En el marco virtual de la FIL 2020 se llevó a cabo un foro con actores de primer nivel del sector cultural y editorial mexicano, titulado “Los Públicos y lo público. La producción cultural profesional en México”. A continuación pueden leerse cuatro visiones a debate, en ocasiones complementarias, sobre los rumbos a seguir para una industria seriamente afectada por la crisis actual y la indiferencia del gobierno.
Salvador Camarena: ¿Cuál es el diagnóstico que hacen de esta producción cultural en este momento, para luego replantearnos el futuro? Para que juntos tengamos quizá la posibilidad de tener una reflexión. Adelante, Ana Elena Mallet, curadora independiente y profesora en la Escuela de Arquitectura, Arte y Diseño del TEC.
Ana Elena Mallet: Buenas tardes a todos y buenas tardes a nuestra audiencia. Creo que es un momento muy difícil el que estamos enfrentando desde las industrias creativas. Habíamos luchado, habíamos trabajado y habíamos discutido por una profesionalización y estábamos en camino de una profesionalización de las industrias creativas, de las Pymes y las mini-Pymes, y la posibilidad de vivir de nuestro trabajo, de la creación. Hoy eso se ha visto mermado, como bien dijo Salvador Camarena, por una pandemia, que nos ha impedido el acceso a nuestras audiencias, a nuestros públicos, a mucho de los desarrollos culturales creativos que implican una presencia pública en espacios y puntos de reunión. Y también con una crisis económica y también, lo quiero decir abiertamente, una política cultural que no está realmente pensando en un desarrollo económico y social dirigido a las industrias creativas. Se nos han cerrado oportunidades, desde el cierre de los fideicomisos pero también con esta amenaza constante de que los estímulos fiscales de los que muchas de estas industrias empezaban a echar mano, están cada vez más lejos o son siempre inciertos.
Creo que una parte muy importante es entender que el Estado no tiene que ser un controlador. Desde el Estado no se debe dirimir este tipo de producción cultural, ni tampoco impedir este tipo de producción cultural. El Estado debe ser un facilitador; abrir camino para que desde el Estado y con el impulso de la inicativo privada las industrias creativas y culturales puedan florecer. Hay una idea de vivir dignamente de nuestro trabajo y hacerlo aportando conocimiento y aportando identidad desde la cultura para la población, no sólo la más vulnerable sino para la población general en este país.
Creo que se ha perdido un poco la legitimación de las industrias creativas. Hoy no tenemos cabida en esta política cultural ni en esta política en general. No ha habido ni apoyos, ni siquiera menciones a qué va a suceder con las Pymes, las mini-Pymes. Y creo que en esta crisis económica tenemos que tener mejores sueldos, mejores oportunidades de desarrollo personal y profesional. Y eso tendría que ser el Estado quien lo facilitara. Hoy en día no se ha hablado de eso. Hemos hablado más de proyectos faraónicos que implican una suerte de presidencialismo cultural y no necesariamente el desarrollo de un ecosistema cultural, de pequeñas empresas que, como la FIL hace, pudieran vivir de su propio contenido, pudieran generar rendimientos y generar desarrollo social.
SC: Ana Elena, mencionas echar mano de los mecanismos, como los fideicomisos que han estado siendo modificados por la vía legislativa, por la vía de decretos, pero ¿cómo se ha vivido este proceso desde la sociedad —considerando otros factores, no sólo el gobierno y los creadores?
AEM: Claro, hay una parte real de la pandemia y de entender lo público, a partir de que durante algunos meses no vamos a poder tener estos públicos, no vamos a poder vivir quizá de nuestras taquillas o nuestras ventas. Hoy en día tenemos que reflexionar mucho sobre los medios digitales, sobre este momento de la posrevolución digital y cómo podemos ajustarnos a ello y cómo desde las industrias creativas podemos echar mano no sólo de lo que da el Estado sino también de estas herramientas digitales y desde ahí creo que hay mucho que replantear.
SC: Enrique de la Madrid —quien desde el TEC de Monterrey dirige el Centro para la Cultura de las Ciudades—, de lo que está hablando Ana Elena es de un cambio de paradigma, que se replantea vertical desde el poder. Pero tú has trabajado en algunas iniciativas entre poder y sociedad, ahora en tus nuevos proyectos ¿cómo ves el momento que están viviendo las industrias creativas?

