no lineal ganó el Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 2020.