Ilustración: Estelí Meza
Enrique de la Madrid: Muchas gracias y saludos a todos los panelistas y al público. No estamos viviendo en una época solamente de muchos cambios, sino sobre todo estamos viviendo en un cambio de época. Uno que está sobre todo relacionado con una economía digital, con la incorporación de una nueva tecnología que ha modificado la manera en que nos comunicamos, trabajamos o nos entretenemos. Este nuevo mundo digital es en el que nos tenemos que insertar. Quiero hacer algunas reflexiones desde el mundo de las ciudades. Además de que el mundo es cada vez más urbano, vivimos en una crisis de cambio climático a nivel mundial.
Teletrabajo: ya era algo que sabíamos que podíamos hacer y ahora el coronavirus nos obligó a hacerlo y afortunadamente como ahora vivimos en una economía del conocimiento pues pudimos hacerlo, con encierros parciales. ¿Qué va a pasar después de la cuna? ¿Vamos a salir todos a las calles otra vez? Yo creo que ya no. Creo que muchos vamos a hacer una combinación de poder seguir trabajando desde nuestras casas, decidir cuándo salimos y cuándo no, y eso va a cambiar nuestras casas. Nuestras casas hoy en día son salones de clase, oficinas, centros de atención médica; ¿cómo van a ser las casas del futuro? Tienen que ser casas que incorporen estas nuevas necesidades y eso va a impactar al diseño.
¿Cómo van a ser nuestras ciudades? Ya estaba presente el tema de la movilidad por una gran crisis en la que el automóvil ha dominado; aunque en auto se mueve solamente el 20 % de la población en muchas ciudades, explica el 80 % del gasto público. Pero nos tuvimos que encerrar y ahora está el teletrabajo. ¿Vamos a demandar tantas carreteras, tantas calles como antes? ¿O vamos a hacer lo que ya parecía que era una tendencia: movernos en los últimos cinco kilómetros de una manera no motorizada? ¿Vamos a volver a caminar? Ésa es un área de la arquitectura, de los urbanistas y de la gente con una visión creativa: ¿cómo nos vamos a mover en estas nuevas ciudades? Áreas públicas. Platicando con un experto en temas urbanos de Inglaterra, me decía que allá hay casas, pequeñas, sí, pero todas tienen sus jardines que han sido verdaderamente una salvación. Y una ciudad como Londres está llena de parques. Hoy, por ejemplo, la OMS recomienda que por cada habitante debemos tener entre 9 y hasta 15 m2 de áreas verdes. La ciudad de México tiene en promedio 3.7 m2 (esto quiere decir que algunos tienen cero). ¿Cómo van a ser estas ciudades?
Yo, por ejemplo, ahora veo más cine que antes; no le veo el problema al cine sino a los cines. Ahora estoy leyendo más que antes; tanto en la forma tradicional como en digital; no le veo el problema a los libros sino a las librerías. ¿Qué quiero decir con todo esto? Que estamos viviendo un cambio de época al que nos tenemos que adaptar en gran medida, pero también es una época de generación de ideas. ¿Para qué? Para ayudarnos a entender el momento histórico y, sobre todo, para ayudarnos a generar un mejor mundo, un mundo más empático, más solidario, más incluyente. Ésa es la oportunidad que tenemos para que generemos una mejor humanidad.
SC: Creo que van siendo complementarios los planteamientos que hace Ana Elena: la oferta, la manera en que estábamos produciendo; y lo que tú planteas desde la casa y el espacio público. Vamos a dar la bienvenida a Roberto Banchik, que es director general para México y Centroamérica de Penguin Random House. Junto con Alberto Ruy Sánchez —escritor y editor de Artes de México— podemos hablar con ustedes dos de logística. Las librerías han sufrido y la FIL del libro hoy es virtual, pero ¿qué va a pasar más allá de 2021? ¿Qué han planteado los nuevos mecanismos de distribución, de venta, de estos objetos, de la cultura impresa?
Roberto Banchik: Bueno, muchas gracias, también agradezco a la FIL y a todos los que participan en la mesa. Creo que tanto Ana Elena como Enrique han tocado ya varios de los temas fundamentales. Es verdad lo que decía Enrique: el problema no es el contenido, el problema, en el caso de la industria en la que yo estoy, son las librerías y la manera de hacer llegar los libros a la gente. Para hacer un diagnóstico rápido de la recesión y los meses de pandemia y confinamiento: la industria editorial —y aquí incluyo a los editores y a los libreros— ha tenido momentos muy difíciles, sobre todo al principio. El consumo de libros cayó en cifras récords, nunca habíamos tenido un decremento del consumo así. Y aunque se ha recuperado en meses recientes, sigue siendo muy drástico. Un par de cifras nada más: respecto al año pasado, el consumo de libros está más de 20 % por abajo; ha caído un 23 %. Es muy dramático. En los últimos meses que se ha recuperado un poco la actividad, la caída es más o menos constante respecto al año pasado; es más o menos un 10 %. Eso quiere decir que hay una contracción de la compra de libros, no necesariamente de la lectura de libros. Y pensando en las diferencias de estimados tenemos más o menos un 70 o 75 % de los puntos de venta de libros en el país abiertos. Eso quiere decir que hay entre un 30 y un 25 % que ya no abrieron. No sabemos si van a abrir hacia el 2021 o si simplemente ya no pudieron abrir. Son datos bastante duros que hablan de una crisis profunda del sector.
Ahora, aquí retomo los temas que tanto Elena como Enrique mencionaron: ¿qué ha pasado con la economía digital y con la virtualidad? Toda la industria editorial, un poco más que la librera, se enfrentó a tener que transformarse en muy poco tiempo. Es decir, han ocurrido en cuestión de semanas, meses, cambios radicales en la manera en que comercializamos, promovemos y hacemos los libros. Las editoriales, como la mayoría, se volvieron teletrabajo. Así hemos operado desde mediados de marzo y los procesos tuvieron que cambiar. La mercadotecnia digital entró para quedarse y, sobre todo, los que más se han podido recuperar son los aquellos que han podido aprovecharse de la economía digital en tanto ventas en línea, por ejemplo, con las librerías y puntos de venta físicos cerrados. No es que faltara la demanda, porque la gente quería libros, pero no tenía dónde comprarlos. Esto lo que nos dice es que ese espacio de compra no será únicamente el canal digital pero fundamentalmente hacia allá va la cosa. Ese es el diagnóstico que tenemos, el entorno en que el hemos tenido que transformarnos tanto editores como libreros, los libreros —como decía— con mayor dificultad.
SC: De acuerdo, gracias. Alberto Ruy Sánchez tiene la posibilidad de darnos otra lectura de este mismo reto. Sobre los retos específicos para Artes de México, para una de las instituciones culturales con más personalidad, con más reputación y con más retos en esta pandemia. Cuéntanos el diagnóstico, el momento que estás viviendo y el contrapunto a lo que decía Roberto.
Alberto Ruy Sánchez: Con mucho gusto, gracias, Salvador. Bueno la diferencia enorme con el diagnóstico de Roberto, literalmente si tú te imaginaras que la empresa que dirige mi querido Roberto fuera del tamaño de un elefante, nosotros seríamos más pequeños que una hormiga. Tendríamos que hablar de dos elefantes con relación a una hormiga. Es decir, la fragilidad que nosotros tenemos es mucha. Y, bueno, tú sabes por qué, todos lo saben. El día en que se canceló el aeropuerto, yo perdí el 95 % de mis anunciantes. Y Artes de México es un proyecto muy raro en el que cada libro —cada revista es un libro— está patrocinado por publicidad, por ediciones especiales y por la venta al público. Son tres flujos de dinero que vienen con diferente velocidad; la publicidad viene a mediana velocidad, los patrocinios rápido y la venta hormiga muy muy lentamente. Entonces de por sí tengo una mesa de tres patas y ya si una me falta nos desplomamos. La crisis del 2019 a nosotros nos redujo la empresa 90 % y eso no se parece nada a la industria editorial, porque nosotros no somos una editorial. De hecho, cada número de Artes de México lleva detrás no solamente autores, editores, ilustradores, sino es todo un proyecto de investigación cultural. Es como si cargáramos una parte de la universidad atrás. Es un centro de investigación y al mismo tiempo un centro de promoción turística, en muchos casos, artesanal. Es decir, somos un producto muy muy extraño. Por lo tanto, estamos muy muy fragilizados.
El golpe que nos dieron las decisiones gubernamentales del 2019 que achicaron la economía y golpearon principalmente industrias como la nuestra, hizo que al hacernos más pequeños resistiéramos mejor la crisis de la pandemia. No quiere decir que nos esté yendo bien, quiere decir que la nómina que tenía que pagar en 2019 se redujo a un 60 %. Nosotros como somos muy pequeños publicamos veinte libros al año y por lo menos cuatro revistas, más dos especiales. En el 2019 hicimos una sola revista y un sólo libro. Es decir, un sólo proyecto cultural en forma de revista y uno sólo en forma de libro. Tuvimos que cortar toda la ayuda a artesanos, todo el apoyo a las oficinas de turismo de cada municipio. Tuvimos que realmente paralizarnos y dejar que las cosas que hacíamos las hicieran otros o simplemente no se hicieran. Incluso mucho de la gente que trabajaba para mí como los diseñadores pues había que buscar también que estuvieran empleados por otras instituciones. Enfin, el golpe es tremendo.
Ahora, por supuesto, hay un reacomodo. Tenemos que replantearnos. Este esquema de patrocinios nos llevó a publicar en treinta años ocho millones de ejemplares, vendidos por abajo de su costo. Pero patrocinados por la publicidad y por las ediciones especiales. Ese esquema ya no va a funcionar. Nos estamos adaptando a algo que sea distinto, no sabemos exactamente cómo. Tenemos varios escenarios para levantarnos. Sin embargo, estamos muy atentos a la modificación de las audiencias que me hacen ver todo esto desde el punto de vista del autor.
SC: Perfecto. Hemos terminado esta primera ronda. Ya adelantaba Roberto: tenemos que hablar del papel del Estado y tenemos que hablar de que cuando pase la pandemia las fichas ya se habrán movido. Y una de las certidumbres es que el gobierno que tenemos—no sé si a propósito de la pandemia, o al amparo de la pandemia— ha abierto unas cartas en donde no hay ni apoyos. Sabiendo que las industrias culturales no son pedigüeñas, sino que crean iniciativas y, retomando la imagen que usó Alberto, piden una pata más para el equilibrio, ¿qué le van a pedir al Estado en una nueva realidad como una crisis económica fuerte pero también reconociendo que el Estado es una representación de nosotros? ¿Qué se necesita para que los públicos y lo público en las industrias creativas tengan los elementos para seguir siendo un factor de reflexión y de identidad?
AEM: Yo creo que hay que repensar el presupuesto para apoyos no sólo a la creación sino a las industrias culturales. Como tú bien dices, la gente que estamos en esta mesa estamos representando un sector que no es necesariamente el “dame y luego averiguo”. Sino “dame para generar más”. O “facilítame para generar más”. Entonces yo sí pensaría en devolver el presupuesto para apoyos a la creación. Señaladamente, el Fonca y los estímulos del Fonca o estímulos como los que antes daba la Dirección de Publicaciones eran verdaderamente inútiles. No eran de lo que sobrevivíamos, sino un apoyo para, como bien dice Alberto, poner otras patas.
Creo que ampliar la bolsa de Eficine, Efiarte, estos estímulos fiscales que involucran a la sociedad civil. Porque lo que sí es una realidad es que, a partir de estas políticas restrictivas que empezó a generar el gobierno, ha impedido que mucha de la iniciativa privada apoye iniciativas de la industria creativa. El gobierno debe ser un facilitador si entendemos que la crisis económica es real y es una que va a durar tiempo. Fungir como un facilitador, generar desde el Estado una política de mecenazgo que impulse a la iniciativa privada a apoyar el desarrollo de industrias creativas. Industrias que no solamente generen pensamiento, pensamiento crítico y cultural, sino también desarrollo económico, local., que impulse la creación local, no solamente en ciudades, sino en pequeños municipios. Un poco lo que hasta 2019 hacía Artes de México en ese impulso que daba a artesanos y a comunidades. Impulsar ferias regionales de empleo hacia las industrias creativas. Impulsar ferias de conocimiento y cursos de conocimiento para entender cómo es generar una industria creativa desde distintos espacios, destinas localidades. Y también esa figura que tuvimos en algún momento del gobierno anterior que, manejada de manera distinta podría funcionar: el Instituto del Emprendedor, pero entenderlo hacia las industrias creativas, con préstamos blandos, con capacitación. Ahí tendríamos que asumir realmente que, como bien ha dicho Ernesto Piedras, las industrias culturales son 7.6 % de nuestro PIB.
SC: ¿Alguno de ustedes ve a un gobierno escuchando esto último, queriendo ser un facilitador? [Risas]
EdM: Salvador, yo creo que es difícil y entiendo la expresión de frustración de que no haya una política pública de apoyo a las industrias creativas, pero no se sientan solos: no la hay en el turismo, no la hay para las Pymes, no la hay para el mundo científico, no la hay para el mundo cultural, no lo hay para el mundo farmacéutico. Entonces no lo hay. Creo que la pregunta es: ¿qué hacer? Hay dos cosas que hacer. Una es que en este actuar pendular que tuvimos en las pasadas elecciones, acabamos teniendo un régimen más hegemónico que el del pasado. Y cuando un régimen es hegemónico, pues no siente la necesidad de escuchar a nadie. Cuando tú tienes la mayoría en el Congreso, calificada en la Cámara de Diputados y tienes la mayoría en la Cámara de Senadores pues no hay necesidad de escuchar a nadie. Entonces, qué nos toca hacer. Por un lado, hay una mitad de mexicanos que de alguna manera se sienten representados por el gobierno que hay hoy y hay que reconocerlo. Se sienten representados y ahí han puesto su esperanza para poder progresar. Y la otra mitad de mexicanos está totalmente desorganizada. Esa mitad de mexicanos hay que organizarla para que con el peso que le pudiera dar una mayor representación en la Cámara de Diputados o en los congresos locales y en los gobiernos estatales nos veamos los mexicanos obligados a sentarnos a conversar, a negociar, a conceder. Pero en tanto exista una mayoría hegemónica, un poder tan fuerte, les puedo decir que así nos vamos a seguir.
La segunda es qué hacer mientras tanto (porque todavía faltan algunos meses para esas elecciones). Hay que asumir que no tengamos que depender del gobierno federal y que es tiempo de lo local. Me parece que es el tiempo de ver las cosas desde los estados, las ciudades, las regiones. Yo digo un poco de broma, y no tanto, que este gobierno es el más federalista de nuestra historia. Porque nos va a recordar que somos eso: una federación integrada por estados libres y soberanos y esas políticas de las que estoy platicando que no hay política es el momento de que las tengamos a nivel local. Nuestro país es tan grande y hay estados de la República tan grandes que podrían ser países por sí mismos.
En resumen, dos cosas por hacer: participar activamente en política para tener una nueva mayoría para el 21 y equilibrar el diálogo. No es para combatir, no es para pelear, es para equilibrar el diálogo. Y, mientras, vamos trabajando en lo local y que ahí se vayan generando muchas de estas políticas y particularmente para fomentar las industrias creativas.
SC: Me gusta esa doble línea que pone Enrique. El diálogo tiene que seguir y desde lo local hay cosas que hacer. Pero, Roberto, tú querías tocar el papel del Estado. Al final, también somos centralistas y estamos estructurados en torno a políticas generales. En lo que hacemos el cambio a nivel local ¿qué se va resentir si este gobierno sigue por donde va, en una lógica de que cambiaron sus prioridades? ¿Qué riesgo había en gobiernos anteriores de colapso y en el actual sin un gobierno que no se entienda como un facilitador, como decía Ana Elena?
RB: Coincido con Enrique en que no es un problema sólo de la industria editorial o de las industrias creativas. Esto es general. Y si bien a la industria editorial le ha pegado fuertísimo la recesión, no es ni por mucho la industria a la que más le ha pegado; el turismo, por ejemplo, es una de las áreas que más se han visto afectadas por la pandemia y tampoco han recibido ningún tipo de apoyo. Yo no soy de los que piensan que el Estado deba subsidiar actividades productivas ni subsidiar a la iniciativa privada. Pero hay veces en que el Estado puede intervenir, regular, y puede hacer cosas para facilitar el funcionamiento de una economía.
Hay varios temas de participación posible del Estado en la regulación para salir de esta recesión en la que, por lo menos, la industria editorial está enfrascada. Una es como se hacía antes con compra de libros: el Estado compraba libros con un programa que era además muy bueno, medido, con mucha eficiencia, para llevar libros a las escuelas y a las aulas con una producción editorial impresionante, una diversidad, una bibliodiversidad realmente admirable y esto apoyaba mucho a la producción creativa local y también a las empresas editoriales para poder financiar proyectos. Hay uno o dos temas más, por ejemplo, en los que creo que el Estado podría ayudar. Uno es pagando sus deudas: es decir, si el gobierno tiene deudas con la iniciativa privada, que fue el caso de Educal con toda la industria, bueno por lo menos que pague. Y desde el año pasado, y esto es pre-COVID y pre-restricción del presupuesto, el Estado a través de Educal decidió no pagar el 20 % de lo que le adeudaba al editor. Algunos editores pudieron librarla mejor y para otros fue un golpe muy fuerte. Y otro elemento importante tiene que ver con los delitos: la piratería es uno. Es cada vez peor, es cada vez más tolerada o ignorada por las autoridades. Y es un cáncer realmente para la industria editorial y con la pandemia no sólo existe la piratería física sino la digital. El Estado no hace nada y le cuesta trabajo reconocer que esto es una actividad delictiva. Si bien no es que apoye con muchos recursos y subsidios, basta con cumplir con la responsabilidad del Estado de combatir la delincuencia y sus obligaciones de adeudos.
SC: Alberto, hablando del elefante y de la escala de hormiga, aunque ustedes sean gigantes en identidad y en el ámbito de impacto que tienen, no sé si para ustedes lo que Roberto plantea es como estar viendo una película muy lejana. Cuando el sentido de urgencia es la supervivencia y este gobierno no responde la puerta y no hace ni lo que le toca hacer.
ARS: Bueno, no creas que son muy diferentes nuestros problemas. De hecho, Roberto y yo fuimos los dos que le dimos la cara al funcionario que decidió no solamente no pagarnos sino extorsionarnos. Y cuando yo dije “oye, Paco, esto es una extorsión”, él me dijo “si hay que extorsionar, se extorsiona”. Es decir, hay una ideología de que su idea de cambio y de transformación justifica robar. Eso es muy grave.
SC: Estás hablando del funcionario más importante de los libros de este gobierno.
ARS: Sí, y cuando hablamos de gobierno hay que saber diferenciar. El gobierno son muchas cosas. Yo, como Enrique, creo que hay que desarrollar las cosas. Nosotros trabajamos mucho en todos los estados y con sus gobiernos. Nuestra experiencia este año es que cada vez que tenemos un proyecto con un gobierno local llega una medida federal que les corta el presupuesto. Lo que quiero decir y muy sintéticamente es que no hay que quejarse tanto de la política cultural. Dentro de la política cultural está, por un lado, todo el esfuerzo de la sociedad de cultura. Y, por otro lado, está el enorme destrozo que se ha hecho en la política del libro. Con el tiempo se hará la evaluación de todo eso.
No hemos visto lo peor todavía de lo que va a suceder. Como nosotros buscamos depender en la parte social únicamente un 5 o un 10 % del gobierno, cuando se fue toda la iniciativa privada yo seguí teniendo todo lo público. Se acabó el Fonca, pero durante un año el dinero del Fonca se preservó. ¿Cuánto más va a durar eso? No creo que alcance para todo el sexenio, pero no sabemos. La resistencia que hacen los funcionarios culturales es muy importante. Y hay que saber reconocer, dentro del gobierno, los diferentes sectores. Aunque ya sabemos que hay un esfuerzo tremendo de que mande uno sólo. Y como en todo gobierno autoritario el capricho es lo que manda.
Yo te puedo decir, de otro punto de vista, y te lo digo como autor que participa en las revistas culturales. Hay una responsabilidad que también es algo que hacer que es pensar: el fenómeno que estamos viviendo de ese 50 % de gente que menciona Enrique que está de acuerdo con el gobierno es el cálculo optimista de las elecciones pasadas. Yo creo que con todo el gasto público que se ha llevado al proyecto de compra de votos a lo mejor ese 50 % de las elecciones pasadas ahora es un 70 %. La gente no está tomando en cuenta que México, antes de ser una democracia, tiene un sistema que se llama corporativismo autoritario. Y nunca ha dejado de serlo. ¿Dónde están los cálculos de lo que significa el voto comprado? Y, además, ese voto comprado es impermeable a que mueran los niños con cáncer, a todos los destrozos que ya conocemos.
A todo esto hay un agravio mayor del cual las industrias culturales también tenemos una responsabilidad que es pensar la situación. Hay un problema de lenguaje: las palabras ya no significan lo que significaban. Y no bastan los artículos de opinión hay que hacer un trabajo de fondo y preocuparse por pensar esto que está sucediendo no solamente en la investigación puntual de mercados políticos sino en conceptos mismos, en saber quién hace qué y qué significan las palabras. Estamos trabados en el lenguaje que nos proporciona el autoritarismo.
Y también estudiar la Historia. Si tú estudias lo que pasó durante Mussolini o durante el estalinismo que yo estudio, yo veo un día tras otro las mismas cosas que pasan. Por ejemplo, hablan de la censura. Mandelstam, cuando comenzó la revolución, dijo: “no nos censuran, pero lo que ha logrado hacer Stalin es algo peor; es como Yocasta a quien un Dios le dio el poder de ver más allá, el poder de ser visionaria, pero como no se quiso acostar con él le escupió en la boca e hizo que la verdad se devaluara y se desprestigiara. Lo que vivimos es un gran escupitajo en la boca de la gente que habla, que escribe y que piensa. Y la mejor respuesta es seguir pensando.